Examen de supervivencia

Parece que todas las especies deben pasar por su particular calvario, por su cuello de botella en el que cíclicamente se produce una brutal selección en donde los animales peor dotados pagan su tributo, en muchas ocasiones con su propia vida.

Patricio Mateos-Quesada | 13/07/2009

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Y ese calvario para las poblaciones de jabalíes que se alimentan en el monte mediterráneo es el verano, precisamente porque hay poco con lo que alimentarse y ellos mismos sirven de alimento a numerosos parásitos.

Si el jabalí no tuviera que sufrir una criba como la de julio... ¿qué pasaría en nuestros ecosistemas?

Hablaremos más adelante de la mortandad terrible que puede llegar a ocasionarse en el presente mes y en el que viene sobre las poblaciones de jabalíes. Los individuos aparecen famélicos y sus costillas parecen querer salir de su pellejo desaseado y cargado de parásitos; podemos ver incluso jóvenes que se tambalean en busca quizá del último descanso que servirá como punto de partida de tantos parásitos que, presintiendo la muerte de su hospedador, huyen en busca de nuevas opciones. Algunas hembras, antes acompañadas de una prole lustrosa y vivaracha, caminan enjutas seguidas de un escaso tropel de famélicas crías. Algunos predadores como el lobo aprovechan la bonanza y acortan la agonía a más de un individuo, pues siguiendo la ley del mínimo esfuerzo procurarán atacar a aquellos individuos cuya captura les suponga un menor derroche de energías.


Se les puede encontrar en zonas de agua, barro... Sufren inactivos las horas de sol, y comienzan la ruta nocturna con el paso previo por una baña que les ayude a olvidar, por unos instantes, el mes en el que se encuentran. © Ardeidas

Pero, ¿se imagina el lector qué sucedería si el jabalí no tuviera que pasar por una criba de este tipo? ¿Qué sucedería en nuestros ecosistemas si algo no pusiera freno al crecimiento en las poblaciones de jabalí? Se trata de un animal que puede aprovechar casi cualquier recurso, alimentarse casi de cualquier vegetal e incluso optar por aquellos vertebrados de pequeño tamaño que puedan ponerse al alcance de sus jetas; incluso puede actuar como carroñero, y existen evidencias de que puede atacar a ungulados en estado agónico.

Si la propia naturaleza no fuera capaz de ajustar sus poblaciones, en el verano, como sucede en el sur o en el invierno del norte peninsular, nuestros bosques serían muy diferentes, y un nuevo equilibrio sobre la especie, como es la propia abundancia de sus efectivos, sería la que limitara finalmente sus poblaciones... pero, ¿a qué coste? Hoy día apreciamos en las estrecheces de los veranos de nuestros bosques mediterráneos el equilibrio y el resultado al que han llegado los intereses de todas las especies que conforman este ecosistema, duro para muchos individuos, pero bueno para todas ellas.

Hagan sus apuestas

Pero los individuos de las diferentes especies, y del jabalí en concreto, cuentan con una variable que no son capaces de prever en el sentido de su desarrollo: el clima. Hablamos en el capítulo aparecido en mayo que éste podía ser un mes determinante para muchos individuos en los bosques mediterráneos, pues que mayo fuera por las lluvias una prolongación de la primavera o por ausencia de éstas un adelanto del verano podía significar el éxito o el fracaso de numerosos individuos.


El reparto de la comida en los cercones debe realizarse a horas distintas, de forma que los jabalíes no puedan asociar un momento del día con la llegada del alimento. © Guy Fleury

Ese éxito o fracaso se puede llegar a resolver en los meses de julio y agosto, e incluso septiembre si viniera la otoñada tardía. Pero esto es algo que parece suceder sobre los individuos aunque no fueran ellos los que hicieron la apuesta por su propia supervivencia. ¿Quién apostó por ellos?: sus propias madres. Aunque ellas no salen indemnes de esta apuesta y pueden salir muy perjudicadas. Apostaron el momento adecuado para quedarse preñadas y apostaron el número de crías que tendrían en ese proceso vital.

Las hembras líderes son las que juegan con ventaja, quedando preñadas en el momento adecuado y siempre un número de crías superior al del resto de hembras, que suelen entrar en celo después que las primeras. Si una hembra midiera mal sus posibilidades y apostara por tres crías cuando quizá el tiempo de bonanza es menor del que había calculado y sus posibilidades físicas fueran adecuadas para dos crías, es posible que no sólo muera una de ellas, sino las restantes también, ya que parte de lo que debería dar a las dos que debieron ser se ha ido para tres y todas han tenido un desarrollo deficiente.

En julio, la gestión de jabalí en poblaciones del mediterráneo es una tarea innecesaria

Pero no piense el lector que las hembras de jabalíes son capaces de apostar, prever el tiempo que podrá hacer o pensar cuáles son sus mejores opciones. Nada de eso hacen y sólo son términos entrecomillados que utilizamos quienes nos dedicamos a desenmadejar el comportamiento animal. Existen unas variables físicas y fisiológicas que de alguna manera dictan cuándo una jabalina debe entrar en celo y de cuántas crías debe quedar preñada. Estas variables están determinadas por la propia genética de la especie, moldeada a lo largo de millones de años, y seleccionadas en base a los mejores intereses del individuo.

Las variables utilizadas por la especie a la hora de establecer estas apuestas pueden ser modificadas por el hombre. Ya hemos comentado en otros números cómo el aporte de alimento en una abundancia determinada o un reparto inadecuado puede hacer entrar a las jabalinas en celo y romper el ciclo reproductor de la especie en una población, o lo que es lo mismo, desajustar todos los ritmos fijados por esta especie a lo largo del tiempo. Sin duda, la primera en sufrir los inconvenientes de esta mala intervención será la propia especie que con los manejos pretende ser favorecida.

Pero si el jabalí es una especie que puede estar todo el día prospectando, caminando, rebuscando y relacionándose con otros de su especie, no será durante el mes de julio. Podemos decir que la casi totalidad de las horas de luz las pasa echado en aquellos lugares donde mejor pueda pasar el sofoco del mes más caliente del año. Pero no sólo de eso se oculta el jabalí: las hordas de parásitos, tábanos, mosquitos y ectoparásitos que los acosan sin tregua le obligan a refugiarse en los lugares más recogidos.


Si una hembra midiera mal sus posibilidades y apostara por tres crías cuando quizá el tiempo de bonanza fuera menor del calculado y sus posibilidades físicas fueran adecuadas para sólo dos rayones, es posible que no sólo muera uno de ellos, sino que también lo hagan los otros dos. © E. Ruiz Baltanás.

Los grupos de jabalíes desaparecen de las solanas y en las sierras se verán únicamente en las umbrías más cerradas. Es más, podríamos incluso señalar a las partes más bajas de estas umbrías, si la tranquilidad las acompaña, para ver sestear a estos grupos entre las vaguadas y las zarzaleras que puedan poblar ocasionalmente estas zonas bajas.

En encinares y zonas llanas pueden incluso encontrarse en los pequeños pegotes que se encuentran en lo alto de cerros y laderas, el mejor lugar para las corrientes de aire y quizá el único alivio que obtengan en las inacabables horas de luz del mes de julio. A pesar de lo dicho, los encinares suelen encontrarse vacíos, salvo excepciones, y todos los jabalíes se mueven a zonas de umbrías en las que la insolación a lo largo del día sea menor. Las excepciones pueden referirse a riberas de ríos grandes o medios que ofrecen una solución, aún puntual, ante el agobio que supone el sol de julio.

Como es natural, los jabalíes pasan inactivos todas estas horas de sol, ahorrando energía sin otra ocupación que la de sestear y deseando la llegada de la noche para comenzar la ruta nocturna con el paso previo por una baña que les haga olvidar unos instantes el mes en el que se encuentra.

Vacaciones para los gestores

La gestión de los jabalíes en las poblaciones mediterráneas se puede calificar, en el mes de julio, como de innecesaria. Debemos dejar a la naturaleza que exija a la especie su tributo en las vidas de los más inadaptados. El aporte alimenticio en esta época sólo permitirá la supervivencia de los más débiles, de los enfermos y de aquellos que deberían ser depurados de la población por su incapacidad de sobrevivir en ese medio.


Los grupos de jabalíes desaparecen de las solanas y en las sierras sólo se verán en las umbrías más cerradas. Las riberas de ríos grandes o medios son para ellos una solución puntual para escapar del sol de julio. © Guy Fleury

Un aporte alimentario, además, posibilitaría el acceso de la comida, en la mayoría de las ocasiones, de unas pocas familias dominantes o de machos dominantes, con lo que impedimos esa mortandad necesaria en parte de la población además de la supervivencia de individuos enfermos y, lo que es peor, la entrada muy adelantada en celo de determinadas hembras, con todas las consecuencias negativas a las que ya hemos hecho referencia en esta serie, tanto para la población como para el manejo y la obtención de sus propios recursos.

En cercones con altas densidades de jabalí sí es necesario un aporte alimenticio por las propias características de estas explotaciones. Habría que considerar más detalladamente cuáles deberían ser las condiciones de este acopio alimentario, el alimento a aportar y la forma. De manera muy esquemática podemos apuntar que habría que cumplir unas premisas fundamentales: evitar en todo momento que las hembras entraran en celo por un aporte excesivo de alimento y el reparto de éste de manera azarosa o uniforme por toda la superficie del cercón. Habría que evitar, en este reparto, un horario fijo en el que los jabalíes puedan asociar un momento del día con la llegada de la comida –e incluso evitar que asocien un sonido–.


En cercones con altas densidades de jabalí sí es necesario llevar a cabo un aporte alimentario mayor, evitando su reparto de manera azarosa o uniforme por toda la superficie del cercón. © Guy Fleury

Un factor que sí pueden añadir los gestores en aquellas poblaciones sujetas a un manejo cinegético sería la instalación de puntos de agua dispersos por la superficie del área de gestión. Sería adecuado conocer los movimientos de los individuos e instalarlos en aquellos lugares menos frecuentados, con lo que conseguiremos que el uso del espacio sea máximo y que tengan una querencia por una unidad concreta de superficie en la que puedan combinarse comida y agua en puntos distantes entre sí. Esto evita, además, la apropiación o la instalación en un escaso margen de terreno de machos o familias dominantes que puedan impedir el acceso a estos recursos al resto de individuos.

No debemos olvidar que el agua es importante, no sólo como alimento, sino que en las bañas los individuos ayudan a la termorregulación de su cuerpo, establecen relaciones sociales y ayudan a liberarse o a mitigar la carga de parásitos que arrastran durante el estío.

Patricio Mateos-Quesada
Biólogo
4 comentarios
15 jul. 2009 00:20
morgovejo
morgovejo
Perdonar la pregunta, pero que digais que los jabalis lo pasan mal a finales de marzo despues de un crudo invierno pero en julio por lo menos por el norte rebosa la comida para ellos, hierba, siembras, huertos... no hay mas que ver el ganado en marzo y lo que a ganado ya en julio. No lo entiendo muy bien a no ser que el calor les afecte mas de lo que yo creo.
20 sep. 2009 15:06
FRANKISCO
En el sur donde las lluvias son escasas,el dia llega a los +40ºc y la comida escasea,los parasitos se propagan como la polvora...jodio lo tienen muchos!
20 sep. 2009 15:08
FRANKISCO
aqui en marzo estan de lujo,porque los inviernos son muy suaves! cuestion de climas no se puede generalizar en un pais con tanta diversidad
01 nov. 2009 23:30
becadanorte

 

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En el número de enero:

  • Sin «foro» unánime en asturias para declararlo especie cinegética
  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros

 

 

Tratado de buenas maneras en la caza del jabalí

Julio es un período en el que el jabalí se caza al igual que el resto del año; la excusa son los daños que de una u otra manera podrían ocasionar o el permiso que en términos de aprovechamiento puede obtener un coto para la extracción de este recurso. La forma de caza más habitual es el aguardo nocturno en bañas o comederos o incluso en las rondas que, a modo de sucedáneo o en toda su pureza, aún se llevan a cabo en el centro peninsular y Extremadura.

Quizá aquí mejor que nunca, conociendo los movimientos y la propia biología del jabalí, se puedan seleccionar los individuos que pueden abatirse, y momento es de conseguir un buen trofeo que en monterías se antoja como un asunto bastante azaroso. Lo ideal sería buscar ese trofeo espléndido y, en todo caso, como siempre, evitar tirar sobre líderes de grupos seguidas de bermejos o jovenzuelos que, en la época en la que estamos, mal apaño se darían por sí mismos.

 


Hay que evitar tirar sobre líderes seguidas por bermejos.