El perro de sangre: en la ardiente oscuridad

Todos amanecimos a esta modalidad de caza a partir de lo que leíamos de doctos autores que sabían diferenciar, perfectamente, cada tipo de sangre, que sabían dónde iba herida la presa y, lo más importante, eran tan precisos que, al impactar, sus proyectiles sólo interesaban a un órgano en concreto, de modo que únicamente sangraban por un sitio y manchaban con sangre de un solo color.

Juan Pedro Juárez | 10/08/2011

5048 lecturas

Sí, porque la sangre puede ser de varios colores según su procedencia: rojo brillante si es de arterial; oscura si es de venas. Eso es todo lo que se puede decir de las sangres, bueno que lleve más o menos babas o espuma o trozos de tripa o tocino, o mil cosas que solamente te indican que el animal ha sido acertado dentro del cuerpo y no fuera, como ocurre la mayoría de las veces.

La cruda realidad

Todos aquellos autores creo yo, por no pensar mal tomaban sus experiencias de apreciaciones de otros cazadores y en unos tiempos en los que había unos proyectiles que eran sota, caballo y rey, y una pólvora de una calidad inferior a la actual. Nunca más lejos de mi intención desmitificar a aquellos grandes cazadores que, contándonos sus idílicas, aunque reales, experiencias cinegéticas, contribuyeron a que en este país no se sepa lo que es la caza.

Cuando lees sus experiencias y vas a pistear, con toda tu ilusión, por primera vez, notas cómo eso que llamamos alma se te baja a los pies, porque todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Vemos un sangrerío importante y una estela de polvo como la del correcaminos, allí en la lontananza, donde sabemos que no vamos a cobrar nada. Por otra parte, quizá tras un disparo poco afortunado y sin sangre en el rastro, nos dejamos una res muerta a dos metros de donde miramos. Se puede ver sangre roja, carmesí, oscura, babas, espuma y todo a la vez y casi envuelto; no se preocupen, no vamos a intentar desmadejar tal embrollo porque les engañaría y les haría perder el tiempo.

La munición

La verdadera causa de este cambio de registro a la hora de buscar reses heridas lo tiene la munición, no el material en sí mismo, sino el uso que hacemos de él, porque es otra de las grandes lagunas de este país. La munición moderna es mucho más efectiva que la de aquellos tiempos de los que hemos hablado con anterioridad. Las grandes marcas se gastan un gran porcentaje de su facturación en afinarlas y el resultado es un producto casi perfecto que, en muchos casos, no somos capaces de aprovechar.

Expansivos, superexpansivos, blindados, semiblindados, de expansión controlada, etc., en todos los calibres y pesos. Y para todos los pesos. Es decir, para cada animal su calibre o su peso, junto con el grado de dureza del proyectil, según la capacidad del animal para encajar el impacto. Todo eso nos lleva a una cantidad tal de munición que es casi imposible de almacenar… sobre todo para una armería media.

En mi pueblo

Yo vivo en un núcleo urbano de ochenta mil habitantes que no es un pueblo ni una ciudad, se vive bien pero con ciertas limitaciones. Y una de las limitaciones es que hay dos armerías, una pequeña, que procura tener lo justo, por razones obvias, y otra grande que tiene lo que le da la gana. De modo que si tienes que ir a los corzos te puedes encontrar que solamente hay munición de una marca determinada de un peso exagerado para el corzo y que es la que más se vende para la temporada de monterías. Cuando la demanda es aceptable para ellos piden munición para el corzo, que te intentan meter (y lo consiguen) como maravillosa para las monterías, mientras que la tienen en el almacén. De modo que un cochino con un disparo en los pechos se va muerto sin dar gota de sangre. Cualquier bala, peso y calibre es bueno si se da en el sitio, cierto, pero ¿cuántas veces se da en el sitio?

Esto no es un mal exclusivo de mi pueblo, ya que aunque yo no he sido capaz de encontrar balas de menos de 100 grains para el 30.06, haberlas, haylas. Tampoco he sido capaz de encontrar proyectiles de 225 grains con punta blanda para el 9,3x62 porque los cafres que usan ese calibre en mi pueblo compraban de 285. Por lo que, cierto día, tras encajar una cierva seis impactos, tuve que cobrarla con el perro porque los seis sedales no dieron gota de sangre. Un servidor, por casorio, tiene acceso a los mayores expertos en armas de este país, por lo que siempre estoy pidiendo consejo y recibiendo información interesante que no puedo poner en práctica porque, en ninguna de las armerías a las que acudo, ni lo conocen.

Ahora se han puesto de moda las balas de punta de colorines, y con un disparo trasero un corzo se me pudo ir a las chimbambas, pero se quedó en el primer apretón de monte que encontró. A los pocos días, con un tiro de codillo, dos centímetros trasero y con un orificio de salida de seis centímetros de diámetro, otro corzo se fue seiscientos metros en un pelado sin dar ni gota de sangre, antes de caer fulminado, ¿por qué?

¿Entienden ahora?

Esto que hemos dado en llamar rastro de sangre es una modalidad de caza que antiguamente era más sencilla, ya que, como he dicho antes, la munición era diferente; además, había menos animales en el campo y mucho más tiempo y conocimientos para pistear. Ahora, con todos los adelantos, debería ser más fácil, pero esa masa ingente de información y de facilidades nos hace equivocarnos a menudo, o que nos equivoquen (por eso, esta pesadez de serie de artículos, que no parecen otra cosa que intentar marear la perdiz).

La mayoría de las veces que pisteamos una res, no hacemos otra cosa que buscar algo obvio; seguir un rastro de sangre de un animal que se va vaciando por el orificio de la bala no es ninguna bobada. Pero no es de lo que tratamos aquí. Ya me gustaría contarles a ustedes cuatro cosas con las que quedar como un experto, pero la realidad es otra muy diferente. Esto hay que hacerlo poco a poco y, sabiendo de los condicionantes que nos rodean, lo máximo posible es, en el fondo, acaparar el mayor número de recursos posibles, como el de correr a toda velocidad detrás de un corzo herido para evitar que se meta en una zona de zarzales de donde hubiese sido casi imposible sacarlo. Siempre se recomienda no acosar a los animales heridos para esperar a que se enfríen, pero, en aquellos momentos, los recursos del guarda que corrió tras el corzo le dictaron aquello muy acertadamente.

Juan Pedro Juárez

 

Leer más
Artículos relacionados con 'Perros'

Podencos, teckels, fox y jagd terriers tras los conejos
Eduardo de Benito

El perro fino colombiano
Jonathan Álvarez S.

Los perros de muestra de pelo duro
Eduardo de Benito

Registro de Rastreos 2013
AEPES

El Alano Español de montería resiste en Berrocaza
Carlos Contera y Luis Cesteros

Más +
Top 5 artículos más leídos

10 calibres para la nueva temporada
R. González Villarroel (193893 lecturas)

Los otros calibres que no son del 12
Pedro A. Suárez (148265 lecturas)

Diez razas de perros para disfrutar de la temporada
E. B. y J. A. C. (145893 lecturas)

Antes de salir de caza: ¿su escopeta le queda bien?
Gonzalo Gómez Escudero (109419 lecturas)

Rifles para caza mayor, pero... ¿Cuánta precisión se necesita?
Pedro A. Suárez (103413 lecturas)