Primero ver, comprobar y luego contratar

Si hablábamos de la situación que viven las juntas directivas de los acotados ante la problemática que implica su gestión en óptimas condiciones, daremos un paso más para conocer lo que significa en realidad la gestión de los cotos y nos daremos cuenta de dónde estamos de verdad inmersos los cazadores en este comienzo de siglo.

Cristóbal De Gregorio | 06/10/2009

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En los últimos veinticinco años la caza ha cambiado mucho, pues los terrenos, si echamos la vista atrás, se han transformado resultando algunos irreconocibles. Algunos montes se han cerrado casi por completo constituyendo reductos donde el cochino se ha ido apoderando de todo, con lo que las pobres perdices han perdido definitivamente la batalla. También en estos lugares se han asentado importantes poblaciones de predadores, que han tenido su despensa en la generación de recursos que íbamos creando los cazadores con nuestro esfuerzo.

Si estamos pensando en arrendar un coto, antes de pagar os aconsejo tener muy claro donde os metéis y en compañía de quién

Además de lo anterior, muchos pedazos de monte se han eliminado para generar nuevos terrenos de cultivo sin tener presente siquiera que a algunos pobres animales les gustaría anidar en las distintas lindes, que se tendrían que respetar en el momento de pasar el arado.

Los propietarios de las tierras ajenos al raciocinio y al pensamiento de mantener vida, aunque no se sea cazador, buscan una rentabilidad tan exagerada que ya les está pasando factura. El año pasado con la escalada de precios del cereal en el 2007, se produjo un cierto intento de algunos de retener en sus almacenes grandes cantidades de grano, pensando con un criterio, que luego se demostró erróneo, que se produciría una nueva subida insólita en el valor del aquel entonces llamado oro amarillo.

La realidad fue bastante distinta, y asistimos a momentos en los que no había precio, lo cual generó unas actuaciones por parte de los agricultores de desconcierto en el sector. Este año, con una escalada en los precios de abonos y fitosanitarios de difícil justificación y que han rayado el escándalo, han provocado que muchos profesionales se limiten a echar el grano y poco más.

El campo, acostumbrado a unas buenas dosis de abonos y herbicidas, ha visto cómo las cosechas se han reducido, y además con la ausencia de una lluvias que tenían que haber llegado en su momento en la primavera, han formado un panorama más que mediocre en las cosechas de cebadas y avenas, con unos rendimientos de calidad del grano que no llega ni a la mitad de años normales.

Parece ser que la naturaleza se está rebelando contra el agricultor por su vorágine productiva, a la cual respeto como fuente de ingresos, pero lo que no comparto es la falta de sensibilización con los animales que pueblan sus territorios, pues he de decir que conozco a pocos de estos profesionales que cuando llega la hora de sembrar, por citar un ejemplo, respetan cuarenta centímetros a la cuneta o a un camino. Es más, la mayoría se arrima más de la cuenta a estos espacios, arando y arañando unos centímetros que después serán mortales para las perdices cuando el peine de la cosechadora vaya notando.


La afluencia de ganado ovino, caprino o vacuno con sus perros un tanto punteros en nuestros arrendamientos y en época de cría, pueden dar al traste con algunos nidos de nuestras deseadas perdices rojas.

El colmo de la desgracia ha llegado de igual forma este año a algunas siembras, que ante la evidencia de falta de altura por una llegada tardía de las lluvias, sus propietarios han decidido segarlas en verde, con el desastre evidente que se habrá producido en todo nido que estaba siendo incubado, sin que nadie por parte de la Administración correspondiente les aconsejara una alternativa más condescendiente con la fauna del entorno.

Pero no me estoy refiriendo solamente a la pérdida del potencial de los huevos, sino a una más profunda, que privará de esperanza la alternativa de una nueva puesta por parte de perdices y codornices o cualquier otra ave que allí anide, porque más de una hembra pagará con su vida el deseo de la procreación y aguantará más de la cuenta la llegada del peine asesino.

Los animales no entienden de cambios de cultivos, de nuestras necesidades de rentabilizar cualquier situación, incluso las desfavorables, rompiendo aquellos principios que ya algunos no se atreven a expresar sobre la sostenibilidad, que se falsea en el campo cada año, pues no se piensa en los que habitan en él.

Retrasar unos pocos días la recolección hasta poder comprobar que el grueso de los bandos de pollos ya está picoteando por los caminos no es tan difícil. Es una tarea de concienciación a realizar por parte de las cabezas pensantes de las administraciones, que pueden tener un reto ante la sociedad para de verdad defender a la naturaleza.


En algunas zonas el jabalí se ha ido adueñando de todo, con el consecuente daño que ha originado sobre el desarrollo de la población de perdiz.

La cultura del campo se ha contagiado de la proveniente de las urbes, y como si se tratase de especulación inmobiliaria, ha devastado muchas miles de hectáreas donde solamente se pueden ver viñas emparradas impecables sin una sola hierba u olivares que parecen de jardín por la nula vegetación en sus calles. Si seguimos por los cultivos de cereales, nos acercaremos a la expresión de desierto, en pocos días tras el paso de la cosechadora vendrá con nocturnidad la empacadora que dejará al descubierto a todos los que nacieron en aquel paraje, a merced de unas cuantas legiones voladoras que harán su agosto a nuestra costa, porque nadie nos va a resarcir de dichas bajas.

Por eso, tendríamos que haber reaccionado antes dotando al coto de refugios naturales a modo de montones de leña, o agrupaciones de palets que podrán dar un pequeño respiro y sombra para traspasar la barrera del verano.

Resulta muy poco provechoso, si estamos gestionando unos terrenos para la caza, que nuestras actuaciones en el medio no vayan acompañadas con ayudas o al menos con la comprensión de los propietarios de los terrenos, que deben aceptar unas ciertas peticiones que son fundamentales en estos momentos en los que estamos.

Si os ha sucedido como a un servidor, en que las buenas palabras cuando se firmó el contrato de arrendamiento se las llevó el viento, y os dais cuenta una vez transcurrido el primer año, que la palabra respeto brilla por su ausencia, os aconsejo si es que estáis a tiempo, que no continuéis en un proyecto que tendrá más de amargura que de satisfacción, y de ello hay que huir antes de que se os ocurra ninguna intentona milagrera, que os aseguro que no existe.

El número de parejas de perdices que dejasteis, por ser la especie más complicada de recuperar, debe mostrar sus frutos con un rendimiento tan variable como así lo haya sido la situación agrícola, lo que no es de recibo. Resulta inadmisible que tengáis la mitad de los pájaros que dejasteis de madre al finalizar enero.

Algo ha sucedido y si os habréis dado cuenta ya a lo largo de junio, deberíais notar ciertos desarreglos en vuestro coto. Por desgracia, en algunas fincas cargadas de cereales tempraneros como cebadas, los números de las poblaciones cinegéticas van a asomar tan rápido como la decisión que no debéis tardar en tomar, si no queréis hacerle el juego a los que no respetaron unas mínimas reglas de convivencia.

Por eso, soy de los que pienso que los pagos se deben realizar en julio en aquellos sitios donde hay dudas en el respeto de lo pactado, por eso es tan importante conseguir que los propietarios o arrendatarios de las tierras se involucren con nosotros en el proyecto de la caza.

En cambio, si vuestra contribución a las arcas de los propietarios es a ciegas, es muy probable que año tras año se vaya apoderando de los socios esa sensación de salir huyendo cuando se arribe el mes de enero, y se busquen otro lugar de esparcimiento de forma comprensible, donde la esperanza al menos pueda alentarles.

Otra cuestión que debemos contemplar y que en ocasiones nos sorprende, es la afluencia de ganado ovino, caprino o vacuno con sus perros un tanto punteros en nuestros arrendamientos y en época de cría, que pueden dar al traste con algunos nidos de nuestras deseadas perdices rojas, si el pastoreo se hace como es costumbre actual y el volumen de cabezas es excesivo, que dicho sea de paso nadie controla.

Resulta muy poco provechoso que nuestras actuaciones en el medio no vayan acompañadas con ayudas o al menos con la comprensión de los propietarios de los terrenos.

Por todo lo anterior, si estamos pensando en arrendar un coto, antes de pagar os aconsejo tener muy claro donde os metéis y en compañía de quién, porque ante todo el espíritu y el concepto de la caza del grupo debe ir en la misma dirección, dejando muy claro desde el principio las normas que deben mantenerse inalterables para toda la campaña cinegética. Ahora bien, se pueden adoptar restricciones si la ocasión así lo requiere, pero siempre también contando con la comprensión de los arrendatarios que deben entender en forma económica, que si decidimos no cazar, no deberíamos pagar la totalidad de importe del contrato.

Pocas dudas debemos tener a la hora de contratar este mes, pues a poco que nos preocupemos en dar alguna vuelta por los caminos, pronto tendremos la sensación de saber dónde estamos, y si encima también disponemos de la ocasión de conocer al resto de nuestros posibles compañeros de territorio, tendremos mucho camino andado a la hora de tomar la decisión final.

Cristóbal De Gregorio
Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez

4 comentarios
08 oct. 2009 14:12
kampo
kampo
A tan clara y real esposicion de la problematica que cada vez mas sufrimos los cazadores y gestores a la hora de intentar sacar adelante un coto,saltara la respuesta o la reflexion del agricultor ofendido porque atentan a su medio de vida,argumentando seguro que muchas verdades acompañadas de un tinte sentimental a la vez que pragmatico que desarman cualquier argumento en nuestro favor,pues el fondo es que unos viven de lo que otros necesitamos para pasar el rato,lo que irremediablemente nos conduce a el fin poco a poco,porque el respeto y la rentavilidad son incompatibles.
13 oct. 2009 13:24
jalsahagun
SI NO ESTAIS DE ACUERDO LO QUE TENEIS QUE HACER ES SOLTAR LAS PERDICES EN LA COCINA DE VUESTRA CASA Y PEGARLAS UN TIRO
05 nov. 2009 22:21
TRUSKY
TRUSKY
el individuo que nos sugiere que soltemos las perdices en la cocina debe ser uno de esos timadores que como bien se dice en el articulo quiere el dinero y la caza.Te arrendan el coto y te destrozan todo con el ganado, te rompen las valsas se beben el agua rompen comederos y bebederos .No guardan lindes ,cosechan y al dia siguiente quitan la paja,cazan el y sus amigos en el coto por toda la cara etc.COMO NO PODEMOS CAZARLOS LA NATURALEZA PODRIA HACER QUE SE LES MURIERA EL GANADO Y SE LES JODIERA LAS SIEMBRAS Y CUANDO FUERAN AL GOBIERNO A PEDIR AYUDA POR LA CATASTROFE LE TENIAN QUE INVESTIGAR BIEN LAS CUENTAS Y ENCIMA APAÑARLE BIEN EL SAQUITO POR LADRON Y SIMBERGUENZA
15 dic. 2009 15:17
afila
afila
de esos los hay y muchos q qieren todo, los dineros por la caza (pero q no qede nada )y dinero por los daños super abusibos.

 

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En el número de octubre:

  • Buenas perspectivas para conejos y liebres
  • A codornices, urracas y patos azulones
  • Las perdices han criado muy bien este año
  • Nueva campaña y buenas prácticas monteras