Modificación de conductas problemáticas en el perro

No hay perros perfectos, como tampoco existen dueños perfectos. Todo animal tarde o temprano desarrolla algún comportamiento indeseable, molesto o que perjudica al trabajo en la caza y todo dueño o adiestrador duda ocasionalmente sobre sus propias capacidades como educador y cuestiona los métodos o acciones emprendidas con el ánimo de cambiar lo malos hábitos.

Ricardo V. Corredera | 27/08/2012

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Nadie tiene todas las respuestas a todos los problemas que puede experimentar nuestro perro en plena faena, pero existen prevenciones y soluciones eficaces para paliar las conductas problemáticas del can e incluso para modificarlas hacia conductas positivas.

¿Qué hacer con un perro excesivamente temeroso y tímido? ¿Cómo actuar cuando el cachorro ladra continuamente al quedarse solo? ¿Debo castigarle por perseguir los pájaros? ¿Cómo debo hacerlo? ¿Y cuándo gruñe a otros perros? ¿Y si se hace sus necesidades en casa?

Para empezar, voy a presentar una guía básica de conceptos que facilitarán la comprensión y aplicación posterior de soluciones más concretas a las conductas problemáticas específicas.

hay que comenzar fijándose metas acordes a la edad, temperamento, capacidades, objetivos en el trabajo y desarrollo del cachorro. No todos los perros paran por las mismas etapas a la misma edad, ni son igualmente maleables. Por lo tanto, hay que plantearse un método específico para cada caso en particular.

Reconocer el problema

Antes de probar con cambio y sistemas aleatorios hay que identificar y concretas qué se desea cambiar. De nada sirve etiquetar a un animal tozudo o irritante o impulsivo porque son conceptos demasiado generalizados como para acometer cambios eficaces.

Asimismo, el objetivo no es cambiar a todo el perro, sino solamente una conducta o acción concreta. Si aislamos el problema, será más fácil emprender acciones específicas. Si, por ejemplo, alguien se queja: "¡Es que mi perro no cobra!". Y te pregunta: "¿Qué puedo hacer?". Estamos antes un planteamiento tan general que habrá que empezar a concretarlo dónde falla. ¿Es que no busca la pieza muerta, o que no la entrega al llegar? A menudo el problema reside solamente en un paso de un apartado global, de modo que solucionado el mismo el resto de la cadena funcionará.

Acometer los problemas de uno en uno

Otro ejemplo común es el caso de quien te pide una solución para su perro, "¡porque se larga!". De nuevo estamos ante un planteamiento global en exceso, y antes de nada debemos averiguar si se aleja en el campo por una vínculo con el dueño, o por una obediencia deficiente, en especial en el apartado de la llamada, o por una estrategia de liberación por enclaustramiento previo, o quizás por un instinto de caza mal encauzado que le hace perseguir el vuelo de los pájaros… Son tantas las posibles raíces del problema que, una vez identificadas y aisladas, hay que tratarlas una por una. De otro modo sólo lograremos confusión.

Primero hay que clasificar los problemas por orden de importancia, ya que si solucionamos el más grave, el resto mejorará con mayor fluidez. Trabajar paso a paso. siguiendo un orden de prioridades, hará que en pocas semanas veamos resultados.

En ocasiones lo que señalamos como el problema no es más que la consecuencia de otro subyacente. Siguiendo con el ejemplo práctico del cobro nos encontramos con el caso del perro que estropea y magulla la pieza. Lo más frecuente es que el dueño acuse dicha manifestación de forma directa, castigando al animal cuando porta y aprieta la caza. Pero muchas veces el problema surge porque el animal se entretiene en exceso en la entrega. dando tiempo a enredar con la pieza en la boca. Si trabajamos antes la entrega haciéndola rápida y directa, a través de una respuesta a la llamada presta y sin duda, el problema se minimiza. Pero si seguimos castigando, corriendo tras él y gritando al perro mientras huye con la pieza atenazada, conseguiremos el efecto contrario al deseado.

Expectativas realistas

La modificación de conductas exige tiempo. Los problemas no se solucionan de la noche a la mañana. Incluso es posible que en los inicios, al aplicar un método con rigor, observemos un empeoramiento de la conducta por una respuesta de frustración o confrontación del perro.

Es el caso típico del perro que atropella la caza con intención y negándose a ponerla. Con frecuencia al emprender medidas de control en sesiones artificiales (con caza sembrada) el perro se siente presionado e invadido en los comienzos y parece decirnos, con sus acometidas a la pieza oculta. que ahora va a ser más rápido que nosotros. No debemos desfallecer: una vez emprendido un enfoque concreto. seamos fieles a él durante un tiempo coherente.

De otro modo sólo daremos bandazos en un mar de dudas.

Constancia

Empecemos siendo coherentes con nuestras decisiones una vez tomadas, manteniendo una constancia en la aplicación de las mismas. El trabajo pautado y el contacto habitual con el perro han de mantener un ritmo y frecuencia sostenible en el tiempo. No hay nada peor que la inconstancia y la falta de perseverancia, abandonando a la menor dificultad o con inflexiones debidas a la desmotivación.

No quiero con ello decir que no debamos tener en cuenta otras alternativas, ya que no existe un solo camino para solucionar un problema, pero sí que no debemos rendirnos o fluctuar hasta que le hayamos dedicado un tiempo razonable.

Positividad ante el problema

Algunos comportamientos irritan tanto al dueño que éste tiende a magnificarlos y a generalizar una visión negativa del animal. Asumir que todos, absolutamente todos los perros presentarán algún comportamiento no deseable nos ayudará a positivizar el problema y afrontarlo con naturalidad, incluso como un reto y una ocasión más de aprender sobre la conducta canina y nuestras aportaciones a la misma.

Una palabra en tono positivo o una caricia oportuna ayudan a orientar al animal hacia una conducta deseable.

También es importante aceptar que hay conductas tan arraigadas en el animal o tan marcadas por su disposición genética que su modificación resulta imposible. A veces son conductas inaceptables socialmente e incluso peligrosas, corno las que tienen que ver con la agresividad. Otras están vinculadas a un temperamento innato no modelable, como la ansiedad crónica y las fobias heredadas.

En estos casos es el dueño quien debe poner en la balanza los esfuerzos a realizar por un lado y las posibilidades de éxito y riesgos por otro.

Transmitir al perro expectativas

Se dan muchas situaciones injustas en las que se somete al perro a disciplinas para modificar conductas de las que él no sabe que esperar. Antes de corregir hay que educar. ¿Sería justo liarse a enviar impulsos eléctricos al perro por hacer lazos hacia atrás en la búsqueda cuando no nos hemos molestado en encauzarla previamente enseñándole lo que esperamos que haga con el terreno por delante?

Elogiar

En la modificación de comportamientos los elogios son aún más importantes que las amonestaciones. Habitualmente nos centramos tanto en la conducta a erradicar que olvidamos el resto de acciones del alumno. la mayoría de ellas loables. Alabar y premiar el resto de conductas cuando son acertadas contribuye a compensar emocionalmente al perro tras la posible presión a la que se le somete específicamente.

Así mismo, es de gran ayuda al método de "aproximaciones sucesivas". basado en incentivar cada acción mejorada, es decir, premiar las conductas que se vana cercando al ideal que perseguimos.

Si nos encontráramos. por ejemplo, en la orilla de una charca con un perro con fobia al agua. no deberíamos limitarnos a elogiarle si por fin echa a nadar flotando, sino que le colmaríamos de alabanzas ya en el primer paso con un pie en el agua. Al día siguiente el premio vendría con una respuesta más cercana a la meta final, como sería el meter las cuatro patas y así sucesivamente.

El timming

Tanto las recompensas como los castigos han de ser inmediatos a los actos del alumno. La demora en una recompensa por una acción positiva hacen sentirse al perro traicionado, del mismo modo que su capacidad de asociación de un castigo con una acción punible concreta es muy limitada. Propinar a un perro un tirón de orejas tras demorarse en venir a la llamada del cazador no sirve más que para que relacione el castigo con el contacto con el dueño y la próxima vez retrae aún más el retorno. Un castigo inmediato sobre la carrera en desobediencia sería efectivo (tirón de la cuerda larga o impulso electrónico).

Una palabra en tono positivo o una caricia oportuna ayudan a orientar al animal hacia una conducta deseable. No se trata solamente de inhibir el comportamiento, sino también de promover conductas deseables.

Ricardo Vicente Corredera

2 comentarios
27 ago 2012 20:04
HappyDog
Me gustaría realizar una aclaración. Para muchos, una fobia es un “miedo grande”. Existe una gran confusión a la hora de saber realmente distinguir el miedo de la fobia. La fobia guarda relación con la aparición de ansiedad y en que grado se presenta ésta, con temor irracional, duración sintomática, especificidad… y por supuesto las fobias puedan causar deterioro en el animal, por lo tanto, suponer un trastorno, al contrario que la mayoría de los miedos.
Dejaré claro, que una fobia, consiste en un miedo intenso y persistente a objetos definidos o situaciones concretas.

Para explicar su etiología, las causas principales, se suele recurrir a la etología
Convencional (a la memoria genética, a la adaptación y la evolución frente a la extinción etc.)

El considerar a la fobia o fobias como innatas, no deja de ser un disparate de enormes magnitudes. Es como como tratar de explicar a un propietario que lo que le ocurre a su perro, tiene su origen en la evolución de los cánidos desde hace 16.000 años.

En cuanto al tema del castigo positivo...sin comentarios. me parece indignate, que aun hoy en día se siga utilizando el castigo como metodo de enseñanza.

Un saludo.
16 oct 2012 18:35
ichi
tengo una perra de casi tres años y no consigo que busque la caza en monte pero si mato algun conejo se vuelve loca buscando y lo encuentra y me lo trae a la mano. Como puedo motivarla para que busque sola.

 

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En el número de noviembre:

  • Primeras líneas: Nuestra perdiz roja, en coma profundo
  • Caza menor: Claves para la caza de las patirrojas en días de viento
  • Migratorias: En los inicios de la pasa de las torcaces y de los zorzale
  • Caza mayor: Un buen inicio montero, con claro auge de los jabalíes
  • Al cierre: Habrá un nuevo proceso electoral en la RFEC