Ópticos frente a abiertos

Damos por sentado que un arma dedicada a la caza mayor debe presentar una mira óptica o visor. La imagen de un rifle así es la clásica representación del cazador actual, sin embargo, no refleja la verdad absoluta. Como veremos, no todas las armas largas de caza se ven beneficiadas con estos adminículos, los que en ocasiones hasta resultan contraproducentes.

Daniel Stilmann | 10/08/2009

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En más de una oportunidad, una mira de hierro, o abierta, es lo indicado. Lamentablemente, entre los cazadores noveles la confusión es grande, dando por sentado que su primer arma debe presentar el visor, hecho que los lleva a más de un desencanto prematuro, amén de desembolsos de dinero innecesarios. ¿Quién necesita realmente una mira telescópica, para qué modalidad venatoria y quiénes están mejor servidos sin los mismos? ¿Cuándo es imprescindible una mira abierta? Estas son las preguntas a las que vamos a intentar dar respuesta en este artículo.

Las miras ópticas para caza mayor de animales peligrosos no es algo recomendado, salvo que el usuario sea un miope alto

La finalidad de una mira óptica es la de aumentar el tamaño de la presa con el fin de facilitar el proceso de puntería, particularmente cuando el animal se encuentra a distancias fuera de la capacidad de resolución del ojo humano. Ésa es su función primaria, mientras que aumentar la poca cantidad de luz presente en ciertas situaciones puntuales es su función secundaria. Existe un tercer uso práctico para las miras telescópicas, que resulta de emplearlas para calcular distancias, aunque es la utilidad menos conocida y se encuentra prácticamente restringida a uso militar.


Lo ideal en montería es portar un arma doble, que nos otorga esa apreciada velocidad de repetición en caso de un segundo disparo.

De lo dicho ya podemos deducir qué grupos son los potenciales beneficiarios de estas tres virtudes. El empleo como telémetro rudimentario vamos haciendo uso del mismo gracias a la incorporación de los modernos sistemas láser de medición a los visores. En cuanto a su segunda función, su capacidad para captar y amplificar la poca luz existente, se explota al máximo dicha capacidad por el aguardista o cazador de acecho nocturno. Así como nos ha resultado sencillo analizar y determinar las utilidades de estas dos funciones, el análisis de su función primaria es algo más complejo. ¿Cuáles son las necesidades reales de un cazador estrictamente diurno? ¿Resulta imprescindible el empleo de estos pesados y costosos aparatos? La respuesta depende de la modalidad de cacería practicada, el tamaño y peligrosidad de las presas y el tipo de terreno.

Pros y contras

Para comenzar hay que resaltar el hecho de que una mira óptica debe ser enfocada, proceso que toma práctica y tiempo, y segundo que su empleo reduce la amplitud del campo visual, lo cual en ciertas condiciones puede resultar desde molesto hasta francamente peligroso. Estos dos puntos deben ser tenidos en cuenta, y ahora veremos los motivos para ello.

Para poder observar un blanco en su totalidad y nítidamente a través de una mira óptica es necesario que exista una distancia de aproximadamente cuatro dedos entre el ojo y el ocular, de tal manera que la imagen sea la correcta y que ocupe toda la superficie del mismo. Si la mira telescópica no está correctamente montada sobre el arma (muy adelantada o retrasada), obliga al usuario a adelantar o atrasar la cabeza para lograr un buen enfoque, lo cual es aceptable (pero no correcto) en la caza de acecho, o en la de rececho a animales que se encuentran a distancias prudenciales, ya que por encontrarse los mismos en ambas situaciones tranquilos nos da el tiempo suficiente para acomodarnos hasta lograr la imagen correcta.

Pero esta situación no es la misma para el que enfrenta un búfalo a corta distancia, animal voluminoso, que suele estar advertido de la presencia del peligro, y que puede cargar en décimas de segundo después del primer disparo.


El uso del visor variará según la modalidad de caza, del volumen y agresividad de la presa y de las condiciones del terreno.

Ante esa carga la mira óptica presenta las siguientes desventajas: a) requiere de un tiempo precioso para ser enfocada, b) reduce el campo visual del cazador con la adicional pérdida de tiempo que ello representa, e) al aumentar un blanco ya de por sí grande, nos brinda una visión de solamente una parte del mismo, haciendo que el cerebro deba primero reconocer a qué se le está apuntando y luego decida si es el blanco correcto o debe comenzar a pasear la mira por todo el animal hasta lograr encontrar aquella porción de la anatomía sobre la cual desea acertar.

Para una carga de estas características a corta distancia, esta pérdida de tiempo es un lujo que nadie puede afrontar. Una simple mira abierta nos resultará infinitamente más práctica. Por esto podríamos decir que las miras ópticas para caza mayor de animales peligrosos no es algo recomendado, salvo que el usuario sea un miope alto que se vea favorecido por su empleo. Los detalles de esta última indicación son engorrosos, y como toda prescripción en medicina deben estar adecuados a cada usuario en particular, motivo por el cual no entraremos en detalles aquí.


A corta distancia lo mejor en sistema de puntería son las miras abiertas, que permiten la captación inmediata del blanco.

Para redondear el tema en cuanto al empleo de estas miras ante animales peligrosos, ya sean africanos o algún que otro oso americano a corta distancia, diremos que lo mejor en sistema de puntería para estos lances son las miras abiertas, que permiten una captación inmediata del blanco en su totalidad, y en particular del entorno, esto último permitiendo al cazador calcular a qué distancia del mismo se encuentra la presa y a qué velocidad se está cerrando la brecha entre ambos. De insistir o necesitar una mira óptica, la misma debe ser de bajos aumentos, no más de 2x, y el cazador debe aprender a disparar con ambos ojos abiertos, arte que no cualquiera domina.

Recechos

Para rececho, las miras ópticas variables de 3 a 9 aumentos por 45 milímetros de entrada son las más adecuadas

Muy distintos son los requerimientos ópticos durante la cacería de rececho de animales no peligrosos, que se lleva a cabo por lo general de día y a distancias que alcanzan hasta los trescientos metros. Aquí el cazador tiene la necesidad de aumentar el tamaño de su blanco a fin de poder escoger donde hacer aterrizar su proyectil, disponiendo para ello de tiempo suficiente como para hacerlo sin apremio.

Aquí las miras ópticas variables, de 3 a 9 aumentos por 45 milímetros de entrada son las más adecuadas. Si bien existen de más cantidad de aumentos y con mayor entrada de luz, los aumentos por encima de 9 suelen ser innecesarios, mientras que una mayor entrada de luz, de digamos de 50 a 56 milímetros hace que el aparato resulte más pesado, detalle que ningún recechista, y particularmente de alta montaña, donde cada gramo cuenta, dejará pasar por alto.

Donde estas miras de eran poder de aumento y entrada de luz, 3 a I 2x (o más) por 50 ó 56 milímetros, tienen cabida, es entre los cazadores de aguardo. Para ellos el peso no es un problema, ya que la cacería transcurre en la más absoluta inmovilidad, hasta el lugar de espera se llega generalmente en auto o luego de un breve paseo. Lo que sí resulta crucial para estos cazadores es la máxima transmisión de la escasa luz existente, empleando no más de 8 aumentos (por encima de estos aumentos no hay una mayor recepción de luz por parte del ojo humano) para realizar disparos a distancias que van desde unos pocos metros hasta los cien, sobre un blanco prácticamente estático.

Y la montería

Por su lado, la montería, que típicamente se puede definir como la caza diurna de animales no peligrosos de tamaño intermedio a distancias variables, presenta un problema óptico de difícil solución. Por un lado, lo ideal es portar un arma doble, que nos otorga esa apreciada velocidad de repetición ante la necesidad de un segundo disparo, dotada con unas buenas miras abiertas, por la corta distancia y lo abrupto de los disparos, y por el otro es necesario contemplar aquellas situaciones en las cuales la presa se encuentra a una distancia considerable y a la carrera, situación en la que una mira óptica puede, o no, dependiendo de la habilidad del cazador, resultar de gran ayuda.

¿Cómo se resuelve el dilema en este caso? Sacrificando. Por lo general sacrificando la velocidad de repetición un arma doble por la mayor lentitud de un arma a repetición (por lo general de cerrojo), y empleando una mira óptica de aumentos variables colocada en 2 ó 3 aumentos para los disparos cercanos y en 6 aumentos o más para aquellos a distancia. La solución no es la ideal, y aunque requiere de mucha práctica suele funcionar bastante bien, aunque es de esperar que en algunas oportunidades el equipo no sea el ideal. La montería es quizás la única situación donde las modernas miras de múltiples aumentos y tubos de 56 milímetros podrían estar justificadas. En lo que a peso del arma se refiere, la montería se asemeja a la espera. No hay que caminar demasiado con el arma a cuestas.

Un resumen final


Una mira óptica debe enfocarse, proceso que toma práctica y tiempo, y su empleo reduce la amplitud del campo visual.

Por último y al momento de escoger una mira óptica, existe una regla práctica general a tener en cuenta que es la relación entre el tamaño del cartucho del arma y las características del visor, particularmente los aumentos del último. Cuanto más poderoso sea el cartucho, mayor será el retroceso del arma, haciendo que sea más difícil emplear con precisión una mira. Basados en este concepto podemos resumir todo el tema de la siguiente forma: cuanto mayor sea el tamaño y la peligrosidad de la presa mayor será el diámetro del proyectil empleado y por ende el retroceso del cartucho, menor la distancia de disparo y por ese motivo menor la cantidad de aumentos necesarios en el sistema de puntería. La inversa, esto es, cuanto menor sea el tamaño y peligrosidad del animal, menor será el diámetro del proyectil (con su menor retroceso), y mayores serán la distancia de disparo y el poder dióptrico requerido. Ahora, armado con esta simplificación lo único que debe decidir es qué tipo de animales quiere cazar, en qué terreno y a qué distancias, si prefiere hacerlo con luz diurna, durante el crepúsculo o simplemente a medianoche. Nada sencillo, pero al menos ya sabe qué tipo de mira debe emplear.

Daniel Stilmann
1 comentarios
02 nov. 2009 18:55
ChrisChile
Hola Daniel

Tu análisis es de todas maneras muy completo entre las dos alternativas expuestas.

Soy cazador semi-novato de jabalí en Chile....he tenido oportunidades desde uno quieto a 30m , otro a todo galope de noche a 50m y otro al trote a 200m...y otros pocos mas...
Justamente lo que estoy buscando es una solución de mira que me pueda dar un espectro mas amplio en cuanto a como se presentan las situaciones aquí...
Yo practico el rececho al atardecer y durante la noche, aunque muchas veces a la llegada o partida del coto aparecen de sorpresa en los caminos y sembradíos...
Mi consulta concreta es , si tuvieses que elegir una mira holográfica la considerarías como una transición entre la abierta y la telescópica?
Tienes alguna marca o modelo favorito en este caso?

Gracias de antemano por tu atención

Saludos

CvG

 

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