Actividades que relajan al perro

El estrés no sólo afecta a la evolución cognitiva del animal sino a otros muchos factores que influyen en la convivencia y en el trabajo como son la adaptabilidad, la salud física y psíquica y la conducta en general.

Ricardo V. Corredera | 27/09/2011

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Empezaremos con ciertas actitudes y actividades que sirven para mantener al perro por debajo del nivel de estrés pernicioso.

Integremos momentos de serenidad

Nuestros perros se encuentran mersos en un entorno sobretimulado, plagado de ruidos, actividades ajenas a su naturaleza instintos, órdenes, comandos, juegos descontrolados, hiperexcitación en el manejo, castigos de iverso orden, confinamientos, ajes en vehículo, etc.

Debernos buscar el equilibrio de modo que haciendo pausas en nuestra frenética existencia, le ofrezcamos momentos de sosiego. El perro, animal sumamente empático, comprende nuestras señales de calma y aprende a relajarse con nuestra colaboración.

Debemos esforzarnos en establecer rutinas en la vida diaria. La rutina y la constancia es vital para la armonía emocional del perro. Rutinas importantes son las de la hora de comer, de paseo, de trabajo, de descanso…

Una vida desestructurada estresa al animal, le cuesta más adaptarse y experimenta la ansiedad propia de quien no sabe esperar en cada momento.

Lo mismo ocurre con los rituales. El animal se comporta con más sosiego si mantenemos pequeños rituales en cada acción habitual del día, por ejemplo, el momento de control delante del plató de comida, o sentarse antes de subir al coche…

Y no olvidemos unos minutos para la interacción más íntima. ¡Qué poco nos prodigamos en el diálogo con nuestro perro! Hablo de un diálogo subjetivo por supuesto, pero necesario para la relajación de ambos. Sentarse unos momento con el perro delante, susurrarle tonterías, mirarle a los ojos, comunicarse y comunicar ternura al fin y al cabo, y transmitir confianza, cercanía, complicidad y paz.

Algunas personas tienen facilidad para sobreexcitar a los perros, otras sin embargo para relajarlos con naturalidad. Un perro estresado o sobreexcitado estará incapacitado para el adiestramiento.

Ofrécele un lugar de tranquilidad

Dentro del entorno donde vive el perro debe reservarse un rincón privado donde pueda relajarse. Muchos perros sufren de estrés de perreras simplemente porque no encuentran allí un palmo de terreno donde descansar tranquilo, evadirse del acoso de otros perros más dominantes, evitar el ajetreo posible de sus compañeros o simplemente que esté lo suficientémente limpio para tumbarse con comodidad. Por eso, el diseño de la perrera, el evitar hacinamiento y realizar mezclas equilibradas de inquilinos es de vital importancia para evitar el estrés.

La rutina y la constancia es vital para la armonía emocional de perro

Lo mismo procede cuando se trata de ejemplares hogareños. Los perros también se sienten a veces agobiados, estresados o simplemente cansados y necesitan soledad para gestionar sus emociones. Debernos asignarle un lugar tranquilo donde pueda apartarse a relajarse. Si además tenernos en cuenta sus preferencias, pues mejor. Sólo hay que darle varias opciones de inicio y observar cuál elige con mayor frecuencia y agrado. Ya sólo hay que ubicar allí su colchoneta o cama y respetar en la medida de lo posible los momentos de retiro por los que de vez en cuando opta.

Respeta las actividades espontáneas de relajación

El cachorro aprende a autorrelajarse a través de ciertas actividades que con frecuencia tienen que ver con la satisfacción de instintos. Perseguir es una de sus favoritas ya sea a otros perros. pájaros o piezas de caza. Es conveniente que él forme parte espontánea de la inhibición y control de esas actividades. El cazador y adiestrador tiene a cortarlas demasiado pronto y con excesivo rigor, de modo que genera ansiedad al animal por frustración. Siendo la tendencia persecutoria una actividad natural e instintiva, es aconsejable que su control sea pautado y progresivo y conviene siempre conceder al cachorro actividades sustitutivas de persecución a modo de juegos guiados: perseguir y traer la pelota, juegos con otros perros en el parque, carrera tras bici, etc.

Otras actividades de las que se sirve el animal para la relajación son el juego de lucha ritual con otros congéneres, el de tira y afloja con un trapo, etc. Son juegos muy positivos siempre y cuando el dueño sepa mantener el control sobre los mismos, sea él quien decide cuándo empiezan y terminan y cortarlos si el nivel de excitación pasa a la agresividad o dominancia excesiva.

Otra actividad de autorrelajación necesaria para el cachorro es la de mordisqueo. Roer y morder además de fundamental en el momento de la dentición, es una manera de relajarse de la que estos cánidos domésticos se han visto privados por sus dueños al ser sustituida su alimentación ancestral a base de carne, piel y hueso de sus presas por piensos que no necesitan de la trituración y masticación. Por ello, es bueno procurar al perro de objetos apropiados para roer antes de que ellos mismos los busquen: un buen hueso de colágeno, una pelota de goma maciza (o el "kong"), etc. que aparten la tentación de la zapatilla o la pata del tresillo.

La ley de la compensación emocional

Establezcamos la costumbre de intentar positivizar aquellos acontecimientos perturbadores por los que atraviesa a diario el can (un suceso aterrorizante, un ruido repentino desconocido, un acto violento de otro perro o de uno mismo).

Debernos entonces realizar una pausa de relajación durante unos momentos para después buscar una salida positiva (un premio verbal o material, un cambio del trabajo o juego, una liberación).

Si reaccionamos con naturalidad contribuiremos a su vuelta a la calma. Si lo hacemos con nerviosismo contribuiremos a integrar la reacción de estrés en la actividad que estemos realizando.

Integración en la naturaleza

El perro es en esencia un animal. Su cuerpo y su mente, aunque evolucionados y adaptados, siguen siendo los de un lobo domesticado, por lo que están más preparados para el campo que para la urbe, la casa o la perrera.

La naturaleza le ofrece momentos únicos para la relajación no sólo a través del ejercicio intenso sino también por su regreso al orden primigenio y a la libertad máxima. En plena naturaleza el perro se evade de la represión y libera la energía acumulada y el estrés. Al aire libre el perro pone en marcha al 100% todos sus sentidos y se embebe de campo. Es importante que el can pueda disfrutar de la naturaleza en toda su dimensión, no sólo durante la caza o en las sesiones de entrenamiento que son estos momentos no exentos de presión, sino también en periodos de ocio donde el control se limite a lo que la coherencia demanda.

Clarificar la comunicación

Una comunicación pobre o insuficiente con nuestro pupilo genera falta de comprensión y una sensación en el perro de desvinculación. Asimismo debernos esforzarnos en establecer una comunicación clara y directa con él. Es frecuente el desentendimiento entre dueño y perro, que simplemente no llegan a comprender lo que no pretende del otro. Una comunicación confusa conlleva a la ansiedad del animal al sentirse incapaz de dar las respuestas correctas a un dueño incapaz de hacerle llegar los mensaje, comandos o gestos con claridad. Un buen adiestrador sólo llegará a serlo aquel que sea expresivo, a la vez que preciso y que no sólo sepa cómo comunicar con su animal sino que sepa entender sus mensajes. Es importante sintonizar con las señales que el perro nos envía continuamente.

Ricardo Vicente Corredera

 

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