El perro de sangre: Iniciación del cachorro

Antes de proseguir con esta serie de presentaciones sobre el rastro de sangre creo que debería exponer algunas notas importantes, entre ellas es primordial resaltar que, si en España hay dos millones de perros candidatos a ser maestros en el rastro, estén ustedes seguros de que hay el mismo número de métodos para enseñarles, este que aquí les exponemos es uno más.

Juan Pedro Juárez | 25/03/2010

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Además, está la posibilidad real de usar el perro que ya tenemos que, aunque su elección no se haya acogido a lo anteriormente expuesto, seguramente sea útil. Otra curiosidad que pronto descubrirán es que básicamente hablo del teckel, pero el motivo es porque son los perros que más conozco, cualquier raza seleccionada por su olfato es útil para usarla para el rastro, solamente tendrán ustedes que hacer un pequeño ejercicio de extrapolación con la raza que ustedes poseen.

Impronta

Una vez que tenemos al perro acostumbrado a ir al campo, con ánimo de ir probando su capacidad y su nivel de desarrollo, deberemos llevárnoslo a la caza real. En estos momentos, el animal debería participar como mero espectador porque, esto es muy importante, todo lo que le ocurra al perro hasta los dieciocho meses se quedará grabado a fuego en su memoria.

Todo lo que le ocurra hasta los dieciocho meses le quedará grabado

Pueden ustedes acusarme de exagerado pero si después de leerse esto, dar la murga a los criadores y amigos para que te consigan un perro parecido a lo que aquí se describe, pasarse horas y más horas poniendo en práctica la teoría, paseos de campo, visitas al carnicero, sangre en el congelador, etc., su perro no cobra por nervios excesivos, por desconfianza hacia el guía o porque se ha hecho demasiado agresivo, posesivo, inquieto o insoportable, después de todo, dan ganas de tirarse por un barranco.


Al igual que hay mil métodos de enseñanza, hay mil razas de perros de sangre, pero quizás el teckel sea la más extendida en España.

La enseñanza hay que basarla en la experiencia práctica de campo, para que el animalito vaya acostumbrándose a gente, ruidos, olores muy fuertes, impresiones nuevas, viajes largos y, sobre todo, la socialización directa o indirecta con otros perros. Sobre todo ese bagaje nuevo que el perro va a incorporar a su carácter está el de la obediencia a lo que ayudará en gran medida la necesidad que el animal tendrá de refugiarse, muchas veces, en nosotros. Su refugio de cachorro será el macho dominante, de su pequeña manada, en el futuro.

Opciones reales

La mejor enseñanza para el rastro de sangre  está todos los domingos delante de nuestra nariz y generalmente nos ponemos encima de ellas: son las trochas. La mayoría de las veces no hace falta más que una pizca de suerte. Por una parte tenemos un perrito con un carácter tranquilo y apropiado al nuestro, y por otro lado, los buenos organizadores de fincas sitúan los puestos en las trochas o "pasos" de las reses.

La enseñanza hay que basarla en la experiencia práctica de campo

Pues bien, el cachorrito de siete u ocho meses, al monte, al puesto, y al finalizar la montería, cinco o diez minutos de rastro natural. Si algún compañero ha abatido una res o un cochino, con dar con la sangre y dejar que el perro llegue al animal (diez a quince metros) es suficiente para ir enseñándolo; si el animal es poco pesado se le puede arrastrar algunos metros y, si queremos esperar a los que sacan las reses muertas, mejor, porque para sacarlas, siempre las arrastran, y si dejamos que el perro vea como se la llevan, seguirá él solo por el "arrastradero" hasta el tractor, ¡no se preocupen que no se perderán las judías!. El perro irá siempre atado en bandoleradurante la montería y cuando haya alguna res pinchada hay que llevarle para que lo viva de forma natural.


Un buen perro de sangre latirá de parada cuando llegue al animal muerto, por eso es importante utilizar cachorros que demuestran esas aptitudes naturales.

Las precauciones que habrán de tomar no son muchas, pero sí importantes: no llenar al perro de carne, es decir, no soltarle en la junta entre quince o veinte bichos y menos con una "panda" de curiosos detrás, sino que se pide permiso y se aparta una res para que el perro esté tranquilo. Nada de voces, azuzamientos, o cosas parecidas. Hay veces que lo mejor es darle al perro dos o tres metros de traílla e ir disfrutando de una charla con un amigo o del campo, sin darle importancia, porque ante las cosas nuevas, los cachorros tienden a ir tomándole el pulso al dueño, esperando quizá, una regañina y si ponemos demasiado empeño a lo mejor le estropeamos temporalmente. Lo que no hay que hacer nunca es dejarle comer ya que un perro de sangre no debería trabajar nunca por hambre.

La gente de antes echaba el perro al campo y punto, y le salía bien la mayoría de las veces, las otras veces le daban el "pasaporte" y San Se Acabó. Nosotros no podremos permitirnos el lujo moral de los "pasaportes" y por eso, repito que hay que cuidar esos cabos sueltos, psíquicos sobre todo, que tanto daño están haciendo a todas las razas caninas.

Tanteo estival

Si el perro viene a casa en época de veda se le pueden hacer rastros, pero teniendo en cuenta una cosa muy importante: es una introducción, un tanteo y un entretenimiento, si abusamos de los rastros de sangre artificiales conseguiremos un animal cómodo y casi inservible, porque necesitaremos al perro para los rastros difíciles, para esos en los que el chorreo es constante no nos hace falta el perro, la sangre la vemos nosotros y la pieza, seguramente, estará sin vida cuando lleguemos. Teniendo muy en cuenta lo anterior, y en condiciones normales, podremos entretenernos con un poquito de sangre (se puede conseguir en el carnicero de la esquina) y con un poco de paciencia.

Un perro de sangre no debería trabajar nunca por hambre

El método que se usa es el mismo que para las pruebas de trabajo, con un trozo de esponja clavada a un palo o directamente de la botella, se va mojando y se va manchando el suelo, cada uno o dos metros, en principio. No hagamos lazos con el rastro, ni nada que se le parezca, y no nos importe poner la sangre sobre nuestros pasos, ya que en los primeros momentos el perro seguirá más nuestro olor que el de la sangre, después habrá que ir distanciándoselo y apartándolo de nuestros pasos. Si el perro no funciona se le puede estimular con el cariño al amo; el perro, cuando el dueño va a hacer el rastro, se quedará con un extraño, y el dueño se quedará en la última gota.


La sangre se puede congelar y no se estropea, teniendo en cuenta que será utilizada para probar al cachorro o como mero acercamiento al rastro natural. No es conveniente insistir mucho sobre el tema.

Cuando el amo esté a trescientos o cuatrocientos metros, comenzará a llamar al perro, una, dos o, como mucho cuatro veces en todo el recorrido (que no deberá ser totalmente recto); el cachorro buscará al dueño y se ayudará tanto por el olor de la huella del amo como por el olor de la sangre, que él sabe que porta su dueño. En este último caso es importante que el cachorro vea al dueño, con la sangre, y vea como se aleja, haciendo el rastro, los primeros metros.

También se puede hacer con una piel, una cabeza, o cualquier otra piltrafa; primero dejaremos que juegue con ello, después lo arrastraremos hasta donde nos parezca y lo colgaremos de forma que se vea, pero que el cachorro no lo alcance. Así conseguiremos dos cosas a la vez: que el cachorro haga el rastro y, muy probablemente que, al no alcanzar la piltrafa, lo lata de parado. No se desespere si no lo hace las primeras veces; si es un cachorro con un carácter normal lo acabará haciendo.

A esos cachorros que nacen en Navidad les podemos tener aceptablemente preparados para la siguiente temporada porque, aunque no los podamos sacar de caza, tenemos un montón de horas de luz durante la primavera y el verano para su preparación. No debemos llevarlos siempre al mismo sitio porque el perro tenderá a la inercia; tendremos que alternarle los emplazamientos de los rastros. Además, en verano los rastros se secan pronto y con eso tendremos dos ventajas: la primera es que podremos probar la nariz del animal simplemente esperando media hora a que el rastro se seque, y la segunda es que podremos cruzar rastros frescos y viejos para que él comience a  diferenciarlos y saber si es capaz de ello.

Casos especiales

En un principio el perro puede equivocarse y, para no hacerlo también  nosotros, deberemos marcar los rastros pero de forma que el perro no los vea (marcas altas, puntos de referencias del terreno, etc.).

En los primeros momentos el perro seguirá más nuestro olor

Si el perro tiende a equivocarse, la corrección ha de ser suave, y si el error es mucho y muy constante, deberemos utilizar como traílla una caña, vara, o algo rígido que, atando la punta al collar, nos permita guiar al perro desde unos dos o tres metros, (esto último lo necesitan dos o tres perros de cada cien) sin darles mucho tirones.


Lo importante de esta foto no es ni el macho montés ni el cobro, sino que lo que se destaca aquí es un perro que, gracias a un adiestramiento correcto, ha andado junto a su dueño, durante dos horas, por senderos de montaña sin molestar. Un perro de sangre es una herramienta.

No es lo mismo que el perro pierda un rastro  y que lo busque, aunque no lo encuentre, que el que sea un "zoquete". Si el perro se despista, pero vemos que sigue buscando, hay que dejarle que intente encontrarlo. Si usamos la caña, no hay que corregirle rápida ni bruscamente, sólo hay que dirigirle otra vez al rastro, aunque tengamos que dar un rodeo de quince o veinte metros.

En caso de que el cachorro sea un auténtico "borrico", lo mejor es dejarle suelto y seguirle, antes o después dará con el rastro. Algunos hay que se atascan por llevar al amo cerca, y lo que se hace es dejarlos solos, o como mucho, atarles con un cordel largo y dejarlos que vayan ellos, con el cordel arrastrando y nosotros detrás del cordel (diez o quince metros). Aún así, hay perros que son más torpes que estos últimos, dos o tres en el mundo, pero no se preocupe, porque es difícil que les toque uno, ya que sólo deben quedar dos porque el tercero lo tuve yo, y ya murió.

Si se despista, pero vemos que sigue buscando, hay que dejar que lo recupere

Bromas aparte les contaré lo que hice, porque, aunque le regalé, ya era cosa de amor propio: el perro estuvo comiendo veinte días en el campo, es decir, solamente comía cuando yo le llevaba al campo (día sí, día no). El rastro se lo hacía con la "pajarita", "cucharilla" o páncreas del cerdo, que huele mucho; le preparaba el rastro y al final le dejaba la pajarita y más carne. El primer día tuve que llevarle yo; el segundo hicimos el rastro a medias; el tercero y los seis sucesivos los hizo él solito. Hasta que murió solamente cobró ocho o nueve reses, todas de su dueño, siempre con la traílla y siempre por hambre. Llegó a ser sólo un perro mediocre; pero, ¡vive Dios que llegó!

Tengan ustedes en cuenta que muchas veces la culpa es nuestra. Antes de catalogar a un perro hay que verlo rastrear atado, atado de lejos (cordel) y suelto. Muchas veces atosigamos a los perros, o no los tenemos muy acostumbrados a nosotros, también puede tratarse de perros con mucho apego al dueño y lo que ocurre es que no quiere perdernos de vista.

Conozco un caso en el propietario se quejaba de su cachorro porque siempre se perdía con los rastros; pues bien, el día que me llevó a ver su zona de rastros, no la encontró y, tras encontrarla, no localizó las marcas que él mismo había hecho. Hay que decir en su defensa que eligió un jaral demasiado espeso y poco conocido por él. Esto nos demuestra que no siempre tienen la culpa los perros. La mayoría de los problemas los arregla el tiempo y la paciencia; si no ocurre así, hablen con quien ha criado al cachorro y, si es culpa suya, denle un tirón de orejas.

Juan Pedro Juárez

 

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En el número de enero:

  • Sin «foro» unánime en asturias para declararlo especie cinegética
  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
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