«De safari», Sako 85 Hunter estirpe de precisión (y III)

Presentado en 2006, el Sako 85 supone la última evolución de la marca finlandesa en rifles de caza. Revisado en estética y en detalles mecánicos desde su predecesor, mantiene todos los rasgos positivos que han dado fama a esta marca desde hace décadas, y cuestiones tan fundamentales como las que se relacionan con fiabilidad, robustez y precisión confirman el prestigio de su linaje.

Luis Pérez de León

Luis Pérez de León
Director de la revista Armas Internacional

14/01/2011

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La prueba de este Sako no había tenido en nuestras páginas hasta ahora el espacio que este rifle merece, y además nos sirve para cerrar la serie de artículos que sobre varios rifles les hemos ofrecido teniendo como fondo un safari realizado en Sudáfrica el pasado agosto. De hecho, este rifle que pueden ver en las fotografías se adquirió expresamente para participar en esa experiencia africana, aunque diferentes circunstancias —como ya se comentó hace un par de meses—, implicaron que finalmente no viajara hasta el Continente Negro.

«Sakomanía»

Sé que ya lo he comentado en más de una ocasión, pero hoy, como pocas veces, es más que apropiado que les recuerde que hace ya casi 30 años que empecé a utilizar rifles Sako con regularidad y al margen de otros muchos que de distinta marca, tipo y calibre han pasado por mis manos. Quiero decir que conozco bien los modelos y las distintas etapas que han marcado la evolución de estas armas. Desde hace años estos nórdicos han ido incrementando su presencia entre mis favoritos, y desde un Safari Grade del .375 H&H hasta un Finscout del .22 LR les puedo también hablar en primera persona de un Vixen del .222 Rem, de un Finnbear de caja larga en .300 WM, de un L691 en .338 WM y de un 75 Hunter del .30-06 Sprg, al margen de este 85 que hoy es nuestro protagonista, y hasta de un Forester Varmint del .243 Win del que me desprendí hace ya tiempo —tonterías que también sabe hacer uno—, sin contar los varios que a lo largo del tiempo me han cedido armerías o importadores para realizar artículos.


Varios de los Sako propiedad del autor, con modelos que van desde el Finfire del .22 LR al Safari Grade en .375 H&H Mag. El que monta la culata sintética McMillan es en realidad un Finnbear de caja larga.

En cualquier caso, ya ven que no tengo problema en reconocer lo mucho que me gustan estos rifles, sin duda porque me ofrecen una serie de características que desde la calidad de su construcción a su robustez me parecen sobresalientes, todo ello subrayado por la excelente precisión de sus disparos, y aún reconociendo también que, salvo excepción, resultan un tanto pesadotes y que en ciertos modelos antiguos la estética podía haberse cuidado algo más por los diseñadores finlandeses. Aunque aquí he de reconocer que el Safari Grade —versión que se reedita con el 85—, me parece uno de los rifles de cerrojo más bonitos que existen.

Sako 85:

mejorando lo presente Desde que en el año 2000 la empresa Beretta adquirió la marca Sako la fábrica finlandesa ha visto modernizadas sus instalaciones, lo que ha supuesto que la producción se haya incrementado notablemente, todo ello beneficiado por la gestión de la multinacional italiana y su cada vez mayor presencia en el mercado norteamericano, donde por otra parte los Sako han gozado siempre de una magnífica aceptación pese a tener que medirse en precio con armas locales que superan el nivel de las que podríamos llamar «populares».


Con el modelo 75 Sako presentó el Key Concept, un dispositivo para el bloqueo del cerrojo que se operaba mediante una llave especial y que no obtuvo gran éxito. Sin embargo, el trabajo sobre el acero de las distintas piezas sigue siendo del todo irreprochable.

Pero poco antes Sako había planteado un auténtico punto y aparte en su catálogo con la presentación del modelo 75, en el que se introducía una diferencia fundamental en el diseño de su cerrojo que pasaba de tener dos tetones de acerrojado –como se había hecho hasta entonces en los diferentes modelos basados en el concepto Mauser 98– a tres, consiguiendo, en un excelente ejercicio de diseño, diferentes ventajas que atañen a factores de gran importancia como la superficie de acerrojado, el más fiable guiado del cerrojo en su desplazamiento, menor ángulo de giro en la apertura, etc. De hecho, creo que fue una de las pocas modificaciones de importancia que una fábrica llevó a efecto en bastantes años, sin que su intención fundamental fuera abaratar el proceso de producción.

Ocho años después el Modelo 85 tomaba el relevo planteando un arma que puede considerarse con vocación más americana (no olvidemos que los EE.UU. siguen siendo el cliente más importante del mundo), e introduciendo una serie de modificaciones que lo planteaban como evolución y mantenían todo lo bueno ya presente en las anteriores versiones.

Como se muestra en un cuadro aparte, el 85 se fabrica en un amplio abanico de opciones y calibres —que lamentablemente son muchas y muchos menos en nuestro país—, tal como hoy se ven obligados a realizar las distintas fábricas para poder competir adecuadamente en un sector cada vez más repleto de posibilidades y variantes.

El arma que nos ocupa es la versión Hunter, la básica en el catálogo Sako, aunque en esencia las diferencias se plantean en cuanto a los diseños y materiales de las culatas (madera de nogal, laminadas o sintéticas, aparte de las de lujo), el que acción y cañón puedan ser de acero inoxidable, que los tubos sean lisos, acanalados o pesados, o en los distintos tamaños de las acciones.

Es necesario comentar la ya tradicional calidad de los aceros empleados por esta marca, lo mismo que el riguroso proceso de fabricación de los cañones, forjados y martelados en frío, circunstancias que acaban significando que los rifles Sako garanticen una precisión que implica agrupar los impactos en una pulgada a 100 metros, como mínimo.

Cerrojo y Acción

Como ya dije, el cerrojo con tres tetones significó una nueva era para estos rifles, y en el 85 el sistema se ha rediseñado para optimizar el guiado del cartucho hasta su completa ubicación en la recámara, así como detalles relacionados con la extracción para garantizar la máxima fiabilidad.

Las versiones precedentes al Sako 75 utilizaban una guía independiente adosada al cuerpo del cerrojo (basada asimismo en el diseño Mauser, en el que está integrada con el extractor giratorio), que la acertada disposición de los actuales tetones sustituyen favorablemente, haciendo que el cerrojo se deslice con una seguridad y suavidad extraordinarias. Por otra parte, la ventana de expulsión es amplísima, lo que beneficia la recarga o cualquier manipulación, aunque el 85 dispone de cargador separable. El cierre precisa de un giro de sólo 70º para su accionamiento.

El cajón de mecanismos, como en realidad todo el rifle, es de líneas limpias y sencillas mostrando un excelente mecanizado, destacando las bases que en él se han tallado para la instalación de las monturas Optilock que produce la propia Sako, al margen de poder emplear las de otros fabricantes, como por ejemplo las Warne de acero y desmontables que pueden ver en las fotos. Y ya que hablamos de elementos de puntería, decir que el Hunter monta un alza bien tradicional con abertura en «U» y ajustable en lateralidad que se complementa con un punto de mira de perfil cuadrangular protegido por un robusto anillo de acero. Ambos elementos ofrecen unas luces muy correctas y permiten disparar con notable precisión.

Seguro y disparador

Con su modelo 75 Sako introdujo el denominado Key Concept, un peculiar dispositivo que mediante una llave especial bloquea el cerrojo y que debió plantearse a tenor de las diferentes soluciones que en este sentido ofrecían distintos fabricantes de armas Por ello mismo, el 85 dispone de un mecanismo más tradicional y sencillo, ofreciendo por supuesto seguridad al usuario desde un pestillo deslizante situado en el costado derecho – que es del todo silencioso sólo si se acciona ejerciendo a la vez una cierta presión hacia abajo–, además de disponer de otro dispositivo que ofrece la posibilidad —y la efectiva seguridad— de poder abrir el cerrojo con el seguro activado, para el caso de que haya cartucho en la recámara, si oprimimos una pequeña tecla situada por delante del pestillo del seguro.


Comparación entre las acciones del Sako modelo Safari (arriba) con cerrojo de dos tetones, y el más reciente modelo 85.

En cuanto al mecanismo de disparo, aquí nos encontramos con otro de los puntos fuertes tradicionales de Sako, y es que sus gatillos son un verdadero ejemplo de efectividad y precisión. El del 85 ha sido también revisado para que resulte más accesible y cómodo al usuario, pues la presión puede modificarse sin dificultad (y sin que afecte a la seguridad), entre uno y dos kilogramos, aproximadamente. El del 85 probado venía de fábrica casi exactamente a medio camino entre esos valores. El gatillo es directo, sin el menor recorrido, y absolutamente neto, sin ningún roce o aspereza que pudiera molestar al tirador. No descubro nada diciendo que los disparadores Sako son muy buenos, tanto es así que algunas marcas de gran prestigio, como la londinense Holland & Holland, los montan en los exclusivos y carísimos rifles de cerrojo que ofrecen a sus clientes.

El cargador: separable… pero menos

Rifles de cerrojo y para caza los hay con cargador separable, desde luego, aunque son muchos más los diseños que no ofrecen esta posibilidad confiando en el ya más que centenario sistema de introducir los cartuchos desde la parte superior del cajón de mecanismos.

Que los cargadores separables a veces se separan sin que uno quiera o hasta sin que nos demos cuenta, es algo que en el monte puede suponer una faena mayúscula dejándonos con un rifle monotiro, aunque de cerrojo muy suave y preciso. Así las cosas, en Sako debieron pensar que el 85 iba a permitir separar su cargador, pero limitando en todo lo posible que esto pudiera suceder sin que su usuario pusiera toda la intención de su parte. Es decir, que si oprimes con fuerza la parte frontal del cargador hacia adentro y al mismo tiempo lo haces en el pestillo de retenida que se encuentra unos milímetros más adelante, el cargador saldrá de su alojamiento, y precisamente porque está pensado para que funcione así. Incómodo es, y bastante, obligándote a emplear las dos manos o a adiestrarte durante un rato para lograrlo con una sola, lo que nunca será lo mismo con los dedos fríos o mojados como tantas veces nos podrá suceder en el campo. Podría decirse que es una ingeniosa solución a un problema inexistente. Menos mal que el Sako 85 se recarga a la perfección desde la parte superior y que el funcionamiento del proceso que relaciona cargador y alimentación es del todo impecable previendo la máxima fiabilidad; incluso, como demostración de su capacidad de funcionamiento, puedes alimentar las vainas disparadas sin ningún problema.

Culata

Realizada en madera de nogal y acabada al aceite, ofrece una línea bastante recta que permite un muy buen encare con las miras metálicas y un excelente compromiso entre altura y comodidad para apuntar desde el visor telescópico, complementándose con una práctica y funcional carrillera que aporta también su toque en cuanto a estética. En este sentido influye asimismo el buen diseño que se ha aplicado en las superficies finamente picadas (con láser), que demuestran una cibernética precisión además de resultar eficaces y agradables al manejar el rifle. Otro detalle lo encontramos en el puntal del pistolete, en el que se ha incrustado un óvalo de metal dorado y con un fondo texturizado en el que destaca el logotipo de Sako.


Detalle del módulo de disparo que monta el Sako modelo 85. Es de gran calidad, además de fácilmente regulable entre uno y dos Kilos de presión.

La cantonera es de goma negra y maciza, demasiado dura en mi opinión para lo que hoy se entiende como idóneo y muy lejos de lo que existe en el mercado para resultar eficaz a la hora de reducir la sensación del retroceso. De hecho, hasta en Sako deben haber pensado que el tema se podía mejorar cuando montan una bien diferente (a la que llaman Fin Soft Recoil Pad System, algo así como sistema finlandés de cantonera para retroceso suave, nada menos), en las versiones de culata sintética, argumentando que el menor peso de éstas se beneficia de la reducción en el culatazo. Pero a mi no me importaría que mi 85 Hunter, incluso con su mayor peso, dispusiera de esa seguro que más cómoda cantonera, sin embargo, el asunto no es tan fácil como conseguir una de ellas y sustituirla, puesto que la pieza va pegada a la madera y no atornillada como ha sido norma durante años, aunque esta inamovible solución es algo cada vez más frecuente en las armas de muy diferentes marcas.


La palanca del seguro está en una posición tan tradicional como adecuada. Por delante de ella una pequeña «tecla» permite, al oprimirla, abrir el cerrojo con el seguro puesto.

Realmente, como les comenté detalladamente en el primer artículo de esta serie relacionada con el safari, la cuestión del retroceso fue la que determinó fundamentalmente que eligiera la opción del Blaser con los dispositivos Mag Na Port y Kick Stop para reducirlo en función de mi problema en la boca, aunque no puedo negar que me contrarió bastante el no haber podido conseguir la versión inoxidable del 85 en .338 Win Mag, y más aún ni siquiera haber logrado hacerme con una culata sintética, de esas que les he comentado incorporan una cantonera tan especial. Seguramente con ella este 85 sí hubiera viajado a África.

La prueba

Ya que no les podía relatar ninguna situación del Sako enfrentándose a los lances con las diferentes especies que conseguimos en África, pensé que tampoco estaría nada mal utilizarlo —como estreno venatorio además— para cazar un trofeo de arruí (o muflón del Atlas, que para eso su origen es también africano), que tenía pagado desde hace meses en las sierras de Almería. Sin embargo, parece que San Huberto —patrón de los cazadores— no estuvo esta vez por la labor, y después de dos días subiendo y bajando cerros, con más de 240 Km recorridos en el coche por las pistas y con los ojos cansados de mirar con los prismáticos, el Sako volvió a casa tan nuevo como había salido de ella, descontando las dos ocasiones en que ha visitado el polígono por el capricho de pegar unos tiros con él.


El alza es robusta, ajustable en lateralidad y con luces muy adecuadas para permitir excelente precisión.

No hubo forma; bichos vimos como dos docenas, pero tirable sólo uno y a 453 metros exactamente medidos con un telémetro Leica, lo que me hizo desistir de probar suerte, máxime cuando el animal se encontraba sobre una gran peña, casi al final de una ladera de impresionante pendiente, situación que hubiera podido acarrear un rastreo casi imposible en caso de herirlo o algo no menos complicado para cobrarlo. Y ello confiando en el buen hacer de quienes me acompañaban, pues reconozco que ni mis piernas, ni mis kilos… ni mis dotes de escalador me lo hubieran permitido, y hasta hubiera sido mucho peor bajar que subir.

Otra cuestión era, además, que por donde aquel arruí se había parado estaban entrando otros animales hacia nuestra zona, acercándose algunos hasta poco más de 200 metros, con lo que tirar hubiera supuesto cortar el paso a otros posibles y hasta quizás mejores ejemplares, al margen de que lo lógico era esperar a que el protagonista de nuestras miradas se aproximara un tanto, pero simplemente desapareció entre las rocas.


La culata está realizada en nogal de muy buena calidad y acabada al aceite. La de este 85 en concreto posee además un veteado que realza su atractivo.

En la recámara tenía una Remington Scirocco de 225 grains, lo que —teóricamente— implicaba subir el tiro bastante más de un metro en condiciones normales, es decir no con semejante ángulo de inclinación ni con un notable viento de costado. Pensé que era jugármela demasiado y no me la jugué, con lo que toca volver a Vélez Blanco, que es un lugar bien atractivo y pintoresco. Espero que haya más suerte la próxima vez.

En cuanto a la prueba del 85 en el polígono de tiro, lo más significativo es el blanco que pueden ver fotografiado mostrando exactamente la huella dejada por el paso de veinte tiros con cartuchos Remington Core Lokt Ultra con bala de 250 grains y disparando a 100 metros con el rifle apoyado en un saquete de arena. Hay una cierta dispersión vertical —más que aceptable en todo caso— pero que incluso hubiera podido ser menor si hubiera espaciado algo más las cinco series de cuatro disparos que realicé; pero la noche se echaba encima y hasta el cambio de luminosidad seguro que afectó en la agrupación.

El visor Bushnell Elite 6500 de 2,5- 16x50 que monté para la ocasión tuvo asimismo un comportamiento intachable, pero de él les hablo en un recuadro aparte.

Por lo demás poco hay que comentar. Al margen de que ya no se me ocurrió volver a separar el cargador, el rifle se alimenta, recarga, acciona y dispara sin que pueda argumentarse la menor crítica. El Sako 85 no es muy ligero (pese a que éste sea uno de los argumentos favorables frente al anterior modelo) y eso minimiza la reacción, pero el .338 empuja —y más con balas de 250 grains— con lo que estoy seguro que tras esos veinte tiros sentado hubiera agradecido la cantonera de retroceso suave de la marca. Menos mal que ya estoy mucho mejor de la cirugía en mi boca, porque se vuelve a demostrar que el vicio puede mucho más que la razón.

En cuanto al arma, les puedo asegurar que el Sako 85 es un señor rifle, aunque reconozco que yo podía jugar con cierta ventaja y eso ya lo sabía incluso antes de comprarlo. Aquí decimos que «de casta le viene al galgo» y yo, de esta raza finlandesa, ya he disfrutado unos cuantos.

Red Hartebeest: un lance para recordar

De nuevo el madrugón ha sido de órdago y el sol comienza a asomar cuando ya hemos recorrido kilómetros desde el campamento.

Hasta ahora casi todos los tiros que hemos hecho han sido en zonas con una vegetación tan espesa que supusieron una dificultad añadida, incluso para localizar al animal en alguna ocasión. Sin embargo hoy, y tras una curva en el camino, la espesura desaparece y estamos ante un gigantesco claro. Es casi increíble que aquí no haya un solo árbol en esa extensión. Supongo que será porque hace años fuera algún campo de cultivo, pero es que no hay ni arbustos y lo único que sobresale del suelo son cientos de hormigueros de diferentes alturas levantados por los insectos.

Con el vehículo detenido Hannes, el profesional, le ha dado un vistazo al claro y al cabo de unos segundos manda seguir a Jery, el pistero que conduce la pick-up. Pero no hemos recorrido ni dos metros cuando le hace parar de nuevo, y se me acerca con el índice extendido señalándome un punto al centro de aquella enorme explanada. ¡Hartebeest! me repite, ¡Muy bueno hartebeest!… y lo veo sin duda.

No me podía quejar de que la espesura me impidiera ver el bicho. Sólo que el asunto hubiera sido perfecto si el hartebeest no estuviera prácticamente a contraluz (que acababa de amanecer), si hubiera estado parado, y si no estuviera a 250 metros según Hannes, que yo le pondría algunos más. El caso es que está curiosamente solo y se dirige al bosque que delimita el claro.

Intentar acercarnos, a pie o en coche, va a ser imposible en ese terreno porque no tenemos la más mínima posibilidad de hacerle una entrada sin que nos descubra, además de que se mueve a buen paso.

¡Tira! Es muy bueno, me dice Hannes mientras yo ya intento acompañar el paso del animal poniendo la cruz del visor sin pasarme del borde de su lomo y sobre el codillo. Le doy unos segundos y el hartebeest no corre… pero no para, con lo que no debo esperar más.

Sí, sí, grita Hannes mientras Manolo, que también estaba observando con los prismáticos, confirma que está tocado. El animal ha acusado claramente el tiro, pero corre hacia el bosque a la vez que el coche arranca entrando en la explanada. Pero es casi imposible recorrer unos metros sin tener que girar a un lado u otro para evitar hormigueros y hoyos y el hartebeest se va a meter en la espesura, con lo que hay que intentar pararlo.

Lo malo es que el animal ha llegado ya prácticamente al bosque, y lo peor es que yo lo he perdido. No lo veo, repito, a la vez que Diana —grabando con la cámara de video— y Manolo, no dudan en ayudarme con la mejor intención. ¡Allí, en el árbol! ¡A la izquierda del árbol!... ¿Se lo imaginan? Estar desesperándote por ver algo FRENTE A UN BOSQUE y que te digan ¡En el árbol! La verdad es que nos hemos reído un montón con el video, pero en aquel momento estuve a punto de darles un toque a cada uno con la culata del Blaser. En fin, que pude ver al bicho y parado, lo que podía suponer que estuviera bien tocado. Ahora sólo quedaba intentar otro tiro larguito, sin duda por encima de los 400 metros… y me quedé corto.

Mientras intentaba calcular la caída de la bala, recordar el coeficiente balístico del proyectil A Frame PSP y cómo el rifle estaba puesto a tiro impactando en el 9 a las 12 a 100 metros, los giros, saltos y demás meneos del todo terreno me volvieron a la realidad. Hannes quería llegar lo antes posible hasta el bosque y Jery ponía de manifiesto sus dotes como piloto de rallyes.

Llegamos por fin, y hubo suerte porque el profesional apenas tardó unos segundos en ver al
animal que echó a correr inmediatamente. Durante muchos cientos de metros —y gracias a Dios por mejor terreno— corrimos casi en paralelo con el hartebeest, dando tumbos y agarrados a las barras de la caja del Ford para no salir literalmente volando. El animal llegó a cruzar por delante de nosotros sin que pudiera tirar, pero otra vez lo tuvimos de costado gracias a la velocidad del coche y a la pericia del pistero.

Estaba claro que el primer tiro lo había encajado de forma que no le impedía galopar literalmente, y teníamos que ganarle un mínimo de ventaja para poder frenar y prepararme para tirarle, aunque fuera a la carrera.

Fue una situación hasta emocionante, Hannes gritaba a Jery para que corriera más y más mientras el animal aparecía y desaparecía entre árboles y arbustos. Por fin, le ganamos unos metros y aún antes de que el coche se detenga del todo Hannes ya me ha dicho ¡Tira!, pero he de esperar unos segundos, lo primero porque tengo que soltarme de las barras, encarar el rifle y hasta esperar a que el hartebeest asome por delante de los grandes arbustos que lo ocultan para meterlo en el visor. Ya no está en paralelo, sino por delante y cuando le busco el codillo ha girado y está prácticamente en diagonal, con lo que tengo que tirar trasero buscando que la bala lo cruce. Suena el tiro y el antílope desaparece de mi vista, aunque no de la de Hannes que de pie en el asiento más alto de la pick-up está más de metro y medio por encima de mí y lo ha visto rodar perfectamente. El tío suelta gritos de júbilo y me llama «sniper» a la vez que Manolo repite ¡Buen tiro montero!

Pues sí, ese fue un buen tiro, con un animal al galope, a no menos de 90 metros, y en una situación dinámica como hasta ese momento no había vivido. Sin embargo, el primero estuvo perfectamente colocado en dirección, pero tan bajo que le di en la mano o mejor dicho en la muñeca. Es increíble que pudiera correr como lo hacía, confirmando la dureza de estos antílopes. La bala del cartucho Remington Safari que lo abatió efectivamente lo cruzó en diagonal, quedando retenida por la piel en la base del cuello, al otro costado, casi exactamente como había sucedido el día anterior con el kudu. Su comportamiento en cuanto a penetración y expansión fue de nuevo espectacular, y pueden verla junto a estas líneas, fotografiada en el estudio tras nuestro regreso de África.

Fue un lance poco académico si ustedes quieren, pero les aseguro que espectacular y hasta emocionante, y agradezco a mi hija Diana los esfuerzos que hizo por grabarlo en video, que no sé las veces lo he visto desde entonces. Hannes dijo que había sido como una película de cow boys, quiero pensar que por el ritmo, los tiros o la emoción… porque hartebeests, rifles Blaser, sudafricanos y madrileños no acabo yo de relacionarlos mucho con el Far West.

Luis Pérez de León
Publicado en el número 319 de la revista Armas

Este artículo pertenece a la serie :

«De safari», Blaser R93 profesional y Remington Seven XCR (I)

«De safari», Blaser R93 profesional y Remington Seven XCR (II)

«De safari», Sako 85 Hunter estirpe de precisión (y III)

 

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Ficha técnica: Sako 85 Hunter

Origen: Finlandia

Fabricante: Sako Ltd.

Calibre: .338 Win Mag (El 85 Hunter se fabrica en cinco tamaños de acción y para más de veinte cartuchos diferentes entre el .204 Ruger y el .375 H&H Mag).

Largo total: 1.145 mm (Acción L)

Largo del cañón: 620 mm (Acción L)

Peso: 3,5 Kg (Acción L)

Capacidad del cargador: 4+1 cartuchos (en .338 WM)

Precio aproximado: 1.650 Euros

Distribuidor: Beretta-Benelli Ibérica S.A.

Los coches: una ayuda fundamental

A lo largo de estos artículos nos hemos referido en numerosas ocasiones a los vehículos que utilizábamos, y hay que reconocer que el planteamiento para cazar en aquellas tierras ha de ser muy diferente sin ellos.

En primer lugar, y según las especies elegidas por el cazador, no todas ellas se encuentran en las mismas áreas, con lo que muchas veces hay que recorrernotables distancias hasta llegar a los distintos cazaderos. También, la extraordinaria espesura (y pese a ser la estación más seca), hubiese impedido literalmente ver los animales de no contar con la ventaja de la altura extra que brinda el ir situado sobre los coches, y al margen de las enormes extensiones a recorrer en aquellas fincas.

Se trata de modelos Pick-Up con tracción 4x4 que son especialmente preparados por talleres especializados, donde se instalan una serie de barras de acero que forman una estructura para que varias personas puedan situarse con comodidad en la caja, a la vez que quede un espacio de notable amplitud para cargar los animales que se vayan consiguiendo a lo largo de la jornada. Para ello suelen contar también con cabrestantes eléctricos que, mediante un cable de acero que extienden por encima del vehículo, sirven para cargar las piezas en el interior. Nuestro acompañante habitual, Hannes Lamprecht, nos comentó que viene a consumir un coche al año, y precisamente con nosotros estrenaba la Ford gris que pueden ver en las fotos, un estreno que se hizo bien divertido al fallar el cabrestante el primer día, cuando cazamos el eland, y hubo que subir al coche un bicho de más e 900 Kg a mano. Fue todo un ejemplo de improvisación, habilidad y fuerza.

El Oryx: visto y no visto

Sin duda no debí tirar, y es lo que pienso al recordar la única situación que supuso que pinchase un animal en África. Pero te calientas, y el lance surge muchas veces de improviso, y cuando el profesional te está repitiendo ¡Oryx! ya has encarado el rifle y terminas persiguiendo con el visor algo que se aleja a la carrera entre los arbustos, hasta que el tiro resuena e intentas comprobar si has tenido éxito. Le he dado, sin duda, pero Hannes me dice que en el jamón, en vez de entre ambos, donde yo apunté según se alejaba.

Comenzamos el pisteo siguiendo un rastro suficiente y hasta vimos al oryx un instante, desapareciendo por una loma a unos 300 metros sin poder tirarle. Así anduvimos durante casi dos horas hasta que el rastro desapareció, quizá porque el antílope se echó y cubrió la herida con la fina arena. El caso es que volvimos a buscarlo por la tarde y al día siguiente, pero sin éxito, quedándote la frustración de haber alcanzado un animal que no has podido cobrar y deseando, por supuesto, que en ese caso la herida sea lo suficientemente leve para que pueda recuperarse. De cualquier modo, ha de servir de experiencia para saber reprimirse en esas situaciones comprometidas y frenar el impulso dejando el disparo para cuando puedas hacerlo con mayor éxito. Aún así, y en mi descargo, a la mañana siguiente se demostró que el visor se había desajustado hasta el punto de que los impactos quedaban sensiblemente bajos y a la izquierda —tal como había impactado al oryx—, lo que de todas formas no anula lo antes comentado.

Pero no quise que un representante de esta especie quedara fuera de la experiencia africana, con lo que dispusimos una salida para buscarlo expresamente. Quería un buen macho y estuvimos una mañana entera buscándolo sin lograrlo.

Volvimos al campamento para comer y al poco ya estábamos en camino de otra zona, esta vez acompañado de Gerhardus Steneekamp, el dueño de Elandsbosch. Pero con lo impredecible que es la caza en esas tierras, sólo habían transcurrido unos minutos cuando Hannes, que iba en otro coche por delante con Manolo Bustos para buscar un waterbuck, avisa por radio que ha visto oryx por donde vamos a pasar y que alguno es magnífico. Dicho y hecho nos situamos en la caja de la pick-up y apenas hemos recorrido dos kilómetros cuando Gerhardus indica parar a Jan, su pistero, que conducía en coche. A unos 150 metros, en medio de una ajustada puerta abierta en la vegetación, vemos un oryx parado y perfectamente de costado. Unos segundos le bastan al profesional para confirmar la situación desde sus prismáticos y las palabras mágicas: ¡Muy bueno, tira!, no se hacen esperar. Puedo apuntar perfectamente, sólo que los arbustos lo cubren parcialmente en altura, con lo que decido buscar que la bala impacte en la zona del hombrocolumna, a la vez que agradezco durante un instante haber ajustado el visor esa misma mañana, como antes comenté.

Sale el tiro y, tras el lapso que implica el retroceso y el natural parpadeo de mi ojo, veo como el oryx sale corriendo hacia la derecha. No lo comprendo; o el bicho lleva chaleco anti-balas o yo ya no le pego ni a la provincia. Para mayor desconcierto Gerhardus, que ya había echado a andar, se da la vuelta y me dice textualmente ¡Muy bien, hombre! mientras me extiende la mano para felicitarme. Pues eso, que no lo entiendo. Llegamos por fin a aquella abertura en la vegetación y un fenomenal oryx está inmóvil en el suelo. Yo no lo he podio apreciar, pero según disparé el animal se desplomó a la vez que otro que estaba a su izquierda y totalmente cubierto atravesaba la puerta, dándome la sensación de que era el mismo. En el video, y a cámara lenta, se aprecia perfectamente. Gerhardus lo vio en directo.

El oryx es otro de las especies emblemáticas de África y entre los trofeos más apreciados por los cazadores. Los machos pueden pasar holgadamente de doscientos kilogramos de peso y sus temibles cuernos —puntiagudos como puñales—, son en ellos más cortos, aunque más gruesos, que en las hembras. Su carácter suele compararse con el de un toro bravo, con lo que no debe tomarse a la ligera el pisteo de un ejemplar herido y menos aún teniendo en cuenta su formidable armamento.

Bushnell 6500 Elite 2,5-16x50

Para mostrarles otro interesante artículo, montamos en el rifle de nuestra prueba un visor Bushnell que nos fue remitido por el distribuidor de esta marca, la empresa Borchers S.A.

Es un aparato ciertamente destacable, no sólo porque los Bushnell lleven ya décadas demostrando un excelente rendimiento y con una más que interesante relación entre precio y prestaciones, sino porque las de éste en concreto lo convierten en uno de los más versátiles en cuanto su rango de aumentos. Hablamos nada menos que disponer de la posibilidad de ver las imágenes entre 2,5 hasta 16 veces más grandes. Esta inusual variedad de opciones supone que con este visor puedan cubrirse todas las posibilidades para el cazador, desde los tiros más dinámicos en montería, hasta los que requieren una precisión más comprometida a larga distancia. Pero, además, el diámetro del objetivo de salida, nada menos que 50 mm, implica que el visor trabaja en condiciones ventajosas en los momentos más comprometidos, cuando la luz es escasa, como se producen al amanecer o en las esperas nocturnas. Por supuesto que en este caso influye también el tubo de 30 mm de diámetro que canaliza el caudal de imagen hasta nuestro ojo, lo mismo que la calidad de las lentes y los tratamientos superficiales con los que están cubiertas, disponiendo este aparato de la denominada y exclusiva Rain Guard que produce que las gotas de lluvia o condensación se generen de menor tamaño para permitir una visión mucho menos distorsionada o hasta imposible.

Con retícula Multi-X, anillo específico para regulación de paralaje al costado, con menos de 600 gr de peso y por poco más de 800 euros, es sin duda una opción bien interesante.