Robla Solo Mil

Hace unos días, el relación con la consulta hecha por un amable miembro (PMC), del Foro de Club de Caza, sobre un trabajo mío anterior, denominado “limpieza de armas para los que odiamos hacerlo” me comprometí a hacer una prueba de un producto de limpieza que debería haber incluido yo desde el principio y por lo que el lector tenía un justificado interés, concretamente el limpiador Robla Solo MIL

Javier Azañón | 05/07/2011

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2. Antiguo formato del producto (aún denominado Robla Solo a secas), en las páginas del catálogo español 2000-2001 de nuestro muy añorado Eduard Kettner

3. Aquí me descuidé, acostumbrado a otros productos (como el SWEET'S 7.62), aún más enérgicos con el cobre, pero mucho más clemente con las maderas y los pavonados. Si os fijáis, ha "pelado" dos puntos del acero de las miras y el puntal de mi querido Steyr Mannilcher, modelo L, en los que debía haber algo de óxido inapreciable a simple vista. También el extremo de la madera está afectado. Lo avisan y se puede evitar, pero MUCHO CUIDADO CON EL, sobre todo en armas finas. La próxima prueba, creo que la voy a hacer con las armas de algún amigo…

4. Otra muestra del "enormous" poder del producto: fijaos en la embocadura de latón y en el vástago de fibra de la baqueta. Antes era rojizo…

5. Unos minutos bastaron para que se manifestaran los efectos. Eso sí: mucho más evidentes en la moneda que en la bala cal.30. En cualquier caso, pasado un rato largo, parecían ralentizarse.

6.

7. Tras una cuidadosa aplicación y limpieza, aún quedaban residuos en el rayado.

8. La bala de plomo puro permanece intacta a pesar de llevar mucho rato semi-sumergida. El producto tampoco cambió en absoluto de color.

9. El arma usada.

10. Lo primero, limpiar carbonillas con un buen disolvente de pólvora sin humo (la pólvora negra, requiere otros disolventes o incluso agua caliente: eso sí que es afición).

11. Tras la tercera aplicación, aún se desprendían residuos azulados del cañón.

12. Después de haber aplicado tres veces Robla Solo Mil, otro limpiador –también conteniendo amoniaco, pero quizás más "user friendly"-, fue capaz de disolver aún algo de restos de cobre. Seguramente, con sucesivas aplicaciones el producto de Robla, hubiera acabado con todo el cobre, pero requiere bastante trabajo y atención. La verdad es que el Robla Solo-Mil hace que el SWEET's 7.62 parezca una loción de aloe-vera.

Pues bien, al fin conseguí quitarme la pereza, adquirí un bote y me puse manos a la obra, lo que al final ha supuesto un addendum de hecho al trabajito anterior.

Que promete y de que advierte:

A pesar de mi mala costumbre de no leerme los prospectos de los productos que uso, esta vez sí lo hice, para empezar porque es muy conciso y claro. Se nota perfectamente la procedencia del producto y también que los alemanes tienen una inclinación al Marketing probablemente inferior al presupuesto que debe tener la C.I.A. en Relaciones Públicas.

En definitiva, muy escueto y no pierde ni una letra en loar su producto pero tampoco en disimular sus posibles efectos indeseables, de hecho, advierten en un curioso inglés que su poder disolvente es tan enormous (sic), que los restos deben retirarse inmediatamente so pena de cargarse el pavonado del arma. Acostumbrado a otros productos, no hice mucho caso: ¡y maldita la gracia!. Ya veréis, si tenéis la paciencia de seguir leyendo.

Por cierto, en la caja dicen que disuelve también el plomo: a mí por lo menos, no me lo ha demostrado.

Una de las cosas curiosas que aconseja, para cañones muy afectados por los residuos, es, llenarlos hasta el borde del producto y dejarlos así incluso toda la noche tras haberlos sellado cuidadosamente con corcho o goma …Eso sí, ni un minuto más (seguro que ellos hasta usan un cronómetro con alarma…son admirables…)

Lo que dejan muy clarito es que, tras su uso, es absolutamente necesario aplicar aceite de armas en todas las superficies afectadas. Esto ya me tenía que haber hecho sospechar…

Como el andar rellenado el cañón de un arma y dejar actuar el producto me pareció difícil de mostrar visualmente en este trabajo, usé el socorrido método de la moneda de cobre y de un proyectil encamisado, como se ve en la foto cinco.

Plomo

Yo, la efectividad en con el plomo no la he conseguido ver: Fotos seis, siete y ocho.

La prueba en sí

Bueno, pues tras tantas digresiones, me metí ya en harina, es decir, a limpiar de hecho el cañón de un arma que me constaba contenía cobre en su rayado, por haber hecho un buen número de disparos con ella últimamente.

Comencé, como siempre, por retirar cuidadosamente los restos de la combustión de la pólvora y fulminante, para esto, el Hoppe's number Nine clásico me ha funcionado siempre muy bien.

Antes que nada, es necesario dejar perfectamente al descubierto los restos del encamisado de los proyectiles en el rayado, para que cualquier disolvente de cobre tenga alguna posibilidad de hacer bien su trabajo.

Una vez hecho esto y, siguiendo los pasos descritos en mi artículo anterior, comencé a aplicar el Robla Solo Mil, repitiendo la operación hasta tres veces.

Sin duda, el producto actuó sobre los restos de cobre, como podía apreciarse en claramente en la tonalidad verde azulada con la que manchaba las toallas de papel enrolladas en una grata vieja utilizadas para esto. Por cierto, el contenido de amoniaco es evidente por su olor característico, así como por la celeridad de sus efectos.

Una vez terminada la aplicación de Robla Solo Mil y, tras un completo "enjuague" del producto con un disolvente apropiado y un completo secado, quise probar con otro producto, también enérgico, para ver si aún podía limpiarse más y en realidad así fue: no es que no crea que este producto de Robla sea incapaz de retirar todos los residuos, pero está claro que necesita bastantes aplicaciones.

Conclusión

Dado el panorama actual, en el que los limpiadores con amoniaco procedentes de U.S.A., como por ejemplo el SWEET´s 7.62, han desaparecido de nuestras tiendas, no tenemos muchas opciones locales y, en esto el Robla Solo Mil, se defiende más que honorablemente por lo que veo, pero atención, seguid al pié de la letra las precauciones que honestamente da el fabricante, si no queréis tener algún contratiempo.

Bueno, quizás haya otra alternativa para los inquietos que sí os queráis complicar la vida con alguna "opción avanzada". Como, por ejemplo, el uso combinado (no mezclando) con otros limpiadores sin amoniaco, obtenibles localmente, como por ejemplo el KG 12, en la secuencia de limpieza, para obtener un resultado aún mejor…Pero eso sí que sería otra historia de "extreme cleaning, que a mí me ha funcionado, pero que cada uno debería hacer bajo su propia responsabilidad.

Yo, mientras tanto, continuaré usando los dos últimos botes de SWEET´s 7.62 que me quedan.

 

 

 

 


Javier Azañón

Este artículo pertenece a la serie :

Limpieza de armas… para quienes odiamos hacerlo

Robla Solo Mil

4 comentarios
08 jul. 2011 08:42
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POr lo que veo, para desencobrar estos productos basan su formula en el amoniaco. ¿Podríamos entonces usar amoniaco (no puro) como por ejemplo amoniaco para limpieza domestica?. Son infinitamente mas fáciles de conseguir y también mucho mas baratos. Si encima resultan...
08 jul. 2011 16:24
Javier Azanon  
Sujeto al mejor criterio que pueda tener un químico cualificado, que seguro hay alguno entre los asiduos al foro, yo he leído en alguna parte que el amoniaco, en su versión de producto de limpieza doméstica, no debe usarse para limpiar armas, precisamente porque está diluido en agua en una gran proporción, con el correspondiente efecto oxidante. Por otra parte, usarlo en estado puro (caso de poderse obtener en el comercio al por menor), sería peligrosísimo.
Además, creo que es muy higroscópico. Quizá sea esta la razón de que el prospecto de Robla Solo-Mil, advierta que es necesario llenar hasta el borde el cañón con el producto -caso de usarse este método de limpieza-, antes de sellarlo: para que no absorba la humedad contenida en el aire circundante.
26 ene. 2012 15:08
Brno223  
26 ene. 2012 15:30
Brno223  
Muy equilibrado informe. Para abundar y sobre el amoníaco, no recuerdo si el Sr. Lilja o Shilen, ambos fabricantes de tubos cañones excelentes, decían que el problema era su mala prensa. Creo que, en relidad, el problema puede ser el manejo inexperto.El peróxido de amonio(es el nombre si no me equivoco) es higroscópico sin dudas por lo que debe retirarse totalmente del tubo. Mis armas cortas, pistolas, han pasado noches con sus cañones sumergidos en amoníaco sin ningún problema. Para las armas largas lleno el cañon por la recámara con jeringas hipodérmicas habiendo sellado la boca de fuego(un "dedo" de guante de late p/ej.)y dejo unos minutos antes de limpiar con el cuidado que indica el Sr. Azañón. Lo que he visto en estos tiempos es la tendencia al lubricante liviano para los tubos cañones. En mis tiempos solo los mecanismos, en el mejor de los casos, recibian ese trato. Los cañones aceite para armas densos, salvo en casos de uso frecuente.
Un saludo cordial.

 

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