El zorro de Gongolaz

Primer precedente de absolución en el atropello de un zorro porque no se demostró que el coto fuese negligente ni en la gestión ni en la caza. Sentencia nº 18 de 18/11/2009 del Tribunal Superior de Justicia de Navarra formando Sala en pleno con los cinco magistrados.

Félix J. Ruiz Marfany | 30/11/2009

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Quiero poner en conocimiento de mis compañeros cazadores la enorme satisfacción que me ha supuesto conseguir el primer precedente en Navarra que basándose en la nueva normativa establece el criterio culpabilístico en los atropellos de especies de caza.

Esperemos que esta sentencia sirva para que se deje de condenar a los cazadores que nada pueden hacer por evitar los atropellos

Hasta ahora y también después de la entrada en vigor de las nuevas normativas en materia de tráfico y en la Ley de Caza de Navarra se seguía condenando a los titulares de los acotados objetivamente. Es decir, que al demandante le bastaba probar tres cosas muy simples: a) Que había atropellado una especie de caza, b) Que el atropello era en un acotado y c) Que la especie estaba dentro del aprovechamiento, aportando el atestado y la certificación de medio ambiente la condena era automática.

Sucedió que el demandante atropelló un zorro un miércoles a las 7 de la mañana en un coto cuyos titulares son clientes míos. Nos opusimos a la demanda y fuimos condenados a pagar los 1.200 eurillos de reparación porque «…no existe prueba de que la demandada incurriera en negligencia en al gestión del acotado…/… la responsabilidad en la colisión ha de recaer sobre la adjudicataria del coto de caza, cuyos socios, si bien es cierto que el día del accidente no podían cazar zorros, si podían hacerlo los días inmediatamente anteriores, conducta que indudablemente repercute en la conducta de los animales, que no solo huyen cuando son objeto de batidas, sino también cuando ven alteradas sus guaridas o su sustento por efecto de la caza». Textual.

Evidentemente este letrado recurrió en apelación alegando entre otros motivos y textualmente que:

«La demandante no ha probado que, de no haberse cazado, el acotado sería un remanso idílico de paz donde los zorros viven sin sobresaltos, a este respecto convendrá recordar que los zorros también se asustan de los paseantes, de los perros de los paseantes, de las motos de los paseantes, de los recogedores de setas, de los ecologistas, montañeros, senderistas, etc, personas todas ellas que disfrutan igualmente del lugar y según la teoría esgrimida en la sentencia muy bien pudieron ser las causantes directos del siniestro.

La demandante tampoco ha probado que los zorros únicamente se muevan de su lugar por los sustos que les damos los humanos sin que en su movilidad tengan nada que ver otros factores como la alimentación o las zorras en celo por señalar algunos ejemplos evidentes de comportamientos totalmente naturales que pueden dar lugar a la invasión de una calzada».

Pues bien, la Audiencia Provincial también estimó que había que pagar, por lo que mis clientes y yo, cabezones como mulas, recurrimos en casación ante el Tribunal Superior de Justicia de Navarra que, reunido en pleno con sus cinco magistrados, dictó sentencia desestimando la demanda, recogiendo nuestros argumentos y, a los efectos que importan a los cazadores, declarando:

1.- Que en Navarra la normativa aplicable es el art. 86 de la Ley Foral de Caza. (Es una copia casi idéntica de la Disposición Adicional Novena del Real Decreto Legislativo 339/1990, de 2 de marzo, introducida por la Ley 17/2005, de 19 de julio).

2.- Que ya no se puede condenar objetivamente a los titulares de los acotados, sino cuando haya negligencia en la gestión del acotado o el accidente sea consecuencia de una acción de caza.

3.- Y lo más importante: Que es el conductor que reclama el que tiene que probar la negligencia o la acción de caza, sin que quepan las inversiones de la carga de la prueba ni las presunciones judiciales.

Lo comentado se recoge en los fundamentos de derecho con expresiones como:

«Por lo tanto ahora no será suficiente con acreditar la procedencia del animal del coto sino que incumbe a quien demande acreditar la negligencia de quien lo explote, negligencia vinculada bien a la gestión del terreno acotado bien a la acción de cazar».  (FD 6º)

«Especular con la duración de los efectos de la caza en el comportamiento de los animales o con aspectos similares, sin que haya la más mínima prueba que lo corrobore y sin que tampoco sean máximas de experiencia es un ejercicio baldío a efectos probatorios». (FD 7º)

Todavía es pronto para saber qué efectos puede tener este precedente del máximo órgano judicial de Navarra.

Probablemente en Navarra producirá el efecto de desviar las reclamaciones hacia la Administración Pública dejándonos en paz a los cazadores.

En cuanto a sus fundamentos de derecho y doctrina los vemos plenamente invocables a nivel nacional puesto que el artículo 86 de la Ley Foral de Caza en Navarra dice lo mismo con casi las mismas palabras que la Disposición Adicional Novena del Real Decreto Legislativo 339/1990, de 2 de marzo, introducida por la Ley 17/2005, de 19 de julio.

Esperemos que esta sentencia sirva para que se deje de condenar a los cazadores que nada pueden hacer por evitar los atropellos y con ello nos vayamos homologando con el resto de Europa.

Indudablemente nada habría podido hacer como letrado sin el esfuerzo de las asociaciones de cazadores y federaciones que con su insistencia consiguieron cambiar la legislación y dejar derogado el artículo 33.1 de la Ley de Caza de 1970 a estos efectos.

La unión hace la fuerza y el esfuerzo perseverante permite resolver problemas e injusticias, aunque sea a largo plazo. Tal vez algún día aprendamos.

Ver la sentencia completa en PDF [3100KB]

Félix J. Ruiz Marfany
Abogado y sobre todo cazador empedernido de caza menor
2 comentarios
30 nov. 2009 16:44
Virbio
Y Chapeau a D. Félix por el caso ganado, y por lo de abogado y cazador empedernido.
21 dic. 2009 20:25
guillermo
guillermo
Sobre todo gracias amigo Félix,por defender a nuestro gremio tan castigado.
Que pases unas felices fiestas,y sigue dándoles duro a las perdices,con tus podenquillos.
Saludos cordiales Guillermo Monreal.

 

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