Cada perro con su pareja

Finalizada la temporada de caza, la escopeta al armero y el perro a la perrera, a descansar, y con ello cambiará de forma radical el estilo de vida de nuestro compañero cinegético. Como punto final de la temporada propongo un juego ligero, un divertimento similar a ese de cada oveja con su pareja, refrán que denota que cada cual se siente mejor cuando se halla entre los de su misma clase y me he puesto a hacer parejas.

Eduardo de Benito | 15/03/2010

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Las necesidades crean modas y hoy la caza es muy distinta de la de hace 3 o 4 décadas, la mejor precisión de las escopetas, la escasez de piezas verdaderamente silvestres, la mejora en la gestión de los cotos, hacen que se haya especializado cada vez más a los perros.

El braco alemán se ha convertido en el perro por excelencia del cazador medio, del que busca un perro dúctil para la caza de diferentes especies

Un aparte curioso, los perros de muestra británicos surgen al amparo de la nobleza, podríamos hablar de la aristocracia de la caza inglesa, en tanto que las razas continentales surgen ligadas a la fuerte burguesía que se instaura en Alemania y Francia. La noche del 14 de agosto de 1789 la Asamblea Constituyente francesa votó la supresión de los derechos feudales de caza, ese día se iniciaba una revolución en el mundo cinegético. Al poder acceder a la caza un contingente importante de personas hasta esa fecha marginadas de la misma, se empezó la mejora de las armas y la selección de los canes.

Aquí dejo seis pinceladas, seis naipes de una baraja, la de la caza, en las que el perro y la pieza se emparejan para un baile que empezó hace miles de años, la persecución de las especies silvestres por el hombre con la ayuda de un perro.

Pointer-Perdiz

Recuerdo  un antiguo calendario de caza, allá en mi niñez, de un pointer soberbio con una perdiz embocada junto a una Diana cazadora, que cubría sus desnudeces con una túnica blanca, y encendía todos mis deseos adolescentes en una época en que el desnudo era tabú. Esa imagen de cursi realismo ligó para siempre en mi imaginación el pointer con la caza de la hispana perdiz.

La perdiz es la más batalladora de las piezas de caza menor hispanas y necesita perros de rastreo enérgico, continuado y ávido, el pointer posee esa energía y el cazador rara vez se encontrará fuera de su alcance si es un hombre dinámico. El que sale al campo de paseo, el que gusta del sosiego, no verá con agrado el trabajo del pointer, un atleta incansable que exige una caza deportiva para disfrutarlo plenamente.

El pointer se ha convertido en un perro genérico, en un prototipo, en el estándar del perro de muestra, espejo en el que las restantes razas se miran y al que tratan de emular. Animal de mucha sensibilidad, perro precoz y que aprende fácil y también por eso, por esa sensibilidad de signo positivo, pero al que se puede estropear fácilmente con un adiestramiento torpe.

Braco alemán-Codorniz

Hoy basta decir braco para que cualquier cazador piense inmediatamente en el perro de muestra alemán, pero el término braco llegó a nuestra lengua procedente de Francia, al igual que los perros que por tal nombre se designaban, si hacemos caso a Sebastián de Covarrubias, quien en su Tesoro de la lengua Castellana, publicado en 1611, habla lisonjeramente del braco y lo define así: «Perro pequeño de grandes orejas que le cuelgan sobre el rostro, animoso y solícito en buscar la caza. Es un nombre francés, braque, especie de chien de chale (...). Esta casta de perros vino a España de Francia, de donde toma su nombre braco, por haberlos traído de la Galia bracata». Bracata llamaron los romanos a la Galia meridional, más allá de los Alpes.

El braco alemán es un perro sobrado para la codorniz, pieza que tiene buen aguante y apeona mucho, en el rastrojo se guía por el oído, sabe inmovilizarse en el momento preciso y mimetizarse con el entorno, incluso se dirigirá con curioso zigzagueo hacia el cazador antes de huir, porque para ella el vuelo es su última defensa. Con dureza y bravura el braco alemán ha sido seleccionado durante más de un siglo para la caza de todo tipo de piezas y aunque algunos en España quieran verlo como un velocista, rival directo del pointer, es un perro tan completo que sus aspiraciones serían muy pobres si se limitasen a retar al británico.

Setter inglés-Becada

Alphonse Toussenel, cazador francés, ornitólogo y propagandista de los falansterios del socialista utópico Charles Fourier, autor de un curioso libro L'Esprit de Bétes. Zoologie passionnelle, publicado en 1847, entonó a mediados del siglo XIX una elegía a la desaparición de la becada en Europa. Mucho ha llovido desde entonces y por suerte la dama del bosque sigue cada año llegando a nuestras tierras para el deleite de sus apasionados, que cargan contra ella con la ayuda de un insuperable para este menester setter inglés. Aunque curiosamente uno de los más apasionados cazadores de becadas que ha dado nuestra tierra, el catalán Rafel Puget, autor del libro Becadas en Corriol (Barcelona, 1969) y al que sus amigos llamaban Mister Becada sólo usó perros pointer para esta pieza, perros que importaba de la perrera que William Arkwick había fundado en Chesterfield (Inglaterra). Becadas en Corriol es lectura recomendable para quienes disfrutan la literatura cinegética, escrito con buen estilo literario, en nada tiene que envidiar a las jornadas de caza descritas por otro gran cazador, Miguel Delibes.

De la inteligencia del setter inglés en la caza hay muchas pruebas, pero voy a referir una anécdota que me contaron hace años y que demuestra no sólo la afición de la raza sino también la ironía con que puede afrontar un mal lance. Un cazador inexperto fue invitado a una cacería, pues era persona influyente y se quería obtener de él algún favor. Le ofrecieron el mejor setter inglés, un soberbio perro de cuatro años, muy avezado y de gran pasión. Al poco el cazador novato comienza a hacer disparates, cada muestra del perro, cada pieza levantada es un disparo errado. El setter inglés continúa su trabajo de alta calidad y el inexperto cazador marrando cada tiro. El perro está desconcertado, duda, pero su vocación le incita a seguir cazando. Al alcanzar un claro el cazador novato se queda embobado,  sin saber qué hacer, cuando siente un leve cosquilleo en la pierna. Era el setter inglés, que mostraba su indignación orinándose en las botas del inútil cazador.

Epagneul breton-Acuáticas

Decía Julián Settier escribiendo sobre la caza de acuáticas en las lagunas de Daimiel: «Del deseo de cazar, del verdadero atávico cazar, nace la de concordia espiritual del hombre con la vida del campo. Si no sintiera la inmensa belleza de la naturaleza no existiría el deseo. Por eso los que no son artistas potenciales, por mucho que disparen sus escopetas no serán cazadores efectivos». Bellos pensamientos para una caza tan singular como la que se lleva a cabo en las turberas y marismas, a la orilla de ríos o embalses y que generalmente está fuertemente teñida de los usos culturales de la región.

Para esta modalidad cinegética los perros deben ser excelentes cobradores, resistentes, que no le teman al agua y aguanten bien permanecer mojados. El pequeño bretón se siente cómodo en el agua, donde no desdeña hacer el esfuerzo físico necesario para vencer la vegetación ribereña o nadar hacia aguas profundas para sacar el pato que allí cayó. En la cacería de acuáticas el epagneul bretón disfruta de cualidades muy particulares, es un perro funcional por excelencia, uno de los perros de muestra mejor dotados y también uno de los más manejables tanto por su innato sentido de la obediencia como por su reducido volumen. Caza con total entrega y pasión, con unos vientos privilegiados y pocos perros de muestra le igualan en el cobro, que desarrolla con seguridad y rapidez, no perdiendo ninguna pieza.

Podenco-Conejo

En 1898 Manuel Rodríguez, apodado Lupus, cazador inveterado de Mérida y buen aficionado a los podencos, publicó en la revista La Caza Ilustrada una amplia descripción de la caza con podencos en el sur peninsular.

Su lectura hoy nos permite comprobar cómo esta caza milenaria no ha cambiado con el paso de los años, conozcamos al cazador emeritense: «Ver una recova de veinte o treinta buenos podencos cazando conejos en el monte es un espectáculo de lo más divertido que puede darse. El conejo es un animal ligero y astuto, que no pierde la serenidad aun en el mayor peligro. El podenco lo olfatea en lo más espeso de la mata, da vueltas alrededor de ésta, haciendo oír breves ladridos llamando a sus compañeros, que bien pronto acuden en su ayuda, rodeando la mata donde el infeliz conejo se oculta. Ningún podenco maestro se atreve a arrojarse sobre su víctima, porque sabe por experiencia que ésta hurtará el cuerpo, escapando de sus dientes. Lo que hacen los viejos en el oficio es esperar a que llegue un podenco joven, que se avance al conejo; y cuando éste sale de su escondrijo, lo atrapan». Algunas veces, aún rodeados de diez o doce perros, el conejo escapa, y entonces, sus enemigos le persiguen a la carrera. Es digno de ver cómo el conejo huye por lo más intrincado de la espesura, ya avanzando, va retrocediendo, ya aplastándose entre las raíces, y es más divertido aún ver los podencos rompiendo monte en vertiginosa carrera, dando saltos prodigiosos por encima de las matas y revolviéndose en el aire si el conejo varía de dirección. Algunos podencos causan tal terror a los pobres conejos cuando saltan por encima de ellos que los hacen chillar sin tocarles.

Eduardo de Benito
Fotos: Maite Moreno y archivo
1 comentarios
17 mar. 2010 21:01
Badenes
Hola amigos del club de caza:
Enhorabuena por la web en toda sus secciones.
Hace poco tiempo que os he encontrado y me resulta muy interesante y completa.
Espero que podais aconsejarme.
Tengo una perra de cuatro años cruze de bretón y bretón-cocker, no se parece en nada a ninguna de las dos razas, el problema que tengo es que con cuatro meses la soltaba por el campo,para que estirara las patas y al principio me divertía ver como corría detrás de los conejos incluso se metía dentro de las zarzas siguiendo su rastro, el problema es que se obsesiona con los conejos y alguna vez llega incluso a "perderse" detrás de ellos y no hace ni caso a mis órdenes de que vuelva.
compré un collar de adiestramiento pero tengo que estar siempre usándolo porque cuando me despisto se alarga y siempre caza a su aire.
¿tiene alguna solución?, ¿se puede reeducar un perro de 4 años?, con ella no pierdo ninguna pieza, tordo o perdiz, pero le cuesta mucho traerme la pieza,como si fuera suya.
Gracias por vuestros consejos.

 

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