Mini safari de montaña

Cuando hablo de la caza en Sudáfrica son muchos los que me hacen una mueca de disgusto, recordando su «pim-pam-pum» particular, a base de pocos días, muchos animales cobrados y demasiado coche. Pero la caza en Sudáfrica es mucho más que eso.

Alvaro Mazón Sánchez de Neyra | 16/06/2009

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Se trata de un país muy grande, más que Francia y España juntos, con una variedad de hábitats que albergan una enorme variedad de especies diferentes y con una diversidad de territorios que justifican y exigen formas de caza muy diferentes.

Se pueden cazar las tres especies en cinco días a precio razonable

En Sudáfrica podemos seguir al lince caracal con perros de rastro en las frondas costeras del Eastern Cape, aguardar inmóviles la aparición del esquivo suni en un profundo y oscuro espesar de Zululand, cazar los big five en el Northern Province, atalayar durante horas dejándonos los ojos intentando localizar un klipspringer desde nuestra atalaya en el Klein Karoo o pegarnos la correspondiente paliza a 2.000 metros de altitud en las montañas Stormberg tras el elusivo vaal rhebok… Y sobre estos últimos versan estas notas, tomadas de la cacería que realicé a finales de agosto de 2007 con el vaal rhebok, el mountain reedbuck y el klipspringer como objetivo. Eran tres especies que me interesaban, un plan muy diferente de lo que antes había conocido en ese país, y se podía hacer en cinco días de caza por un precio razonable: 3.300 euros con todo incluido —también las tasas de abate—, excepto los billetes de avión.

Objetivo: la caza del bushbuck de El Cabo

El bushbuck se trata del más pequeño de los antílopes espiralados y se encuentra representado, a través de seis subespecies diferentes, en prácticamente todo el África subsahariana.


El bushbuck de El Cabo (Tragelaphus scriptus sylvaticus) se distingue de las otras subespecies por su capa oscura, que en algunos machos llega a ser casi completamente negra, aunque adornada de un ‘babero’ y de unas pintas en los flancos completamente blancos. Éste se pudo cobrar gracias al jack russel de Carl...

La caza del bushbuck de El Cabo es muy parecida a la del corzo en la media montaña —le gustan las umbrías húmedas y frondosas, es territorial, se mueve sobre todo al amanecer y al atardecer…—. A base de paciencia —léase culo— y prismáticos para localizarle, y luego una cuidadosa entrada hasta situarnos a tiro, su caza me resulta muy interesante. Su trofeo es precioso, ocupa poco espacio en la pared, y con una tasa de abate de 400 euros resulta difícil resistirse; de hecho, en la antesala de mi excursión hacia las montañas me apreté dos preciosos trofeos de 13 7/8 y 14 pulgadas, éste último tras un lance larguísimo que sólo pudimos finalizar con la ayuda del jack russel terrier de Carl, pero eso es otra historia.

Hacia las montañas. En busca del klipspringer

Hacía años que había tenido la oportunidad de ver, naturalizado entero, a este adorable antílope saltarrocas y su aspecto me cautivó inmediatamente. Posee un pelo áspero que llama muchísimo la atención y que requiere un cuidado especial una vez cobrado el animal para que se conserve adecuadamente, y unas pezuñitas redondeadas y de tacto gomoso que no había visto en ningún otro ungulado, imagino que muy adaptadas al medio rocoso y de media montaña en el que viven. Yo lo conseguí cazar la primera mañana. Salimos de la casa muy temprano, de noche todavía y, con un frío que pelaba, fuimos a colocarnos en lo alto de un cerrete desde el que se dominaba toda un ladera orientada a mediodía en la que, me decían, los veríamos soleándose con los primeros rayos, y así fue, aunque me costó muchísimo localizarlos con los prismáticos. A través del catalejo comprobamos que el macho portaba un trofeo más que digno y tras una cuidadosa aproximación, que nos permitió a Carl y a mí llegar hasta los 200 m, lo pude derribar limpiamente con un tiro del 7x57.


El mapa de distribución del klipspringer es muy amplio: por el este y el sur del continente desde prácticamente el Mar Rojo (Sudán) hasta Sudáfrica y Namibia. Viven en parejas y son animales territoriales, lo que facilita mucho su caza, pues sabiendo por donde andan acabas localizándolos, eso sí, a base de mucho prismático. En la imagen, klipspringer cobrado por Francisco González Rincón.

Tardamos en llegar al sitio, porque entre tanta roca y unas matas que pinchaban como demonios se andaba fatal, y una vez allí tuvimos que dar mil vueltas hasta encontrarlo, porque tan pequeños como son, se tapan con cualquier cosa. Al fin tenía mi klipi, como cariñosamente lo llamaba Carl, y no me cansé de tocarlo, mirarlo y sacarle mil fotografías antes de dejarle paso a Boy, nuestro tracker, para que lo desollara prestándole todos los mimos y cuidados necesarios para que no perdiera el pelo, lo cual le llevó un par de horas fácil.

Habíamos reservado dos días para el klipspringer y con la faena ya hecha dedicamos esa tarde y todo el día siguiente a ayudar a Neal, dueño de la propiedad en la que nos encontrábamos, en la tediosa tarea de descastar ñus negros y hartebeests con el pequeño 7x57 y las KJG de 105 gr, quedando todos bastante impresionados de su efectividad en animales tan duros.

Camino de las Stormberg: vaal rhebok y mountain reedbuck

A la mañana siguiente salimos temprano, pues teníamos un par de horas largas hasta nuestro destino en la propiedad de la familia Wilson, próxima a Doordrecht. Allí tendríamos nuestra base de operaciones, allí mismo cazaríamos el mountain reedbuck y desde allí nos desplazaríamos a cazar el vaalie a una finca donde eran relativamente abundantes y que estaba como a media hora de coche.


En estas montañas cazó Francisco González Rincón su reedbuck. Sorprende que en Sudáfrica pueda uno encontrarse un día tan frío como éste, incluso con nieve.

El mountain reedbuck es el más pequeño de los reedbucks (abyssinian, Sudán y nigerian bohor reedbuck, nagor reedbuck, southern, chanler y western mountain reedbuck), pesando los machos adultos unos 25 kg. El pelo lo tienen largo, sobre todo en invierno, y son de color café con leche con la tripilla y el culo blancos. Éste de montaña es más gregario que las otras subespecies, aunque excepcionalmente se puede encontrar algún gran macho campeando solitario. Suelen ocupar más la media ladera que las cuerdas, son muy esquivos y por el tipo de terreno se les suele tirar largo, por lo que tienen siempre un rececho de lo más interesante.

La primera tarde fallé uno estrepitosamente… Coroné la sierra un poco despistado, por aquello de que no se les suele uno encontrar cumbreando, y cometí el error de mirar muy lejos ladera abajo, cuando el bicho lo tenía justo debajo de mí y a huevo. Sólo le pude ver al arrancarse y atolondradamente largarle un balazo errándolo por alto. Esa misma tarde poco más pudimos hacer, salvo localizar varios para el día siguiente, entre ellos uno al que a través de los cuarenta aumentos del ‘mirón’ se le adivinaba un buen trofeo. La mañana amaneció fría y despejada, pero con muchísimo viento y en las primeras horas no conseguimos ver nada. Afortunadamente, al avanzar el día la cosa se calmó y los reedbucks se dejaron ver, pudiendo cobrar dos de ellos con dos tiros del 7x57 a 160 y a 200 metros.


Manuel Romero con un vaal rhebok verdaderamente fantástico. Para la caza del vaalie no hay que ser un atleta, pero sí que conviene tener una forma física razonable, que nos permita afrontar con una cierta comodidad los largos paseos por la montaña que su rececho nos puede exigir.

Con los deberes hechos y una buena predicción de tiempo para los próximos días, esa noche estuvimos todos especialmente felices y dicharacheros durante la cena, en la que pasamos una de las veladas más agradables de mi vida de cazador. Qué lejos quedaban las incertidumbres y los problemas de Madrid y de su día a día. Además, a mi hijo Álvaro le habían pedido que matara unas hembras para carne para la casa y todavía pudo apurar la tarde apiolándose tres en un ratito, una de ellas en un tiro de suerte a una distancia indecente. La tuvo que tirar de ladera a ladera en mala postura y el pequeño Mauser le sacudió un cacharrazo en la ceja como para olvidarlo, pero a la hembra la hizo un taco.

Nos quedaba el más interesante de todos, el vaalie o Pelea capreolus (pelea del idioma Tswana, phele, y capreolus del latín, corzo). Es un antílope pequeño, pero esbelto, de unos 20 kg de peso. Posee un largo cuello y un pelo muy parecido al de un conejo, los cuernos son finos, largos y le nacen verticalmente hacia arriba acabando en puntas muy afiladas, y el largo hocico acaba rematado en una trufa redonda y negra que le da un aspecto un poco cómico, como de payasete. Las orejas las tiene bastante largas, como de 15 cm de longitud y consituyen una buena referencia, como en tantos otros animales, para juzgar el trofeo.


Feliz equipo al completo con el vaal rhebok cobrado por Ignacio Zurita. No hay que olvidar que para abatirle hay que estar preparado para disparar largo, no a las distancias estratosféricas de las que a veces nos hablan, pero sí que tenemos que ser capaces de resolver con soltura una oportunidad que se nos presente a los 200 o a lo mejor a 250 metros.

Viven en pequeños grupos capitaneados por un macho, siempre extremadamente territorial —lo que facilita su caza— y agresivo con los otros machos, siendo muy frecuente al que mueran en peleas cosidos a puñaladas por el rival. Es un animal muy esquivo que tiene un oído, olfato y vista excelentes, y que cuando decide poner tierra de por medio le verás correr una distancia increíble hasta perderse, no contentándose como otras especies en separarse unos cientos de metros solamente.

Tuvimos muchísima suerte, pues en la primera asomada que hicimos pudimos localizar, enseguida, la partida de vaalies que íbamos buscando y al macho que la lideraba. Algo que normalmente te puede llevar horas, a base de gemelear haciendo asomadas aquí y allá, nosotros —y la diosa Fortuna— lo pudimos resolver en un ratito. La mala noticia es que donde estaban, y tal y como teníamos el aire, la entrada no era posible. Decidimos esperar, a ver si se careaban en una u otra dirección, pero como si conocieran nuestra estrategia, en las dos horas y media que allí estuvimos, ellos no se movieron. Así que decidimos probar en otro sitio. Si teníamos suerte, bien, y si no volveríamos por la tarde.


Con la satisfacción que da el deber cumplido. El paisaje del fondo sorprende, tratándose de Sudáfrica, ¿verdad?

Y eso es lo que finalmente hicimos tras varias asomadas infructuosas, encontrándonos que el grupo de vaal rhebok seguía allí. Algo se habían mejorado, lo suficiente para que arriesgáramos la entrada, que fue larga y muy emocionante, pues tuvimos que arrastrarnos varios tramos que nos dejaban al descubierto. Finalmente, asomamos a un montoncito que nos habíamos fijado para intentar tirar desde allí y… nada. Qué decepción tan grande… Tanta, que nos quedamos Carl y yo allí tirados un poco desolados. Me volví un poco y miré con los prismáticos hacia el risquete donde había quedado mi hijo Álvaro y le vi mirándonos a nosotros y señalando frenéticamente hacia la izquierda. Dirigí los prismáticos en esa dirección, y saliendo de una pequeña vaguada que malamente dominábamos desde nuestra posición… allí estaba mi vaal. Ésa era la buena noticia, la mala era que estaba a 355 m y no había aproximación posible. Calculé a ojo los 30 o 35 cm que sabía que caería el proyectil a esa distancia, corregí un cuerpo entero por el viento lateral que soplaba perpendicular a la trayectoria y, sin pensármelo, más le solté un balazo con tantísima suerte, tantísima suerte, que le pegué, entrándole el proyectil por la última costilla y saliéndole por la paleta contraria. Las hembras echaron a correr y mi vaal apenas pudo dar tres pasos antes de caer muerto como una gota de agua.

La alegría del momento os la podéis imaginar todos los que habéis vivido algo parecido, y a los que no, os recomiendo este pequeño mini-safari de montaña en Sudáfrica, porque lo único que tiene de mini es el nombre, pues las tres especies tienen todas un gran interés cinegético, pudiéndose —como es el caso del vaal rhebok— cazarse solamente en estas montañas y en ningún otro sitio en el mundo, y el paraje con el que os encontraréis os supondrá una gran sorpresa, tan diferente de lo que uno espera encontrar en ese país.

Álvaro Mazón Sánchez de Neyra
(Camino Real Hunting Consultants)
5 comentarios
21 jun. 2009 13:17
Kodiak  
Buenos días Álvaro.

Si ves este comentario y tienes un rato para contestar, me gustaría preguntarte sobre la decisión a la hora de seleccionar el calibre.

Entiendo que en tu caso puedas utilizar esas KJG de 105, que en las tablas de Lutz tienen un comportamiento similar en el 7x57 al que tendrían por ejemplo algunas puntas comerciles (Barnes) de Federal para algo más de ese peso en el 270 o 270 WSM. Pero supongo que pudiendo recargarlas, en tu caso es seguro que hubieras podido utilizar algún otro calibre que superase al 7x57 empleando también puntas KJG.

Dicen que es fácil que cazando saltarocas y sobre todo Vaal Rhebok, se tengan que realizar disparos a mayor distancia de la que ha sido en tu caso, por lo que me ha sorprendido (como curiosidad) el calibre que has seleccionado.

Un saludo.
06 jul. 2009 22:13
bloomberg  
Rafael,

Acabo de ver tu comentario, perdona.

El Klpbok lo tiré a 200m y el Vaal a 355...! Me extraña que pienses que habitualmente se maten a distancias superiores, porque son animales bastante pequeños y pegarles tan lejos es muy difícil.

Respecto de las trayectorias, sabiendo bien donde pega tu rifle a cada distancia y sabiendo a la distancia a las que estás tirando tienes el problema resuelto, tires con un 7x57 o con un 300 Wby.

En este viaje me dediqué a probar bastante extensivamente el 7x57 con 12 proyectiles diferentes aprovechando varias operaciones de descaste que había que realizar, y el pequeño cartucho de Mauser se portó extraordinariamene bien hasta animales deltamaño del Gnu o del Hartebeest.

Saludos,

Alvaro Mazon
07 jul. 2009 22:39
Kodiak  
Hola Álvaro.

Permíteme lo primero una aclaración. Me centré en las primeras distancias a las que hacías referencia en tu texto, teniendo en la cabeza esos 160 – 200 metros a los que aludes, cuando escribía que, sobre todo el Vaal Rhebok, dicen que se suele disparar más lejos, estando esas distancias que a mi me sonaban, precisamente en esos 350 metros a las que tú lo abatiste. Distancia a la que por cierto, algunos o yo por lo menos, ni lograría verlo, siendo difícil que acertase ni a un ejemplar del toro de Osborne, por lo que a uno de estos animales de apenas 20 kilos … creo que ni lo intentaría.

Aclarado este aspecto, pues no pretendía ni mucho menos infravalorar la calidad de la poca gente que sinceramente pienso podéis hacer esos disparos, te hacía la pregunta por la siguiente razón; según tu respuesta parece que es fácil poder lograr ese objetivo, solo se ha de saber donde pega el rifle a cada distancia y conocer también a la que se encuentra el blanco. Lo segundo es fácil, con un simple medidor de distancia se soluciona el problema con suficiente exactitud. Pero respecto a lo primero no lo veo yo tan fácil por varias razones. La primera, por ser complicado para la mayoría de los cazadores poder hacer prácticas con nuestras armas a 150, 200, 250 y 300 (para los que se atrevan y quieran practicar para situaciones como esta), y la segunda, por ser las circunstancias de los disparos, yo creo, muy distintas cuando estés probando tu rifle de cuando tengas que disparar a la pieza. Comentas en tu texto la caída, lo que el aire puede desviar el disparo, y supongo existirán un montón de factores más, que has de valorar en el momento y para cada situación, lo que supongo requerirá como poco bastante práctica, además de los conocimientos oportunos.

Es por todo esto, por lo que yo pensaba, aunque supongo que estaré confundido, si no se facilitaría todo utilizando calibres con una trayectoria más tensa, más peso en la punta, etc. Por eso es por lo que me llamó la atención ver el calibre que habías seleccionado.

Seguro que estoy diciendo una tontería, pero bueno, como me enseñaron de pequeño, “prefiero parecer tonto una vez por hacer una pregunta, que serlo toda la vida por no hacerla”.

Un saludo y muchas gracias por tu respuesta.
09 jul. 2009 18:59
bloomberg  
Rafael,
Ni estás confundido ni estás preguntando ninguna tontería.
Con un cartucho muy tenso las correcciones que hay que hacer son menores y por lo tanto las posibilidades de equivocarse tambien son menores.
Pero utilizar un cartucho de esos no es garantía de nada y para nada puede sustituir a la práctica y al entrenamiento de disparar a esas mismas distancias.
Lo contrario me parece una irresponsabilidad hacia el animal, pues no hay nada peor que dejar un animal herido, y hacia nosotros mismos, pues supone una pérdida de dinero, tiempo e ilusión.
Sabiendo a qué distancia estás tirando, dónde pega tu rifle a esa distancia, y teniendo la capacidad de agrupar tus disparos a esa distancia de forma conveniente, no te hace falta ningún re-que-te-mágnum.
Además, no te creas que la trayectoria del 7x57 con el KJG de 105gr de Lutz Möller tirado a 3,400fps es tan mala...
09 jul. 2009 22:09
Kodiak  
Pienso que tienes toda la razón al tachar de irresponsabilidad en todos los sentidos, el comportamiento que en demasiadas ocasiones tenemos, supliendo el conocimiento, la práctica y el entrenamiento, con la búsqueda de la fortuna en nuestros disparos.

No te molesto más, gracias por tus respuestas.

Y … si me creo la trayectoria del 7x57 con esas puntas, ya te escribía en mi primer comentario, que me había llamado la atención, que esa trayectoria podía compararse con la de munición comercial Federal para puntas tipo Barnes, con algo más de peso, pero en calibres en principio, más tensos.

Un saludo y de nuevo gracias.

 

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  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros

 

 

Equipo del cazador

● La selección del equipo es la que haríamos para cualquier cacería de montaña. Tanto la ropa como el calzado deben ser cómodos y abrigados, pues hay que andar bastante y a esta altitud y en esta época del año —invierno austral— los días pueden ser muy fríos.

● Los prismáticos resultan imprescindibles, siempre los mejores que nos podamos permitir, y el spotting scope casi también, por lo que debemos asegurarnos de que nuestro cazador profesional llevará uno o llevar el nuestro. También es importante llevar medidor de distancia porque a la hora de intentar un tiro largo el saber a qué distancia se encuentra nuestra presa es fundamental.

● Respecto del rifle, lo importante es que sea preciso, ligero, dotado de un visor fiable de hasta 6 aumentos como mínimo —mejor diez, pues los disparos a más de 200 metros no son excepcionales— y que estemos habituados a él. Una nota: los semiautomáticos no están permitidos en la RSA.

● En cuanto al calibre, casi cualquier cartucho entre 6 mm y el calibre 30 nos valdrá, resultando óptimo algo como un .270 o un 7x64. Los 6 mm son algo más sensibles al viento lateral en los disparos efectuados a distancias largas, y los de más calibre resultan innecesariamente potentes. Yo la cacería la realicé con un 7x57 con un visor Leupold de 3,5-10x40 y cargado con proyectiles KJG de 105 gr, y no eché de menos ningún re-que-te-magnum. Los KJG son proyectiles de cobre, con la punta hueca y rematada por una cuña de polímero, muy ligeros-para-el-calibre que me han resultado extremadamente precisos en los distintos cartuchos en los que los he probado. Matan muy bien, pero sin causar grandes destrozos, razón de más por la que los elegí para este viaje pues pensaba naturalizar el vaal reebok y el klipspringer, si es que la fortuna me sonreía.

 

 

El viaje

Hice el ya habitual Madrid - Johanesburgo con Iberia. Llegué con algo de retraso, por lo que agradecí más que nunca el haber tramitado anticipadamente el permiso de importación del rifle, lo que me permitió coger la conexión con el vuelo doméstico a Port Elizabeth sin mayor problema. Apenas tuve tiempo de dar un cabezazo en el avión, pues el vuelo dura poco más de una hora, y ya estábamos aterrizando. Nada más entrar en la sala ya pude ver a través de las cristaleras a Carl Van Zyl, gerente de nuestra partner company en el país, John X Safaris, y a mi hijo Álvaro, que había pasado todo el verano con él como ayudante a PH. En menos de una hora llegamos a Lentabba, uno de los campamentos base de la compañía y desde el que emplearíamos un par de días cazando bushbucks.