Conejos y liebres, siempre un problema

Lamentablemente con los aprovechamientos cinegéticos de conejos y liebres, lo que siempre se ha llamado la caza del pelo, la más popular en nuestros pueblos, siempre tenemos un problema: o hay tan pocos que casi son meramente testimoniales en nuestros cotos o su abundancia llega a provocar graves daños en los cultivos, en las vides, en los árboles.

Miguel Ángel Romero

Miguel Ángel Romero

15/06/2012

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Mientras en unas zonas la mixamatosis y la neumonía hemorrágico vírica los tienen al borde de la desaparición, en otras su abundancia hace que los cazadores no den abasto, con todos los medio posibles, para paliar sus efectos nocivos. Mientras, las protestas se suceden y se culpa a la Administración de no facilitar el necesario control de esas especies a través de la caza.

Para hacer algo en condiciones en este campo, hay que modificar por lo menos, las siguientes leyes estatales: el Código Civil, la Ley del Seguro Obligatorio y varias más con sus respectivos reglamentos. Pero el problema más grave radica en que la caza en España es una competencia autonómica y cada autonomía tiene una ley diferente que habría que acomodar, o por lo menos, tratar de homogeneizar en la medida de lo posible.

En España todas las autonomías tienen su propia ley y algunas la han cambiado hasta tres veces. Resumiendo, las leyes de caza autonómicas son un desbarajuste total superado únicamente por sus reglamentos. Eso, cuando los tienen. Que a veces, ni eso. Pero es que el Estado está peor que las autonomías. Todavía se rige por la Ley 1/1970, de 4 de abril, de Caza y su Decreto 506/1971, de 25 de marzo, por el que se aprobó el Reglamento para la citada ley. Mientras la caza no esté debidamente regulada, mal se puede hacer nada. Y lo de los accidentes y daños, habrá autonomías que cubran seguros y franquicias, mientras que las de al lado, hagan todo lo contrario sin querer darse cuenta de que los conejos o liebres no entienden de fronteras. Pues a veces, quien repuebla es el del coto de al lado y la plaga se produce en el nuestro.

Las rabonas

Las liebres también inciden muy negativamente en las zonas en las que son muy abundantes. En cambio, en muchas áreas de Castilla y León, desde hace años, tras la tularemia y la plaga de topillos, las rabonas no levantan cabeza, corno no nos hemos cansado de denunciar en las páginas de Federcaza. Si se sobredimensiona una población de liebres, hará los mismos daños que el conejo o más, pero a diferencia del conejo, la plaga de liebres es muy fácil de controlar, pues al no meterse en los agujeros como los conejos y parir sólo dos gazapos (tres, raramente), enseguida se ve el tamaño poblacional.

Además, quien más y quien menos sabe las que hay en función de las cagadas y en el caso de los conejos, de los cagarrutales. Dependiendo del contingente de liebres, se organiza una batida para nivelarlas y evitar así el pago de indemnizaciones por daños. Hay que ser consciente de que hacen mucho más daño que los conejos. Sobre todo en el viñedo en forma de copa. Y si se meten en el viñedo con espaldaderas, se necesitan muchos batidores para echarlas fuera si la finca es grande. Las liebres pueden hacer y de hecho hacen, los mismos daños que el conejo, sobre todo en invierno cuando roen los árboles o cuando en primavera repuntan los primeros brotes. Pero insisto en que salvo en los grandes viñedos con espaldaderas, los daños son asumibles y si no lo son, tienen más fácil solución.

Los conejos y los hurones

Y de los daños que provocan los conejos, qué vamos a hablar que no conozcan. Ahora mismo. en algunas zonas, llevan las siembras a corte. También otros cultivos e incluso los árboles, produciendo graves daños. Por eso en algunas zonas, debido a su abundancia, se permite una serie de controles poblacionales, entre ellos, con hurón, para hacerles salir de las bocas y poder ser cogidos con redes o simplemente abatidos por los disparos. Por eso me voy a referir aquí a la caza del conejo con hurón, modalidad tradicional en un país corno el nuestro en el que el conejo era el rey.

Existe la creencia generalizada de que cazar con hurones es una forma segura y fácil de matar conejos. Y eso no es verdad. Es una mentira difundida por quienes ignoran esta modalidad o no son capaces de aprender a cazar bajo unos cánones muy difíciles. Los hurones no son la mejor manera de cazar muchos conejos. Ni mucho menos. Pues dicen quienes entienden del asunto que: "Si metes el hurón en cuevas y rajas, poco cazas". Para cazar conejos a manta están los perros conejeros cuyas razas españolas son —sin lugar a dudas— las mejores del mundo.

Lamentablemente se da poca importancia al perro conejero como consecuencia de habernos invadido los propios de los campeonatos. Cazar con hurones es conocerse a conciencia el terreno donde se va a cazar y acercarse a las cuevas con la parsimonia de un viejo rito, a fin de que a los conejos encuevados no les lleguen los sonidos. Pero nos oyen siempre. Llegaremos al cazadero y nos aseguraremos primero de que el hurón lleva el collar de cascabeles bien puesto antes de soltarle en la boca de la hura escogida. Si zanganea y sale de inmediato sin arquearse y con el rabo liso, es que no ha olido nada. Su olfato es prodigioso y su vista malísima.

Poco cazará quien no sepa socializar a un hurón debidamente. El que muerde sistemáticamente es como el perro que caza para él. Para cazar con hurones, estos tienen que conocerte y quererte como si de un perro se tratara. Deben acudir a la llamada como canes, caso de que no tengan rastro, pues si lo tienen, se ciegan y ninguno obedece. Para cazar con hurones hay que respetarles y quererles.

Si vernos que hace ascos a esa hura mal elegida por nosotros, iremos a otra más adelante y así sucesivamente hasta muestrear el conjunto de cuevas de un determinado lugar. Si un lugar, por bueno que sea, está huroneado, estará vacío de conejos durante un tiempo considerable. En el momento en el que el hurón huela al conejo, se meterá a la cueva como alma que lleva el diablo y si sale al exterior, sólo saldrá arqueado para tomar referencia odorífera de lo que haya dentro o porque el intríngulis de cuevas le llevan fuera. Pero caso de que lleve tufo, él se volverá a meter con más ahínco. Es entonces cuando el cazador debe permanecer inmóvil con la escopeta preparada para disparar a tenazón cuando salga por donde salga el conejo o los conejos, pues a veces salen de dos en dos y de tres en tres, aprovechando que uno de ellos toma la difícil decisión de salir al exterior.

Unas veces saldrán todos juntos, otras chorreados y las más, con grandes intermedios entre uno y otro. El conejo se resistirá muchísimo a salir y lo hará cuando no le quede otro remedio. Fíjense si se resistirán a salir que como una hembra esté preñada o tenga crías dentro, se dejará morder las patas traseras y el culo hasta casi llegar los mordiscos del hurón a los tendones.

Salidas de emergencia

Bueno, sabido es de todos que como el conejo vea al cazador y se dé la vuelta, es capaz de dejarse matar dentro antes de salir fuera. Ésta no es una caza para inquietos. En la espera está el secreto. Nunca debemos olvidar que veremos cuevas sobadas de entrar y salir los conejos o arañadas si hubo lluvia y entraron uno o varios dentro, pero todos esos laberintos de cuevas tienen uno o dos botaderos muy separados de los agujeros en los que nosotros centraremos nuestra atención en todo momento.

Lo de las salidas de emergencia no lo inventaron los arquitectos y mucho menos los ingenieros. Las cuevas suelen estar orientadas a la salida del sol (muchas no) en los cerros coronados por un llano. Pues bien, en esos llanos, medio tapados por las hierbas o disimulados por la vegetación, estarán los botaderos a los que no debemos de perder de vista aun cuando no estén sobados. Sin pasarnos. Pues normalmente salen por las entradas principales aun cuando en esto no se pueden fijar reglas de ningún tipo.

Lo fundamental es no moverse bajo ningún concepto aun cuando pase media hora larga. A veces oiremos dentro el zapateo que hacen los conejos con las patas traseras para avisarse los unos a los otros de que está el hurón dentro. Otras veces veremos cómo sale de la hura el polvo en forma de humo como consecuencia de la trifulca que hay dentro. No es apto para cardiacos. No muevan ni un músculo. Otras veces oiremos un ruido infernal como consecuencia de un enganche o del devenir alocado del conejo dentro de la hura a sabiendas de que se ha colado dentro semejante mustélido. Ni se muevan. Eso sí, cuando salgan el conejo hay que tirar a tenazón fijándose mucho de que no lleve el conejo colgado al hurón, cosa muy frecuente cuando cazamos con hurones pequeños.

Los grandes paran al conejo y lo matan dentro y los pequeños salen colgados de él con grave riesgo de que matemos sin querer a tan fiel compañero. El disparo al conejo tiene que ser un acto reflejo medido en milisegundos, teniendo en cuenta absolutamente todo lo antes expuesto. Aquí no vale dejarle enderezar al conejo para luego dispararle, pues todas las huras tienen su perdedero y cuando nos demos cuenta, el conejo puede meterse en un botadero o marcharse tan campante. Esto es fácil de explicar grosso modo tal y como lo estoy haciendo. Pero muy difícil de llevar a la práctica por neófitos que lo condenan porque no son capaces de practicar una caza tal. He visto fallar a grandísimos cazadores en esta modalidad.

Cazo siempre sólo y ahora que no tengo bichos lo hago con el mejor huronero del mundo, que es mi amigo Santiago Álvarez, de Lodosa (Navarra!. Mal está que yo lo diga, pero a mí nadie en España me puede enseñar a cazar con hurón. Pero usted, respetado lector, no está leyendo a un sujeto que conoce el tema de oídas o a lo más, como veedor. No. Se me marchan pocos. Y tengo la paciencia del Santo Job o de Gandhi.

El hurón al oír el tiro suele salir y como al perro le gusta cobrar la pieza. a él le gusta morder la chicha del conejo aun cuando esté muerto. Hay que dejarlo y si insiste en comérselo, hay que quitárselo con tiento o levantar el conejo y que se quede colgando hasta que a él le parezca bien soltarse. Esto está muy bien si la faena está concluida pero no habrá lugar a tales ceremonias si el hurón sabe que hay más conejos dentro del cado. Pues si hay, se cerciorará de que el conejo está bien muerto y volverá a la cueva con el cuerpo arqueado como saltando y el rabo todo tieso y con los pelos de punta.

Miguel Ángel Romero

 

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En el número de octubre:

  • Buenas perspectivas… pero con muchas incógnitas
  • Cómo tirar bien a principio de temporada cinegética
  • El perro, un cazador inteligente e instintivo
  • Un año venatorio más… y con muchos problemas
  • Protestas en Madrid y Sevilla en defensa de la caza