Cómo cazar en los emparrados o viñas en espaldera

En la zona tradicional de viña, hemos visto como en estos últimos años, el mosaico, que para cazador y perro, constituía un auténtico paraíso para caza, (viñas, olivos, cereal, perdidos barbechos y algo de monte bajo), ha ido cambiando. Sobre todo, el cultivo de la vid, y su cambio paulatino pero inexorable de la forma tradicional en vaso, para un cultivo de viña emparrada o en espaldera. Incluso en algunas zonas este tipo de cambio, pasa a ser un monocultivo.

Luis Dávila | 30/11/2011

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Este cambio tan drástico en el hábitat, en algunos lugares, ha modificado mucho el comportamiento y densidad de diferentes especies incluidas las cinegéticas, y en la perdiz, lo encontramos de un modo muy acusado.

Si bien, aparentemente, este cultivo extensivo, ofrece resguardo y cobijo en época de caza, incluso actúa como reserva natural, ya que muchos son los cotos donde no se permite cazar en ellos. No es menos cierto que en la época de nidificación y cría, la perdiz, por muchos y diferentes motivos, no alcanza a conseguir buenas puestas, y de hacerlo, no son muchos los pollos que llegan a adultos, con el consiguiente envejecimiento de la población y la inminente recesión de la especie. Quedando en unos años sin caza, las zonas aledañas y manteniendo toda la concentración de una densidad ya pobre, en el monocultivo de emparrado.

Los pocos ejemplares jóvenes, no hacen recuperar la envejecida población perdicera, que sigue sufriendo bajas a pesar de que la caza con escopeta esté prohibida. Muchas de estas perdices ni crían ni dejan criar, entrando en un bucle de difícil solución.

Dicho esto, hay determinados cotos, donde si se permite la caza con escopeta. Unos simplemente, realizan algunos ojeos o ganchos, para aliviar la alta densidad de conejo y liebre, para poder mitigar los daños y ese costoso pago al que cada vez pueden hacer menos frente los sufridos cazadores. Otros dejan cazar durante la temporada, solo disparando al vuelo, para evitar los daños que se pueden ocasionar a los diferentes sistemas de riego, medida acertada bajo mi juicio, aunque el pelo campa a sus anchas por los emparrados y es difícil controlarlo. Los menos dejan tirar a pelo y pluma asumiendo los costes de los daños producidos por la escopeta, pero limitando el que ocasionan tanto los conejos como las liebres. Aquí entra la picaresca de algunos pidiendo daños, que la escopeta no hizo. Y los últimos, y prácticamente contados, son los que recogen y quitan los sistemas susceptibles de ser dañados, dejando la caza libremente.

Vamos a ver, como podemos afrontar, la difícil tares, de cazar en tan complicado escenario para la mano, y casi inexpugnable para el cazador en solitario. Por supuesto, donde la normativa interna del coto, nos permita la caza de un modo legal. Y aunque esta sea total, yo recomendaría, no tirar dentro de los emparrados a la caza de pelo, ya que tendremos otras ocasiones mejores, y aliviaremos la tensión que se puede producir entre propietarios y cazadores, sin dejar de recordar, que los alambres, pueden provocar desvíos de perdigones con el consiguiente peligro para nuestro perros.

La caza en solitario

En solitario o en mano, lo principal es el conocimiento de la configuración del emparrado, dimensiones, traviesas, y la configuración de los cultivos periféricos. Este conocimiento del cazadero, nos podrá determinar la estrategia en cada momento y sin la cual estaríamos perdidos.

En solitario, son casaderos solo, para cuando está todo igualado, y conseguir una patirroja o una rabona, tiene la misma dificultad en cualquier parte del coto, con la diferencia de que en estas zonas normalmente, vemos más caza durante la mañana. Eso si, conseguir una sería un triunfo, varias una proeza.

A mi juicio, tenemos dos momentos claves. A primera hora y a última. Y dos maneras diferentes de entrar al cazadero:

A primera hora:

Las perdices estarán muy frescas, pero perezosas, confiando en su mimetismo y en su facilidad de movimientos para moverse por las calles del emparrado. Procuran no volar, y de hacerlo, serán vuelos cortos, sin salirse de la finca. Nosotros tenemos nuestras facultades físicas a tope, y podremos movernos rápido, cercando (ya se que es difícil) y dejándonos domo el que no quiere la cosa, esos puntos claves, pequeños desniveles dentro del emparrado, zonas con rodamundos o vegetación, grandes surcos de las rodadas de tractores y demás sitios donde un macho viejo, es posible que se aplaste a esperar acontecimientos. Tocará correr, otras veces pararse y agacharse, cruzar por las traviesas más o menos rápido, etc. De gran ayuda será llevar uno o dos perros que cacen a buena distancia, sin temer a que en algunos momentos se alarguen con los peones, ya que las perdices también se les escurren a ellos con suma facilidad, y algunas, pueden acabar por toparse con nosotros.

Cuando hemos sobrepasado esos oasis donde alguna perdiz puede preferir dejarnos pasar a seguir peonando o volando, es el momento de abordarlos muy rápido, la mayoría de las veces, nos burlarán, eso lo sabemos, pero en otras ocasiones, ese viejo macho, saldrá sorprendido por nuestra estrategia y regañando, volará rabioso en vertical buscando el aire de cola, pero para entonces, tendremos la escopeta puesta y solo habrá que serenar las pulsaciones para abatir la perdiz.

Última hora:

Recomendaría, no tirar dentro de los emparrados a la caza de pelo

Estas perdices estarán más o menos enteras (que no cansadas), dependiendo de los movimientos y de los cazadores que las hayan hostigado. por ello la perdiz se suele guardar más. Todavía son capaces de peonar mucho, tanto que se cruzan con facilidad varias hectáreas de emparrado, aunque más que buscar quedarse y torearnos como hacían a primera hora. Buscarán poner distancia entre ellas y el cazador, Nuestro físico, como es lógico, a estas horas está muy mermado y los alardes tras ellas de primera hora, los descartamos, si no queremos hacerlas volar muy largas tras la persecución y quedarnos con la lengua fuera y pensando ya en ir al coche.

Presionemos lo justo, y según pida. Observemos su manera de peonar. Y gracias al conocimiento del cazadero, buscaremos llevarlas hacia esos bordes con barbechos, viñas en vaso con cepas viejas, perdidos o incluso pequeños olivares con alguna suave loma. Estas perdices no dudarán en salirse fuera del emparrado y amagarse en las tierras de los alrededores, para luego volverse a meter. Nuestras últimas fuerzas, cuando ya las hemos encauzado, deben ir enfocadas para aproximarnos con gran presteza, salirnos del emparrado y realizar unos zigzag más suaves incluso algunas paradas en las fincas contiguas y más querenciosas donde creemos que se ha podido aplastar, este será el momento para que dejar trabajar al perro y esperar que el trabajo realizado de su fruto. Es realmente difícil conseguirlo, sobre todo si la perdiz está ya muy cazada, pero hay momentos en que merece la pena intentarlo y valorar las escasas capturas como se merece.

En mano

Es algo más bonito, o menos ingrato, más productivo y menos trabajos, pero sigue siendo muy difícil. Si un cazador en solitario, a penas inquieta los bandos que merodean el emparrado, la mano, si lo hace. Volarán con más facilidad y peonaran a distancias elevadas.

Una buena mano, sería de cuatro componentes, ya que tres sería quizás corto y donde cubren sería por que los emparrados no son complicados y cinco componentes sería muy ventajoso para los cazadores… más sería una barbaridad, y dos, suelen ser cazadores con espíritu solitario unidos para la causa, pero demasiado independientes y su caza y estrategia no puede ser considerada mano.

En mano, ya podemos batir toda la periferia y solita la caza se ira concentrando en las viñas emparradas. El conocimiento del cazadero sigue siendo primordial. La estrategia, vendrá determinada por la configuración de cada cazadero y de la climatología, etc. Pero trataremos de no formar la típica V con las alas muy abiertas, sino una diagonal, donde una de las puntas irá adelantadísima respecto a los demás integrantes. Casi hará de satélite independiente, pero cuidando mucho de que la caza no se vacíe por su flanco en dirección a otros cotos, reservas, carreteras, o demás zonas que sean imposibles batir después, quedándonos sin perdiz. Ya hemos comentado que la mano si intimida a las perdices y no dudarán en volar en dirección a estas zonas más seguras.

Como digo, una punta muy larga, para cortar querencias, observar desplazamientos de la caza y de referencia para los demás. Se moverá rápido, y el resto trazará una diagonal sobre este, obligando a la que la caza se vaya sesgando, y desplazándose hacia la punta retrasada para intentar vaciarse por allí, los centrados tratarán de no presionar demasiado, para que la caza vaya suave hacia ese lateral, donde la otra punta que viene muy retrasada, se encontrará con algunas patirrojas que toreando la mano intentan volverse hacia atrás, encontrándose con este cazador que no habían divisado.

Para entonces el cazador adelantado, corta y cierra la mano, o bien por una traviesa o bien por el final de la parcela, avisando a los compañeros centrales cuando cruza por su calle —la compenetración tiene que ser total, ya que por unos momentos este cazador estará de frente a sus compañeros, y todos tienen que estar perfectamente ubicados, para evitar riesgos— y finalizará en la misma calle o paralela a la otra punta que venía retrasada, avanzando en su dirección y embolsando las posibles perdices que hemos dejado dentro. Ni que decir tiene, que las máximas posibilidades de tiro, las tendrá el que juega el papel retrasado, pero si hemos embolsado bien al cerrar, y todo sale a la perfección (muy pocas veces pasa) romperán de manera estruendosa, un buen bando de perdices, de esas gordas y bravas de invierno en todas direcciones, haciendo la delicia de los integrantes de la cuadrilla.

Sobre los perros, lo más aconsejable sería, que los puntas llevasen un solo perro, muy obediente o de un cazar corto, para controlarlo en todo momento, y que no eche por tierra el duro trabajo, y los que integran el centro de la mano, pueden tener uno o varios, sin miedo a que se alarguen algo más.

Escopetas y chokes

Tanto en mano como en solitario, es un cazadero de pocas oportunidades, y donde necesitamos centrar mucho los disparos, ya que las piezas aquí se pueden perder con suma facilidad, pero no por ello hay que caer en tirar largo, o a la caza que esté claramente fuera de tiro, porque podemos dar al traste con la estrategia, por lo tanto esperaremos nuestro momento para realizar los disparos con garantías y con cartuchos de 32, 34 gramos y perdigón del 7 ó 6 si el viento es fuerte podemos asegurar cobrar las perdices en las mayores dificultades. Los chokes medios siguen siendo los más utilizados, pero bajar una estrella en cada cañón, nos puede deparar muy bonitos resultados.

Luis Dávila

 

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