Los animales en el monte

¿Podemos mejorar el manejo de nuestros cotos de caza mayor? ¿Es preciso cazar en todos los espacios, protegidos o no? ¿Cabe hablar de una “selvicultura cinegética”?

José Miguel Montoya Oliver | 03/09/2012

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Ecología y gestión cinegética

Los ecosistemas terrestres serían difícilmente explicables sin la caza mayor, porque ésta cumple relevantes funciones en la Naturaleza. Destacaremos:

1ª. Inician la "red arterial de comunicaciones" con su tránsito y pastoreo, al abrir entre la espesura de los montes pasos por los que podrán después penetrar otros animales de igual o inferior talla. No olvidemos que toda una compleja red de veredas, adaptadas y usadas por diferentes tipos y tallas de animales, recorre siempre los montes, constituyendo una infraestructura biológica esencial. Reconocer sobre el terreno esta red de comunicaciones, es una habilidad que debe desarrollar todo experto de campo. No conocerla, es ignorar el funcionamiento práctico de los ecosistemas.

2ª. Activan los ciclos de nutrientes con su continuado ramoneo, reciclaje y traslado.

3ª. Originan una diversificación del mosaico espacial del monte, con zonas de pastos más o menos intensamente pastados, matorrales más o menos transitados, bosques con mayor o menor grado de querencia, pasos a aguaderos, etc. provocando así importantes efectos de borde o ecotono, y contribuyendo finalmente al mantenimiento de la biodiversidad.

4ª. Regulan a través de su pastoreo las proporciones entre las diferentes especies del bosque, tanto vegetales como animales, y condicionan la sucesión del ecosistema, al enmarcar las condiciones de supervivencia y regeneración de todas ellas.

5ª. Permiten la supervivencia de predadores, carroñeros, parásitos y coprófagos.

Hoy más que nunca, las especies de caza mayor resultan fundamentales para el manejo sostenible del medio natural, tanto por sus ancestrales funciones ecológicas, como porque su actual aprovechamiento cinegético permite:

1º. La protección de la mayor parte de las especies silvestres existentes en los ecosistemas cinegéticos, para proteger la tranquilidad de las reses. En los grandes cotos de caza mayor se refugia hoy lo más granado de nuestras especies protegidas: águila imperial, lince, buitre negro...

2º. La existencia sobre el terreno de una sólida y bien dotada red de guardería.

3º. El mantenimiento de un cierto nivel de ingresos económicos y en consecuencia de una cierta intensidad en la gestión del medio rural: presencia humana, mantenimiento del paisaje, infraestructuras, siembras, puntos de agua, etc.

4º. La generalizada presencia de amplias y eficaces redes de caminos de acceso, torretas y "cortaderos", para la práctica de la caza de aguardo y de las tradicionales "monterías a la española". En caso de incendios fortuitos, los cortaderos de caza, junto con los caminos de acceso a los puestos, y la misma inmediatez, vigilancia, y otros medios humanos y materiales propios de los cotos, potencian la eficacia de la extinción; especialmente en lo que concierne a la prevención, detección y pronto ataque al incendio. Los grandes incendios forestales son muy raros en los cotos de caza mayor bien gestionados.

5º. La aparición de nuevos modelos de gestión económica, vinculados más bien al sector servicios y no tanto al sector primario tradicional; aspecto éste, de progresiva internalización y comercialización de los valores ambientales del ámbito rural, que consideramos muy relevante y con gran futuro.

Impactos del exceso de carga animal

Pese a todas las positivas cualidades naturales de la fauna mayor para el monte, al vivir hoy libre del natural, firme y eficaz acoso de sus depredadores ancestrales (oso, lobo, lince, grandes águilas…), y estando protegida además por el hombre frente a cualquier otro riesgo (furtivismo, accidentes en canales y rutas de comunicación, hambrunas, sequías, etc.), en ausencia de una presión cinegética suficiente, se alcanzan a veces densidades excesivas respecto a las potencialidades propias del medio natural.

— Así, y mientras que en los bosques centroeuropeos, por razones de calidad de trofeo y de compatibilidad con el regenerado forestal, se considera excesiva una densidad de más de (1)-3-(5) reses cervunas por cada 100 hectáreas, en muchos de nuestros cotos se llegan a alcanzar hoy cifras de 10, 20, 30 y más reses. Incluso se superan a veces, mediante suplementación, desparasitación, vacunaciones... Cierto, nuestros montes resisten cargas pastantes bastante mayores que los centroeuropeos (por sus especies forestales, muy resistentes y adaptadas al pastoreo, y por sus usos prioritariamente no madereros); pero estos excesos de carga constituyen un claro desequilibrio ecológico, y degradan inevitablemente el monte, tanto en lo que concierne directamente a su vegetación como indirectamente a su fauna. A largo plazo el proceso es indudablemente perjudicial y hasta destructivo.

— Al problema del exceso de densidad se superponen muchas veces estructuras poblacionales inadecuadas, con el fin de adecuarlas a las necesidades cinegéticas, a las de la montería en particular: exceso de densidad, exceso de hembras, escasa edad media, y escasa selección genética. Aparecen las condiciones de predisposición precisas para padecer la actuación de los diversos agentes de perturbación.

Cuándo y cómo come un arbusto un animal

¿Cuándo? Las cinco condiciones previas

Las condiciones previas para que un animal coma de un arbusto son las siguientes:

1ª. Que el animal exista y llegue al lugar. A veces le es físicamente imposible llegar (riscos, cercados, autopistas…) o bien otras razones se lo impiden: distancia a su querencia o encame, molestias, peligros, falta de huídas, falta de buena comida, lejanía al agua...

2ª. Que las partes apetecibles de la planta estén al alcance del animal. Especialmente por su altura. Pueden estar demasiado altas para él (árboles y arbustos recomidos, manchas huecas y reviejas...). El venado toma ventaja en montes recomidos frente a corzo o gamo, incluso los machos suelen tomar ventajas sobre las hembras, máxime al ayudarse con los cuernos. Esta es la razón de muchas de las segregaciones que entre las diferentes especies y sexos se observan en el campo (por ejemplo: manchas de machos y manchas de hembras).

3ª. Que el arbusto sea palatable para el animal. La palatabilidad es la suma de apetecerle, poderlo morder, y poderlo tragar.

4ª. Que la parte de la planta mordida y tragada, sea fácilmente digerible y nutritiva, y no contenga un exceso de sustancias venenosas (taninos y otras), solas o acumuladas.

5ª. Que se la coma, pues puede tener otra oferta alternativa mejor, más apetecible. A veces, pueden ser demasiado pocos los animales existentes, como para que una planta concreta corra riesgos significativos de ser agredida.

¿Cómo? Decálogo de comportamiento

Cumplidas todas esas condiciones anteriores, el animal puede ya comer de un determinado vegetal leñoso; pero la oferta es grande en el campo… ¿con qué "criterios" actúan los ramoneadores cuando comen?

1º. Comen "triscando" o de "picoteo", es decir: prueban casi todo, y reinsisten especialmente sobre aquello que más les gusta, aunque pronto parecen cansarse de todo. Es curioso: en otros tipos de formas de alimentación y en otros animales (por ejemplo en los peces) se producen fenómenos persistentes de cebado a alimentos concretos. Probablemente la toxicidad genérica de la vegetación leñosa está implicada en esta aparentemente caprichosa forma de actuación.

2º. En cada momento, las especies que más les gustan, suelen ser las más nutritivas para ellos. Conforme no consigan cubrir bien sus necesidades, irán consumiendo una mayor proporción de especies de calidad inferior.

3º. En muchas ocasiones, los animales buscan más las plantas leñosas por su polen y flores (enebro en otoño, jara en primavera y verano...) o frutos (bellotas, acebuchinas, castañas, hayucos, arándanos, moras, trompos tiernos de jaras, lentisquillas...) que por sus mismos ramajes y hojas. Estos "otros alimentos", por su menor toxicidad, sí suelen producir fenómenos de "cebado".

4º. Las diferentes especies animales, e incluso sus distintas edades y sexos (según tamaños y necesidades) suelen elegir espacios y alimentos diferentes, utilizándose así más completamente el territorio y sus potencialidades. Sexos de dimensión distinta implican segregación espacial entre los mismos.

5º. Consumen la vegetación leñosa sobre todo en tiempo frío y también cuando el pasto se seca en el estío. En el primer caso parecen precisar la "leña", en el segundo el "verde".

6º. Los animales atacan mucho más al monte en invierno, y también en verano si comen pajas, pastos resecos u otros materiales groseros. A lo largo del día consumen más monte "al salir" a pastar, por tanto más por la mañana y máxime si la noche ha sido fría.

7º. Los animales suelen rechazar, por razones de acumulación de toxicidad, una alimentación exclusivamente leñosa, exigiendo siempre en su dieta y según la fenología de las especies vegetales, una mayor o menor proporción de otros alimentos (pasto, frutos, bulbos...). Recordemos: toda planta leñosa es siempre más o menos tóxica, al menos en cuantías elevadas.

8º. Prefieren siempre la mezcla de especies a una especie única, por variar en su alimentación y para reducir la acumulación de tóxicos iguales. Recordemos: los venenos en grandes dosis siempre matan y en pequeñas dosis muchas veces curan.

9º. A igualdad del resto de las condiciones, consumen de preferencia las hojas y ramas bien soleadas y preferentemente las plantas que no hayan sido remordidas con anterioridad.

10º. Prefieren tanto más una especie cualquiera y agreden tanto más a la vegetación leñosa, cuanto más escasa sea en el pastadero. La vegetación leñosa les es siempre saludable (brillo del pelo) y la buscan siempre en cierta cuantía. No les contamina con parásitos y tiende a limpiarles de los mismos.

Otros usos del monte por parte de los animales

Los animales no utilizan el monte sólo para alimentarse. Además lo utilizan para ocultarse de sus enemigos, como encame y descansadero, como refugio frente a las inclemencias del tiempo, e incluso para descargar su ira o probar su celo, jugar, señalizar su territorio, rascarse, descorrear sus cuernas… Según esos diferentes usos, la selvicultura aconsejable en los montes puede variar. Destacaremos algunos aspectos.

1º. Espesura. Es clave mantener una espesura bastante para garantizar la seguridad del encame de los animales. Determinados tratamientos selvícolas (rozas, clareos, claras…) pueden expulsar a los animales de los rodales intervenidos durante bastante tiempo. Siempre debe tenerse presente la conservación de los encames, así como el fomento de los corredores ecológicos que sean precisos entre los diferentes espacios y usos del suelo.

2º. Altura. La defensa máxima frente a sus enemigos, el óptimo de ocultación, la obtienen los animales a partir del momento en que la vegetación, por su altura y densidad, puede ocultarles fácilmente; desde ese preciso momento en que apenas si sus ojos afloran sobre el monte: una talla animal implica pues una talla vegetal preferente para su refugio. Para la perdiz menor que para el corzo, para el corzo menor que para el venado, para la cierva menor que para el ciervo... Las comunidades vegetales más adecuadas y las edades de recepe ideales quedan así enmarcadas. Algunas especies más rupícolas prescinden de este aspecto en los "visos" o "enriscándose" (cabra montés, rebeco, muflón, arruí), sobre todo fuera del tiempo más frío durante el que tienden a refugiarse en el bosque.

. Estructura vertical. La máxima defensa frente a las inclemencias del tiempo la consiguen en los lugares más cerrados y abrigados; prefiriendo los bien aireados por debajo de las copas, en el caso de querer aislarse del sol y del tórrido calor estival, y el cierre total hasta el suelo, en caso de buscar el aislamiento frente al frío y las ventiscas.

4º. Distribución horizontal. La anchura de los claros a pastos influye considerablemente en la vida silvestre; pues regula las posibilidades reales de huir para alcanzar a tiempo el espacio de refugio. Este hecho es efecto del miedo instintivo de los herbívoros frente a los carnívoros, sus semejantes y otros. Así los "comederos" y las cortas pueden ser siempre de mayor dimensión para el ciervo que para el corzo, y para los más nocturnos (jabalí) que para los más diurnos (gamo, muflón). En perspectiva contraria, los espacios boscosos demasiado grandes pueden favorecer la multiplicación de determinados depredadores.

. Daños al arbolado. Los daños de mordeduras, rascaduras y escodaduras obligan a defender no pocos arbolados jóvenes. Estos posibles daños suelen limitar los aislamientos y podas tempranas de los arbolillos, y hacen aconsejable el no eliminar los árboles arrascaderos o escodaderos; porque los animales pasarían a dañar otros. Las diferentes especies animales y las distintas dimensiones individuales dentro de éstas suelen utilizar alturas y diámetros característicos, acordes a su vez con su altura y la dimensión de su entre-cuerna. Estas marcas nos guían sobre su especie y entidad, al igual que la altura a la que se rascan los cochinos en sus charcas.

José Miguel Montoya Oliver

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