Los ‘corzos’ de Vanderkloof

«Rafa, ¿qué haces a finales de abril?». «Pues en principio nada, sabes que en el despacho no manda la Semana Santa, ni el puente de mayo, lo hace sencillamente el trabajo, la gestión de los impuestos de los clientes y en concreto las declaraciones trimestrales en esa época, pero una vez que termina el plazo, es cuando puedo tomar unos días si tenemos que hacer el ganso, ¿por qué me lo preguntas? En qué me quieres liar que te conozco… y esa pregunta no acaba de gustarme». «Pues eso, así de claro, te lío de acompañante fotógrafo y te vienes conmigo a Sudáfrica, que vamos a cazar ‘corzos’».

R.J.L. | 01/06/2010

4756 lecturas

Cazar ‘corzos’ en Sudáfrica

Más o menos esa fue la conversación telefónica que dio pie, hace un año, a lo que posteriormente resultó ser una increíble experiencia cinegética, que empezó con la curiosidad de ver qué podía ser eso de ‘cazar corzos en Sudáfrica’ y terminó en algunas de las mejores jornadas de rececho que he vivido en los últimos años.

La llamada venía de Fuensalida, de mi buen y liante amigo Santos, cazador de los de patear monte, de los de perro en mano y buenas palizas detrás de los conejos, los cochinos, o toda aquella especie que requiera largas jornadas en las que andar y andar disfrutando en el monte.

Lo fácil no le vale y, si al final va a resultarle fácil un lance, pues ese lo deja y busca otro. Cazador con una máxima muy simple: «La dificultad de la caza la pone el cazador, no la especie, la modalidad o el terreno; hacer las cosas bien es mi forma de disfrutar y vivir la caza», máxima, que en principio hace interesante plantearse cualquier jornada con él y que he de reconocerlo, me ‘picó’ en este tema de ‘los corzos’. Me decía, cuando empezamos a charlar en profundidad, que en cualquier país, y Sudáfrica no es distinto, una persona con un rifle puede dedicarse a matar animales, disparándolos desde el coche, en bebederos estratégicamente situados donde no les queda más remedio que asistir, fareando, en simples batidas en los que casi tienes que disparar en defensa propia evitando así que los pobres animales te pasen espantados por encima, u otras formas no demasiado, llamémoslas ‘éticas’, o, por el contrario, puede dedicarse a cobrar animales cazando como debe hacerse. Cada uno elige.

El tema fue tomando forma los días siguientes, tratándose, en realidad, de viajar a Sudáfrica para ir tras sus famosas gacelas saltarinas, springboks de capa marrón –pues aunque también los hay blancos y negros, no eran en esta ocasión sus objetivos–, que en forma y peso no difieren mucho del corzo, aunque si evidentemente en costumbres y hábitat, y que esperaba le permitiesen en difíciles recechos, superar un interesante reto, pues estos son animales esquivos que, buscando la defensa, forman grandes manadas, lo que te obligan a realizar complejas entradas para aproximarte y a necesitar cierta pericia en el tiro, pues no es una especie que ofrezca precisamente blancos fáciles o cercanos, siendo extraño disparar por debajo de los 150 metros.

Al final, convencido, que no engañado como en otras ocasiones, decidí apuntarme, iniciando ambos el viaje a finales de abril, junto a un grupo de amigos con los que disfrutar de una docena de jornadas de caza, pues destinos como Sudáfrica, te permiten formar grupos, en los que si bien cada cazador busca objetivos distintos, son muchos los ratos que se pueden compartir en común. Viaje por cierto cómodo y sin problemas, incluso con un coste económico inferior al que en principio se puede pensar y contando siempre con la colaboración de los organizadores desde que pisas suelo sudafricano, encontrándonos al llegar unas instalaciones y unos paisajes en la zona de destino, que te enamoran desde el primer momento.

Karoo Central, en Philipstown, Northern Cape, es una zona en la que en los años setenta se plantea realizar una presa a unos 130 kilómetros de la de Gariep, dentro del aprovechamiento del río Orange. Para albergar a todos los que intervienen en la construcción se crea Vanderkloof, que posteriormente se ha convertido en el centro turístico de mayor importancia de la zona. Un hotel reconvertido en lodge es nuestro destino y donde nos instalamos, conociendo la primera noche durante la cena al equipo de cazadores profesionales y al resto de miembros de la organización y en concreto, a nuestro cazador profesional, Regardt Hattingh, un joven cuya familia es propietaria de una de las más importantes fincas de caza de Kimberley y que colabora habitualmente con Mynhard Herholdt, nuestro anfitrión. Le acompaña Honest, tracker de confianza de la familia que no se separa de Regardt desde que empezó como profesional al cumplir los 16 años. La orden de Santos es rotunda en la sobremesa tras la cena, en rececho y todo el día andando, son las únicas instrucciones que transmite a ambos para los próximos días. Calidad, sexo o cantidad no priman, solo buenos recechos y lances que recordar.

Recechos inolvidables

La primera mañana la dedicamos todos a organizarnos, disfrutar del campamento, poner los rifles a tiro y conocer las fincas de la zona, donde ya solo visitar la Reserva de Rolfontein es un privilegio que hace rentable el viaje. Por la tarde Santos inició los recechos, cobrando sus primeras piezas en Panorama, una finca que seguro le ha marcado para toda la vida, de la misma manera que le marcó un precioso lance a la mañana siguiente.

Tras varios intentos para entrar a un springbok solitario, al final logró dispararle, pero al ir a cobrarlo se levantó y marchó sin poder repetir disparo con su monotiro. Primera prueba pisteando, que se salda con satisfacción al lograr cobrar el animal, y que marcará el resto del viaje tras un comentario de mi acompañante. «He tenido que dispárale mal, sin tenerle totalmente de lado y con un mal ángulo», mantiene, encontrando en Regardt una respuesta lapidaria, «tú dispáralos, si les alcanzas, en cualquier parte, Honest se ocupará de cobrarlos». No tardamos mucho en comprobar lo acertado de aquella respuesta, pues al cabo de poco tiempo localizamos una manada algo lejos, nuestra posición era en una zona alta de ladera, estando la manada en lo que venía ser una especie de valle, sin nada que nos permitiese poder ganar unos metros sin que alguno de los ejemplares nos localizase.

La situación obligó a Santos a realizar dos disparos largos, con sendos blancos, pero sin lograr abatir limpiamente a ninguno de los ejemplares, que nos obligan a tener que ir a buscarlos. Cobrado el primero sin mucha dificultad, volvimos sobre nuestros pasos a por el segundo, comprobando que se había marchado. Posiblemente estuviese menos tocado de lo que pensamos y, aunque malamente, logró unirse a la manada para escapar. Ésta si la tenemos localizada, lo que nos permite controlar al animal, pues no logra juntarse del todo a ella.

Llevamos a todos delante, a unos cientos de metros de distancia, hasta que al cabo de un tiempo, nuestro ejemplar se separa de la manada, permitiéndonos participar en lo que pensamos al terminar el día, sería el pisteo más increíble que podríamos vivir. Cerca de tres horas y unos 12 kilómetros, según calculamos, pudimos, sin salir de nuestro asombro, comprobar como Honest iba marcándonos el camino.

Logramos localizar en varias ocasiones a nuestra presa, pero muy lejos, mientras intentaba mezclarse con otros ejemplares que al poco tiempo le perdían. Después de lograr cobrarlo, terminaríamos marcando uno de los cuernos del animal, para diferenciándolo de otros que pudiésemos cobrar, colocarlo en un sitio de honor en casa del afortunado cazador, que insisto, pensaba que aquel rececho pasaría a ser el rececho de su vida.

Pero si los lances se fueron sucediendo, también lo hicieron nuevos e increíbles pisteos, a los que ya Honest nos iba acostumbrando, pues un incidente al ir a buscar con la pickup una de las piezas abatidas, que lanzó a Santos fuera de la cabina trasera –al más puro estilo de rodaje humorístico–, hizo que las bases del monotiro se estropeasen, obligando al cazador a cambiarlo por el rifle del profesional, ocasionando el cambio un número de errores mayor al que cualquier cazador desea, cuando busca abatir sin sufrimiento un animal y ve que no controla un arma como hace con las suyas.

Un springbok que se levanta a los pocos minutos de ser abatido, cuando iniciábamos el pisteo de un segundo ejemplar pinchado al disparar de nuevo a los de la manada, logrando cobrar después de toda una tarde a ambos, que habían emprendido caminos contrarios. O el cobro de una hembra, apenas herida en la boca al traspasar el disparo al macho que se buscaba abatir, después de seguirla horas sin apenas dejar rastro, serán algunos de los recechos que siempre perdurarán en mi memoria, como seguro lo harían en la de cualquier buen aficionado al rececho.

Pero no solo a la hora de pistear nos sorprendieron Honest y el joven Regardt. Una meticulosidad casi militar al plantear cada entrada, una facilidad pasmosa para localizar a simple vista ejemplares que nosotros no lográbamos ver con nuestros prismáticos, un verdadero arte a la hora de leer el terreno y entender la caza, un inmenso cariño y una envidiosa sensibilidad y respeto hacia los animales abatidos, una demostración de cómo se caza en equipo, una increíble lección de personalidad y humildad en la caza, fueron aspectos que durante unos días estos dos compañeros, estos dos amigos, lograron transmitirnos constantemente.

Alternativa de futuro

Muchos cazadores piensan que las altas densidades y la variedad de especies en países como Sudáfrica hacen fácil la caza, cuando lo que sucede es que los resultados son buenos no por la facilidad, sino por permitirte esas densidades un mayor número de lances, a lo que los buenos cazadores suman, que esa variedad de especies les obliga a sacar lo mejor de ellos para adaptarte a lo que cada una exige para cobrarla.

A este reto que podemos encontrar en el extranjero, se unen unos precios más bajos de lo que en ocasiones pensamos, unas instalaciones que te ofrecen entrañables charlas y merecidos descansos cada día cuando terminas las jornadas y que adicionalmente te permiten plantear la posibilidad de organizar viajes con amigos u otros compañeros, o con la familia en unas vacaciones en las que no hay por que dedicar todo el tiempo a temas cinegéticos.

Razones y argumentos que cada vez se debaten más entre los cazadores, obligándoles a dedicarse a realizar números, para percatarse que por lo que cuesta en nuestro país un precinto de corzo, se adquieren las tasas de abates de una docena de springbok en Sudáfrica, conociendo gentes, zonas, modalidades de caza, especies y encontrando otra serie de valores que el cazador también ha de buscar, sin descartar esa posibilidad de disfrutar todo esto con amigos o con la familia.

Después de la experiencia vivida con los ‘corzos’ de Vanderkloof, como aficionado al rececho le doy en ocasiones vueltas a las jornadas y lances de aquellos días, deseando volver a repetir un viaje a la zona, a la vez que entiendo y valoro cada vez más, que objetivos que se centren en una sola especie, en una serie de jornadas que nos permitan en poco tiempo disfrutar de un número de lances que en España no podríamos realizar ni en toda una temporada, pueden ser una interesante alternativa en el futuro.

R.J.L.

Este artículo pertenece a la serie :

Treinta años después…

Los ‘corzos’ de Vanderkloof

 

Leer más
Otros artículos de R.J.L.

No hay más artículos de este autor

Artículos relacionados con 'Internacional'

El perro fino colombiano
Jonathan Álvarez S.

Salgo de cacería fuera de España, ¿qué me llevo?
Jaime Meléndez Thacker

Cacerías tradicionales en República Checa
Marketa Mikulova

Pongola: entre Mpumalanga y Zululandia (I)
Alberto Núñez Seoane

Lance in memoriam
Antonio Contreras

Más +
Top 5 artículos más leídos

10 calibres para la nueva temporada
R. González Villarroel (197526 lecturas)

Los otros calibres que no son del 12
Pedro A. Suárez (154641 lecturas)

Diez razas de perros para disfrutar de la temporada
E. B. y J. A. C. (149485 lecturas)

Antes de salir de caza: ¿su escopeta le queda bien?
Gonzalo Gómez Escudero (112194 lecturas)

Rifles para caza mayor, pero... ¿Cuánta precisión se necesita?
Pedro A. Suárez (104307 lecturas)

En el número de noviembre

  • Comparativa de gestión de la perdiz roja con la pardilla
  • Panorama montero. Echamos a andar…
  • Como evitar el chanteo de una mancha
  • Pueblos monteros: Guadalupe
  • En portada. Cacería en el Cáucaso
  • Carnero de Dall en Alaska. Cacería extrema
  • Bisonte europeo en Bielorrusia
  • En el punto de mira: Weatherby Vanguard RC & Visor Minox ZE 5i 3-15x56