«De safari», Blaser R93 profesional y Remington Seven XCR (II)

Seguimos en tierras sudafricanas en este segundo artículo, esta vez centrándonos principalmente en los comentarios sobre el rifle alemán Blaser R93 en su versión Professional, sin olvidar que el Remington Seven XCR fue asimismo protagonista en esa fascinante experiencia.

Luis Pérez de León

Luis Pérez de León
Director de la revista Armas Internacional

13/12/2010

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Acabamos la entrega anterior precisamente cuando le tocaba el turno al peculiar Blaser, un arma que realmente es diferente a la mayoría de sus rivales y de la que es preciso comentar muy distintas e importantes peculiaridades. Comencemos por tanto.

 Blaser R 93: el alemán revolucionario

El caso es que hemos llegado al Blaser R 93, concretamente a su versión Profesional presentada por el fabricante alemán en 2004, que para mí contaba con la ventaja añadida de montar una culata sintética de excelente diseño y calidad. Reconozco, y ya lo comenté implícitamente antes al hablar de los Sako, que siempre me ha gustado más imaginar cómo unos grandes tetones se incrustan en sus correspondientes nichos para concretar el acerrojado de la acción de un rifle en cada tiro, tal como lo hacen varios Remigton que también me acompañan al campo, lo mismo que hasta más de un Mauser clásico, al margen de que también pueda entenderse como deseable que el cerrojo, al girar, implique que igualmente la vaina lo haga dentro de la recámara para asegurar que no vaya a quedarse pegada a las paredes de ésta, situación que puede darse por diferentes circunstancias, lo que evidentemente impediría que pudiéramos abrir y recargar el rifle.


Otro animal majestuoso y de indiscutible atractivo es el sable o antílope negro, una especie que ha dejado de estar en peligro precisamente por su aprovechamiento cinegético controlado.

Sin embargo, y aunque hace ya bastantes años se supo de accidentes provocados por la explosión de algún Blaser (de hecho las imágenes de las armas destruidas y los tiradores heridos dieron la vuelta al mundo), los incidentes parece que estuvieron provocados por munición inadecuadamente recargada, y lo cierto es que sería absurdo no reconocer el innegable éxito de estos rifles prácticamente desde que se presentaron, tanto como para haber convertido a esa marca —que existía desde bastante tiempo atrás y también con armas de muy notable y personal diseño y fenomenal ejecución—, en todo un referente para la generalidad de los fabricantes.

 Fue toda una revolución en el mercado de los rifles de caza, algo como lo que en su día sucedió con las Glock en el mundo de las pistolas.


El Blaser Professional ofrece una imagen funcional y hasta espartana, aunque cada uno de los elementos está magníficamente realizado y estudiado al detalle para su mejor rendimiento. Pero de lujos también nos puede hablar el catálogo de esta marca.

Realmente Blaser obligó a muchos competidores a crear algo parecido a su R93, al menos en el concepto básico, surgiendo progresivamente una variedad de rifles que desde Mauser, Heym, Browning, y varios más intentaron conseguir su parte del pastel cocinado por Gerhard Blenk, el entonces propietario de Blaser, y Meinrad Zeh, jefe de desarrollo, quienes trabajaron varios años para conseguir un rifle innovador, basando ciertos detalles —como el sistema de amartillado externo— en los que el creador de la marca, Horst Blaser, había introducido en sus armas desde años atrás. Blenk, un experto cazador, definió el concepto mientras el técnico Zeh convirtió la idea en realidad. El rifle se presentó en la feria IWA de Nüremberg en 1992 como SR92, pero tras varias modificaciones y mejoras el desarrollo final volvería a presentarse en el mismo marco al año siguiente, naciendo así el definitivo R93.

 Adelante y atrás… nada más

El R93 supuso un auténtica evolución entre los rifles de caza, y aunque incorporaba algunas novedades realmente interesantes, como iremos comentando, lo cierto es que el concepto principal que iba a suponer su éxito era ya bien veterano.

Aprovecharé para decirles que estamos preparando un amplio artículo donde les mostraremos la evolución de los rifles de cerrojo, por ello me limitaré ahora a recordarles que el sistema que implica dos movimientos (adelante y atrás) por parte del tirador para propiciar la repetición, nos lleva de hecho a finales del Siglo XIX para comprobar cómo armas que incluso fueron reglamentarias ya aplicaban ese concepto. Fueron, como algunos ejemplos principales, el Lee Straight Pull de la Navy Norteamericana o el más numeroso M-1895 del Ejército Austrohúngaro. Años después los suizos volverían a emplear ese sistema en su peculiar fusil Schmidt-Rubin, cuya última evolución se mantuvo en servicio hasta ser sustituida ya por un fusil de asalto de fuego selectivo en la década de 1950.

Pese a requerir sólo dos movimientos, estos fusiles implicaban un proceso mecánico para realizar el giro de la cabeza de su cerrojo para el bloqueo de la acción, lo que en mayor o menor medida suponía potenciales complicaciones, sobre todo en armas militares que se veían forzadas a funcionar en condiciones adversas, con barro, polvo, suciedad, etc., al margen de que la calidad y regularidad de la munición hace ya más de 100 años no fuera en absoluto comparable a la actual.


Dos largos segmentos de acero guían el cierre para permitir un suave y preciso deslizamiento que define el sistema de funcionamiento de este arma. La separación del conjunto para su inspección o limpieza requiere apretar un botón y penas un par de segundos, lo mismo que volver a colocarlo.

Sin embargo, y al margen del nada desdeñable tema de los cartuchos, en el Blaser se supo aplicar ese sistema de una forma racional, sencilla y funcional, ofreciendo así un rifle que resultaba extraordinariamente más rápido de recargar que los tradicionales accionados por cuatro movimientos (arriba, atrás, adelante y abajo), beneficiándose además de ventajas añadidas como un desencare menor a igualdad de calibre, sin olvidar que ello puede suponer a la vez mantener más alineadas las miras. Hay quienes argumentan que la palanca del cerrojo les queda demasiado lejos, un detalle un tanto subjetivo que en todo caso se ve paliado por la rapidez de accionamiento y que ahora, tras centenares de secuencias de acerrojado en las últimas semanas, puedo confirmar que no logro ver como defecto. Quizás les pasará como decía aquel anuncio de una famosa agua tónica: ¡eso es que lo han probado poco! Pero sigamos hablando de cerrojos.

Los tradicionales dos grandes tetones del sistema Mauser (el que han empleado desde hace más de un siglo millones de rifles militares y de caza), y que se modificó de diferentes maneras por diversas marcas de forma que esos elementos reducían su tamaño a la vez que ampliaban su número, en definitiva efectúan un determinado giro para encastrarse en sendos nichos tallados en la propia acción o en una prolongación de la recámara, formalizando así el sellado entre ésta y el cerrojo para que la enorme presión producida en su interior por el disparo del cartucho sólo pueda tomar un único y seguro camino hacia delante, empujando el proyectil a lo largo del ánima hasta su salida al exterior.


Otro de los «detalles» positivos del Blaser fue el magnífico diseño aplicado para el montaje de visores. Una base monopieza se sujeta eficazmente al cañón en segundos, sin requerir ninguna herramienta y sin que varíe el punto de impacto tras quitarlo y ponerlo.

Pero en el Blaser el tema funciona de una forma bien distinta. Aquí la cabeza de cierre está rodeada por nada menos que 14 segmentos que tienen la capacidad de expandirse radialmente en el momento del acerrojado, enclavándose en un surco mecanizado alrededor del tubo de acero que se prolonga desde la zona de la recámara. Mecánicamente el proceso es del todo seguro, ya que además el mecanismo de disparo (que no es menos peculiar) no actuará si el acerrojado no se ha cumplido completamente, aunque he de reconocer que no puedo dejar de darle un buen empujón cada vez que acciono ese cerrojo, como cerciorándome de que desde luego no será por mi culpa que el cierre pueda quedar mínimamente fuera de su lugar. Reconozco que es una manía, pero…

Ni que decir tiene que ese surco ha de estar siempre limpio y libre de cualquier impureza que pudiera perjudicar el proceso. Pero hay que admitir que este rifle también nos lo pone fácil en ese sentido —pues se desmonta con una enorme y sencilla rapidez—, una circunstancia que viene aparejada a otra de las grandes ventajas que el Blaser planteó desde su aparición y que supuso un enorme porcentaje de su éxito.

 40 calibres en un solo rifle

Que ya es decir bastante sobre la versatilidad de un arma, pero es que la realidad supone que basta con sustituir el cañón, también el cerrojo propiamente dicho (si es ello necesario en función del diámetro del culote del cartucho), y puede que el cargador o el guardamanos en relación al diámetro exterior del cañón, para poder disponer de esa admirable variedad de opciones, al margen de que exista una conversión para el .22 LR y hasta un cañón específico para disparar cartuchos semimetálicos del 20/70.


El Blaser reposa en un «tiradero» en el que consiguió un par de piezas en África, a unos 250 m, en la otra orilla de la laguna. Una de ellas fue el impala que pueden ver en la imagen extraída del vídeo (hay otra de este tipo al pié de esta página), donde aún se aprecia el polvo del impacto del proyectil en el suelo tras alcanzar al antílope en un tiro mortal, si bien la vitalidad de los animales en estas tierras se puso de nuevo de manifiesto, pues el impala corrió limpiamente unos 50 m hasta caer fulminado.

Por supuesto que todo ese abanico de calibres (que seguro seguirá incrementándose), se ha ido generando con el paso de los años y en función de la espectacular difusión de los Blaser alrededor de todo el mundo. Y es que ofrecer, hace ya tres lustros, un rifle multicalibre tal como lo era éste era toda una deseable novedad, máxime si la ventaja se planteaba desde un arma de precio razonable (que no podía ser económica y es muy cara en muchas versiones), que exigía sólo un proceso que se limitaba a aflojar y apretar dos tornillos para sustituir el cañón.

Por si fuera poco, cuestiones de gran importancia, como la limpieza del arma, se podían realizar de manera extraordinariamente fácil y completa, a la vez que el sencillo y rapidísmo dispositivo para el anclaje del visor permitía su instalación o remoción en apenas unos segundos (no más de 5), estando situado directamente en el cañón. Esto supone que se puede disponer de un visor instalado por cada tubo-calibre, y aunque ésta pueda ser una solución más cara, evita tener que montar y desmontar ópticas y monturas de los cajones de mecanismos, como es norma poco práctica y casi habitual en la mayoría de los rifles, si bien es cierto que en los últimos años muchos fabricantes han tenido que agudizar el ingenio en este sentido, lo mismo que para ofrecer armas de cañones intercambiables y hasta varios para crear su propio modelo de cerrojo de accionamiento rectilíneo, como antes apuntamos.

La culata: sintética, ergonómica y excelente

En el caso de la versión Professional —lo mismo que en la Off Road— la caja/culata es un elemento único, a diferencia de las otras variantes de R93 en las que tanto la culata propiamente dicha como el guardamanos se instalan en un armazón central, si bien tengamos en cuenta que en este modelo el cañón no se rosca o integra en ningún cajón de mecanismos que pudiéramos entender tradicional, sino mediante dos robustos vástagos que se afianzan en sendas cabezas roscadas desde la parte inferior del arma, para lo que el Blaser se acompaña de una llave Allen específica.

Aquí las maderas (de las que Blaser ofrece una extensa variedad en función del lujo elegido por el cliente), se sustituyen por un elemento fabricado en fibra de vidrio y reforzado con otros polímeros, siendo su composición de color verde oscuro —no pintada— y complementándose con unas inserciones de goma negra antideslizante en las zonas en las que generalmente situaremos las manos. El costado derecho del pistolete presenta una leve moña o abultamiento que mejora el empuñe, y el perfil de la culata es muy recto —lo que minimiza el retroceso—, además de neutro para adaptarse a la mayoría de los usuarios. No tiene carrillera, y si bien para alinear las miras metálicas me resultaba perfecto en un encare inmediato y cómodo, para usar el visor instalé una de quita y pon sujeta mediante tres gruesas tiras de Velcro que puede modificar su altura en función de las capas de relleno incluidas en su interior y con la que mi ojo se enfrenta mejor al ocular, además de hacer que la cara la sitúe más alta en el apoyo, librando así un tanto el maxilar superior habida cuenta del comentado problema temporal en mi boca.

En el interior de la culata encontramos un chasis de acero (por donde deslizan además las largas guías del conjunto del cerrojo y donde se instala un pestillo que hay que oprimir para liberar aquél), y las bases donde se sitúan esos vástagos antes mencionados que se encargan de afianzar el cañón en su posición.


Se habla mucho de la capacidad visual de los animales, pero todos los prfesionales con quienes nos relacionamos vestían, y recomendaban, un adecuado camuflaje.

Todo se muestra robusto, muy bien realizado, y prácticamente sin ningún elemento que pueda complicar su limpieza o inspección. En la parte posterior emerge un pequeño tetón que relaciona el fiador del cerrojo con el mecanismo del disparador, que es directo, sin casi roces perceptibles y que requiere apenas 1.700 g de presión para soltar el tiro. ¡Ojo! Que hablamos de un gatillo muy suave para un rifle de caza, pero desde luego excelente si se utiliza de forma segura y adecuada por parte del tirador.

La culata incluye una cantonera de goma negra (existe en tres grosores, de 1 a 3 cm), que se sujeta por dos tornillos y que tapa el alojamiento previsto para situar el cilindro antiretroceso que comentamos aparte.

El seguro

Que en el caso del R 93 no es un dispositivo que permita o no el tiro en función de su posición, sino que hace que con un simple movimiento el dedo del usuario monte o desmonte, literalmente, el mecanismo de disparo. Blaser ya introdujo este sistema en armas anteriores al R93 y hay que reconocer sus ventajas cuando podemos transportar el rifle con la recámara alimentada y con la total seguridad de que ningún mecanismo está activado para disparar. Para ello basta con desplazar hacia delante un pestillo deslizante, lo que se hace en una fracción de segundo con el pulgar, e incluso en el mismo momento de encarar el arma para mayor seguridad.


No hay palancas ni botones de seguro, sino sólo un pestillo con el que montamos o desmontamos el mecanismo de percusión; es una solución rápida, eficaz, accesible, silenciosa y, sobre todo, segura. En unos minutos te "haces a ello" sin el menor problema.

Esta operación es de lo más sencilla, aunque requiere una acción consciente por parte del tirador, que por evidentes motivos de seguridad ha de vencer cierta presión para montar la aguja percutora. Si se decide no disparar basta con liberar el pestillo, lo que implica asimismo otro sencillo pero también consciente movimiento, para estar de nuevo en una situación pasiva por completo. Es algo mucho más fácil, rápido y hasta intuitivo de hacer que de explicar.

Elementos de puntería

Este Professional monta, como la mayoría de los R93, un alza dispuesta sobre una meseta bastante alta, con muesca en «U» y con una gruesa línea blanca para agilizar la puntería, que permite su regulación en lateralidad y que se complementa con un punto de mira instalado sobre rampa con el que podemos modificar el impacto en altura mediante un tornillo. Por cierto que en este que ven en las fotos tendré que limar levemente ese punto para que la línea de mira suba un poco, pues a 50 metros los impactos quedan demasiado bajos al tope de su regulación.


La culata del Profesional es recta y neutra, sin carrillera, excelente para tirar sin visor, pero para usar éstos me resulta más cómodo si monto una de «quita y pon» que puedo además modificar en altura por las diferentes placas que se alojan en su interior.

Este aparato de puntería ofrece una muy buena referencia, al margen de que también existen puntos de mira luminosos y de color, pero donde Blaser planteó otra importante novedad fue en el sistema de anclaje del visor. Unas pequeñas muescas, de forma y tamaño determinados, talladas en el metal del cañón, sirven para que los correspondientes tetones encajen en ellas desde la base monopieza y especial diseñada por la marca. Basta entonces realizar un pequeño giro en sendas levas integradas para afianzar el conjunto óptico en el arma y, lo que es bien importante, que su disposición no varíe aunque lo montemos y separemos repetidamente.

 No obstante, para asegurar esa exactitud —y por seguridad de anclaje— hay que tener bien en cuenta que los puntos de enganche estén siempre perfectamente limpios de cualquier residuo o de restos de aceite, lo mismo que la presión a ejercer sobre las levas sea la correcta para asegurar la solidez de su instalación, pero sin perjudicar la comodidad a la hora de quitarlo o ponerlo. Blaser comenta que la presión ha de ser similar a la que se realiza para montar el percutor, pero casi mejor que ese importante detalle lo lleve a cabo un armero experimentado.


El red hartebeest es un antílope de buen tamaño y curiosos cuernos que suele resultar bien correoso ante los disparos (también lo es para la cocina), aunque éste buen ejemplar no se resisitió a la Remington Safari Grade del .338 Win Mag que recibió a la carrera desde el Blaser, como se comentará en un cuadro aparte.

Las diferentes y numerosas fotos que ilustran este artículo nos servirán para seguir comentando detalles y características de este personalísimo rifle, en el que se han integrado factores de enorme importancia como son: versatilidad, ergonomía, modularidad, sencillez y por supuesto seguridad, al margen de que dispare con magnífica precisión, características todas ellas que le han permitido situarse en un lugar de referencia en la oferta mundial y que hoy esté disponible en una gran cantidad de opciones y variantes —incluidas las adaptadas al tiro de precisión o hasta para el empleo táctico—, pero en todo caso con una evidente practicidad funcional que hace que te guste más cuanto más lo usas… y a los escépticos me permito recordarles que no tenemos publicidad de esta marca en ARMAS, aunque todos ustedes se merecen, como siempre, la más sincera opinión de alguien que lleva ya más de 40 años pegando tiros.

Kudus: muchos y buenos

Acaba de amanecer muy nublado y agradecemos las prendas de abrigo; es pleno invierno en Sudáfrica y sopla un frío viento que nos deja entumecidas las manos, aunque a mediodía rondaremos los treinta grados.

De nuevo nos rodea una espesa vegetación y se agradece también la visión que permite la altura del todoterreno en que nos movemos. Buscamos kudus, antílopes de notable tamaño —en torno a los 350 Kg y 2,4 m los machos—, astutos y sigilosos (los llaman «fantasmas grises»), cuya majestuosidad y grandes cuernos los sitúan entre las especies más apreciadas por los cazadores.

Hemos recorrido varios kilómetros cuando el profesional se me acerca para indicarme dónde ha visto un buen ejemplar. El macho está a unos 150 m casi al final de una loma y prácticamente tapado, aunque afortunadamente no tanto como el enorme eland que tiré el día anterior. Al kudu lo he visto desde el primer momento, aunque mejor deba decir que veo sus grandes cuernos y parte de su cuerpo. Miro a través del visor y aprecio que está totalmente de espaldas. Hannes confirma que es muy bueno. «Tírale a la cola» me dice; y antes de que se tape —porque a poco que se mueva se va a ocultar—, no lo dudo y durante un par de segundos me concentro en mi dedo índice para intentar el llamado tiro tejano.
 «Sí, sí» repite Hannes mientras aún resuena el disparo y el kudu sale corriendo. En un par de ocasiones puedo verlo fugazmente entre los grandes arbustos y se confirma que está tocado, aunque se mueve con rapidez y de momento ha encajado la A-Frame del .338.
 Avanzamos unos 100 m con el coche, hasta que bajamos para pistear. Aquí el terreno es más despejado y Hannes abre marcha con su Remington. Dejó de ver al kudu unos cuantos cientos de metros al frente y piensa que ha caído, confirmándose que así es cuando poco después lo vemos sentado junto a un arbol.

Nos movemos deprisa, hasta que desde unos 25 m vuelvo a disparar, ahora a la paletilla justo en el momento que se levanta, abatiéndolo definitivamente. La bala —que pueden ver junto a estas líneas— ha atravesado el omoplato derecho, la caja torácica y el omoplato izquierdo, quedando retenida sólo por la piel, demostrando una vez más un excelente comportamiento en cuanto a penetración y expansión.

El trofeo no es de record, pero la cuerna es muy abierta, simétrica y con 128 cm de longitud; ¡Un buen kudu!. La calidad de su carne confirmaría también su excelente fama una vez cocinada.

Ese mismo día nuestro amigo y colaborador Manuel Bustos conseguiría también su kudu —aún unos centímetros más largo—, teniendo de nuevo que disparar desde atrás, a la cola, al apenas poder verlo entre la espesura y a unos 80 metros. Sin embargo el tiro se fue algo alto, rozándole el lomo e impactando la bala finalmente en la nuca del animal con el fulminante efecto que pueden suponer. Tuvo suerte, porque un poco más arriba y podía haber alcanzado uno de los cuernos con el problema que hubiera supuesto que el kudu no habría dejado el más mínimo rastro para pistearlo, o que incluso el cuerno hubiera quedado en el suelo, dejando mocho al antílope y quedándole a Manolo un impresionante cuerno para hacerse un llavero como caro recuerdo.

De todas formas, Manuel pudo haber tirado ese mismo animal unos minutos antes cuando Hannes le avisó que le iba a cruzar en un breve claro a unos 60 ó 70 metros, justo por delante y de costado, pero encaró el rifle sin darse cuenta de levantar la tapa frontal del visor, con lo que cuando quiso remediarlo el kudu ya no estaba a la vista.

Son detalles fundamentales que te enseñan lo prevenido y atento que has de estar en todo momento, lo mismo que yo debo aplicarme al reconocer que no me di cuenta de abrir el zoom del visor cuando disparé a mi kudu por la mañana para rematarlo según se levantaba. Unos minutos antes lo había subido hasta 9 ó 10 aumentos para apuntarle a la cola a unos 150 metros, y cuando lo volví a meter en el visor, ahora a unos 25, sólo pude ver una masa gris. Afortunadamente me dio tiempo a desencarar y darle un rápido giro al anillo del Zeiss, pero mejor te aprendes la lección, sobre todo planteando la escena con un animal que pudiera cargarte.

Luis Pérez de León
Publicado en el número 318 de la revista Armas

Este artículo pertenece a la serie :

«De safari», Blaser R93 profesional y Remington Seven XCR (I)

«De safari», Blaser R93 profesional y Remington Seven XCR (II)

«De safari», Sako 85 Hunter estirpe de precisión (y III)

 

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Vektor SP1 «Made in South Africa»

A lo largo de estos artículos nombramos en numerosas ocasiones a Hannes Lamprecht, el profesional que nos acompañó en la mayoría de nuestras salidas al campo. He hecho también referencia a su experimentado Remington 700 BDL del .375 H&H Mag; pero seguramente les resultará curioso saber que también portaba otro arma de fuego que además se usó para el remate de alguno de los antílopes, al margen de que Hannes la llevase en todo momento a la vista en una funda de costado, incluso cuando le vimos entrar en un centro comercial, en una cafetería o hasta en un banco. La pistola en cuestión es una Vektor SP1.

Vektor es una filial de la compañía sudafricana DENEL que desde 1988 produjo la pistola Z-88, una versión sudafricana de la Beretta 92 F. Cuatro años después aparecería esta variante SP1 también de calibre 9 mm Para. (SP2 en .40 S&W), cuya principal diferencia con el modelo precedente era la corredera cerrada. Es un arma de doble acción que mantiene el sistema de acerrojado por pestillo basculante bajo el cañón instaurado por la Walther P38. Su armazón es de aleación ligera y el cargador aloja 15 cartuchos de 9 mm y tiene seguro ambidextro. El cañón tiene 118 mm de largo, la longitud total es de 210 mm y el peso 995 g.

Es el arma reglamentaria en las fuerzas armadas sudafricanas y de hecho su denominación —SP— se corresponde con Service Pistol.

Blaser Quickstop: ¡¡No gracias!!

Apreciamos las muchas cosas positivas del Blaser, pero quizás porque esta versión tiene una culata integral, me encontré con un problema que dio al traste con parte de la ventaja que esperaba al elegirlo como opción con menor retroceso. Después de probar tres marcas y seis tipos de cartuchos y proyectiles, después de cambiar tres visores y dos monturas… después de que me volviera loco sin poder agrupar los tiros en menos de unos 15 cm a 100 m (una barbaridad), se demostró que el efecto del Quickstop influía, y mucho, en la precisión por las perturbaciones que pueda producir en el vibrado del cañón. Para tirar muy cerca será recomendable, pero si quieres precisión a cierta distancia... prefiero el retroceso.

Viajando con armas

Una vez decidido que viajaríamos con nuestros rifles, lo primero era conseguir unos estuches suficientemente fuertes y capaces para soportar ese notable viaje, si bien hacerlo desde Madrid a Johannesburgo implica la ventaja de no necesitar escalas y con ello menos manipulaciones en el equipaje.

Después de revisar la oferta nos decidimos por unos excelentes estuches fabricados en plástico de alto impacto, herméticos y con la posibilidad de actuar en una válvula de vacío incorporada, con sendas asas para manejarlos tanto en vertical como en horizontal y por supuesto con ruedas —algo que resulta verdaderamente importante—, de la marca Explorer Cases, que adquirimos a nuestros amigos de la armería Ekinsa. Compramos también otro estuche de similares características, aunque mucho más pequeño, donde viajaría la munición, todos ellos cerrados con candados, cuyas llaves llevaríamos en varios juegos y siempre con nosotros.

Una vez resuelto el asunto del embalaje, es fundamental comentar que las armas han de pasar un control en la Intervención de Armas de la Guardia Civil del aeropuerto, donde después de entregar el impreso que justifica el pago de las tasas que por la exportación temporal habremos hecho efectivo en cualquier banco, se expedirán los documentos que acreditan la situación del viaje. Por supuesto para estos trámites será necesario la presentación de la licencia de armas y guías de pertenencia correspondientes. Una de las copias del impreso viajará dentro del estuche con los rifles, otra queda en poder de la Intervención y otra más deberemos conservarla para su presentación a nuestro regreso.

Una vez cumplido el trámite con la Guardia Civil nos dirigiremos al personal de la compañía aérea (Iberia en nuestro caso), siendo marcados los estuches con unas llamativas cintas adhesivas en las que se repite la letra «Z», donde se encargarán de hacerlas llegar hasta el departamento que debe cargar los equipajes en los aviones, eso sí, después de satisfacer la cantidad de 150 euros en concepto extra de equipaje por estuche de armas, aunque el que transportemos no alcance en límite en peso asignado por la compañía para cada viajero. Aún así, he de reconocer que te despides de ellos con la mejor esperanza de volver a verlos al llegar al destino a 9.000 km y después de muchas horas de vuelo. Algo a tener en cuenta es que este trámite puede realizarse desde 24 horas antes de la salida del vuelo, lo mismo que la facturación del resto de las maletas.

Una vez en Sudáfrica, necesitaremos un juego de impresos compuestos por ocho hojas que sin duda la empresa con la que hayamos contratado el safari nos facilitará, lo mismo que una carta de invitación para cazar en aquel país. Es obligado que esos impresos se rellenen con tinta negra, algo que siempre será más cómodo y conveniente hacer en nuestro domicilio y no en las dependencias de la Policía Sudafricana. Los mismos datos habremos de incluirlos en varias ocasiones a lo largo de distintas hojas, pero es muy importante saber que podremos entrar en el país con tres rifles como máximo por cazador, que no podrán ser del calibre .22 LR y que tampoco podrán ser semiautomáticos. Otra curiosidad es que no se permite que un cazador pueda utilizar dos armas del mismo calibre (por eso les dije que haber llevado dos Remington iguales hubiese implicado mayor burocracia al tener que documentar uno de ellos a nombre de otro cazador), una situación que no termino de comprender y que impide, por ejemplo, que alguien pueda usar un rifle de cerrojo y otro Express que disparen el mismo cartucho. Respecto a éstos se admite la entrada de 200 por arma, debiéndose especificar también su tipo y cantidad.

Los rifles serán comprobados por la policía junto a nuestra documentación, pasando los documentos de funcionario en funcionario, quienes registran a mano numerosos datos en grandes libros, hasta que se nos entrega lo que puede entenderse como una licencia de armas y caza temporal que conservaremos hasta nuestra salida de Sudáfrica, cuando se pase un nuevo control policial. El trámite no implica mayor complicación y el único problema puede suceder si son muchos los cazadores a documentar, con la lógica demora que ello supondría.

Prismáticos: para cazar y mucho más

Instrumentos de gran importancia y ayuda para el cazador, los prismáticos añaden un gran protagonismo en estos viajes donde se realizan también excursiones y son muchas las cosas que poder ver o mejor dicho admirar.

En nuestro caso, y al margen de los excelentes Swarovski 8x42 de José L. Cañete, los curiosos Leica 8x30 fabricados por esta marca alemana especialmente para el Ejército Suizo que le presté a Adolfo Sanz y los Steiner 8x30 Safari de Manolo Bustos, Diana y yo utilizaríamos mis veteranos y magníficos Leitz (Leica) de 8x42 y también otro aparato de los mismos aumentos y diámetro de lente del que ya les hablé desde estas páginas, haciéndome eco de un artículo publicado en la revista alemana Visier —de la que ARMAS fue hermana durante varios años—, donde eran comparados con prismáticos de mucho mayor precio y gran prestigio, en concreto con modelos análogos de Zeiss y Nikon (ver ARMAS 297). Me refiero a los Luger 8x42 DX.

Al margen de lo curioso que resulta de qué modo se han basado en el logotipo de Leitz a la hora de crear el de Luger —ver foto—, lo que volvió a quedar de manifiesto es que aquella comparación favorable en seco que nosotros hicimos con estos mismos Leitz y con otros de la marca Zeiss, vuelve a demostrar que los mucho más económicos de origen japonés y nombre alemán resultan casi sorprendentes en prestaciones ópticas al enfrentarlos a sus congéneres de mucho más prestigio y precio, además de haberse llevado un trato más que duro a lo largo de sus estancia en África.

Los Luger visten menos que los caros, sin duda, pero les puedo asegurar que funcionan, de verdad.