¿Cómo censar al corzo?

Nos acercamos a una nueva temporada de la caza del corzo, pero no todos podemos hacerlo bajo similares perspectivas: cazadores, propietarios, gestores e incluso científicos, cada uno bajo su capota, mochila o carpeta, guarda una razón con la que acometer esta nueva temporada.

Patricio Mateos-Quesada | 30/04/2009

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Desde el punto de vista del gestor es hora de conocer el fruto de las inversiones en materia de mejora, de los esfuerzos realizados para aumentar los trofeos de la población y, algo después, de plantear futuras actuaciones, analizada y concluida la temporada que llega. Sin embargo, podemos plantear que entre todos los que orbitan en torno a esta caza, los gestores que diseñan planes específicos para el corzo, en el estricto sentido del concepto, son minoría.

Los gestores que diseñan planes específicos para el corzo, en el estricto sentido del concepto, son minoría

La razón no es otra que el abandono de las poblaciones a su propia suerte y al desconocimiento que, de manera general, se tiene de éstas; habría que analizar si este abandono se deriva del desconocimiento o viceversa. Dentro de estos gestores hemos querido excluir a aquellos que propician actuaciones estandarizadas y esparcidas por los cotos de caza, siempre aludiendo a un buen criterio, introduciendo elementos que pasan desapercibidos para las poblaciones de corzo o que incluso generan inconvenientes y molestias a sus individuos.

En todo caso, la evidencia muestra que la mayoría de las poblaciones de corzo carece de gestión, que en muchas ocasiones no es poco y hasta es lo deseable, pero sí cabría un mayor conocimiento de estas poblaciones, a pesar o incluso deseando que la hipotética acción humana no sea necesaria. No es fácil adquirir unos conocimientos básicos, ya que nos vemos obligados a conocer el contingente poblacional y la proporción de las diferentes clases de sexo y edad. El equipo de gestión y estudio que lleva en Extremadura una década trabajando sobre el conocimiento de los ungulados y su gestión para la caza y la conservación, desarrolló hace tiempo unos parámetros que nos pueden dar una idea de cómo y con qué esfuerzo debemos abordar la estima de las poblaciones de corzo.


Hay que intentar una estima inicial lo más cercana a la realidad, mientras se pone en práctica una técnica que en años posteriores dé la suficiente información como para hacer estimas fiables, al haber incluido factores de corrección propios de nuestra región. ©Nature&Travel.

En este artículo pretendemos ofrecer una exposición de diferentes técnicas empleadas en ungulados en general y para el corzo en particular. Las ideas que aquí expresamos proceden de los resultados obtenidos tras poner en práctica en nuestros montes los diferentes protocolos de muestreo, dando nuestra opinión respecto a la conveniencia de cada método para su aplicación en el corzo. Dejamos a un lado el desarrollo técnico pormenorizado debido a la extensión que supondría éste.

Esfuerzos, métodos y fiabilidad

El personal que lleve a cabo los conteos en el campo necesita en ocasiones tener un alto grado de especialización

Es necesario antes de acometer un estudio sobre la cuantificación poblacional, practicar un ejercicio de análisis donde barajar las diferentes opciones y recursos disponibles: personal, tiempo en el que podemos llevar a término nuestro estudio, características de la superficie a muestrear, tipo de vegetación y cualquiera de las variables que pensamos puedan incidir en nuestra población, desde la interacción con otros ungulados, a las actividades humanas. A partir de aquí se diseñará un método y un calendario de actuaciones. En este caso, además es aconsejable una previsión de resultados y un seguimiento, que ya así podría ser con un método cuyo esfuerzo fuera menor al aplicado en primer lugar. Es decir, lo razonable es invertir un gran esfuerzo en busca de una primera y fiable estima para, a partir de ese momento y una vez obtenido al mismo tiempo un coeficiente de corrección, aplicar técnicas posteriores más sencillas que con un trabajo moderado ofrezcan buenos resultados finales. Podemos argumentar de manera razonada que cuanto mayor sea el esfuerzo empleado en conocer la densidad de nuestra unidad de gestión, mayor será la aproximación a la población real de los resultados obtenidos. En función a este esfuerzo que queramos aplicar será conveniente un método frente a otro.

Tenemos que tener en cuenta otra variable antes de decidirnos por uno u otro sistema: el personal que lleve a cabo los conteos en el campo necesita en ocasiones tener un alto grado de especialización. Otras veces con saber contar es más que suficiente, pero siempre será deseable un conocimiento del censor con el terreno y la especie animal. De no ser así, numerosos datos pueden pasar desapercibidos y nuestra estima puede quedar muy alejada de la realidad.


Los métodos descritos en este artículo serán o no efectivos según para qué tipo de terreno, sobre todo debido a la biología comportamental de la especie. ©Nature&Travel.

Todo el abanico de técnicas de estima podemos agruparlo en dos grupos: las que inciden sobre los propios individuos o las que buscan los rastros que dejan éstos, sin necesidad de un contacto visual con los corzos. La ventaja de los primeros radica en que ofrecen una valiosa información acerca de la estructura de sexo y edades, pero tienen el inconveniente de que necesitan personal muy especializado y un elevado esfuerzo en su desarrollo. Las estimaciones fundadas en los rastros necesitan menos requisitos por parte de quien lleve a efecto la toma de datos y es necesario, en relación a los anteriores, un menor coste. Por contra, no puede recabarse información respecto al sexo y edad de los individuos. Veamos ahora distintos métodos.

Conteo de excrementos

Fácil de contar, pero difícil de calcular, consiste en sumar grupos de excrementos de corzo

Fácil de contar, pero difícil de calcular, este método consiste básicamente en sumar grupos de excrementos de corzo, apoyados en el razonamiento de que, a mayor número de corzos, más cagadas encontraremos y viceversa. La problemática parece sencilla: si en una superficie hay un número determinado de grupos de deposiciones y cada corzo defeca tantas veces al día, en ese lugar hay tantos corzos.

Los inconvenientes a este razonamiento no son pocos. Habría que contar el número de grupos de heces que hay en un lugar para volver a contarlos en un momento posterior y saber lo corzos que hay allí en ese tiempo. Si el período entre ambos es corto, podemos con nuestra presencia ahuyentar a los corzos temporalmente de ese espacio, pero si el tiempo transcurrido es largo, puede que numerosos grupos de heces hayan desaparecido entre la hojarasca o debido a la acción de coprófagos. Contamos también con la desventaja de que las heces son pequeñas y a veces de difícil localización debido a la vegetación.

Además, debemos considerar otra cuestión. No es fácil saber el número de veces que cada día defeca un corzo, que podrá ser diferente en cada monte de nuestra geografía peninsular: habría que calcularla, por tanto, para cada comarca y tipo de vegetación. Así mismo, y como inconveniente añadido, esta tasa de defecación variará con las estaciones en un mismo lugar en tanto que será diferente la comida ingerida.

Huellas: el rastro más primario


Las mejoras en el medio donde habita el corzo pasan por el conocimiento de un hecho fundamental en su biología como es la estructura y densidad poblacional, siempre bajo supervisión de criterios científicos. © Guy Fleury.

En este caso valoraremos la población en función de las huellas que podamos encontrar debido al paso de los individuos. Cada gestor debe considerar si este procedimiento es el acertado para su unidad de manejo. Para ello debe existir una cierta noción de los movimientos de los individuos y, sobre todo y muy importante, tener porciones de bosques rodeados por completo de una serie de caminos y rayas que permitan la puesta a punto de esta técnica.

Estas porciones no han de ser grandes —en tanto que no son amplios los territorios ni los movimientos de los individuos estables—, ser representativas del resto de la superficie y, sobre todo, tener un sistema para contabilizar las huellas que han sido dejadas en un corto período de tiempo; de esta manera impedimos contar con una cierta seguridad las huellas de varios pasos por cada individuo.

Si podemos asegurar al menos estos tres factores, podremos desarrollar un protocolo de actuación basado en esta técnica, hecho que nos permitirá establecer una estima del número de corzos presentes en nuestra superficie de trabajo, con relativo y escaso esfuerzo y sin necesidad de personal especializado.

Aguardos desde puntos elevados

Abordamos la primera de las técnicas basadas en la localización visual. En esencia, consiste en ubicar al observador en lugares en los que tiene acceso óptico a una amplia superficie de terreno: desde ese punto observa a los individuos que salen desde el bosque a los claros. Con esas visualizaciones se podría establecer una relación entre los corzos avistados y la superficie controlada, estimando una densidad en función a esa consideración.

El problema de esta técnica radica en que el corzo ocupa territorios mayores o menores según la densidad y las condiciones del terreno. Los claros a los que tenemos acceso desde nuestro punto de observación son lugares que se encuentran dentro de uno o varios territorios y únicamente a ellos, salvo el caso de individuos errantes, saldrán los propietarios de esos territorios. Sin saber cómo de grandes son los territorios, no podemos saber la carga de efectivos de nuestra superficie de estudio.


Independientemente de usar uno u otro método de estima poblacional, resulta aconsejable la puesta a punto de uno de ellos para acceder al conocimiento de las poblaciones como base para una adecuada gestión. ©Valentin Guisande.

Podemos tener distribuciones territoriales en los que varios claros de superficie reducida se incluyan dentro de un mismo territorio, o claros extensos en los que convergen varios machos. En cualquiera de los casos, el número de individuos dentro de esos claros rodeados de bosque, no nos permite conocer la densidad con una relativa fiabilidad. Sólo podremos establecer estimas de este tipo cuando la superficie de bosque está recortada en pequeños rodales, circundados de zonas desarboladas. En este caso, y durante las horas del alba o del ocaso, podremos conocer cuántos corzos se encaman dentro de esos pegotes boscosos. Las áreas de bosque deben en todo caso ser menores que las propias limitaciones territoriales o, por decirlo de otra manera, esta técnica sólo resulta válida en aquellas zonas donde el bosque no es mayor que la unidad territorial.

Transectos lineales

Se recomienda la búsqueda de individuos a pie, en solitario o en pareja, y siempre bajo una planificación previa que contemple el número de recorridos

Existen numerosos protocolos de censo basados en la realización de transectos que, después de localizar un número de corzos en esos recorridos, establecen una evaluación de la densidad de la superficie prospectada. Es una de las técnicas que se han mostrado más fiables, pero necesitan un elevado esfuerzo y un personal especializado a la hora de buscar individuos: la falta de rigurosidad en el momento de la búsqueda, nos puede llevar a desviaciones importantes sobre la población real. Sin embargo, y a pesar de toda la experiencia que se pueda tener en el avistamiento de corzos, la abundancia y el tipo de vegetación siempre podrán restar efectividad en la búsqueda. Por ese motivo, existen correctores adecuados en el posterior análisis matemático para cada tipo de vegetación, específicos, incluso, a las condiciones de cada terreno o finca, que intentan minimizar el error asumido de que no todos los individuos son avistados.

La búsqueda de corzos puede llevarse a cabo a pie o en automóvil. Sin embargo, la efectividad de la búsqueda en coche ha sido cuestionada en nuestros bosques ibéricos: las grandes extensiones forestales, la abundancia de matorral, la falta de uniformidad en la topografía y el efecto mosaico, desaconsejan esta técnica para la búsqueda de corzos, aun llevado a cabo entre varias personas. El comportamiento críptico de los corzos, acentúan este problema. Los errores que se pueden cometer entonces, pueden alejarse incluso en más del 60% de la realidad poblacional.


El corzo no sólo debe ser gestionado, sino que es un animal que agradece de inmediato las mejoras en su medio, tanto para aumentar los efectivos, como para la mejora de los trofeos.

Se hace recomendable, por tanto, la búsqueda de individuos a pie, en solitario o en pareja, y siempre bajo una planificación previa que contemple el número de recorridos, el momento del año de su ejecución y las condiciones de visualización de cada transecto. Las peculiaridades biológicas del corzo aconsejan, además, que esta planificación previa se haga de manera particular para cada lugar de muestreo. El establecimiento del coeficiente de corrección puede conseguirse mediante un considerable esfuerzo durante los primeros censos, pero una vez calculado éste para nuestra superficie de muestreo, facilitará sobremanera todos los censos posteriores.

Además de la densidad y la estructura poblacional, este método aporta interesantes datos respecto a la distribución espacial y de vegetación, lo que representa una importante ayuda en la gestión de nuestros espacios.

Monterías

Las batidas son aptas para la realización de conteos y estimas poblacionales de corzo, pero no las monterías

Si las batidas —que veremos después— son aptas para la realización de conteos y estimas poblacionales de corzo, no lo son las monterías, a pesar de la gran cantidad de cazadores participantes y las decenas de perros que se incluyen en ellas. En este caso la superficie es grande, por encima siempre de las quinientas hectáreas, y en ese terreno los corzos, con la tendencia propia de no salir de su área de campeo, dan vueltas en sus huidas para retornar a sus encames. Siendo esto así, los cazadores pueden estar contando repetidamente al mismo corzo, ya que éstos giran sobre la misma mancha y salen y entran de ella si son perseguidos por los perros. Por otra parte, la amplia superficie propicia que los corzos pasen o se encamen entre los batidores, sin llegar a ser vistos en ningún momento.

Otro inconveniente radica en poner de acuerdo a todos los participantes. Mientras que en las batidas suelen ser grupos de asociados y amigos, en las monterías cada montero será de su padre y madre, por lo que la colaboración de todos los participantes se vuelve en numerosas ocasiones, una quimera. Más aún, si los resultados no son los esperados y los ánimos no invitan a la colaboración.

Las modalidades que encontramos en el sur y oeste peninsular, llamadas ganchos, más parecidas a las batidas en lo que se refiere a la participación y superficie cazada, sí posibilitan, como en su caso, la búsqueda de estimas fiables.

Batidas


Imprescindible para una correcta gestión, el conteo debe realizarse de la forma más concreta posible, utilizando para ello el método más adecuado para cada situación o terreno. © Custodio Torres.

En las batidas, que generalmente se dan en el norte peninsular, se actúa sobre una mancha de pequeñas dimensiones cerrada por cazadores fijos y que aguardan las reses espantadas por otros que convergen hacia ellos; el conteo de corzos con esta modalidad de caza se puede asumir como una adecuada técnica de estima. Si el terreno está bien rodeado, los batidores contarán los corzos que rompan en su contra, mientras que los postores contarán aquéllos que sobrepasen su armada. Los corzos que se cuenten serán los que haya en esa superficie y, siendo reducida, no tenderán a volver a ella. Cuantas más batidas tengamos de los diferentes hábitats representativos, más fiable será la estima realizada. Los resultados también estarán relacionados con el número de perros y hombres que baten y cuentan en cada mancha, pues es bastante habitual que los corzos se agazapen o salgan sin ser vistos, aspecto que se reducirá cuantos más componentes participen en la batida.

Patricio Mateos-Quesada
Pedro Fernández-Llario

 

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En el número de enero:

  • Sin «foro» unánime en asturias para declararlo especie cinegética
  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros

 

 

¿Muchas marcas, muchos corzos?

Siendo el sistema comunicativo del corzo mediante marcas visuales, han sido diseñadas técnicas en las que la abundancia de marcas se relaciona con el número de individuos, en este caso machos. Sin embargo, estudios sobre el comportamiento de marcaje han evidenciado que no marca de manera uniforme su territorio y la elección de la superficie a prospectar, escogida al azar, influiría en los resultados. Además, las circunstancias en que transcurren los acontecimientos en los territorios de machos, harán que la intensidad en el marcaje varíe. Así, la presencia de marcas de un subadulto por un territorio ajeno aun de manera circunstancial, harán que el propietario incremente su tasa de marcaje incluso decenas de veces. La presencia de otro macho rival adulto no conocido, hará que el incremento sea más intenso.

A pesar de todo y atendiendo al sistema de marcaje en el corzo, podríamos hallar una forma de conocer el número de machos adultos territoriales, aspecto importante en gestión cinegética. En el sistema de comunicación de esta especie ha podido constatarse la presencia de acumulaciones extraordinarias de marcas en el centro de sus territorios: los pelaos. La localización de varios de estos pelaos nos daría una idea de la distancia entre centros territoriales y, por tanto, de la superficie aproximada de esos territorios. Si fuéramos capaces de extrapolar, podríamos conocer la densidad de machos adultos en una superficie mayor, siempre que ésta tuviera una relativa uniformidad en lo que respecta a topografía y vegetación. El éxito de esta técnica radicará únicamente en la capacidad de encontrar estos pelaos por la superficie del bosque.

 

 

Índice de Lincoln: el método de captura y recaptura

Si tenemos un número de corzos capturados que marcamos y posteriormente soltamos, es de suponer que a la hora de buscar y localizar corzos en campo, la posibilidad de ver a uno marcado será la misma que la de ver a uno sin marcar. El avistamiento de un número determinado de corzos entre los que se encuentran algunos de los marcados nos dará, en relación a este número y conocido el total de la población de marcados, la proporción de los corzos existentes no marcados en la superficie. Es decir, si vemos muchos marcados será que no hay muchos sin marcar, y si vemos pocos será que hay muchos sin marcar en relación a los marcados.

Para esta técnica, sin embargo, no es necesario marcar corzos, aunque es aconsejable. Podemos sustituir las marcas artificiales por patrones morfológicos que nos distinguen unos corzos de otros, y que determinados en un número suficiente nos pueden servir para desarrollar este método de manera muy efectiva. No cabe duda de que si optamos por la identificación individual, requerimos de un personal especializado, lo que unido al esfuerzo en términos de muestreo para conseguir óptimos resultados, hacen que esta técnica sea de difícil aplicación, a pesar de ofrecer las estimas más cercanas a la población real de todas las técnicas repasadas hasta ahora.

Lances de caza mediante grupos de cazadores

La reunión de un buen número de cazadores y perros en algunas de las modalidades cinegéticas peninsulares, nos hace disponer de una gran oportunidad para derivar parte del ingente esfuerzo que se aplica en la caza, sobre la gestión de nuestro propio terreno. En estos casos, la técnica consiste en aprovechar el movimiento de hombres y perros para contar reses, siempre atendiendo a la colaboración de los primeros y habiendo sido de antemano y en conjunto, aleccionados para seguir una metodología concreta.

Podemos considerar dos tipos de reuniones de cazadores que ayudan en el fin último de censar corzos: las monterías y las batidas. La diferencia esencial radica en el número de hombres y perros que utilizan una y otra: mayor amplitud y número de efectivos en la montería y menor cantidad de hombres y perros, pero menor superficie de caza en las batidas.