El charasqueo

La caza de la perdiz con reclamo se impregna, en su práctica, de sensaciones provocadas por las distintas situaciones en las que se ve inmerso el veterano jaulero. Entre ellas, estarían la incertidumbre y el nerviosismo que generan el acercamiento de aquel par de perdices, que ya se encuentra replicando a los mensajes que emite nuestro reclamo.

Manuel Romero | 27/04/2010

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Sólo ha transcurrido cierto tiempo, donde el intercambio sonoro de mensajes, más o menos agresivos, entre el campo y nuestro pájaro ha sido la nota destacable, provocando el acercamiento de las camperas al lugar donde tenernos emplazado el puesto. Entonces, aflora en nosotros una enorme emoción al comprobar el trabajo exquisito que despliega nuestro reclamo, que —situado sobre su atalaya— sigue llamando con insistencia a sus congéneres.

Lucha dialéctica

En estos casos, siempre existe una lucha dialéctica de la cual somos testigos en la soledad del puesto, haciéndonos disfrutar de lances de mayor o menor importancia en el mundo cuquillero. Por lo tanto, no suele existir ese aspecto sorpresivo de la aparición de las camperas en plaza, pues previamente los hemos oído, en todo su trayecto, pregonar sus intenciones belicosas.

El jaulero poco experimentado no sabe detectar esos ruidos que denominamos charasqueo y al dar por finalizado el puesto, al levantarse provoca la espantada

Son en esas calladas oportunas y magistrales de nuestro campeón, cuando suelen producirse los cercamientos del campo. También en aquellas otras situaciones donde corta de raíz los sonoros registros que emplea, para comunicarnos la inminente llegada de sus congéneres. En ocasionesm, sólo es preciso observar su comportamiento para pensar de inmediato: ¡ya está viendo el campo!… ¡qué momentos más emocionantes! Y qué decir de la situación —de la que en ocasiones somos testigos— referida a la perdiz que se nos viene de vuelo, emitiendo un cada vez más sonoro piolío conforme va llegando al puesto.


En estos momentos nos sorprende siempre el cálculo que tiene, al saber, con bastante exactitud, el lugar de donde proceden aquellas llamadas desafiantes, pues se posan algunas veces en plena plaza, sorprendiendo tanto al reclamo como al propio jaulero. Ligeros golpes de seseo son las primeras notas sonoras que oímos cuando se presentan, para continuar con mensajes agresivos tratando de desalojar, cuanto antes, al intruso que está en su querencia.

En cambio, el apasionado jaulero puede verse inmerso en otro tipo de situaciones, donde no es testigo de las distintas fases de acercamiento de aquel par con escaso celo, o aquella perdiz recelosa y astuta. Son hechos donde la perdiz viene apeonando hacia nuestra ubicación tapada entre el monte, y sin emitir canto alguno. Se nos viene a situar detrás del puesto, callada, oculta entre las ramas posteriores que camuflan nuestro puesto.

La presencia

Los reclamistas veteranos sabemos, por los ruidos que produce en su caminar, o charasqueo, cuando se mueve, la dirección que sigue… aunque a veces nos vemos engañados por ruidos muy similares, como son los producidos por pajarillos picoteando entre la hojarasca, tratándose de buscar el necesario sustento. En muchas ocasiones, el finísimo y experimentado oído del jaulero escucha los casi inaudibles sonidos del guteo, prueba determinante de la presencia de aquella perdiz visitante en las cercanías del puesto.

Este charrasqueo, o charasgueo, es detectado, leído e interpretado, de inmediato, por el veterano jaulero que se queda sin mover un solo músculo dentro del puesto. Sólo sus ojos buscan… de reojillo… la posible ubicación de aquella perdiz que ha venido a situarse detrás de nosotros, sin haber comunicado previamente su acercamiento de una forma sonora.

La réplica

Cuando vivimos esta situación, nuestro reclamo continua replicando sonoramente a la voz guerrera del campo, pues ignora la presencia de aquella perdiz que ha venido de forma callada. Por ello desearnos, por el charrasqueo que oímos, vaya a situarse en los laterales o en el frontal del puesto, de forma que nuestro perdigón observe su presencia y comience con su repertorio de recibimiento, o de cortejo.


El jaulero poco experimentado no sabe detectar esos ruidos que denominamos charasqueo. Si este hecho trascurre al dar por finalizado el puesto, al levantarse provoca la espantada de aquella perdiz… y el también lógico mosqueo y sorpresa del incipiente reclamista, al comprobar cómo sale de vuelo la muda gallinácea que tenía a su lado.

Distinto es el caso de aquella perdiz que también ha llegado al puesto de igual forma, pero que comunica su llegada con un sorpresivo y sonoro canto detrás de nosotros. Es entonces… cuando nuestro corazón se revoluciona, la adrenalina se dispara, la boca se nos seca y la emoción alcanza cotas inimaginables.

Buenos y malos

Ante esta situación el reclamo bueno empleará, como respuesta inicial, un sonoro regaño de forma imperativa para hacerla callar. A continuación utilizará —con la quietud de los elegidos— recursos zalameros y de conquista, tratando de acercar a la sorpresiva visitante.

Esperamos que, por el charasqueo que oímos, vaya a situarse de forma que nuestro perdigón observe su presencia y comience con su repertorio

Si el reclamo no está catalogado como bueno iniciará una briega, tomando los alambres en una actitud descompuesta. Actitud que acrecentará conforme siga oyendo los cantos de la hembra que lo está provocando, consiguiendo con ello la marcha de la perdiz de aquel lugar, al comprobar un comportamiento extraño de nuestro pájaro.

Con charrasqueo… o sin él, las distintas situaciones que presenciamos los jauleros en la práctica de esta apasionante modalidad venatoria nos hacen disfrutar cada una de las escenas que se nos presentan cuando estamos en el interior del puesto.

Manuel Romero Perea

6 comentarios
28 abr. 2010 23:52
CUQUILLERA
CUQUILLERA
Como siempre es un placer volver a leer algo suyo. Siga haciéndolo, muchas personas como yo, le estaremos enormemente agradecidas.

Un saludo, La Cuqui.
29 abr. 2010 08:11
tibi
tibi   «La mejor de las vistas!!»
je, je, je, amigo Manolo y una suerte poder leerte otra vez.
Te mando un fortísimo abrazo,
David/Jaulero.
29 abr. 2010 11:26
AC «Campiña y Sierra, mis cazaderos.»
Querido amigo Manolo:

Para mí son los pequeños detalles los que demuestran la grandeza y conocimientos del que ocupa el puesto, al igual que son los recursos los que identifican a un buen reclamo, independientemente de que cante mucho o poco.

Practicar el reclamo es facil, lo que es realmente dificil es entenderlo y por suerte o desgracia eso es cosa de pocos.

Un fuerte abrazo y muchas gracias por esta nueva lección, de la que todos, la conocieramos o no, sacaremos provecho.

Antonio.

29 abr. 2010 11:56
Joaquin_
Joaquin_   «Superandose poco a poco»

Amigo Manolo, una vez mas nos has deleitado con un artículo de esos que tú bien sabes hacer y que por unos momentos, mientras que estamos leyendo, nos traslada al interior del puesto y nos hace oír el glúteo de la perdiz detrás de nuestras orejas, sintiendo ese ahogo que nos produce el estado de inmovilidad que tratamos de poner al controlar los nervios. Muchas gracias.

Un abrazo

Joaquín
29 abr. 2010 18:28
+1
BARBAS
BARBAS  
...es leer cosas del reclamo cuando un auténtico maestro es quien las ha escrito.

No me cansaré de reconocerte como poseedor de tal maestría, no por pecar de adulador sino, precisamente, para hacer causa justa y honor a mi propia convicción de que, solo, son verdaderos maestros del reclamo, aquellos a quienes así se les reconoce por el resto y quienes son capaces de verter su saber con la generosidad del que le rebosa.

Una vez mas, resulta un verdadero placer la lectura de aquello que, línea a línea, reconoces haber vivido o que te ha sucedido en alguna ocasión en el puesto, narrado, analizado y en prosa inteligible por la pluma de quién, de esto, si es una autoridad reconocida. Tu escrito destila realidad, certeza y sabiduría, paso a paso, permitiendo que volvamos a vivir esa escena que relatas y añadiendo matices que, ciertamente, se nos escapan.

Una vez mas, amigo Manolo, con estas notas, o apuntillos con los que nos deléitas, haces que el reclamo de perdiz responda a los calificativos con los que tu mismo lo has definido extraordinariamente bien y que nos ha enganchado a esto. Nos motivas a seguir buscando la profundidad y el sentir de esta pasión cuquillera, cuya práctica es tan dificil de entender como satisfactoria, para quienes lo vamos consiguiendo en nuestro permanente aprendizaje.

Hay a quienes, en la soledad de nuestra afición, nos hace mucha falta esta guía orientadora que suponen tus notas y apuntillos para, si cabe, acrecentarla.

Gracias, una vez mas -y ya son muchas- por ayudarnos a continuar aprendiendo.

Un fuerte abrazo,
José Antonio
24 may. 2010 17:20
Manolo R.
Manolo R.  
Hola amigos, muchas gracias por vuestros comentarios.

Un cordial saludo.
---MANOLO R.---

 

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