Steyr Mannlicher; volvimos a Sudáfrica

El pasado año les ofrecimos varios artículos que tuvieron como protagonistas a diferentes rifles; una serie de reportajes con la particularidad de estar realizados durante un safari en Sudáfrica. Ahora, diez meses después de aquella fascinante experiencia, hemos regresado a ese extraordinario país y hemos vuelto a aprovechar para probar armas, cartuchos y visores expresamente creados para el cazador y en uno de los más emblemáticos paraísos de la caza en el mundo. ¿Quieren acompañarnos?

Luis Pérez de León

Luis Pérez de León
Director de la revista Armas Internacional

08/02/2011

10270 lecturas

Si alguien les dice que esto de la caza en África es un vicio… créanlo. Hace ya más de 30 años que comencé a cazar en batida, en montería y hasta en rececho. Aunque siempre fui cazador, reconozco que en los últimos años esa afición se ha convertido en una sensación mucho más fuerte, algo a lo que lo único que le faltaba era haber probado el veneno de África en 2008, con un safari que supuso cobrar 17 piezas de 9 especies, eso sí, con la desinteresada colaboración de mi hija Diana.

No hace falta que les cuente que estamos en época de crisis, que los euros están cada día más caros, pero aún así más de uno nos las ingeniamos para rebañar las huchas, aprovechar las ofertas de Iberia y hasta de retorcerle un poco el codo al organizador de safaris —que la oferta así lo exigía— para apretar los dientes y no renunciar a una nueva experiencia en el Continente Negro. La fecha elegida en esta ocasión fue junio, precisamente por indicación del dueño de Elandsbosch, ya que pretendíamos conseguir también algunos buenos trofeos de facochero, una especie que no tiene mayor trascendencia para los sudafricanos, pero que se demuestra una pasión para los españoles, seguro que intentando trasladar hasta nuestros cochinos los tantas veces impresionantes colmillos de sus primos africanos.

Sin embargo, las cosas no siempre salen como uno quiere, y de facos les voy a poder hablar más bien poco, aunque sí del mucho frío que pasamos, de lo muy bien que nos volvieron a tratar y, por supuesto, de otro montón de bichos que bien justificaron el esfuerzo.


En las fincas de Elandsbosch, situadas al norte de la provincia de Limpopo, la vegetación es por lo general exhuberante, presentando a veces una dificultad añadida para localizar o pistear las piezas. ‘romper monte’ a través de ella puede llegara suponer otro reto.

El año pasado, ya nada más llegar a España, la sensación de querer volver a África se hacía cada día más evidente. Eran tantas las buenas sensaciones vividas, los recuerdos que te trasladaban continuamente a paisajes, lugares, animales… incluso a personas que en tan sólo unos días habían demostrado ser tan entrañables que no podías por menos que considerarlas como verdaderos amigos, y todo ello en un ambiente siempre presidido por la CAZA, exactamente con mayúsculas, y aderezado por todo ese cúmulo de cosas añadido a nuestra pasión como son los rifles, los visores o hasta los cuchillos. Tiempo habrá, además, a lo largo de estos artículos para que les vaya narrando nuevas cosas interesantes sobre aquellas tierras mágicas, de las especies que conseguimos en esta ocasión y de los lances que nos brindaron.

En este safari repetíamos nuestro amigo y colaborador Manuel Bustos, mi hija Diana y un servidor de ustedes, y se sumaba otro buen y antiguo amigo, Javier Ferrúz, que se iniciaba en esta ocasión en su experiencia cinegética en África, al margen de que nos acompañaran las esposas e hijos de algunos y hasta otros amigos, que incluso sin cazar pasaron unos días inolvidables, unas veces saliendo al campo para disfrutar fotografiando animales, otras realizando excursiones más que interesantes o hasta acompañando a los cazadores en alguna ocasión.


El cerrojo SBS es un ejemplo en cuanto a mecanizado. Es inoxidable y en su cuerpo hay unas peculiares acanaladuras, previstas para que en ellas pueda depositarse un posible exceso de suciedad o residuos que no afecten a su suave deslizamiento.

Repetimos también con el organizador, la empresa Elandsbosch, cuyo propietario, Gerhardo Steenekamp, ya nos demostró el año pasado que no eran exageradas las buenas referencias sobre su campamento y la calidad de su caza. Y hasta contamos —así lo habíamos solicitado—, con el excelente trabajo del profesional Hannes Lamprecht, de quien asimismo guardábamos un extraordinario recuerdo.

Pero es preciso que comience ya, plasmando con el mayor orden de que sea posible las cosas que pretendo trasladarles, y lo haré de la forma más coherente con esta publicación, es decir, con las armas.


El safari tuvo lugar finalizando junio, coincidiendo con el invierno sudafricano, su estación más seca. Suponíamos que las temperaturas serían algo más bajas que agosto del pasado año, pero no que éstas rozaran los 0 grados durante la noche y no llegáramos a los 10 durante el día.

El principal protagonista será hoy el rifle austríaco Steyr Mannlicher modelo Pro Hunter, en calibre .300 Win Mag, que nos fue cedido expresamente para el safari por el importador oficial de esa marca en España —y de otras muchas de gran importancia—, la empresa Borchers S.A. Además, como supongo muchos de ustedes habrán podido ver ya en esta misma revista, estamos de enhorabuena, pues Borchers ha tenido la gentileza de acceder a mi propuesta de sortear ese mismo rifle entre nuestros lectores; toda una oportunidad de conseguir un arma extraordinaria que ha demostrado sobre el terreno —y no sólo en el campo de tiro— excelente funcionamiento y precisión, y que para alguno tendrá el valor añadido de ser ya un veterano de África.

Rifle Steyr Pro Hunter

En los últimos años les hemos ofrecido diferentes artículos sobre otros tantos rifles de este prestigioso fabricante —que lleva ya mucho más de un siglo demostrando la calidad de sus productos—, armas todas ellas que se basan en un mecanismo de cerrojo, evolucionado en su concepto mecánico desde el Mauser 98, pero admirablemente resuelto desde todos los puntos de vista: mecánicos, funcionales, de seguridad, etc. Se trata de la denominada acción SBS (Safe Bolt System o Sistema de Cerrojo Seguro). Steyr lleva ya dos décadas empleando este mecanismo en todos sus rifles, y desde el pequeño y peculiar Scout —el que de hecho fue el protagonista de una serie de cambios fundamentales en su línea de diseño que después se trasladaron al resto de la saga—, hasta los diferentes modelos de caza, e incluso sus versiones tácticas o de tiro de precisión, las siglas SBS se repiten estampadas en los cajones de mecanismos; y es que el sistema ha demostrado ser muy bueno.

El modelo Pro Hunter es, por otra parte, una de las opciones que pueden considerarse más versátiles y adaptables a la caza y válido para casi la totalidad de las especies del planeta en función de la extensa variedad de calibres en que se ofrece: nada menos que 13 según el importador.

Cuenta con un cerrojo inoxidable extraordinariamente bien realizado, en el que los mecanizados y ajustes destacan por su exactitud. En su cabeza se han tallado cuatro tetones que se encastran en sendos rebajos efectuados en el interior del puente delantero de la acción, todo ello de acero, uniéndose el cañón a ésta sin las peculiaridades a las que obliga el modelo Scout y su cajón de mecanismos de aleación ligera, sin duda una de las causas que implican un coste más elevado en esa versión.

El plano de cierre, tallado en cubeta, incluye un robusto y eficaz extractor y un pistón de presión constante para asegurar la positiva expulsión de las vainas. Por su parte, en el cuerpo del cerrojo se han tallado unas largas acanaladuras, previstas para que un posible exceso de suciedad o residuos pueda alojarse en ellas sin perjudicar el deslizamiento del cierre, circunstancia que se produce siempre de forma suave y fluida.

El seguro: otro punto a favor Se trata de un mecanismo excelentemente bien diseñado que ofrece no sólo la absoluta seguridad que se pretende de uno de estos dispositivos, sino también un funcionamiento sencillo, eficaz, casi intuitivo, que se acciona de forma tan inmediata como silenciosa. Dispone de una especie de rueda dentada que ofrece tres posiciones: una de ellas, cuando vemos un punto rojo, indica la posición de fuego; la segunda, cuando el círculo es blanco, significa la posición de seguro normal, impidiendo el disparo pero sí la apertura del cerrojo; pero aún existe otra posición cuando es una pequeña tecla la que aparece desde la estructura de la rueda y en la que el mecanismo no sólo queda del todo pasivo, sino que además nos permite que la palanca del cerrojo pueda plegarse hacia el interior, de forma que se proyecte menos y evitar así poder engancharla con la maleza o cualquier otro elemento. Al girar la rueda desde esa posición de seguro total la palanca del cerrojo volverá a su posición normal automáticamente.


La numeración específica en las diferentes piezas principales, atestigua lo riguroso de la fabricación y montaje. En la imagen llega a apreciaser alguno de los taladros practicados en el cuerpo del cerrojo para la evacuación de gases en previsión de la posible rotura de una vaina en la recámara.

Mención destacada hay que hacer también del mecanismo de disparo, con un gatillo totalmente directo cuya presión puede ser fácilmente regulada entre 1,5 y 2 kg. Además, es de los denominados de tipo francés, y desplazándolo hacia delante tensa el mecanismo de forma que sólo son precisos unos pocos gramos para soltar el fiador. En su resultado es un gatillo al pelo, una posibilidad sólo recomendable cuando el cazador esté perfectamente apoyado e inmóvil, pues repito que el disparo se producirá de forma casi imperceptible para el dedo.

En cuando a los elementos de puntería, en España se distribuye con un alza de material sintético de gran robustez, con apertura en U, ajustable en lateralidad y dispuesta sobre una meseta de acero. Por delante encontramos un punto de mira de aleta que puede a su vez ser regulado en altura. Ambos elementos, y pese al acabado mate que intencionadamente se le ha dado al metal de este rifle, destacan sobre la superficie helicoidal que presenta el exterior del cañón, y que no es otra cosa que la huella de su proceso de estiramiento y fabricación por martilleado en frío y que se ha convertido en un rasgo de identidad para estos austriacos desde hace muchos años.


Un rasgo estético que se ha convertido en seña de identidad para Steyr Mannlicher es mantener en la superficie del metal de los cañones la huella dejada por el proceso de estiramiento y martilleado en frío que se emplea para su fabricación. Es éste un método tradicional e idóneo para conseguir resistencia, regularidad y la mejor precisión en los resultados prácticos del rifle.

No obstante, nuestro Steyr —quiero decir el que será de alguno de ustedes— no hizo un sólo tiro en África a través de su alza. Borchers también nos cedió un excelente visor Kahles, un fabricante de reconocida calidad y también austríaco. El elegido fue un Helia CT de 2 -7 x 36 mm con anillo de enfoque rápido. Era un aparato de tamaño bastante contenido, razonablemente ligero y suficientes aumentos para el trabajo que nosotros suponíamos íbamos a darle, aunque quizás nos quedamos un poco justos en cuanto a luminosidad, habida cuenta de que varios tiros los tuve que hacer cuando ya prácticamente el crepúsculo estaba en sus últimos momentos, y les aseguro que las puestas de sol en Sudáfrica son increíblemente mas breves que aquí.

Y ya que hemos comentado el cañón he de reconocer que la notable longitud dada para esta versión mágnum me resultaba un tanto excesiva, pero lo mismo he de admitir que es la idónea a la hora de extraer todo el potencial balístico del que son capaces estos cartuchos, y hasta tuve oportunidad de agradecerlo al disparar a piezas del tamaño de un corzo, con notable viento y a distancias que rondaron los 300 metros. Además, recordemos también que ese largo ánima implica asimismo mayor velocidad del proyectil y con ésta un incremento de energía cinética sobre la presa. Pero ya les contaré también alguna anécdota relacionada con a alta velocidad de las balas —algo siempre a tener en cuenta cuando se caza en zonas de vegetación muy densa—, aunque en esta ocasión el problema tuvo un efecto favorable para nosotros.

La culata: marcando la diferencia

Al comentar que el PH es el más versátil y práctico Steyr, pensaba en las ventajas de su robusta culata sintética, incuestionablemente inalterable frente a muchos factores (humedad, cambios de temperatura, etc.), y también frente a golpes, arañazos y otras muchas caricias que las armas han de padecer cuando son empleadas tal y como lo hemos hecho en esta ocasión. De África hemos vuelto —este año también— con piernas, manos, y hasta alguno con la calva, con un montón de recuerdos de la increíble variedad de pinchos a los que te enfrentas cuando andas entre aquella vegetación, y digo andas cuando en algunos casos debería decir gateas como un bebé. Pues bien, la culata de este arma, como incluso pueden ver en las fotografías realizadas a nuestro regreso, prácticamente no muestra la menor huella, aunque reconozco que lo tratamos como si fuera nuestro.

La culata sigue el patrón de diseño que en su día instauró el pequeño Scout. Es absolutamente abidextra, con un pistolete que ofrece un cómodo agarre, y la 'cantonera' puede variar su espesor en función de los elementos que la componen.

En cuanto a su diseño, destaca una culata muy bien dimensionada para adaptarse a la mayoría de las tallas, totalmente ambidextra, con un pistolete que facilita el empuñamiento y dotada con una serie de espaciadores en su cantonera con los que modificar su longitud. El arco guardamontes es integral con la estructura y por delante de él encontramos el alojamiento del cargador separable que tiene la particularidad de poder situarse en una posición intermedia, de forma que permaneciendo en su ubicación queda lo suficientemente bajo como para que el cerrojo no pueda arrastrar un cartucho a la recámara. Sin duda es un rasgo que pretende seguridad, sobre todo al prevenir que una mano extraña pudiera manipular el arma. Por su parte la delantera tiene una zona inferior totalmente plana que permite un excelente agarre en combinación con la zona rebajada que abraza el cañón y que se agradece también a la hora de apoyar el rifle para hacer tiros con mayor precisión. No obstante, recordemos que este apoyono lo haremos nunca directamente sobre una superficie dura —y mucho menos apoyando el cañón—, sino que procuraremos que halla un mínimo de mullido entre la culata y el apoyo, incluso las modernas correas portafusil elásticas y de suficiente espesor pueden resultar adecuadas.

La acción-cañón se sujeta a la caja-culata simplemente por dos robustos tornillos de cabeza Allen, no ofreciendo el más mínimo problema para su montaje o desmontaje. De hecho, tuvimos que viajar con él en dos piezas, pues montado resultaba más largo que el estuche hermético que también repetía viaje.


Los diferentes elementos del mecanismo de disparo son a la vez robustos y sencillos para asegurar un perfecto funcionamiento.

Como es lógico dispusimos del rifle con unas cuantas semanas de antelación, lo mínimo para que Diana y yo —quienes lo íbamos a emplear—, nos hiciéramos a él para encarar rápido y desde distintas posiciones, así como a su gatillo y a su visor. El haber utilizado un Scout durante ya varios años nos tenía a ambos perfectamente adiestrados en lo referente a la manipulación mecánica, seguro, cargador, etc., pues las acciones son idénticas, aunque el manejo del rifle se hace muy diferente por lo distinto en longitud y reparto de pesos.

En cuanto a los cartuchos, para las piezas grandes (waterbuck, oryx, kudu) usaríamos la Premier con bala Swifft A-frame y 200 grains; el mismo tipo que usé el pasado año con el .338 Win Mag, aunque con éste las puntas eran de 225 grains. Para los tiros largos la elegida fue la Scirocco Bonded con bala de 180 grains, y también llevaríamos una veintena de Core Lokt Ultra con proyectiles de ese mismo peso para probarlas en distintas circunstancias.

Ajustamos el punto de impacto con cada cartucho a 100 m —no tenemos más polígono— de forma que alcanzaran el blanco unos cuatro centímetros por encima del punto de referencia, compensando así para lograr un tiro siempre válido hasta los 200. Como ven por lo comentado, toda la munición para este rifle fue de la marca Remington, e igualmente facilitada por Borchers, pero creo que ahora debo puntualizar que, lógicamente, todos los gastos relativos al viaje, estancias, tasas de abate, y todo el largo etcétera que seguro pueden suponer, corrió a cargo de cada uno de los cazadores en su parte proporcional y según lo cazado… que todavía queda pagar allí lo que procede por la preparación de los trofeos, su viaje hasta España, los impuestos de importación, el taxidermista… Creo que me entienden si les digo que el safari queda por muchas cosas en el recuerdo. Pero les aseguro que, sin duda, merece la pena.

Ñu negro: empezamos bien

Queríamos conseguir algunos trofeos que no se dan en la zona de Elandsbosch, como por ejemplo el ñu negro o el springbuck. Por ello estaríamos un par de días en una finca cercana a Potchefstrom, en la provincia del Free State, en la que las condiciones sí son propicias para estos animales de planicie.

Apenas hace una hora y media que hemos llegado a esa ubicación cuando ya estamos a la búsqueda de nuevos trofeos. Nos queda apenas una hora de luz, pues se hace de noche a las 6 de la tarde exactamente.

El caso es que Javier acaba de conseguir un waterbuck bastante bueno tras un pisteo que ha terminado en una gran llanura tras atravesar una zona de bosque eucaliptus, y es el momento de las felicitaciones, las fotos y de admirar el trofeo.

Pero la noche se nos echa encima cuando Hannes otea aquella enorme extensión y me dice: ¡ñúes, muchos! Desde ahí comienza un largo acercamiento con el espinazo doblado, intentando ocultarnos lo más posible entre una espesa y alta hierba amarilla que casi nos llega a los muslos.

Estamos tras ñúes negros o de cola blanca, los llamados búfalos de los pobres porque su comportamiento en muchas ocasiones se asemeja al de los grandes toros del Cabo, aunque también se les conoce como los payasos de África, y esto porque ese comportamiento se ve salpicado de forma casi continua con una serie de alocadas e imprevisibles cabriolas y carreras que los hace extraordinariamente peculiares, lo mismo que lo es su propia rara estructura, incluyendo unos curiosos cuernos que se proyectan hacia adelante y hacia arriba, una mata de pelos puntiagudos sobre su hocico y una serie de rasgos anatómicos que hacen pensar que este animal fue creado uniendo trozos de otros. Se dice que tienen cabeza de alce, barba de cabra, la joroba y los hombros de un buey, las patas traseras de un antílope y la crin y la cola de un caballo.

Son de tamaño más pequeño que los más abundantes ñúes azules o comunes, y un buen macho puede alcanzar los 160 kg de peso, unos 60 ó 70 menos que su primo mayor. No obstante, su dureza ante los tiros es igualmente proverbial (yo diría que como la mayoría de los animales africanos por lo ya conocido), y es preciso situar las balas de forma correcta.

Pero nos habíamos quedado andando agachados, levantándonos de tanto en tanto para observar con los prismáticos una manada que bien podría pasar de los cien ejemplares —nada en comparación con lo que se puede llegar a ver— que deambulan de acá para allá, incluso moviéndose en círculos, pero sin haber detectado nuestra presencia, aún a unos 600 metros y con un notable viento de costado que nos favorece.

El sol casi se está ocultando por el horizonte y el cielo parece estár ardiendo. Me dan ganas de decirle a Hannes que espere porque hay que hacer alguna foto… pero ya se sabe: o estás a fotos o estás a ñúes. Pero a lo que vamos; no me quedan mas de 25 minutos para poder hacer el tiro, en condiciones ya bastante precarias y confiar que no haya que pistear. Menos mal que lo claro del terreno favorece que la silueta de los animales se destaque.

Una última aproximación, pero se produce lo que ya es tantas veces conocido con estos animales; seguramente algunos de aquellos doscientos ojos o cien narices nos han descubierto y la carrera, el alocado galope, da comienzo. Desaparecen tras una pequeña depresión coronada por un grupo de rocas, hacia la que nos dirigimos por si ha habido suerte y algún grupo se ha detenido, puesto que no se ha producido disparo ni otra situación que los haya podido asustar realmente. Me quedan menos de 10 minutos.

Sí, sí… Hannes, prismáticos en mano, es el primero en asomar la cabeza y me avisa para que me apresure hasta su posición. Prácticamente tumbados me señala un animal a unos 200 metros al que veo mejor a través de la óptica que con mis ojos. Es bueno, tírale... ¡ya!.

Sólo unos segundos para asegurarme de que el que estoy metiendo en el visor es el que me indica, y lo cierto es que se ve bastante más robusto que los dos o tres que tiene junto a él. Lo veo mal, pero al menos no me estoy enfrentando a la situación en la que los continuos movimientos de los animales, pasando unos por delante de otros, ni siquiera te dejan disparar. Aquí, además, no habría tiempo.

El tiro sale y el sonido de la bala tocando carne confirma que lo he alcanzado. Estaba algo terciado y le he tirado a la parte izquierda de su pecho pretendiendo alcanzar sus órganos vitales (¡cómo me hubiera gustado un Kahles con retícula iluminable!). Pero el tiro ha dado la señal de salida a la manada y ahora merece la pena verlos correr, todos al unísono y en la misma dirección. No obstante, desde el primer momento el animal ha demostrado que ha recibido la bala, aunque recorre más de 150 m hasta que cae justo frente a nosotros y a similar distancia. Aún así se levanta, aunque siguiendo una norma casi obligatoria en cualquier situación de caza mayor, y mucho más en África, he recargado inmediatamente después del tiro y mantengo la retícula sobre él, con lo que otra bala de 200 grains está ya volando. Ahora sí ha caído definitivamente.

Por la foto, hecha apenas dos minutos después, pueden apreciar la luz que ya disfrutábamos, la misma que gracias al flash ha creado esa imagen tan espectacular.

Primera salida, primer tiro, primer trofeo… no empezamos mal.

Luis Pérez de León
Publicado en el número 326 de la revista Armas

Este artículo pertenece a la serie :

Steyr Mannlicher; volvimos a Sudáfrica

CZ 550 Safari Magnum

CZ 550: variedad de opciones

2 comentarios
17 feb. 2011 21:08
El Defensor
Sinceramente hermano estoy en contra de tu "vicio" de cazar y no entiendo ese placer que sientes por lo que haces, si por el lugar y los paisajes ya que Africa como sabes, cuanta con una magia especial...
Pero bueno, al menos tienes ciertos codigos a diferencia de otros cazadores con los que eh tratado, sin embargo lamento mucho que todavia hayan personas como tu, cazadoras, que no se dan cuenta del daño que hacen, a pesar de el ñu negro se clasifica en un animal que esta lejos de ser amenazado no tenemos derecho a matarlos y llevarlos como trofeos o como objeto de venta, cuan mas bajo puede caer la mentalidad humana como para hacer esto...
Espero que algun dia esto se termine y se dejen de hacer matanzas inecesarias para la "diversion del hombre" que ya tantos males a causado...
Sin mas me retiro recordandoles que lo que hagan se le vendra encima tarde o temprano, y lo que estan haciendo es matar por diversion.
21 jul. 2011 11:09
Sweitzer
Sweitzer
Por supuesto que en este Foro se permite cualquier opinión, pero se me antoja que quizá tu alegato no sea lo mas adecuado en un foro de cazadores...aunque tambien es verdad que fue Jesucristo el que nos contó que el buen pastor deja su rebaño para buscar a la oveja perdida. En fin, cada cual con su concepto de educación.

 

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Características

Tipo de arma: Rifle.

Denominación: Pro Hunter.

Fabricante: Steyr Mannlicher. Austria

Sistema: repetición por cerrojo.

Largo de cañón: 650 mm (Mag.).

Cargador: Separable, fabricado en
plástico de alta resistencia.

Disparador: Directo, regulable. Con "gatillo francés".

Culata: Sintética, integral con cantonera ajustable en longitud.

Miras: Alza ajustable en lateralidad
y punto de mira en altura.

Largo total: 1.200 mm (Cal. .300
Win Mag).

Peso: 3,7 kg (Cal. .300 Win Mag).

P.V.P.: 1.650 € aprox. (junio - 09).

El visor telescópico

Como ya hemos comentado en el texto principal de este artículo, el Steyr que empleamos en este safari llegó a nosotros con el visor Kahles que habíamos acordado con el importador. Se trataba de un Helia CT, variable de 2 a 7 aumentos con objetivo de salida de 36 mm y tubo de una pulgada de diámetro.

Dadas las características en cuanto a tamaño y peso del rifle pretendíamos un aparato óptico que no destacara por sus dimensiones; por supuesto con cotas suficientes en cuanto a luminosidad, buen campo de visión, y sin duda con buen contraste y definición de la imagen en toda su superficie, sin esas frecuentes aberraciones periféricas que tanto perjudican, lo mismo que las cromáticas que alteran la imagen, sobre todo en situaciones extremas de luz.

Sabíamos que nos enfrentaríamos a algún tiro notablemente largo, como sucedió, pero por la experiencia ya vivida en esa zona de África dábamos por hecho que la mayoría de los lances se iban a producir a no más de 100 m y con buena luz. Pero ya les contaremos que las cosas no fueron siempre como las habíamos supuesto, ni mucho menos. En cualquier caso, por todo ello, y conociendo la excelente tecánica de esta marca y la exactitud de sus productos, este compacto y ligero Helia nos pareció una buena opción, y también en él tuvimos en cuenta su práctico anillo de enfoque rápido y la cómoda y segura distancia del ojo al ocular para apuntar.

También influyó que su retícula esté situada en segundo plano focal, de manera que no varía de tamaño al incrementar los aumentos, sobre todo pensando en tiros por encima de los 250 m y a piezas de escaso tamaño.

Por último, mencionar también la fundamental importancia de los tratamientos superficiales de las lentes para conseguir los mejores resultados en la visión, un aspecto donde el fabricante afirma emplear el denominado Kahles AMV que, según su propia información, proporciona una transmisión casi sin perdidas en el crítico rango espectral de la luz, alrededor de 520 nanómetros, con lo que se consigue aprovechar hasta el último rayo de luz.

En cualquier caso, podemos confirmar el excelente funcionamiento de este visor, a través del que hemos vivido magníficos lances de caza, y cuya robustez ha quedado contrastada en una experiencia de sólo 10 días, pero de unas 12 horas diarias, y seguro que sufriendo los golpes y fuertes vibraciones que no son planteables en muchas, muchas, monterías.

Los rifles

Dando por supuesto que es un tema que interesaría a nuestros lectores, aproveché un momento en el que nos reunimos todos los participantes armados de este safari para obtener una imagen con la que mostrarles los diferentes rifles que estábamos utilizando.

Curiosamente, este fue uno de los pocos días que pudimos permitirnos el ujo de quedarnos en mangas de camisa en las horas de más calor.

Comenzando desde la izquierda: el Steyr Mannlicher Pro Hunter del .300 Win Mag que protagoniza este artículo, complementado con el visor Helia asimismo comentado en estas páginas. Blaser R-93 en .375 H&H Mag con visor Leupold VX-3 de 1,5-5x20 con retícula iluminable y tubo de 30 mm, que viajó como apoyo y por si se producía la posibilidad de tirar un búfalo; pero será en la próxima ocasión y seguramente con un .458 Lott.

A la derecha del alemán vemos el veterano Remington 700 BDL del .375 H&H utilizado por Hannes Lamprecht. El visor es un Schmidt & Bender de 1,5-6x42 mm. El también, aunque menos, veterano pero flamante Sako Hunter del .338 Win Mag de Manolo Bustos, con culata McMillan y visor Leupold LPS de 2,5-10x45. Propiedad de Javier Ferrúz es ahora el Sako 85 del .338 Win Mag que protagonizó el pasado año uno de nuestros artículos. Destaca por el atractivo de su madera y por el impresionante, moderno y versátil visor Leupold VX-7 de 3,5-10x56 de campana modificada.

Por último, el CZ 550 Magnum en .375 H&H Mag de Gerhardo, con visor Zeiss de 2,5-10x45. Dispusimos de dos de estas armas en Madrid para hacer fotos y aprovechamos el safari para probarlo en África. Desde luego, no estaría nada mal poder hacerlo siempre así para probar los rifles en la revista. El mes que viene les hablaré de él en profundidad.

Como ven, los rifles están dispuestos sobre la piel de un leopardo que fue abatido apenas hace unas semanas por Gerhardo y uno de sus amigos, teniendo éste la mala fortuna de ser cargado por el felino que bien pudo haberle matado, pero la situación se saldó "sólo" con 60 puntos de sutura en su cabeza. El gato se llevó por su parte dos tiros de escopeta del 12 (con los cañones a no más de 20 cm de su cuerpo) y una bala del .375 H&H de Gerhardo. Una vez más se demostró que pistear un leopardo herido es de las situaciones más impredecibles y peligrosas que pueden darse en la caza.