De berrea en Prusia suroccidental

El sábado 19 de septiembre y en un coche que había alquilado en el aeropuerto de Berlín, crucé el puente sobre el río Oder y por lo tanto, la hoy ya prácticamente inexistente frontera entre Polonia y la República Federal de Alemania.

Marqués de Pardo de Figueroa | 20/11/2009

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Me adentraba así en lo que es una provincia de Polonia denominada Prowincja Poznanska, cuya capital es Poznan y cuyo territorio fue hasta la firma del tratado de Versalles, en 1919, parte de Prusia, concretamente Prusia Suroccidental. La República de Weimer renunció entonces a la soberanía sobre Posen a raíz de la pérdida de la Primera Guerra Mundial por las tropas imperiales del Kaiser Guillermo II, que pasó a ser territorio polaco pero en el que vivían una mayoría de alemanes.

El motivo de mi viaje era asistir a una cacería de venados en berrea, que organizaba mi buen amigo Egbert Tölle

Quienes somos de origen alemán no podemos evitar cierta nostalgia cuando nos adentramos allí, ya que fue la tierra de nuestros antepasados y que abandonaron definitivamente en el año de 1945. Por esta razón no volé directamente a Posen, sino que decidí recorrer en coche los 295 kilómetros que separan Berlín de esa ciudad. Quería ver el paisaje y alguna de las poblaciones antes alemanas y hoy polacas. Como no podía ser de otra manera, me arrepentí de esa decisión.

El terreno es llano, muy fértil, sembrado de maíz y otros cereales, pero paisajísticamente aburrido. Los pueblos del camino están arruinados como si desde la época de Federico el Grande, nadie hubiese construido una sola infraestructura. La autopista se acaba en Frankfurt an der Oder y no vuelve a empezar hasta 35 kilómetros antes de Posen. El tráfico de camiones es terrible, ya que es la ruta principal entre París y Moscú.


Alojamiento de cazadores.

Cuando se circula en automóvil por países que pertenecieron hasta hace poco a la órbita soviética toma uno conciencia de lo cruel del sistema y de la ruina y pobreza en la que de facto vivía la población de los mismos. Los pueblos aparecen con las construcciones inacabadas, las casas erigidas con monótona igualdad y sin enlucir, por lo que tienen aspecto abandonado y pobre. Toda Europa central sufrió guerras sucesivas desde tiempos napoleónicos, pero los países situados al otro lado del telón de acero padecen hoy el atraso de casi 50 años de dominación comunista.

El motivo de mi viaje era asistir a una cacería de venados en berrea, que organizaba mi buen amigo Egbert Tölle y que había tenido la amabilidad de invitarme otras veces sin haber podido yo asistir.

Las extensiones en Polonia son tan importantes que Egbert nos invitó a siete amigos a un mismo tiempo, permitiendo el cazadero abatir en pocos días varios ejemplares de venado casi simultáneamente. Además, y como se podrá comprobar por las fotos, son de una calidad francamente buena. Nada más llegar el mismo sábado 19 al hospedaje en Krerowo, tuve que salir a la carrera hacia el puesto que me habían asignado y que se encontraba a unos 35 kilómetros de nuestro alojamiento. Me había retrasado más de la cuenta en el viaje por la llanura cerealista polaca y casi pierdo la ocasión de colocarme en el puesto la tarde del sábado. Me trasladaron en coche a un pueblecito medio abandonado de nombre Bieganowo. Se trataba de un pueblo agrícola en el que aparecían abandonadas las construcciones propias del colectivismo comunista agrario y donde ocupé una postura en torreta (Hochsitz) en la linde entre un campo de maíz y uno que estaba sembrado de pasto del Sudán. Como allí las tierras son muy fértiles el maíz se cría sin riego y el pasto del Sudán parece más bien un campo de sorgo.


El anfitrión, Egbert Tölle.

Pues bien, al anochecer los venados abandonan el maíz donde tienen sus encames y se dirigen a alimentarse en las parcelas colindantes. Se trataba de abatir al Platzhirsch, es decir, el venado dominante de la zona. No tuve suerte. El animal salió a defender su dominio sobre las hembras a más de 500 metros del puesto. Estuvo moviéndose nervioso desde que se presentó cuando ya el sol había desaparecido del horizonte, evitando que dos o tres ejemplares más jóvenes le robasen alguna de las hembras que controlaba. Entre dos luces podía distinguir solo una sombra corriendo nerviosa de arriba abajo entre el pasto del Sudán. Por lo tanto, a las 20:30 y ya de noche cerrada, decidimos volver a nuestro alojamiento en el pueblecito de Krerowo. En las inmediaciones del mismo se habían quedado los demás cazadores, salvo el Sr. Schulze y yo mismo que nos había correspondido cazar en la finca de Bieganowo. Los que se quedaron en Krerowo, habían tenido mejor suerte, entre ellos sin duda, Rafael del Valle Iturriaga que había abatido un muy bonito venado, al que pudimos admirar, ya de noche, en el jardín del hospedaje al que fue trasladado.


Corzo abatido en la misma jornada.

El alojamiento de los cazadores lo tiene ubicado la orgánica polaca en una antigua casa señorial del pueblo de Krerowo. Es sin duda la única casa restaurada y con aspecto decente en todo el pueblo. Está muy bien preparada, todas las habitaciones tienen baño incorporado y es de reciente reconstrucción, por lo que se disfruta en ellas de todas las comodidades de un pequeño hotel occidental. La cocina es también muy buena.

A la mañana siguiente me tocó levantarme temprano. Salimos a las 4:30 en dirección a Bieganowo. Tanto mi acompañante como yo estábamos seguros de que el venado, su harén y demás retadores desharían el camino que habían hecho la noche anterior, volviendo desde el bosquecillo colindante con la parcela, a pasar el día en el mismo maíz del que habían salido la tarde anterior. Por esta razón nos colocamos muy temprano en el puesto, por si decidía volver a su encame diurno con los primeros rayos de luz. Y así fue. Según iba amaneciendo irrumpieron en el cazadero desde los maíces colindantes algunos venados a distancias superiores a 400 metros. Pero también y del bosque donde se habían retirado la noche anterior salieron cuatro o cinco hembras pastoreadas por el Platzhirsch. Cruzaban en diagonal el campo sembrado de pasto del Sudán y se colocaron a unos 150 metros del puesto, sin siquiera barruntar nuestra presencia en una esquina del mismo.


Don Rafael del Valle Iturriaga y Egbert Tölle con el venado abatido por el primero.

El venado, a diferencia de la noche anterior, no corría nervioso intentando mantener unido al grupo de hembras, simplemente las seguía a su mismo paso el último en la hilera. Ellas empezaron a pastar y aproveché que el macho me ofrecía todo el lateral de su físico para disparar. A pesar de alcanzarlo en el codillo con una bala del calibre 8,5 x 75R cargada con una bala Lapua de 250 grains, no se quedó en el sitio. Estos venados centroeuropeos tienen una vitalidad extraordinaria, por lo que es conveniente tirarles con calibres de cierto peso. Todavía herido de muerte le dio tiempo a correr 25 metros en dirección opuesta a la que me encontraba, para caer muerto sobre el sembrado que por su altura lo tapó completamente.

En Polonia se siguen los ritos y costumbres cinegéticas alemanas. El guarda que me acompañaba hablaba algo de alemán y se apresuró a darme la enhorabuena con el clásico Waidmannsheil, al que se contesta con un no menos clásico Waidmannsdank. A continuación atravesamos el húmedo pasto del Sudán, llegamos al animal y me entregó la típica rama de abeto manchada con la sangre del mismo a la vez que introducía otra en la boca de éste como último alimento para su viaje definitivo al más allá.


El autor, su venado y los perros de la guardería.

De vuelta en la casa, Egbert me animó a seguir cazando. El orgánico polaco me informó de la existencia de un corzo viejo en regresión que le interesaba quitar. Por lo tanto, por la tarde me volví a dirigir a Bieganowo, a zona distinta donde había estado por la mañana, para intentar abatirlo. La verdad es que resultó sencillo y lo pude hacer hacia las siete de la tarde a plena luz. Me colocaron en un Hochsitz en la raya de un bosque con una pradera de alfalfa, donde observé a lo largo de la tarde seis o siete hembras de corzo y alguno joven. Cuando menos me lo esperaba apareció, sin poder saber de dónde y cómo, en mitad de la pradera el viejo macho, colocándose a 180 metros de mi puesto. El calibre que llevaba no era el más apto para estos animales, pero no había llevado otro, por lo que le disparé con el 8,5 x 75R, cayendo muerto en el acto. Los 250 grains de la Lapua le provocaron un shock definitivo. Repetimos el rito cinegético alemán y nos dirigimos de regreso a la casa.

En el viaje de vuelta, el todo terreno ruso que tenía asignado para moverme campo a través, dejó de funcionar, causando el consiguiente retraso. Cuando por fin llegué al alojamiento en Krerowo, una vez los guardas consiguieron arrancar el automóvil, pude comprobar que también Germán Ros García había abatido un magnífico venado aproximadamente a un kilómetro de distancia del lugar donde yo había conseguido el corzo. Se trataba, como se puede comprobar en alguna foto, de un Kapitaler Hirsch, que es como llaman en Alemania y también en Polonia, por la influencia cultural que ejerce la tradición del país vecino en la actividad cinegética, a los venados que merecen la pena, es decir, a aquellos que han alcanzado la edad y la calidad de trofeo para ser abatidos.


El viejo corzo al que me refiero en el texto.

De todo lo anterior podemos concluir que en Polonia y especialmente en la zona de Posen, se pueden abatir durante la berrea buenos venados sin mucho esfuerzo, siendo esto último lo único que me fastidia un poco. Soy seguidor de Ortega en cuanto a la ética cinegética y, como he escrito varias veces, la caza tiene que tener como elementos principales la escasez, la incertidumbre y el esfuerzo. En Polonia no hay escasez de animales cazables y el esfuerzo se reduce a madrugar y a esperar tranquilo y callado durante horas en el puesto. Siempre nos queda la incertidumbre, sin ella no se entiende la caza.

Y nos queda la incertidumbre porque se caza en terrenos abiertos, sin cercar, lo que permite a los animales aprovechar cualquier fallo que cometa el cazador para poner tierra por medio y escapar. Todos sabemos que es éste el principal instinto de las piezas cinegéticas, por lo que habiendo incertidumbre hay caza.

Marqués de Pardo de Figueroa

 

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