Furtivismo

«En todos los sitios cuecen habas», dice un refrán, que, como no podía ser menos, también se aplica al mundo de la caza. Uno de sus grandes problemas es el de los furtivos. A pesar de estar tipificado en el Código Penal como un delito, todavía falta una concienciación social generaliza en este sentido.

Luz Alonso | 25/08/2009

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Lejos ya, afortunadamente, los tiempos en los que la motivación para furtivear estaba en el alimento de una familia, única hipotética justificación para apoderarse de bienes ajenos, sólo se puede concebir un rechazo claro a este tipo de conductas.

En el vehículo se encontró una vaina del calibre 7 mm

El Juzgado de lo Penal de Zaragoza condenó a tres furtivos como autores de un delito contra la fauna (art. 335.2 y 4 del Código Penal) a ocho meses de multa, inhabilitación especial para el ejercicio de la caza durante dos años a cada uno de ellos y pago de las costas. La sentencia apelada contiene la siguiente relación fáctica: «Ha resultado probado que los acusados, sin antecedentes penales, sobre las 2.30 horas de un día de septiembre, circulaban con un todoterreno por la carretera hasta un campo de labor, en la zona perteneciente a un coto deportivo de caza, donde abatieron de un disparo de escopeta un ciervo macho con una valoración de 3.000 euros. La caza de esta especie únicamente está permitida entre el primer domingo de octubre y el cuarto de febrero, por lo que la fecha de los hechos se encuentra vedada la caza de esta especie, además de no ser las horas en que se realizó las permitidas para ello. Los acusados no contaban con autorización de la sociedad de cazadores, gestora del coto, de la que nunca han sido socios. En el vehículo usado por los acusados se hallaron dos focos, prismáticos, cuchillo, dos cajas de munición y una vaina del calibre 7 mm». La sentencia de la Audiencia acepta tanto los hechos probados como los fundamentos de derecho de la sentencia apelada.


Tanto la Guardia Civil como los agentes de medio ambiente se presentaron como testigos del hecho juzgado en esta sentencia.

En cuanto a las alegaciones, se invoca en primer lugar error en la apreciación de las pruebas y en la declaración de los hechos probados. Respecto del mismo, la sentencia afirma que la pretensión sustentada por los recurrentes radica en sustituir el criterio imparcial del juzgador a quo, obtenido de la apreciación en conciencia de las pruebas practicadas, conforme al art. 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, plasmada como conclusión fáctica en los hechos probados que son premisa del fallo recurrido, por su propia, subjetiva y necesariamente interesada apreciación de la prueba, pretensión que no es acogible en esta alzada, toda vez que la relación histórica del hecho enjuiciado no debe ser sustituida ni modificada en apelación, salvo cuando concurra alguno de los supuestos siguientes: 1) que se aprecie manifiesto y patente error en la apreciación de la prueba; 2) que el relato fáctico sea incompleto, incongruente o contradictorio; y 3) que sea desvirtuado por nuevos elementos de prueba practicados en segunda instancia. Al no haberse dado ninguno de los supuestos en el caso enjuiciado, en el que el Juzgado de Instancia valoró correctamente la prueba a la vista de lo obrante en el acta del juicio y plasmó adecuadamente su convicción en un relato histórico preciso y congruente, procede la confirmación del mismo, tal como se expresa en la sentencia apelada, y por tanto el motivo se rechaza.

Uno de los acusados es poseedor de un Remington calibre .270

La segunda alegación de los furtivos es la infracción de la presunción de inocencia. Se aduce en el recurso que no se ha contado por el Juzgado con pruebas suficientes para basar una sentencia como la pronunciada, habiéndose quebrantado el derecho a la presunción de inocencia (art. 24.2 de la Constitución). La sentencia de la Audiencia dice, respecto a la supuesta carencia de pruebas, que la función de interpretar y valorar las pruebas corresponden sólo a los jueces y tribunales, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, pudiendo decirse que la juez a quo recibió en el acto del juicio declaración directa a los tres acusados, así como a los agentes de protección de la naturaleza y a los Guardias Civiles —como testigos—, y pudo calibrar la veracidad de las declaraciones de unos y otros, y además contrastar con las practicadas en la fase de instrucción, contando así mismo con la prueba documental existente.

Y si bien es cierto que no se contó con una prueba directa en cuanto al momento del disparo, no lo es menos que siempre la prueba indiciaria ha sido admitida en la jurisprudencia, reconociéndosele eficacia bastante para desvirtuar el derecho a la presunción de inocencia, entendiéndose por prueba indiciaria aquélla que se dirige a mostrar la certeza de unos hechos que no son los constitutivos del delito, pero de los que pueden inferirse éste y la participación del acusado o acusados por medio de un razonamiento basado en el nexo causal y lógico existente entre los hechos probados y los que se trata de probar, sin que baste juzgar en conciencia, exigiéndose, por tanto, razonar cómo se ha llegado a formar esa conciencia acerca de la culpabilidad del acusado o acusados; asimismo, la denominada coartada o contraindicio, se convierte en indicio reforzado o fuente de prueba indirecta si se acredita la inconsistencia o falsedad.


Los implicados no tenían permiso de la sociedad de caza y ni siquiera eran miembros.

Teniendo en cuenta la anterior doctrina y la argumentación jurídica de la sentencia de instancia, necesariamente debe estarse de acuerdo con las conclusiones que la fundamentan, máxime cuando: a) los tres acusados son sorprendidos por la Guardia Civil, en el lugar en que se encuentra el ciervo abatido, aun cuando en un primer momento no pueden ser detenidos al salir huyendo de dicho lugar; b) uno de los acusados es poseedor de un Remigton .270; c) la Guardia Civil encuentra una vaina calibre 270 mm a unos 25 m del lugar donde apareció abatido el ciervo; existiendo en las inmediaciones otras dos percutidas por el mismo rifle; d) dos de los acusados tenían sangre en sus ropas sin que al ser preguntados por su procedencia hayan dado ningún tipo de explicación; e) el hecho de que no se encuentre ni en el vehículo ni en su poder armas y munición, así como la supuesta contradicción que se alega entre las declaraciones de los guardas forestales, carece de virtualidad alguna. En cuanto a la primera, porque dado el tiempo transcurrido desde que ocurren los hechos hasta que son detenidos, les ha permitido deshacerse de ellas; y en cuanto a la segunda no existe tal contradicción, ya que uno dice que el animal se encontraba moribundo y posteriormente al agente le pareció que estaba muerto.

Lo cierto es que los tres estaban allí dedicándose a furtivear

En definitiva, hay que llegar a la conclusión de que la juez a quo contó con la suficiente prueba de signo incriminatorio capaz de dejar sin efecto la presunción de inocencia que establece el art. 24 de la Constitución. Por otro lado, y en cuanto a la falta de concreción de la intervención de cada uno de los acusados, y en ese sentido a quien efectuó el tiro, es evidente que no se tiene en cuenta la nueva definición de coautoría del art. 28 del Código Penal de 1995 como realización conjunta del hecho, que viene a superar las objeciones doctrinales a la línea jurisprudencial que ya venía incluyendo en el concepto de autoría, a través de la doctrina del acuerdo previo, a quienes realizan aportaciones causales decisivas, pero ajenas al núcleo del tipo.

La realización conjunta del hecho implica que cada uno de los concertados para ejecutar el delito colabora con alguna aportación objetiva y causal, no es necesario, por ello, que cada coautor ejecute, por sí mismo, los actos materiales integradores del núcleo del tipo. En consecuencia, a través del desarrollo del pactum escaeleris y del codominio funcional del hecho, cabe integrar en la coautoría, como realización conjunta del hecho, aportaciones ajenas al núcleo del tipo, como la de quienes planifican, organizan y dirigen a distancia la operación, sin intervenir directa y materialmente en su ejecución. Por tanto, con independencia de que cuál de ellos efectuase el disparo, lo cierto es que los tres estaban allí dedicándose a furtivear, lo que aceptan y se aprovechan de ello, marchándose juntos en el vehículo propiedad de del padre de uno de los acusados, por lo que es evidente que deben ser considerados como coautores y por ello el motivo debe decaer.


La sentencia que comentamos trata sobre una apelación por un delito contra la fauna, que fue desestimanda por la Audiencia.

Se invoca por los furtivos la infracción del principio in dubio pro reo. Éste, además de que es propio de la primera instrucción, sólo entra en juego cuando, efectivamente practicada la prueba, ésta no ha desvirtuado la presunción de inocencia; dicho de otra manera, la aplicación de dicho principio se excluye cuando el órgano judicial no ha tenido duda alguna sobre el carácter incriminatorio de las pruebas practicadas. En este supuesto, la juez a quo no ha tenido dudas a la hora de dictar sentencia condenatoria; por ello, tal infracción debe rechazarse, ya que éste no puede determinar la aparición de dudas donde no las hay, al expresar el juez la convicción sin duda razonable alguna. El motivo se rechaza.

Luz Alonso
5 comentarios
28 ago. 2009 13:00
adolfo 50
adolfo 50
Pienso que debería haber sido mayor la pena,dos años me parecen pocos para esta clase de listillos,esta gente es la que da munición para atacarnos a los cazadores por parte de los ecologistas y los anti caza,solo por eso la sentencia debería haber sido:4 años sin posibilidad de poder sacarse ninguna clase de licencia de caza en todo el Estado Español,asi como la incautación de todas las armas en posesión de estas personas sin posible devolución hasta haber cumplido el castigo impuesto.
Tenemos que castigar duro a esta clase de gente si queremos que se lo piensen dos veces antes de incumplir las leyes y normas de caza.
Saludos.
09 sep. 2009 22:27
Luiyi
Con la crisis que hay y como siga asi va a pasar como antiguamente "matar para comer".Y total no vas a dejar que tus chiquillos pasen hambre.
07 feb. 2011 23:35
jajaja
viva la caza , no todos son ricos para pagar por cazar.
Aprecio mas al furtivo que al rico consumidor de monterías.....
07 feb. 2011 23:36
jajaja
07 feb. 2011 23:37
jajaja
El furtivismo no es el problema sino la solución.

 

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En el número de enero:

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  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
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