«Cosas ciertas» en los derechos del cazador y en la caza de la perdiz

¿Cuotas anuales? ¿Jornadas de cazador? Un inadecuado establecimiento de las cosas ciertas deja indefensos a los cazadores frente a los abusos y lleva al fracaso de las ordenaciones cinegéticas.

José Miguel Montoya Oliver | 05/07/2012

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Concepto de cosa cierta

En general. Las cosas ciertas son el objeto mismo de un contrato. Lo que se compra y se vende.

En la defensa del cazador. Son las que establecen las normas que afectan a los cazadores en un coto: cómo y cuánto se va a cazar. Dan garantía jurídica al cazador.

En un manejo sostenible. Fundamentan el cálculo y permiten la correcta aplicación de la ordenación cinegética, dándole garantía de sostenibilidad (cálculo) y de cumplimiento (aplicación).

Toda ordenación cinegética debe terminar cuantificando cuántas unidades de cosa cierta pueden aplicarse en un coto; lo que obliga a definirlas previamente con la máxima precisión. Las diferentes especies y modalidades de caza pueden precisar distintas unidades de cosa cierta. ¿Cuáles serían las más adecuadas para la perdiz?

Defensa del cazador

Las actuales ordenaciones se vienen centrando en las relaciones técnico-gestor-titular-administración, pero pocas veces protegen al cazador. El perdicero que contrata una cacería o que compra una acción de caza, tiene derecho a saber qué está pagando realmente y qué condiciones de caza establece la ordenación: las "condiciones de su contrato". Como mínimo y para cada modalidad:

• Número total de cazadores autorizados en el coto.

• Número de días hábiles de caza de la perdiz.

• Capturas probables. Perdices que se cobrarán, si el año resulta típico.

• Normas complementarias: otras especies cazables simultáneamente, normas de cupos, horarios, indicadores de alerta ...

¿Qué estaría pagando sin saber esto? La ordenación debe calcular y establecer todos estos datos (que son a su vez interdependientes entre sí). Una ordenación que no los concrete… ¿Es una verdadera ordenación? Si el cazador no dispone de ellos, será fácil que acabe siendo víctima de los ya habituales abusos. Las cosas ciertas son la base para cualquier reclamación por parte de los cazadores ante el gestor, el titular, la administración, o los tribunales de justicia.

Criterios de elección de las cosas ciertas

Modelos simples

Cuotas de captura (Número de perdices cobradas)

Elegir las cuotas de captura como unidad de cosa cierta, es establecer un número máximo de perdices a cobrar, por modalidad y anualidad, dejando libre el número de jornadas de cazador a ejecutar para lograrlas. Por su simplicidad este criterio está muy extendido, pero rara vez es adecuado para la perdiz:

• Presenta problemas de aplicación, cuando no es fácil contabilizar la progresiva acumulación de capturas, para determinar el instante en que se alcanza la cuota establecida ¿Cómo saber cuándo se completan las 300 perdices de cuota de un coto, en el que hasta 60 cazadores están autorizados a cazar, en mano o al salto, todos los domingos de la temporada hábil?

• Además, definir la cuota de capturas con independencia de las jornadas de cazador precisas para lograrla, puede llevar a que, o bien se sobrepase impunemente la cuota, o bien a que no se puedan ejecutar todas las capturas programadas. Por ejemplo, en este segundo caso, cuando las jornadas de caza habilitadas no son bastantes, o cuando se alcanza la marginalización . Si finalmente se quedan las cuotas sin cumplir, si no se caza lo que se debe cazar, su fijación habrá sido artificiosa y poco funcional ¿Para qué fijar una cuota que no podrá alcanzarse nunca? ¿Y si, por el contrario, se va a poder sobrepasar libremente, para qué sirve?

• Por otra parte, el sistema de cuotas impide cazar tanto como se debería en los años buenos, mientras que aplicarlo resulta peligroso en los malos, y en el caso de la perdiz inevitablemente hay años buenos y malos.

Unidades de esfuerzo (Jornadas de cazador ejecutadas)

Elegir como unidad de cosa cierta el número máximo de jornadas de cazador ejecutadas, conduce a aplicar éstas, dejando "a resultas" el número de perdices logradas con ellas. Se aplican las jornadas de cazador previstas, y se obtiene el número de piezas que sea; un número mayor o menor, pero que no incumplirá la ordenación, al haberse dejado las perdices "a resultas". Ejemplos: 1º/ Dos días de ojeo, con cinco ojeos por día y doce cazadores por ojeo; perdices "a resultas", 2º/ Cuatro cazadores en mano durante seis domingos de caza; perdices "a resultas".

El sistema permite unas capturas bien proporcionadas, tanto en años buenos como en los malos. Si la asistencia a las cacerías fuera segura, sería un buen sistema; pero en las cacerías en mano y a reclamo (en menor grado en los ojeos) esta asistencia no es segura, lo que obliga a trabajar sobre jornadas de cazador habilitadas, y no sólo sobre jornadas de cazador ejecutadas, apareciendo así un coeficiente de asistencia, como veremos a continuación.

Modelos mixtos

• El número de perdices cobradas y las jornadas de cazador ejecutadas deben considerarse siempre como vías complementarias y no como alternativas o excluyentes. Conseguir una determinada cantidad de perdices, exige siempre la ejecución de un cierto número de jornadas de cazador.

Un número de jornadas de cazador ejecutadas → Un número de perdices cobradas

• Las perdices totales a cobrar con cada modalidad en un coto, suelen ser relativamente fáciles de establecer (al menos sobre el papel…); pero el cálculo del número de jornadas de cazador que es preciso ejecutar, hasta lograr precisamente esas capturas (no cazar con esas jornadas de cazador, ni más ni menos que las perdices debidas), suele ser bastante más complejo y difícil. Probablemente esta dificultad de cálculo es la que ha llevado a la triste y dañina práctica de finalizar la mayor parte de las ordenaciones perdiceras en términos de cuotas de captura.

Modelo "mixto estricto"

Simultáneamente: un número limitado de jornadas de cazador ejecutadas, y una cuota anual de perdices cobradas. Si el cálculo fuera correcto y no se produjeran variaciones poblacionales interanuales atípicas (inevitables en la perdiz), estas dos unidades de cosa cierta deberían culminar a la vez.

• Idealmente la aplicación del número de jornadas de cazador programadas, debería conducir a la captura de las perdices previstas, al tiempo que conseguir éstas exigiría ejecutar precisamente ese número de jornadas de cazador.

• Establecida de esta manera la ordenación, a efectos de su aplicación, la caza se detendría al alcanzarse el límite de una de esas dos cosas ciertas: el primero que sea.

• Obviamente las dificultades de aplicación se multiplican en este caso ¿Cuándo se completan las jornadas o las perdices en un coto perdicero típico? Pocas veces podría llegar a saberse con seguridad.

Modelo "mixto y a resultas"

Las dificultades prácticas, tanto de los modelos simples como del modelo mixto estricto, nos hacen proponer para la perdiz el modelo mixto y a resultas. Este modelo presenta inicialmente mayores dificultades de cálculo; pero simplifica la aplicación de la ordenación, y dota de seguridad jurídica a todos los interesados: cazadores, gestores y titulares en particular.

Debemos tener bien presente que todo coto tiene una determinada "capacidad máxima de carga", medida en número de jornadas de cazador ejecutables equivalentes. Las de todas las modalidades incluidas (ojeo, mano, reclamo) y convertidas a una unidad común de referencia: la "unidad de esfuerzo equivalente".

Dentro de esa capacidad máxima de carga y para cada modalidad:

Jornadas de cazador ejecutadas = Jornadas de cazador habilitadas x Coeficiente de asistencia real = Días hábiles de caza x Número de cazadores autorizados x Coeficiente de asistencia real

En el modelo mixto y a resultas se calcula el número de jornadas habilitadas de caza, con las condiciones añadidas que sean precisas (otras especies, cupos, horarios, indicadores de alerta…), de forma que previsiblemente conduzcan al cobro del número de perdices usualmente esperable en cada temporada de caza (en condiciones típicas de reproducción). Según que el año sea bueno o malo, se cazarán más o menos perdices que las inicialmente programadas, también los cazadores irán a cazar con mayor o menor asiduidad; pero si se respeta el número de jornadas habilitadas y las condiciones añadidas, no existirá incumplimiento de las cosas ciertas establecidas, ni por el número real de jornadas finalmente ejecutadas, ni por el número efectivo de perdices cobradas. Desaparece así cualquier forma de inseguridad o de insostenibilidad ligada a la ordenación. Las desviaciones serán consecuencia sólo de los mejores o peores años de cría de la perdiz, algo inevitable en una especie estratega de la "r" como ella; pero jamás podrá hablarse de incumplimiento intencional de la ordenación.

Incumplimiento intencional del modelo "mixto y a resultas"

Dejar a resultas tanto las jornadas de caza, como las perdices a cobrar, puede aparentar un cierto desorden; parecería finalmente que es como cazar al libre albedrío de cada uno. ¿Cuándo se incumpliría la ordenación en estas condiciones de cosa cierta?

Número de jornadas habilitadas de cazador. Se incumple, cuando este número es superior al calculado en la ordenación; ya sea por un calendario anual de caza con demasiados días hábiles, o por un número excesivo de cazadores autorizados, cuestiones ambas fácilmente controlables: calendario y listado.

Nº Jornadas de cazador habilitadas = Nº Días hábiles de caza x Nº Cazadores autorizados

Condiciones técnicas. Se incumplen cuando se violan las condiciones establecidas: otras especies, cupos, horarios, indicadores de alerta...

Conclusiones

• No es admisible seguir cerrando las ordenaciones perdiceras en términos de cuotas de captura por modalidad (ojeo, mano, reclamo); porque rara vez son una unidad de cosa cierta adecuada para la perdiz.

• El modelo de cosas ciertas mixto y a resultas (un número de jornadas habilitadas con unas determinadas condiciones técnicas añadidas, y dejando tanto las jornadas reales ejecutadas como las perdices cobradas "a resultas") es el único capaz de garantizar a la vez la seguridad jurídica de todos los interesados y la correcta aplicación de la ordenación. Aunque en etapa de proyecto presenta algunas dificultades de cálculo (en especial la determinación de la eficacia y de la asistencia), es en la práctica el más sencillo y seguro a la hora de su aplicación real en campo: calendario, listado y normas.

José Miguel Montoya Oliver

 

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