Cazando el íbex en Suiza

Suiza es un destino no muy frecuente entre los cazadores de montaña, pero esto no significa que no podamos encontrar excelentes trofeos de íbex y rebecos en sus cumbres alpinas. Es por ello que dedicamos este artículo a la caza de la primera de estas impresionantes cabras en este territorio.

Antonio Adán Plaza

Antonio Adán Plaza

31/12/2009

9792 lecturas

El término Alpes posee una larga historia, aunque no se sabe a ciencia cierta si fueron los celtas, los romanos o los germanos quienes bautizaron estos picos. El término latino Alpes ya se utilizaba en el siglo I a. C. Según una teoría, el nombre deriva de albus que significa blanco y que se utilizaba para denominar las cumbres nevadas.

Hoy viven unos 15.700 íbices en los Alpes suizos que pueden ser cazados

Otra teoría expone que la palabra se deriva de al o ar que significa sitio alto, denominación aplicada no sólo a las montañas, sino también a las praderas. Este mismo significado tiene en la actualidad las palabras Alp (en alemán y romance) y alpe (en francés e italiano).

Dentro de esta gran cordillera se encuentra la bella localidad de Saint Maurice, situada en el Cantón del Valais, a los pies de un magnífico acantilado bordeado por el río Ródano. Esta pequeña ciudad cuenta con un notable legado histórico.


El disparo a los íbices en los Alpes suizos suele realizarse a unas distancias medias de 150 a 200 metros, por lo que es importante contar con una buena óptica en el rifle.

Existen referencias desde el siglo III d. C., cuando muchos peregrinos hacían una parada durante su largo camino desde Canterbury (Gran Bretaña) hacia Roma, conocido como Vía Francigena. La principal atracción de la ciudad es la famosa Abadía de San Mauricio con su Tesoro, donde se conserva una de las colecciones de orfebrería religiosa más importantes del mundo, además de hojas arqueológicas y una importante colección epigráfica. Es necesario mencionar la capilla de Notre-Dame de Scex, pegada al acantilado, ya que ofrece una vista magnífica sobre la llanura del Ródano.

La posición estratégica de la ciudad de St. Maurice en la entrada del Cantón del Valais le ha otorgado una tradición militar desde la época del Imperio Romano, contando con el bien conservado Fort de Cindey (obra militar de importancia nacional).

Fauna alpina de alta montaña

Los animales que viven en las montañas tienen que enfrentarse a distintos desafíos: terrenos abruptos, rocas afiladas, vegetación escasa y temperaturas extremas. No obstante, hay muchos animales que se han adaptado a estas difíciles condiciones. Un desafío particular es el invierno: escasean los alimentos y la nieve obstaculiza el desplazamiento de los animales en el terreno, ya de por sí casi intransitable. Por tanto, la mayoría de los animales reducen su actividad con objeto de ahorrar toda la energía posible, llegando incluso a hibernar.

El ibex alpino

El Estado sortea sólo 40 permisos anuales de caza para recechar grandes trofeos

El íbex (Capra íbex) es un bóvido de la subfamilia Caprinae presente únicamente en la cordillera de los Alpes. Los machos, mayores que las hembras, pueden alcanzar un tamaño máximo de 170 centímetros de largo y 100 centímetros de altura en la cruz, y un peso de hasta 120 kilos. El peso de las hembras pequeñas y jóvenes oscila entre los 40 kilos. Son de hábitos diurnos, manteniendo el grueso de su actividad en las primeras y últimas horas del día. Sus pezuñas están perfectamente adaptadas al terreno montañoso. Por fuera tienen bordes duros y por dentro pulpejos blandos y antideslizantes que ayudan al animal a mantener el equilibrio hasta en los terrenos más inclinados. Este animal es capaz de saltar varios metros hacia arriba sin tener que tomar impulso. Viven en cotas de montaña entre 1.600 y 3.200 metros, descendiendo en los meses más duros del invierno para alimentarse en los valles y volviendo a ascender en verano en busca de la protección natural de las altas cumbres.


En esta zona de los Alpes pueden abatirse corzos, ciervos, jabalíes y muflones, pero sólo los pueden cazar los aficionados locales.

Los primeros íbices fueron puestos en libertad en la región de Graue Hörner, en el Cantón de St. Gallen. Las colonias han alcanzado en algunas zonas tal proliferación que desde 1977 se ha autorizado a los cazadores locales abatir hembras y crías con el fin de reducir los daños causados a los bosques de montaña por su alimentación. La tendencia de esta población es ascendente, con un 6,3% en el año 2007.

Hoy en día viven alrededor de 15.700 ejemplares en los Alpes suizos que son cazados a pesar de pertenecer a una especie protegida por la ley federal. El Estado sortea sólo 40 permisos anuales para el rececho de grandes trofeos.

La raza estuvo a punto de su extinción en la primera mitad del siglo pasado debido a la caza incontrolada por sus cuernos, que se empleaban para remedios milagrosos contra un sinfín de posibles achaques físicos.

La caza

El año pasado fui agraciado con uno de los escasos y exclusivos permisos para la caza de un íbex y un rebeco alpino en la Reserva de Caza del Valais, en Suiza. Con la ayuda de Cazatur pude completar la gestión y obtención definitiva de tal permiso, el cual constaba de tres días para intentar cazar ambas especies. Este país es el único del mundo donde se puede cazar en libertad esta subespecie de íbex, ya que en Austria la caza se realiza en fincas cerradas. En otros países de Europa central existen estos animales por las reintroducciones, aunque viven fuera de su hábitat natural.


Suiza es el único país del mundo donde se puede cazar en libertad esta subespecie de íbex, ya que en Austria la caza se realiza en fincas cerradas.

Tras un año de espera, a mediados de otoño comencé este nuevo reto cinegético en la pequeña localidad alpina de Saint Maurice acompañado de un gran cazador, y aún mejor persona, mi primo Jorge, que en esta ocasión vez cambió el rifle por la cámara fotográfica.

La Reserva de Valais cuenta con aproximadamente 25.000 hectáreas de frondosos bosques de abetos, cristalinos lagos de montaña y violentas caídas de agua. Sus montañas, de roca granítica forman escarpadas laderas, con altos picos inaccesibles y grandes cortados de piedra que ponen los pelos de punta al asomarse.

El guarda mayor de la reserva, Philippe Dubois, nos recogió en nuestro hotel a las seis de la mañana del lunes 19 de octubre. Nos dirigimos todavía de noche hacia un refugio de montaña que distaba unos 40 kilómetros de St. Maurice, el sitio más alto desde donde podíamos acceder con coche. Debido a la gran nevada caída el día anterior, nos quedamos bloqueamos por la nieve durante la subida, con los que a -10º C tuvimos que bajarnos a poner las cadenas y poder reanudar la marcha. Ya en el refugio tomamos un pequeño desayuno compuesto por queso, panceta ahumada, salchichón de corzo y una taza de café caliente, lo más apetecible en ese clima gélido. Esta casita de piedra tenía una pequeña cocina con chimenea en la parte de abajo, adornada con varios trofeos de rebeco y una planta superior donde se encontraban varias camas. Después de preparar el rifle, prismáticos y abrigarnos hasta las cejas, a las ocho de la mañana el termómetro marcaba -8º C, salimos en busca de nuestro primer objetivo, el íbex alpino.


En la imagen, trofeo de 89 cm de longitud conseguido por el autor acompañado de Philippe Dubois y demás miembros de la guardería de la Reserva del Valais.

Los primeros pasos fueron inseguros e inestables por la cantidad de nieve y por el frío que tenía medio paralizados los músculos. El entorno que nos rodeaba era abrumador, con enormes laderas desnudas cubiertas de nieve y picachos de mil formas distintas que nos deleitaban con sus ondulaciones y cortados. No se oía más que el graznido de algún cuervo que levantaba el vuelo al advertir nuestra presencia. La sensación que tenía era de estar perdido en algún lugar sin vida, en un desierto de piedras y nieve. Avanzamos hacia un estrecho portillo flanqueado por dos enormes piedras desde el cual daríamos paso al otro valle. Al dar vistas a la otra vertiente nos encontramos con una auténtica postal alpina. Un enorme cráter de origen volcánico, con empinadas laderas y un lago helado en su parte más baja, nos recibió en el mismo momento que el sol bañaba los inmaculados picos de esta singular formación. En segundo plano, a lo lejos, se divisaba el lago Ginebra y los pueblos del valle que lo circundan.


Los cazadores locales son los encargados de controlar la población de íbices de la zona, abatiendo hembras selectivas.

No tardamos en dejar de contemplar esta bella estampa para buscar con los anteojos algún rastro de vida por aquellas faldas graníticas. En ese momento, Philippe recibió una llamada de uno de sus subordinados para indicarle la posición de los machos de íbex, que estaban en la zona por la que él transitaba con unos cazadores locales en busca de hembras selectivas. Rápidamente retrocedimos el camino andado y nos dirigimos en busca de los animales. Un buen rato nos llevo bajar por el valle donde estaba el refugio, para acercarnos a la falda indicada por el otro guarda. Allí nos encontramos con dos cazadores locales que bajaban arrastrando una vieja hembra con un solo cuerno, quienes nos indicaron de forma precisa el lugar del avistamiento. Sin demora empezamos la ascensión por una estrecha vereda que en esta zona de baja altitud atravesaba un bosquecillo de abetos. El repecho era cada vez más fuerte, por lo que las curvas del camino iban haciéndose más numerosas y sinuosas. Finalmente, cruzamos una pequeña sierra que daba vistas a una enorme pradera alpina flanqueada por enormes roquedales. El guarda se adelantó para registrar la zona en busca de los machos. No tardó mucho en encontrarlos, pero no dio el visto bueno. Eran dos jóvenes de buen porte, con prometedor futuro, no un viejo íbex en el eclipse de sus días como lo que buscábamos.


El rececho en los Alpes implica cazar a alturas de 2.500 a 3.000 metros, por lo que es recomendable tener una buena forma física para resistir las jornadas de caza.

Nos detuvimos un rato a observarles y descansar de la fuerte subida. En ese momento el veterano guarda ya jubilado que nos acompañaba, llamó la atención de Philippe. Cruzaron unas breves palabras hasta que llamaron mi atención y Philippe me dijo: «¿Ves aquellas últimas rocas en el viso de esta ladera? Allí está tu íbex». Cogí los prismáticos y empecé a buscar en la cumbre el macho que habían localizado. Al no conseguir verlo, Philippe matizó: «Sólo se le ven los cuernos por encima de las rocas». Al fin logré ver los imponentes cuernos que sobresalían por encima de una gran piedra. En una poyata, dominando gran extensión y cara al sol, se encontraba este señor de las cumbres. El plan de ataque se cuajó en un minuto. Teníamos que dar un gran rodeo para ir ganado altura y ponernos a tiro. La marcha ascendente se reanudó, pero esta vez con otro ánimo, pensando en que el desenlace estaba próximo. Las últimas rampas empinadas llenas de finísimas aristas nos separaban de nuestro objetivo. En este difícil tramo tuvimos que extremar las precauciones por la proximidad del íbex y por lo escarpado del terreno. Jorge y el amigo de Philippe se quedaron un poco más abajo, mientras que el guarda y yo hicimos el último tramo de la entrada. Al asomarnos para ver la pequeña repisa donde estaba el animal, comprobamos que estaba totalmente dormido, rumiando. Esta situación nos animó a acercarnos un poco más. Con más cuidado todavía, avanzamos unos veinte o treinta metros. La tranquilidad del animal era absoluta. Su enorme y rechoncho cuerpo yacía placidamente al sol.


Una vez localizado el trofeo son los guardas los que indicarán al cazador la posible puntuación del animal.

Este último avance nos proporcionó mayor altura, avistando otro animal más joven con una importante cuerna, a la derecha del magnífico macho. Unos 116 metros nos separaban del deseado trofeo. Apoyado cómodamente en una piedra y con el rifle sobre la mochila, esperaba pacientemente a que el somnoliento caprino quisiera levantarse. La espera se prolongaba, aunque no podía ser impaciente después de tan duro y bien llevado rececho. El animal estaba un poco terciado, mostrando sus cuartos traseros y un poco del cuello. No me atrevía a disparar. La providencia se alió con nosotros y un tiro lejano, seguramente de los cazadores locales, perturbó el sueño del señor de las cumbres. Ágilmente levantó la cabeza y se puso en pie. Se quedó clavado sobre sus cuatro patas dándome la espalda. Esperé, contuve la respiración. El viejo animal duplicó su tamaño a través del visor. Tres pasos hacia la izquierda lo dejaron totalmente perpendicular a mí. «Dispara», dijo Philippe. Un estruendo sacudió los picos alpinos, propagándose velozmente por los valles cercanos.

Logré ver los imponentes cuernos que sobresalían tras una gran piedra

El animal desapareció del visor. Al instante lo ví al borde de un enorme barranco, a la izquierda de su posición original. Miraba receloso al fondo de esta depresión con sus patas delanteras abiertas y haciendo fuerza para no caer. No pude ni girar el rifle para apuntarle de nuevo, cuando el animal se desplomó y desapareció por el gran precipicio. Con precaución nos asomamos al cortado por el que se cayó el animal. Al fondo se podía ver un pequeño lago helado, rodeado de un circo nevado con algo de pasto alto. El íbex se precipitó unos 500 metros rodando hasta parar definitivamente entre unas pequeñas piedras que hicieron de parapeto. Observamos con los prismáticos que no se movía. Esperamos unos minutos antes de emprender el descenso, vigilando al animal por si se levantaba. Impacientes por ver el trofeo y comprobar que no se había dañado tras la caída, bajamos presurosos. Al llegar a él, vimos las dimensiones de cuerpo y cuerna que presentaba. ¿Cómo un animal tan grande y pesado puede ser tan ágil en este terreno? Su robusto cuerpo con pelaje invernal suave y esponjoso pesaría unos 120 kilos. Sus cuernos estaban perfectos, no habían sufrido ningún daño en la caída. Era soberbio, imponente, aún más grande de lo que imaginaba. Philippe me estrechó la mano y me felicitó, pero fue Jorge quien con entusiasmo y alegría me dio un fuerte abrazo por conseguir mi primer trofeo internacional de alta montaña.


Jorge Buendía con el trofeo que resultó ‘ileso’ a la caída desde la cumbre del fondo de la imagen, tras ser disparado.

El guarda comenzó su ritual de mediciones, contándole doce años. Los cuernos, muy parejos, dieron 89 centímetros de largo y 27 centímetros de grosor en la base. Sin duda un gran trofeo de 179 puntos CIC. Finalizadas las fotos de rigor para inmortalizar el momento, nos pusimos a desollar el animal preparándolo para la taxidermia. El primer día de caza había concluido felizmente; ahora nos quedaba volver al refugio portando el trofeo y esperar a la siguiente mañana para salir en busca del difícil y escurridizo rebeco alpino.

Antonio Adán Plaza
Fotos: Jorge Buendía
3 comentarios
03 ene. 2010 21:57
PIKI  
Me gustaria contactar con vds para un asunto relaccionado con la caza en los Alpes por favor envieme un correo . Gracias
04 ene. 2010 20:28
oscarto
oscarto
¿Qué calibre es adecuado para este animal?, le parece un calibre acertado el 7 mm R.M.

Gracias,

Oscar.
20 ene. 2010 10:07
trapaga
He cazado en varias ocasiones en Suiza, unas cinco o seis veces, y siempre al Rebeco y también en el cantón de Valais, en concreto en la zona francófona. Hago esta distinción pues a la hora de escoger la zona o reserva de caza preguntan cual de las dos prefieres, si esta o la de habla alemán.
Siempre que he ido ha sido por carretera, saliendo desde Bilbao al amanecer y teniendo en cuenta que ha cazado en la zona de habla francesa, parte occidental del cantón y más próxima a la frontera francesa, se puede llegar en el mismo día., al menos así lo hice la primera vez que fue en 1995, en otras ocasiones al acompañarme mi esposa he solido pasar la noche en Grenoble o Chamonix.
La forma de acceder a un permiso es muy fácil, y no pretendo con esto hacer una critica a como lo ha conseguido el autor de reportaje, Dios me libre. La primera vez que fui a Suiza fue de vacaciones, en el mes de agosto de 1994, me dirigí la Oficina de caza de Sion, que es la capital del cantón y solicite un permiso para el rebeco y otro para el ibex alpino, eso si, ya sería para el año siguiente. De esta forma en 1995 tenia en casa los permisos de ambas especies, aunque solo pude cazar el rebeco. A partir de esa fecha como he dicho he ido más veces, y realizando siempre la solicitud por correo y una vez que has sido agraciado, tantas solicitudes como he realizado, te dan el teléfono del guarda y acuerdas con él la fecha de la cacería.
Sin necesidad de relatar las cacerías, ni las estancias en los pequeños pueblos del Valle de Valais, solo señalo dos cosas, la cacería, al menos la del rebeco, solo dura un día, con unas palizas de campeonato, y el animal a cazar es de carácter selectivo, pero cuando digo selectivo me refiero a cuanto la edad, es decir son animales ya mayores, con buenos trofeos,es decir ya han cumplido su ciclo y por supuesto machos. Ah y lo más importante, no se paga complementaria, en el momento de que se caza se abona una cantidad, que ahora no recuerdo de cuanto es, pero que es inferior a la de los sarrios del Pirineo. Otra cuestión distinta es el nivel económico de Suiza que hace que todos los precios están por las nubes.
Siempre que he ido a cazar he visto buenos ciervos y corzos, pero solo lo pueden cazar los habitantes del Cantón y aquellos otros, que han realizado un curso de caza que imparte las autoridades de la región, curso que dura unos cuantos días y se imparte en francés, alemán e italiano, motivo este que los cazadores de estas naciones pueden cazar como si fuesen suizos.

 

Leer más
Artículos relacionados con 'Internacional'

El perro fino colombiano
Jonathan Álvarez S.

Salgo de cacería fuera de España, ¿qué me llevo?
Jaime Meléndez Thacker

Cacerías tradicionales en República Checa
Marketa Mikulova

Pongola: entre Mpumalanga y Zululandia (I)
Alberto Núñez Seoane

Lance in memoriam
Antonio Contreras

Más +
Top 5 artículos más leídos

10 calibres para la nueva temporada
R. González Villarroel (197485 lecturas)

Los otros calibres que no son del 12
Pedro A. Suárez (154553 lecturas)

Diez razas de perros para disfrutar de la temporada
E. B. y J. A. C. (149435 lecturas)

Antes de salir de caza: ¿su escopeta le queda bien?
Gonzalo Gómez Escudero (112150 lecturas)

Rifles para caza mayor, pero... ¿Cuánta precisión se necesita?
Pedro A. Suárez (104300 lecturas)

En el número de enero:

  • Sin «foro» unánime en asturias para declararlo especie cinegética
  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros

 

 

Áreas protegidas

En Suiza hay más de cuarenta zonas de protección faunística —con estricta prohibición federal de caza en ellas—, que ayudan a proteger las especies en peligro de extinción y sus hábitats, abarcando una superficie superior a 1.500 km2.

Durante el siglo XIX las poblaciones de ungulados en Suiza se redujeron al mínimo debido a la fuerte presión cinegética y el mal estado en que estaban sus bosques. Rebecos e íbices fueron completamente exterminados, mientras que las poblaciones de ciervo apenas consiguieron sobrevivir. Como consecuencia de esta aniquilación se aprobó la legislación que limita la caza, la protección de las hembras y crías, la realización de una eficiente red de guardabosques y la delimitación de la prohibición federal. Gracias a estas medidas, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX fue posible restablecer las poblaciones de animales silvestres autóctonos.

El resurgir de especies casi extintas

Algunas especies han vuelto sin interferencia humana; sin embargo, otras han sido introducidas por especialistas, a veces incluso contra la oposición de la población local. En concreto, el Programa de Reintroducción del Lince ha desatado una controversia particularmente candente. El objetivo consiste en introducir el animal en el noreste, pero casi todos los linces liberados desaparecieron o murieron.

Menos controvertido ha sido el retorno del quebrantahuesos que había desparecido en Suiza hacia finales del siglo XIX. La primera cría avícola se puso en libertad en el Parque Nacional Suizo en el año1991.

Un gran éxito ha sido la reintroducción del íbice en el año 1906, y eso a pesar de que no se ha hecho con un seguimiento científico apropiado: los dos primeros animales jóvenes se introdujeron de forma clandestina desde Italia y sin el permiso expreso del rey Víctor-Emmanuel II de Italia, que había rechazado categóricamente la venta y exportaciones de estos animales a Suiza. Sucesivamente también se adquirieron otros animales, pero igualmente de manera ilegal.

Dos grandes carnívoros se han introducido provisionalmente en Suiza. El lobo, que desapareció en la segunda mitad del siglo XX, no es muy aceptado, incluso hace un año se autorizó su caza dados los graves daños que estaba causando. El Gobierno suizo ha decretado que al tercer ataque de algún individuo o grupo en la misma zona se le pueda dar caza. El primer lobo se avistó en el Cantón del Valais en 1995.

El otro carnívoro introducido es el oso (el último oso suizo se abatió en 1904). Un oso pardo causó revuelo en agosto de 2005 al entrar en el Cantón de los Grisones. Más tarde abandonó territorio helvético. En 2007 aparecieron otros dos osos jóvenes en los Grisones. Actualmente, la población se estima en 8 o 10 ejemplares que entran y salen del país a su antojo por las montañas de este Cantón.

El urogallo negro encuentra su último refugio de los Alpes de Europa central. La especie, sin embargo, está desapareciendo incluso en Suiza, debido a la ocupación gradual de su hábitat por el hombre. El urogallo vive exclusivamente en los arbustos enanos subalpinos en el límite superior del bosque. Con el cambio de uso forestal a turístico y la extensión de las zonas de esquí, muchos de los hábitats ideales para el gallo negro han desaparecido. Además, en invierno este animal también se ve perturbado por los esquiadores que salen fuera de las pistas.