Un hogar cómodo y seguro para nuestros perros

Es frecuente que muchos de nuestros perros, aun cuando se destinen a la práctica cinegética, compartan con nosotros nuestra vivienda; pero en esta ocasión queremos ocuparnos del alojamiento de aquellos animales que habitan de forma más o menos permanente en el exterior, bien por vivir en el jardín de un chalet, en una zona rural o incluso en el caso de alojarlos en algún tipo de perrera.

Manuel Lázaro Rubio | 26/07/2011

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Sea cual sea nuestra decisión para alojar a nuestro perro, considerarnos importante ofrecer al animal unas condiciones mínimas de bienestar, e incluso por qué no decirlo, de comodidad, lejos de alojamientos en los que se cumplen exclusivamente unas condiciones mínimas de supervivencia.

Si el perro vive suelto por una parcela o en el jardín de un chalet, será imprescindible que disponga de una buena caseta o de un lugar en donde guarecerse de las adversidades meteorológicas. No olvidemos en verano que disponga de amplias zonas de sombra. Existen en el mercado multitud de tipos de casetas entre las que podemos elegir, las hay de madera, de resina, materiales plásticos. etc.; pero si lo preferimos también podemos construirla nosotros mismos, bien de madera o de materiales de obra. En cualquier caso debe ser resistente tanto a las inclemencias ambientales, como a las mordeduras y arañazos, y muy importante, estar bien aisladas térmicamente.

El tamaño debe ser el apropiado al de nuestro perro, siendo el suficiente para que se encuentre cómodo pero no demasiado grande, para que resulte cálida. Debemos pensar que en invierno generalmente la única calefacción con que contará el perro es el propio calor que desprende su cuerpo, y si la caseta es demasiado grande o está mal aislada, la temperatura en el interior no será la correcta (15-200 C). Si el lugar en donde vivimos es muy frío, será conveniente aislar la caseta con planchas de poliuretano expandido o con manta de fibra de vidrio.

El suelo debe estar también aislado con una madera o goma elevada del terreno para evitar la humedad. Si hemos optado por la madera, debemos proteger los cantos y bordes de la puerta con ángulos metálicos para evitar que sean mordidos. Si utilizamos pinturas, es importante asegurarnos que no resulten tóxicas por el lamido.

Los comederos y bebederos más prácticos son los de acero inoxidable, pues tienen gran resistencia y son muy fáciles de limpiar. Los realizados en material de obra son otra opción posible, aunque resultan más sucios. Existen también bebederos automáticos de nivel constante que resultan muy útiles, si bien tienen problemas en lugares fríos en invierno debido a que se congelan las conducciones.

Como decíamos al principio y ahora nos referimos más a quienes poseen varios perros, deberemos proporcionarles unas condiciones mínimas para su alojamiento. Es importante aclarar que un perro es capaz de adaptarse y sobrevivir en condiciones lamentables, pero que ante un alojamiento deficiente será más fácil que enferme, que escape o que pueda sufrir un accidente; además de la crueldad que implica no proporcionarle unas comodidades mínimas. El diseño más práctico suele ser la construcción de un recinto cerrado, correctamente vallado y en su interior un área protegida del viento y de la lluvia, en donde colocaremos una caseta bien aislada, en la línea de lo explicado anteriormente.

La superficie de que debería disponer el perro dependerá del tiempo que pase allí encerrado. Para perros de tamaño medio (unos 25 kg) deberían disponer de unos 20 m2 en forma rectangular (por ejemplo, 7x3 m). que les permita moverse con amplitud. En el caso de alojarlos en un sitio más reducido, será imprescindible sacarles a hacer ejercicio más a menudo. Mantener dos perros en cada recinto parece ser el ideal, siendo uno de cada sexo, pues se encuentran más relajados y entretenidos al hacerse compañía mutua. Sobra decir que es imprescindible realizar un correcto control de la reproducción para evitar camadas indeseadas.

El cerramiento suele realizarse con valla metálica, que deberemos elegir del mayor grosor y sujetarla fuertemente y bien tensa para evitar que los perros la deformen al apoyarse en ella. Para evitar fugas debe medir un mínimo de dos metros de altura e ir anclada completamente al suelo. Es interesante que el cerramiento en uno de sus extremos sea ciego en forma de U y techado, bien con un muro de obra o con planchas metálicas o de otro material. Esto permite que el perro disponga de un área protegida del viento o lluvia en donde además colocaremos la caseta. Esta zona le proporcionará además la imprescindible sombra para el verano.

Los suelos deben diseñarse de tal forma que faciliten su limpieza y desinfección. Lo más práctico suele ser solados dándoles suficiente caída para que se mantengan secos y lo más limpios posible. Si optamos por el hormigón, existen pinturas industriales especiales para este tipo de suelos que son elásticas, muy resistentes al rozamiento y a las inclemencias y facilitan mucho la limpieza. Debe estudiarse la posibilidad de realizar unos desagües para las deyecciones de los animales, pues con ello se facilita enormemente la limpieza y desinfección: o en su defecto diseñar una zona que tenga suficiente capacidad de absorción de los líquidos. El terreno que rodea la jaula debe cubrirse con grava para evitar la maleza o las malas hierbas que favorecen la presencia de parásitos.

Para terminar me parece importante destacar dos aspectos, uno es que proporcionar un buen alojamiento a nuestros perros es una cuestión más de imaginación que de realizar una fuerte inversión económica y por ello hemos procurado diseñar unos modelos de alojamiento que aporten ideas y permitan a cada uno adaptarlos a sus necesidades; y el otro aspecto es, que aun cuando un perro no precise salir a la calle para hacer sus necesidades por vivir en un jardín, sí es imprescindible que disfrute de paseos diarios que le permitan relacionarse con su entorno y hacerlo un ejemplar sociable.

Manuel Lázaro Rubio

1 comentarios
27 jul. 2011 13:29
+3
adolfo 50
adolfo 50
No hay que olvidar que siente parecido a nosotros (los llamados humanos) por eso os pongo aquí este diario de un perro.

.Semana 1:
Hoy cumplí una semana de nacido, ¡Qué alegría haber llegado a este mundo!

Mes 01:
Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.
Mes 02:
Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta, y con sus ojos me dijo adiós. Esperando que mi nueva "familia humana" me cuidara tan bien como ella lo había hecho.

Mes 04:
He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como "hermanitos". Somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo les muerdo jugando.
Mes 05:
Hoy me regañaron. Mi ama se molestó porque me hice "pipí" adentro de la casa; pero nunca me habían dicho dónde debo hacerlo. Además duermo en la recámara... ¡y ya no me aguantaba!
Mes 12:
Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban.
Que orgullosos se deben sentir de mí.
Mes 13:
Qué mal me sentí hoy. "Mi hermanito" me quitó la pelota. Yo nunca agarro sus juguetes. Así que se la quité. Pero mis mandíbulas se han hecho muy fuertes, así que lo lastimé sin querer. Después del susto, me encadenaron casi sin poderme mover al rayo del sol. Dicen que van a tenerme en observación y que soy ingrato. No entiendo nada de lo que pasa.
Mes 15:
Ya nada es igual... vivo en la azotea. Me siento muy solo, mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed.
Cuando llueve no tengo techo que me cobije.
Mes 16:
Hoy me bajaron de la azotea. De seguro mi familia me perdonó y me puse tan contento que daba saltos de gusto. Mi rabo parecía reguilete. Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo. Nos enfilamos hacia la carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos nuestro "día de campo". No comprendo por qué cerraron la puerta y se fueron. "¡Oigan, esperen!" Se... se olvidan de mí. Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta, que casi me desvanecía y ellos no se detenían: me habían olvidado.
Mes 17:
He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento y estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y seria leal como ninguno. Pero solo dicen "pobre perrito", se ha de haber perdido.
Mes 18:
El otro día pasé por una escuela y ví a muchos niños y jóvenes como mis "hermanitos". Me acerqué, y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras "a ver quien tenía mejor puntería". Una de esas piedras me lastimó el ojo y desde entonces ya no veo con él.
Mes 19:
Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más de mí. Ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.
Mes 20:
Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la calle por donde pasan los coches, un auto no me arrolló. Según yo estaba en un lugar seguro llamado "cuneta", pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojalá me hubiera matado, pero solo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba a ladera del camino.
Mes 21:
Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. Ya no me puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal; quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: "No te acerques" Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar. "Pobre perrito, mira como te han dejado", decía... junto a ella venía un señor de bata blanca, empezó a tocarme y dijo: "Lo siento señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir." A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la miré agradeciéndole me ayudara a descansar. Solo sentí el piquete de la inyección y me dormí para siempre pensando en por qué tuve que nacer si nadie me quería.
La solución no es echar un perro a la calle, sino educarlo. No conviertas en problema una grata compañía. Ayuda a abrir conciencia y así poder acabar con el problema de los perros callejeros.

 

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