Limpieza de armas… para quienes odiamos hacerlo

Fue en un ejemplar de diciembre de 2004 de American Rifleman, en el que vi un artículo con este mismo título, que no sólo me hizo sonreír, sino con el que me sentí plenamente identificado.

Javier Azañón | 08/06/2011

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Que no se me entienda mal, yo respeto al tirador o cazador que disfruta limpiando y lustrando sus armas, incluso cuando no es necesario, pero personalmente prefiero utilizar ese tiempo en el campo de tiro o cazando, además y sobre todo, me molesta ponerme perdido y llenarlo todo de residuos de trapos y empapados en productos químicos malolientes. Bueno, no sé si malolientes, porque también se oía el chiste de que alguna que otra moza utilizaba —para cazar— un toque de Hoppe's Number 9 tras cada oreja.

Alcance

Este trabajo no pretende ser un manual de limpieza de armas, sino una mera reseña de cómo podemos mantenerlas a ellas y a su precisión, utilizando material normalmente a nuestro alcance y, sobre todo, cumpliendo con ello de la forma más eficaz, pero también mas pulcra y rápida posible.

Por cierto, que nos circunscribiremos a las rayadas, ya que, en general, las de ánima lisa necesitan un mantenimiento más somero y las de pólvora negra… bueno, supongo que si alguien ha decidido meterse en esa esforzada actividad, no está leyendo esto, porque ya tiene asumido que se va a poner de carbonilla hasta los ojos.

Material

Como hemos dicho, esto se trata de una reseña, por lo que nos limitaremos sólo a aquellos productos que, en la experiencia que puedo ofrecer, realmente hayan demostrado su utilidad a lo largo del tiempo, tanto por su practicidad, como por su probada eficacia.

Es precisamente mi modesta experiencia como tirador local, utilizando productos normalmente obtenibles en y desde España, lo que quisiera ofrecer a nuestros lectores, porque me consta que funcionan, evitando de paso, que se conviertan en coleccionistas de curiosidades más o menos útiles o inútiles, como yo mismo he sido. De hecho, sólo hablaré de lo que he acabado usando y de lo que estoy totalmente satisfecho a lo largo de los años, sin prejuzgar ni valorar otros y otras experiencias.

Lógicamente, lo primero que necesitamos es una buena baqueta, duradera, versátil y, sobre todo, segura para el rayado de nuestras armas. Deberá ser de una sola pieza y de un material que no resulte abrasivo en los contactos y roces que inevitablemente se producirán dentro del ánima del cañón.

En esto, la Tipton de fibra de carbono o sus semejantes, tienen pocos rivales y os durarán toda una vida y, si podéis compraros más de una, adecuándola así a vuestro calibre y longitud de cañón, mejor que mejor. No son especialmente baratas, pero ahorraréis dinero con ellas.

Lo del calibre adecuado es importante: aún recuerdo lo mal que lo pasé intentando sacar una baqueta del cañón de un 6,5x57 nuevo, que al final tuvo que extraer un armero profesional, sólo él sabe cómo. Si me hubiera fijado antes en que era para el calibre .270 o superiores, posiblemente aún tendría ese rifle.

Las baquetas no rígidas, tipo Snake Bore, son sorprendentemente eficaces, sobre todo para aquellas armas que no podemos limpiar desde la recámara.

Impregnándolas en disolvente y/o antioxidante, también sirven para una limpieza somera si no es necesario una más profunda o si, simplemente, no tenemos ganas en ese momento y queremos posponer el trabajo para otro momento. En cualquier caso, es siempre aconsejable llevar una en el morral de caza o en la bolsa de tiro.

Yo uso fundas rígidas y suelo llevar también una baqueta vieja de latón, ¡unto al rifle, que me ha sido útil para sacar nieve o barro del cañón e incluso algún casquillo rebelde, de mi rifle o de la de otros en medio del campo. Para armas cortas, quizás no haga falta ser tan exigente en cuanto mientras sea de buena calidad, de material seguro y adecuada al calibre y a la longitud del cañón. Debemos descartar las de aluminio, pues dejan residuos en el ámina.

Escobillones: yo los uso de material plástico, fácilmente lavables, y como meros aplicadores de disolventes del cobre o de otros residuos.

Cualquier grata de bronce del calibre adecuado nos va servir, pero no tanto por su acción mecánica de arrancar residuos, cuya eficacia y seguridad dudo, sino más bien como vector de otros agentes (como papel absorbente de restos de disolvente, o como soporte de la lana de bronce, que más tarde veremos).

Personalmente, con la posible excepción de la lana de bronce para los depósitos ligeros de plomo, no me gusta limpiar los cañones por fricción, porque considero que eso sí puede ser perjudicial y porque con el cobre simplemente no funciona.

Suplementos: Dada la poca normalización que hay entre las distintas roscas y modelos, estos pequeños complementos, se hacen imprescindibles. Yo los compré en nuestro añorado Kettner, pero supongo que en una buena armería e incluso en una ferretería se pueden conseguir. Si no se encuentran, Eduard Kettner sigue sirviendo a España, al menos desde Austria.

Otro producto útil, aunque un poco de lujo, son los tampones (así se llaman, me temo) FVG, que son pequeños cilindros de fieltro, perforados longitudinalmente, para usarlos con el sistema original de esta marca, consistente en un vástago roscado, que porta dos cilindros cada vez, uno que cae fuera del cañón con los residuos y otro que continúa fijado en la rosca, para seguir limpiando. Bueno, es mas fácil verlo que explicarlo, pero son relativamente caros y escasos, además, deben ser del calibre adecuado. En cualquier caso, son sustituibles por otros métodos caseros, aunque más trabajosos, que luego veremos.

Yo sólo uso uno cada vez, para forzar fuera del cañón el primer residuo de disolvente de cobre. No suelo gastar más de tres o cuatro en cada sesión de limpieza. Antes de que se me olvide: no puedo aconsejar la baqueta de esta marca: de acero y de segmentos roscados.

Productos químicos

Disolventes

Aquí viene uno de mis favoritos y que más trabajo me ha ahorrado: el maravilloso y nunca bien ponderado Firearm Cleaner & Degreaser de Birtchwood-Casey. Como muchos conocerán, es un disolvente genérico, pero muy bueno y que, además sale a una presión considerable (¡cuidado con las camisas!), llevándose por delante aceites, grasas y mucha suciedad acumulada por ejemplo, en el mecanismo de un gatillo, así como para limpiar de lubricante el interior del cañón, para lo que cuenta con un tubo accesorio. Se encuentra en armerías y/o Internet. Antes Sadira tenía (quizás tenga aún) un producto parecido, pero sin una acción de spray tan potente. Existen otras marcas equivalentes.

El Hoppe's Number 9, sigue siendo muy efectivo, pero sobre todo como disolvente de los residuos de pólvoras sin humo, previo a descobrizar. Es fácil de usar y, si no se quita primero la capa dejada por la pólvora, luego no se limpia bien el cobre.

El Hoppe's Benchrest 9, Copper Solvent, es un descobrizador suave, para usar si se quiere, entre limpiezas intensas. Otro de mis grandes favoritos es el Sweet 7.62. Es muy enérgico sobre cobre acumulado en el rayado. Después de haber utilizado otros muchos, hace algún tiempo traje un bote de EE.UU., donde es sabido que cuidan sus armas, pero no se andan con tonterías y donde me lo habían aconsejado.

Es indiscutiblemente el más rápido y el que consigue una mejor limpieza. De hecho, utilizándolo en un rifle que creía ya completamente limpio con mi disolvente hasta entonces habitual, aún salieron muchos residuos de color azul verdoso, ¡Ahora sí estaba realmente limpio! Y no, no estropea lo mas mínimo el rayado ni perjudica la precisión, lo digo tras haberlo usado durante años y en numerosas armas. Eso sí, yo lubrico el cañón tras su uso, pero no se come el acero estilo ácido fluorhídrico, como dicen algunos, que nunca lo han usado. De hecho, sólo ataca el cobre.

Creo que algún día, deberíamos hacer la prueba de dejar un cañón preciso, poniendo y reponiendo este producto u otro igualmente enérgico, en el rayado cada 12 horas y durante una semana y después probarlo de nuevo. Su presencia entre nosotros ha sido esporádica, pero a través de Internet es fácilmente obtenible, aunque su disponibilidad aparece y desaparece ocasionalmente. Puesto al habla con los importadores (incluyendo Cabela's), resulta que no es un problema con el producto en sí, sino que el Departamento de Estado de los Estados Unidos, lo ha incluido en su lista de productos no exportables. No sé por qué, pero veo que parece tener en común con los otros limpiadores, su contenido en amoniaco. Eso sí, ellos lo usan sin problema dentro de sus fronteras.

Lubricante/antioxidante

Después de muchos años y de probar muchas marcas, encuentro que el 40W., es muy bueno y práctico. Desde Vietnam, donde se hizo famoso, no ha dejado de dar excelentes servicios. Se encuentra fácilmente en ferreterías.

Alguna cosa más

Lana de bronce: es útil para limpiar los residuos de plomo y particularmente para dos cosas: limpiar fácilmente el interior del cañón, cono de forzamiento y tambores de los revólveres, sin dañar el pavonado y especialmente para limpiar el rayado de las armas del .22, que se ensucian con plomo y grasa, a veces tras unos pocos tiros, perdiendo la precisión.

En este caso, lo mejor es enrollar algo de lana en una grata usada del .22, y pasarla unas cuantas veces por el rayado. En ambos procedimientos, yo uso conjuntamente el 40W., con buenos resultados.

Luego paso un tampón VFG u otra grata envuelta con papel absorbente, si no tengo acceso a una baqueta, un Bore-Snake del .22. Tras unos pocos tiros, el cañón recupera su estabilidad, sobre todo con la munición engrasada de tiro.

La lana de bronce la trae Brownell's en tres grados: fino, medio y grueso. Merece la pena pedir los tres.

Procedimiento

Empiezo siempre inyectando el disolvente con el spray de Birtchwood-Casey y luego paso tampones VFG para arrastrar la primera suciedad. En su defecto uso una grata vieja envuelta en papel de cocina (o servilletas o kleenex), o el socorridísimo Bore-Snake. Acto seguido utilizo otro escobillón de plástico empapado en Hoppe's Number 9, pasando la baqueta unas 10 veces. Lo dejo reposar unos minutos y vuelvo a secar con los VFG, o con la grata envuelta en papel o con los el Bore-Snake.

Ahora es cuando paso el escobillón de plástico, empapado en SWEET's 7.62 y lo dejo reposar 15 minutos. Luego paso un tampón VFG o la grata envuelta en papel. Normalmente, aquí aparece impregnado en una pasta azul verdosa, dando fe de la eficacia del producto. Repito esta operación un par de veces, o hasta que desaparece del todo el color del cobre. De hecho, ha llegado a dejarlo tan limpio que es el único en que ha salido impoluto. Ojo, los suplementos de latón y los escobillones de bronce son atacados por el producto y a veces engañan con la coloración verdosa que también desprenden. El remedio es pasarles también un trapo, al sacar la baqueta del cañón.

Si no se dispone de SWEET's 7.62, puede usarse otro descobrizador enérgico en líquido o en espuma o bien, el el Hoppe's Benchrest 9, Copper Solvent. En este caso, hay que dedicarle más aplicaciones, aunque difícil seconsiga un nivel de limpieza semejante. A continuación, aplico una vez más el desengrasante en spray y pongo una generosa cantidad de lubricante W40 en un escobillón, tampón o trapo y me aseguro de que el rayado (y la recámara de paso) queden totalmente protegidos, pasando la baqueta unas cuantas veces.

También me gusta repasar toda el arma con una ligera capa de antioxidante y: …Voilá, se acabó y al armario de seguridad y hasta la próxima. Por supuesto, antes de volver a usar el arma, limpiaremos cuidadosamente, con disolvente todo el lubricante del cañón y recámara.

Conclusión

Al terminar este artículo y ver que el apartado procedimiento, ocupa relativamente poco, me doy cuenta de que quizás haya conseguido mi propósito, es decir, si reunimos el material de antemano, salir del cuarto de las balas (o como le llamen en vuestro caso), sin haber realizado más esfuerzo del que puede emplearse, por ejemplo, en cambiar una rueda, es posible… y, además, saldremos mucho menos sucios.

De todas maneras, de verdad, de verdad: mejor comprad un Snake-Bore para cada calibre que tengáis y luego buscad un amigo que de verdad disfrute con esto.

Javier Azañón

Este artículo pertenece a la serie :

Limpieza de armas… para quienes odiamos hacerlo

Robla Solo Mil

5 comentarios
08 jun. 2011 17:41
PMC
Sr. Añazón, ¿Qué opinión le merece el Robla Solo-mil? Yo lo uso y parace que desencobra muy bién.

Gracias
09 jun. 2011 15:59
becador
Desde mi humilde opinión el mejor producto que yo encontre y al alcance de cualquier persona es el petroleo a la venta en gasolineras, con un litro tienes para años y despues de pasarlo con la baqueta el 40W o similar por ejemplo tres en uno pero mejor el 40W.
10 jun. 2011 09:03
+1
Javier Azanon  
PMC hace una pregunta sobre el uso de Robla Solo-Mil, que es muy adecuada y, de hecho, pone en evidencia la ausencia en mi artículo de un producto que debería haber estado desde un principio. La razón de que no lo haya sido así es, simplemente, que no lo tenía a mano en ese momento y que mi experiencia con él era muy somera y, además con la versión anterior (Robla-Solo), que traía Kettner hace años y del que no tengo un recuerdo muy claro.
Ante todo, prometo comprar un bote de Robla Solo-Mil, probarlo a fondo en un cañón bien llenito de cobre y publicar sus resultados. Mientras tanto, puedo recoger las impresiones que de él he ido encontrando en fuentes que parecen fiables.
En este sentido, he encontrado una curiosa prueba de varios productos disolventes de cobre comerciales, por el muy expeditivo método de sumergir en cada uno de ellos proyectiles enterizos de cobre (creo que Barnes), durante un tiempo determinado y luego comparar el peso perdido en cada caso.
Pues bien, en esta prueba el Robla Solo-Mil está entre los más enérgicos, por encima incluso del Sweet’s 7.62 , y es que en su composición entra el amoniaco, probablemente en buena medida, (por cierto, cuidado con la ropa: el gordo que aparece en el artículo con una camisa blanca -perfectamente manchada- soy yo y os puedo decir que es muy difícil explicar en casa porqué se deshace luego al lavarla…)
Lo que sí quisiera recordar es que -sea cual fuere el producto disolvente de cobre- es muy importante la limpieza previa con un disolvente de residuos de la combustión de la pólvora y fulminante, como por ejemplo el Hoppe´s Number Nine de toda la vida. Es fundamental dejar primero al descubierto los residuos de cobre para que el disolvente al efecto haga su trabajo.
Bueno, lo dicho, queda pendiente la prueba del Robla Solo-Mil y quizá también la de alguna otra cosilla que he descubierto últimamente.
Javier Azañón

10 jun. 2011 10:13
PMC
Gracias por su interés, y espero los resultados que pueda haber con el Robla Solo-mil.
Saludos
21 jun. 2011 15:38
toro serrano
yo lo que utilizo para limpiarlas es 2 partes de gasoil y una de aceite de coche,y va de maravilla.

 

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