La marginalización de la perdiz

La marginalización, entendida como proceso de abandono voluntario y tardío de la caza por escasez de capturas, resulta clave para comprender lo que está pasando en España con la perdiz y es capital en su ordenación.

José Miguel Montoya Oliver | 05/06/2012

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Manejo banal y manejo ordenado

La densidad residual final, la “madre” de perdices dejada al acabar la temporada de caza, puede ser consecuencia de un manejo ordenado o de un manejo banal. Es decir: hasta las necesidades de la sostenibilidad (en el que llamamos manejo ordenado) o hasta los límites propios de los procesos de caza aplicados (en el que llamamos manejo banal).

Residuos fácticos

Ni siquiera una caza banal y desordenada puede acabar directamente con la perdiz; porque al acabar cualquier temporada, siempre quedará un determinado residuo poblacional o “residuo fáctico”. Éste puede ser:

1º. Supra-ideal. Residuo superior al que debería quedar respecto a las necesidades de la sostenibilidad. Muy raro en nuestros días, excepto cuando se prohíbe la caza de la perdiz (manchas de caza mayor y algunos espacios protegidos) o cuando se aspira a resultados diarios de caza anormalmente elevados.

2º. Ideal. Sólo por casualidad en un manejo banal el censo residual puede coincidir con el ideal. Sin embargo, alcanzar y mantener ese censo ideal es el objetivo central del manejo ordenado: que los cazadores terminen sus temporadas, dejando el censo ideal de perdices.

3º.Infra-ideal. Residuo inferior al ideal. En ocasiones los cazadores terminan sus temporadas de caza, habiendo cazado más de lo posible; pero sin llegar a alcanzar los límites del abandono socioeconómico de las cacerías: cazando hasta el último día de la temporada. Se deriva la necesidad de establecer una disciplina de ordenación. Podrán aparecer problemas de aceptabilidad socio-económica de la ordenación. Los cazadores desearían seguir cazando, pese a que el rendimiento económico y social de la perdiz en el coto decae significativamente, al tiempo que crece la tensión ecológica y se reducen las capturas anuales en él.

4º.Marginal. Los cazadores siguen cazando, hasta que abandonan sus esfuerzos, antes de finalizar la temporada hábil de caza, cuando los resultados obtenidos son insuficientes. Esta situación tiende a generalizarse hoy en España y es la situación que ahora nos ocupa.

5º.Crítico. Cuando el residuo resulta abusivamente reducido, puede llegar a producirse el “colapso biológico” de la perdiz. La proximidad a estos censos críticos se detecta por la deficiente reacción ante las vedas de caza. La perdiz roja autóctona está en esta lamentable situación en muchas zonas de España. Se ha puesto bastante énfasis en la “capacidad de carga” de los ecosistemas (límite superior), pero demasiado poco en esta limitada “capacidad de descarga” de los mismos (límite inferior). Si unos censos excesivos implican riesgos graves de perturbaciones bióticas y abióticas, unos demasiado escasos implican el riesgo de colapso poblacional. El manejo banal no destruye directamente la perdiz, pero puede llegar a crear las condiciones ecológicas precisas para su extinción en un coto: problemas de sexualidad, endogamia, reproducción, crianza, comportamiento, depredación…

Aplicaciones de la marginalización

Sin análisis ni cálculos de marginalización no hay ordenación cinegética que pueda calificarse de sostenible. La marginalización interviene en:

1º. La interpretación de lo que sucede en muchos cotos (en tantos que cabe hablar de la interpretación de lo que está pasando hoy con la perdiz en España...).

2º. La cuantificación de los principales aspectos sociales (asistencia real de los cazadores, tensión social de ordenación…).

3º. Los aspectos técnico-ecológicos básicos (ratificación por vía socioeconómica de los censos de perdiz, evaluación de riesgos de colapso, tasa utilizable...).

4º. Las valoraciones económicas esenciales (“costes” de cacería, valoración en vivo de la caza…).

Concepto de marginalización

Decimos que la perdiz está marginalizada en un coto, cuando su densidad poblacional es tan reducida y su difidencia tan acusada, que las capturas logradas no compensan al cazador lo suficiente como para volver a cazarla. El cazador abandona.

Desde que el valor para el cazador de las cazadas, se hace igual o incluso menor que lo que le cuesta cazarlas, el valor “en vida” de cada perdiz abatida se hace cero o incluso negativo; generándose así la marginalización. Los cazadores no vuelven, porque no les compensa: porque tienen que poner más de lo que cosechan. El valor total en punto de entrega de las perdices cazadas (normalmente en la casa de cada uno), es menor que el valor total de lo que les cuesta cazarlas (cuota o acción del coto aparte).

Valor en vida = Valor en punto de entrega - Valor de cacería

Siendo:

Valor en punto de entrega = Mercado + Subjetivo + Oportunidades + Gestión

Valor de cacería = Gastos + Sacrificios + Esfuerzos + Colaterales

Por tanto:

Valor en vivo = (Mercado + Subjetivo + Oportunidades + Gestión) – (Gastos + Sacrificios + Esfuerzos + Colaterales)

Si:                                  

Valor en punto de entrega ≤ Valor de cacería

Entonces:                                         

Valor en vida ≤ 0      Marginalización

Efectos de la marginalización

Marginalizar las existencias es lo que venimos haciendo de forma particularmente grave en la caza de la perdiz. Algunos, un tanto optimistamente, llegan a afirmar que la perdiz se “cierra sola”; simplemente porque los cazadores dejan de ir a cazarla. Se cierra sola, sí; pero una vez marginalizada. En la marginalización socio-económica de la perdiz, la posibilidad de alcanzar un manejo sostenible se esfuma:

1º. Económicamente. Pérdida de valor y abandono práctico del manejo; porque nadie podrá invertir gran cosa, en manejar y fomentar “algo” que casi nada vale. El espacio no generará recursos económicos bastantes para mantener los gastos de manejo. Quiebra económica.

2º. Socialmente. Porque desde ese momento se paraliza la actividad social asociada directa e indirectamente a las cacerías. El recreo y el empleo generados por la perdiz se reducen. Quiebra social.

3º. Ecológicamente. Aunque el interés social suele reactivarse cuando la perdiz alcanza los límites de su extinción, en muchos casos es ya demasiado tarde, pues los procesos de extinción indirecta persisten y el colapso poblacional deviene probable. Ni vedas, ni comederos, ni bebederos, ni predadores, ni linderos… ¡No hay reacción, tal vez es demasiado tarde ya! Quiebra ecológica.

En la marginalización, cuando tras la temporada de cría los censos se recuperen en mayor o menor grado, se volverán a reanudar las cacerías, hasta precipitar de nuevo a la población hasta el estado de marginalidad. Si las condiciones socioeconómicas no han variado: hasta idéntico estado de marginalidad. Apenas habremos cosechado mientras tanto el escaso crecimiento de una población, mísera por previamente marginalizada. Por esto los cotos cazados por cazadores socioeconómicamente similares, tienen a presentar censos residuales de perdiz prácticamente iguales en lo que a su densidad se refiere (2-5 perdices cada 100 hectáreas), y tan sólo presentan verdaderas variaciones en cada mes de octubre, según haya sido el año de cría. Se cazará más o menos esa temporada, pero quedar en el campo quedará todos los años la misma madre: demasiado escasa para un rendimiento óptimo del coto, tal vez incluso peligrosa para la conservación de la perdiz en el coto.

Los cazadores recalcitrantes

A veces, algunos cazadores pueden seguir consiguiendo resultados suficientemente gratificantes para ellos, cuando casi todos han dejado ya de ir a cazar. Estos cazadores recalcitrantes contribuyen así a reducir todavía más la densidad residual final ¿Por qué persisten algunos, cuando todos los demás desisten?

1º. Tal vez mantienen una sobrevaloración subjetiva de sus capturas, lo que les permite continuar captando. Hablamos de cazadores verdaderamente apasionados que sobrevaloran sus ya escasas capturas.

2º. Tal vez alcanzan una mayor eficacia, medida en perdices cobradas por jornada de caza, normalmente a causa de sus habilidades cinegéticas propias.

3º. Tal vez tienen menores costes y sacrificios de cacería que otros cazadores, por razones de proximidad o circunstancias laborales. Después de todo para un jubilado o un parado del mismo pueblo bien poco coste es salir a dar una vuelta.

Los cazadores recalcitrantes (apasionados, campeones, de menores costes y sacrificios), constituirán normalmente el origen del conflicto de aceptabilidad social en cualquier ordenación; pues conseguirán todavía resultados “bastantes” ¡y pretenderán por tanto continuar cazando! cuando muchos otros hayan ya abandonado, e incluso cuando las poblaciones hayan caído en la marginalidad económica y hasta en riesgo de colapso.

El reto social de la aceptación y aplicación de una ordenación, consiste en lograr que los cazadores solidariamente dejen de ir a cazar, cuando la densidad residual sea la óptima para el medio natural y para el rendimiento futuro de la perdiz: en lo social (máximo número de jornadas de cazador), en lo técnico-ecológico (máximo número de capturas anuales), y en lo económico (mínimos costes de producción). La gestión social de los colectivos de cazadores suele ser siempre la clave de un buen manejo cinegético.

Saber cazar no es saber de caza

Los cazadores recalcitrantes centralizarán el conflicto de aceptabilidad social de la ordenación, cuando desde una caza meramente banal se pretenda pasar a una caza verdaderamente ordenada y racional.

Curiosamente éste es un tipo de cazador muy valorado por su colectivo: grandes y esforzados deportistas, prestigiosos cazadores de élite, mayores con amplia experiencia de campo... Finalmente son cazadores con un alto peso específico en las decisiones democráticas de los colectivos cinegéticos, lo que muchas veces dificulta la aceptabilidad socioeconómica de los Proyectos de Ordenación. Los “mejores y más expertos” considerarán siempre que las limitaciones, por más que se justifiquen y argumenten biológica y técnicamente, son innecesarias y excesivas. Muy probablemente incluso descalifiquen al técnico autor de la propuesta; pues normalmente es ajeno al lugar y no suele haber demostrado allí ni su alta valoración de la caza, ni siquiera sus capacidades personales para practicarla. Que saber cazar no es saber de caza, es una obviedad difícil de hacer entender a los prácticos en el asunto. El conflicto a tres bandas entre el técnico que redacta la ordenación, el posterior responsable de la aplicación de la misma (titular, gestor, o presidente) y el siempre caleidoscópico conjunto de los cazadores del coto, es un clásico en la materia. Un “idioma” común y una confianza mutua tardan en establecerse; pero son imprescindibles. No es el mero papel de un proyecto de ordenación el que resuelve la cuestión: apenas si es un primer paso.

José Miguel Montoya Oliver

6 comentarios
05 jun 2012 13:57
+1
mario_21
mario_21
Las perdices exisitiran siempre, les hace mas daño el cambio del habitat,que los propios cazadores.
Saber de caza, no es lo mismo que saber cazar, pero para saber de caza hay que saber cazar.
06 jun 2012 09:13
+1
jmmontoyao@terra.es  
Amigo Mario:

Gracias por participar, y por darle un poco de marchilla al asunto. La no-participación de todos es uno de los más graves problemas de la caza.

No debemos confiar en que las perdices existirán siempre. Una cosa es que queden algunas, y otra es que esas escasas perdicillas puedan ser objeto de una caza sostenible y suficientemente satisfactoria. Por otra parte el riesgo de colapso existe, y está constatado en muchos lugares. Sí es cierto que no suelen ser los cazadores la causa única del asunto (ni mucho menos). Mäs bien al contrario, si no fuera por ellos el abandono de las perdices habría acabado ya con ellas.

Estoy de acuerdo con el grave conflicto del hábitat que planteas. Es el problema central de la perdiz en muchas comarcas españolas. Un descenso de la calidad del hábitat para las perdices, implica un decenso de la densidad normal posible y un descenso de la tasa utilizable: menos capturas posibles, lo que implica pérdida de días de caza, de piezas cobradas, y mayores costes. de manejo. Hay que trabajar en esa materia, aunque las condiciones económicas actuales no nos favorecen demasiado a los cazadores.

No puedo estar sino de acuerdo con lo que explicas al final "Saber cazar no es saber de caza, pero no se puede saber de caza sin saber cazar". No puedo estar sino de acuerdo contigo, porque la frase es mía (aunque al haberse extendido por todas partes es ya de todos). Se refiere a tantos que menosprecian los conocimientos prácticos de los cazadores. Pide además respeto en todas las direcciones del conflicto entre cazadores, titulares de cotos, y técnicos.

Un afectuoso saludo y ¡Buena caza! Miguel Montoya
06 jun 2012 18:05
suamax
Buenas, y añadiria personalmente el caso del cazador recalcitrante, a la persona que por haberse hecho 100 km para llegar al coto, dice que quiere aprobechar el día y que no se va hasta la ultima hora, aunque los demas cazadores han desistido y guardan las escopetas, que ya que estoy aqui... (dicen), cuando los lugareños, por eso de que estan aqui y es el coto de sus abuelos, padres suyos y de sus futuros, cuidan, ó lo intentan, y cortan la caceria antes, tapan los agujeros de conejos, ponen agua, siembran, dan vueltas al campo para ver si alguien corre pajaros, en fin cosas, solo hacen los del pueblo, porque los demas estan a 100 km y claro para eso está muy lejos, pero para cazar...
No se si esto es saber de caza ó saber cazar, pero si es arrimar el hombro y de esto no viene nada en los planes cinegeticos.
07 jun 2012 12:15
jmmontoyao@terra.es  
Amigo Suamax:

Gracias por participar y por aportar ideas nuevas al debate.

Tienes toda la razón del mundo. Así es y así sucede. No sé por qué, pero el universo de la caza y el de la pesca tienden a ser egoístas; aunque tal vez sea que vivimos, practicamos y padecemos el egoismo más en directo, por comportarnos todos de formas más propias, naturales, y auténticas de nuestro verdadero "ego". El peor enemigo de cada cazador, de cada pescador, es él mismo; porque suele andar tirando piedras a su propio tejado, creyendo que da en las tejas de otro.

Tienes razón también en tu observación sobre los Planes Técnicos, porque deberían cuantificar los esfuerzos y valorarlos, para por lo menos repartir honorablemente las cargas. El que no pueda arrimar el hombro, que añada una "ayudita", y al revés: el que no pueda pagar, que por lo menos arrime el hombro.

Los Planes de Caza se están concentrando en otros asuntos, distintos de los aspectos sociales y económicos. No digo que esos otros aspectos no sean importantes, pero la sostenibilidad exige entrar en profundidad en todas estas cuestiones sociales y económicas.

¿Sabes? No se estudia la sociología de los recursos naturales renovables en las universidades españolas. Así nos va en estos asuntos. Hablamos de sostenibilidad, pero no nos ocupamos de preparar profesionales capacitados para contemplar simultáneamente las tres patas de la sostenibilidad: ecológico-técnica, social y económica.

Habrá que seguir luchando. Un afectuoso saludo. Miguel Montoya
20 jun 2012 18:56
granatensis
Señor Montoya Oliver,
Llevo leyendo artículos suyos desde hace mucho tiempo y creo que con aportaciones como ésta no se ayuda nada a la gran masa de gestores, cazadores, aficionados y estudiantes de la materia de gestión cinegética que quieren tener las cosas claras y no cometer los errores de antaño. Yo entiendo que usted quiera o necesite usar estos términos y conceptos, pero al usuario de a pie le suenan a chino. El problema sigue ahí, los científicos van por un lado y los cazadores por otro. Abrazos
22 jun 2012 08:51
jmmontoyao@terra.es  
Mi querido amigo:
Te aseguro que vengo haciendo lo imposible por hacer fácilmente accesible la ingeniería de la fauna en su aplicación a la caza, y en concreto a la caza de la perdiz. Bueno, veo que apenas si lo consigo. Trataré de esforzarme más en esta materia de la claridad y, porque algún otro compañero ya me lo ha señalado también, intentaré clarificar algunos términos y conceptos que puede ser problemáticos para los lectores.
Un afectuoso saludo y gracias por señalar este problema.
Miguel Montoya

 

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