Balística y caza

Salí de cacería con unos amigos, de a pie, mochila al hombro y rifle. Íbamos tras los venados, y dispuestos a armar campamento donde la noche nos encontrase. Y eso fue lo que hicimos. Con la caída del sol armamos fogón debajo de un gran árbol para protegernos de la helada y la nieve y nos acomodamos todos a comer y dispuestos a pasar la noche junto a él.

Daniel Stilmann | 20/01/2010

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Rápidamente el tema acostumbrado salió al ruedo, y entre cazadores, ¿qué otra cosa podía ser si no, cuál cartucho es mejor, uno de los vetustos clásicos, lentos y pesados (.308, 30-06, etc.) o alguno de los más modernos, bastante más livianos y sumamente rápidos (.222, .22-250, etc.)?

¿Fuerza bruta o velocidad?

Aquí estamos hablando específicamente de cartuchos para simples ungulados como el jabalí y los diferentes cérvidos y antílopes de porte reducido (hasta 100 kilogramos)

Rápidamente los bandos se fueron armando y terminamos en lo de siempre: ¿fuerza bruta o velocidad?, que supongo es el tema que más reuniones de cazadores ha amenizado, y no me refiero solamente a los días que corren: el tema parece venir, desde el comienzo mismo de la humanidad, cuando se discutían los pros y los contras del arco y la flecha versus la honda y la piedra.

Lo curioso es que el debate aún no ha terminado, aunque cabe resaltar que los proyectiles que empleamos en la actualidad son cada vez más pequeños, veloces y sofisticados. La fuerza bruta parece haber sido finalmente desplazada por la inteligencia. Desde el áspero canto rodado, pasando por la catapulta y hasta las puntas de caza modernas, los proyectiles, junto con nuestro alcance promedio letal, han evolucionado sustancialmente, aunque supongo que todavía nos queda un trecho por andar.

Durante nuestra evolución, y en lo que a balística se refiere, comenzamos por explotar la fuerza ejercida por el brazo para arrojar una piedra o una lanza. Luego, y de a poco, fuimos buscando formas de incrementar el alcance con un menor esfuerzo, cosa que ya desde aquellos tiempos intuíamos se lograba a fuerza de reducir el peso y aumentar la velocidad. Sin embargo, con la aparición de la pólvora, la que todo debería haber simplificado, por motivos prácticos nunca pudimos lograr el ideal en cuanto a armas de hombro se refiere, ideal que consiste en lanzar el proyectil más pesado posible a las velocidades más altas que pudiéramos obtener.

El límite al peso del proyectil y la cantidad de pólvora a emplear como fuerza propulsora lo puso siempre nuestro hombro, que en promedio no tolera el lanzamiento de puntas de más de 200 grains de peso a 3.000 pies por segundo. Superando cualquiera de esos dos valores sucede que, si bien se puede disparar, y de hecho muchos lo hacen sin problemas, para la gran mayoría la toma de puntería se torna compleja o directamente imposible, lo cual para cierto tipo de cacerías resulta contraproducente. Un cartucho de semejantes característica no es un buen comienzo cuando precisión y sutileza es lo que se requiere.

Estos dos bandos, los promotores de la fuerza bruta por un lado, y el de la velocidad por el otro, no lograron dirimir sus diferencias ni ganar ventaja el uno sobre el otro hasta la aparición en escena de un tal Albert Einstein, que demostró que la energía terminal (que es lo que nos interesa en la caza mayor) es igual a la masa del cuerpo lanzado multiplicada por su velocidad al cuadrado. En otras palabras, que se podía obtener la misma energía terminal disminuyendo el peso del proyectil y aumentando su velocidad, y tanto se entienda la fórmula, como si no se lo hace, con negarla no haremos desaparecer cosas tan obvias y demostradas hasta el cansancio como que estamos en la era de la velocidad, y que para lograr buenos resultados ya no es necesario decorarnos los hombros con hematomas.

Sin entrar en detalles esta fórmula demuestra que proporcionalmente se obtienen los mismos efectos, o en ocasiones mejores aún, lanzando un cuerpo pequeño a altas velocidades que con otro más pesado a velocidades más modestas. Entonces, si el resultado final es el mismo, ¿por qué no emplear siempre el cartucho más liviano y con menos retroceso? Hay varias razones para ello. Una es la costumbre. Dicen que los viejos hábitos mueren lentamente. ¿Si algo funciona como está, por qué cambiarlo por algo desconocido y teóricamente mejor? Bueno, si todos pensáramos así todavía seguiríamos en la era del bronce o quién sabe cuál anterior a ella.

Pesos pesados

Otro motivo real es que, en ocasiones, como ocurre ante animales de gran porte, piel gruesa y peligrosos, se necesita un proyectil de mayor peso y potencia para lograr una penetración adecuada, pero esto es válido solamente para los pocos que se dedican a la cacería de este tipo de presas, y por lo tanto no debemos generalizar. Aquí estamos hablando específicamente de cartuchos para simples ungulados como el jabalí y los diferentes cérvidos y antílopes de porte reducido (hasta 100 kilogramos) en las modalidades acecho y/o rececho, donde los disparos son de precisión. No hay que olvidar que a menor retroceso podemos obtener mayor precisión y que para perforar un cráneos o la piel y algunos músculos de estos animales con la carga de pólvora que traen estos pequeños cartuchos y empleando la punta correcta resulta más que suficiente.

De la misma forma en que resultaría ridículo entrar a competir en la Fórmula Uno actual con un viejo V 8. por potente que éste sea, no hay motivo alguno para continuar empleando cartuchos sobredimensionados para el trabajo en cuestión, que requiere de más habilidad y conocimiento que de fuerza.

Además de esto, ¿por qué acarrear el peso extra que aportan los cartuchos más viejos, y sufrir dolores de hombro sin un motivo valedero? ¿Tal vez por la creencia de que más potencia es sinónimo de que pieza tocada significa pieza abatida?

Siguiendo diferentes caminos. Uno de ellos es mediante la destrucción del ordenador central para dejar al resto del organismo sin comando, lo que se logra alojando un disparo en el cerebro o en su cable de salida, la médula espinal. Por lo general los resultados de estos disparos son espectaculares. La presa simplemente se desploma en el lugar en que se hallaba parada. Para estos disparos de precisión basta con un pequeño cartucho y una punta sólida o una blindada donde esta última esté permitida.

No ocurre lo mismo con los disparos a órganos con gran contenido de sangre, como el corazón o los pulmones, los cuales una vez alcanzados generan hemorragias, que a su vez tienen la virtud de dejar sin combustible al cerebro y con lo que se termina obteniendo los mismos resultados que en el primer caso, pero con una ligera demora representada por el tiempo en que tarda en vaciarse el tanque (la sangre del circuito), tiempo que puede dar lugar a fugas más o menos prolongadas.

Esto ocurre particularmente cuando se emplean cartuchos demasiados potentes con puntas muy pesadas para la presa en cuestión. En estas circunstancias la punta no expande por falta de resistencia a su paso y se termina generando túneles de herida estrechos con una escasa pérdida de sangre, prolongando la huida y la agonía.

Pero, cuando ese mismo disparo es efectuado con un cartucho de alta velocidad y una punta liviana de expansión rápida las cosas son muy diferentes. En este caso toda la energía terminal del cartucho es transferida en forma brusca y masivamente a los tejidos del animal, lo cual hace que la presión dentro de los capilares sanguíneos aumente en forma violenta haciéndolos estallar, trasladándose esta onda de presión por dentro de los vasos y en forma retrógrada hasta áreas tan alejadas del punto de impacto como el cerebro, donde se producen una vez más múltiples micro hemorragias por nuevos estallidos capilares. Es así como se explican esas caídas aparatosas con disparos al tórax cuando se emplean estos pequeños cartuchos, caídas que no se repiten con el uso de sus primos mayores.

Salvo excepciones, como las que representan animales de gran tamaño y piel muy gruesa, altamente agresivos y peligrosos, un proyectil liviano a alta velocidad resulta más fácil de emplazar correctamente que otro de mayor peso, y bien empleado tiene mayor poder de detención (ver el Informe de Bruselas al respecto).

La regla general que vienen aplicando todos los ejércitos del mundo, al igual que muchos cazadores, indica que en la medida en que se obtienen velocidades superiores y proyectiles más perfeccionados, casi inteligentes, el tamaño del cartucho tiende a reducirse, sin por ello perder efectividad, requiriendo una menor destreza con el arma por parte del usuario, ya que cuanto más potente el retroceso mayor habilidad se requiere.

Si lo dicho hasta ahora no le convence, observe la evolución de los cartuchos militares, que desde mediados de 1860 hasta la fecha, y de los 11 milímetros de promedio, 250 grains de peso, velocidades cercanas a los 1.500 pies por segundo y con un alcance promedio efectivo no mayor a los 200 metros (y con todos los problemas logísticos que estas cifras representaban), hoy estamos en los 5,6 milímetros de diámetro, 60 grains de peso, 3.500 pies por segundo y un alcance letal de al menos 600 metros, o sea que hemos reducido el peso en casi cuatro veces a expensas de haber duplicado la velocidad y de paso triplicado el alcance. Obviamente todo un logro tecnológico.

Es en estas cifras, y en los resultados de campo, que se basa la decisión de emplear con absoluta seguridad y eficiencia cartuchos cada vez más pequeños.

Esto no quiere decir que esté proponiendo salir tras un búfalo armado con un .22 de fuego central por veloz que sea o perfeccionada que esté la punta empleada. Pero si quiere decir que si bien puede hacerse, no tiene sentido emplear un .308 cargado con puntas de 165 a 180 grains para abatir un corzo, que en el mejor de los casos no supera los 40 kilogramos de peso. En estas condiciones la fuerza empleada está groseramente dimensionada para el trabajo requerido, y encima de esto corremos el riesgo de herir y no poder recuperar a la presa.

En una ocasión alguien me preguntó si los cartuchos del .22 de fuego central eran recomendables para la caza del corzo y animales similares en peso. Lo es a mi juicio y al de algunos reconocidos armeros europeos, provenientes de naciones con una fuerte tradición corcera, que crearon cartuchos de uso específico tales como el 5,6 X 35 R Vierling, 5,6 X 57 R, 5,6 X 61 SE Von Hoffe, y el 5,7 UCC Voere. Los mismos son muy efectivos, claro está siempre y cuando quien los emplee posea las habilidades necesarias para hacerlo, con lo cual me refiero a un conocimiento mínimo de la anatomía de su presa, y que sea un cazador de rececho conocedor del juego. De lo contrario ni con un buen .308, cargado con puntas tres veces más pesadas, como en los viejos y buenos tiempos el cazador resolverá el problema del temor a quedarse corto, con el agravante de que tenderá a aumentar el problema de la falta de puntería, y seguramente no solucionará el de la ausencia de conocimientos anatómicos o habilidad para recechar.

Definitivamente los .22 de fuego central, dotados con puntas sólidas fabricadas para ese calibre (en caso de querer salvar la carne), o de expansión controlada (cuando sólo importa el trofeo), están altamente indicados para la caza del corzo, es como si hubieran sido diseñados pensando para esa presa específica.

Daniel Stilmann
Fotos: Alberto Aníbal-Alvarez y Shutterstock
6 comentarios
20 ene. 2010 13:46
sanchojin  
Pues puede ser, pero la energía de un proyectil es la mitad de la masa por la velocidad al cuadrado, concepto muy anterior a Einstein.
21 ene. 2010 08:27
pole
La velocidad es muy importante, que duda cabe, pero me parece que "arrima demasiado el ascua a su sardina", como decimos por aquí. Da por hecho conceptos que a mi no me parecen para nada reales como que el 30.06 0 308 sean calibres vetustos, lentos y pesados..., mezcla los conceptos balisticos militares aplicandolos a la caza, (lo del cambio del 308 al 223 fue precisamente para herir y no matar. Cuando un francotiador dispara a matar, no lo hace precisamente con este calibre y si con un 308 (aún en vigor en muchos paises para estas lides) o incluso calibres mucho mas gordos.

Por cierto y por usar los calibres que menciona, por ejemplo sería al menos discutible que para un jabali tirado en montería (no solo del rececho vive el cazador) fuese mas efectivo un rapidisimo, liviano y eficaz en rececho 6,62 o incluso 270 WSM ( sí, el magnun) que un "vetusto" 30.06 cargado con una "pesada" y "lenta" bala de 165 o 180 Greins.

Me ha gustado el artículo porque de todo se aprende algo, pero desde luego hay que matizar mucho en sus conclusiones, pues no se pueden aplicar lo mismo al rececho (animal tranquilo y parado) que a la montería o batida (animal en movimiento y cargado de adrenalina) que necesita mucho mayor poder de parada para dejarlo en el sitio, siendo el mismo animal "ungulados de menos de 300 Kg.).

Un saludo.
22 ene. 2010 02:50
abakan
Es la que hemos tenido todos alguna vez...si "gordo y lento" o "rápido y fino", para al final, reducirlo "al más gordo y rápido que pueda aguantar" sin que me resulte muy molesto. No es lo mismo un rececho que una batida o montería...Para el primero, cualquier cartucho inferior a 7mm medianamente rápido (sin llegar a ser magnum) queda al animal sobre su huella; mientras que ese mismo cartucho necesitará la complicidad de la diosa de Diana para hacer lo propio con el mismo animal en tensión.

Es cierto que hemos evolucionado desde siglos anteriores en lo referido a cartuchería y balística, pero la caza no entiende de números y los teóricos julios extra que aporta un cartucho hiper-veloz luego pueden no dar el resultado esperado por penetración insuficiente, obstáculos en el objetivo, etc..., amén de encontrarnos con que generalmente, un cartucho de este tipo, algún "Rolls&Royce" de la hiper-velocidad, resulta complicado de municionar, generalmente tendremos que recurrir a puntas "premium" para obtener los resultados deseados con lo que ello conlleva (dificultad, carestía del producto, etc...)

Desconozco como estará el tema de la recarga allende de los mares, pero aquí en la piel de toro es más fácil comprar droga en cualquier esquina que conseguir de manera legal componentes para recargar tu munición. Es así de simple... Esto deriva en muchas ocasiones a que adquirimos un determinado cartucho porque en nuestra zona de compra dispondremos de lo que nosotros consideramos suficiente variedad para cazar con el, por eso no es extraño recechar corzos con un .30-06 en 165gr, 180 gr...o esos 180gr lanzados por un .300 Win. Mag., eso es ser prácticos. Para un rececho que tienes al año (en el mejor de los casos), no vas a tener que poner el rifle a tiro con una munición distinta (que vete a saber como agrupa en tu rifle), o vas a tener que andar llevándolo a la armería para ponerlo a tiro (porque para hacerlo TU legalmente te las ves y las deseas...).

Todo este conjunto de circunstancias haces que salgas al monte con "lo de toda la vida" y si los resultados no acompañan, siempre podremos echar la culpa al arco o a las flechas, nunca al indio...

Para terminar, indicar que el gobierno de USA se está planteando el aumento del calibre de su cartucho reglamentario...para pasar del 5.56x45 a algo como 6.8 SPC o 6.5 Grendel, ya que han confirmado la escasa "parabilidad" del 5.56 NATO en distancias cortas (véase Afghanistan, Irak, etc...). Como solución intermedia, han vaciado sus arsenales de rifles M14 en 7.62x51 para volverlos al servicio activo. Incluso hay algunas unidades que siguen prefiriendo en arma corta una 1911 con 7+1 cartuchos del .45ACP frente a una Beretta 92 (M9) que dobla en capacidad de cartuchos del 9mmPara...


Enhorabuena por el artículo.
23 ene. 2010 12:44
Tks
En Africa tambien matan ahora los leones con calibres de alta velocidad, puesto que la energia es la masa por el doble de la velocidad, y utilizan el 222 con disparos detras del oido, y los leones caen redondos pero de risa.
24 abr. 2010 21:24
Edgar_B682
La formula fisica que has nombrado a continuacion E=m x c al cuadrado es la energia que tiene una atomo cuando hablamos de fisica nuclear.
En canvio un proyectil en el momento del vuele tiene Energia cinetica lo que és un medio por la massa i por la velocidad al cuadrado y en el momento de impacto esta energia cinetica se transforma en energia mecanica lo que viene a ser la suma de la energia cinetica y potencial.

Hago este comentario porque el estudio del movimiento de objetos ya se explica en la fisica tradicional y no con una formula que describe la enegia que tiene un atomo cuando viaja a la velocidad de la luz.
25 jun. 2010 15:19
e3yc
Hola amigos, solamente presentarme y pedir un consejo.me llamo Jesus y soy de Santander, tengo un Benelli Argo 30.06 sin ningun tipo de visor, estoy pensando en ponerle un busnell o punto rojo, que me aconsejais?, aunque la verdad la mayoria de los tiros son cortos y el rile tiene buena visibilidad sin tener que poner el dichoso visor.
que hare?

 

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