El despertar de abril

Abril es un mes generoso, de abundancia y de regeneración. También lo es de preparación para lo que está por venir si atendemos a los estiajes del sur peninsular donde el alimento escaseará hasta apartar a muchos individuos de manera definitiva. Pero abril es, sobre todo, una carrera y la opción obligada por la que deben pasar individuos de multitud de especies para desarrollarse casi de manera definitiva, junto con mayo, y poder alcanzar el estado de adulto.

Patricio Mateos-Quesada | 24/04/2009

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Si a ungulados nos referimos, corzos y ciervos, por poner un ejemplo, ubican en este periodo el nacimiento de sus crías y es en estos momentos en los que el crecimiento en materia corporal es mayor; casi podríamos afirmar que es un crecimiento definitivo y que se reflejará en su madurez, no sólo por el tamaño corporal, como sucederá con el corzo y por remitirnos a estos ejemplos, sino en el propio desarrollo de la cuerna, como sucederá con el ciervo.

No existe para el caso del jabalí un estudio que relacione el aporte nutricional de los rayones con el trofeo

No existe para el caso del jabalí un estudio que relacione el aporte nutricional de los rayones con el trofeo que puedan llegar a presentar años después. Sin embargo, sí existen evidencias científicas que relacionan el tamaño de las crías al nacer con el éxito que éstas alcanzan a la hora de mamar y a la hora de alimentarse durante sus primeros días, hecho que nos lleva a suponer la ventaja que adquirirán hasta su etapa adulta, aunque, insistimos en ello, no nos permita conocer la relación entre el trofeo y su alimentación en sus primeras semanas de vida.


Los grandes machos siguen imponiendo su posición jerárquica tanto a las piaras de hembras y rayones como a los jabalíes de menor tamaño, disputándoles los mejores y mayores bocados. © Eduardo Ruiz Baltanás.

También sabemos que el alimento es importante a la hora de formar unas buenas defensas en el macho del jabalí, importante como uno más de las variables que entran parte en este desarrollo, pero tampoco se sabe si este alimento tiene que estar dispensado en abundancia en algún momento determinado de la vida del jabalí, como sería durante su crianza. Al hacer referencia a este estudio y por no quedar al lector con la incertidumbre de qué variable es la que más influye en el trofeo del jabalí por ir este artículo en otro sentido, sepa que el mencionado trabajo concluye con que aquello que más influye en el grosor y longitud de los caninos es la edad del individuo. Podrá el cazador reconocer este argumento en aquellas ocasiones en las que, por ejemplo en una montería, un macho voluminoso no muestra un trofeo acorde con las expectativas; posiblemente, sea porque en la finca monteada existe un suplemento alimenticio, éste es además excesivo y los desarrollos corporales están muy por encima de lo que estarían en condiciones normales, mientras que los caninos se encuentran en su justa medida acorde con el tiempo del individuo.

La dieta obligada

El estudio concluye que aquello que más influye en en grosor y la longitud de los caninos del jabalí es la edad del individuo

Lo que resulta una evidencia es que existe una necesidad importante por parte de los rayones que están creciendo en adquirir proteínas y elementos necesarios para su crecimiento.

Buena parte de estos rayones que nacieran en el mes anterior, dejarán la dieta de la leche materna y se mantendrán únicamente con lo que su jeta sea capaz de alcanzar, y no debe ser poco, pues el estirón corporal al que se ven sometidos en estos primeros prolegómenos de su desarrollo requiere de una importante fuente de suministros nutritivos.

En estas necesidades coinciden las hembras que han parido pues, tras la gestación y lactancia, deben recuperarse del importante desgaste que supuso la crianza.


En abril, primales y hembras aprovechan para desarrollarse y reponer las reservas perdidas durante la lactación, gracias a la abundancia de comida de origen vegetal, por lo que es más frecuente verlos que en otras épocas, pues apuran hasta el último momento para comer. © Eduardo Ruiz Baltanás.

Y para paliar estas carencias o como aporte en masa de los que crecen, nada mejor que el herbivorismo. Es fácil ver a los grupos de hembras en estas fechas haciendo acopio abundante de la hierba que surge abundante, hierba que constituirá la parte fundamental de su dieta y que, al no ser rumiantes, aprovecharán mejor que otros ungulados que lo sean. Buscarán, sobre todo, aquellos terrenos en donde las leguminosas abunden, plantas ricas en elementos apropiados para la fabricación de proteínas, proteínas con las que estructurar su cuerpo.

Es fácil entender, entonces, que los grupos de jabalíes se desplazarán a los prados que se encuentren en sus áreas de campeo, sobre todo aquellos ubicados en vegas y suelos profundos donde, además, podrán buscar los invertebrados que se encuentren en las inmediaciones de su superficie. Como el valor energético de esta dieta herbácea es escaso, deben pasar buena cantidad de su tiempo pastando de manera continuada.

Este último punto es importante incluso para la localización de los grupos de jabalíes, pues suelen aguantar más allá de las primeras luces para recogerse a sus encames habituales; si el lugar es tranquilo, se les puede llegar a ver pastando en horas centrales del día, eso sí, por lo general cerca de manchas, en linderos o en pequeños prados entre la vegetación arbustiva.


Al contrario que en los cérvidos, no hay evidencia de que un aporte extra de comida en un momento u otro de la vida de los jabalíes influya en el futuro tamaño de sus defensas. © Ardeidas.

Ni que decir tiene que en el atardecer sucederá lo mismo: las piaras saldrán antes de sus encames y podrán verse incluso antes de la puesta de sol, pero, tal y como sucedía con el amanecer, también dependerá de la tranquilidad a la que se vean sometidos los ejemplares para que este hecho tenga lugar.

Debemos considerar que es éste uno de los momentos del año en que más activos necesitan estar los individuos debido, fundamentalmente, al tipo de alimentación.

Algo más que hierbas

Buscarán terrenos donde las leguminosas abunden, plantas ricas en elementos apropiados para la fabricación de proteínas

Pero no sólo de pan vive el hombre, y mucho menos el jabalí. El tremendo crecimiento al que se ven sometidos los jabalíes necesita de todo el aporte proteico que sean capaces de acaparar, y en estas épocas del año, la oferta no es escasa. Efectivamente, la explosión de vida que sucede en la primavera será aprovechada por la especie para la ingestión también de proteína animal. Cualquier persona que esté un poco al tanto de las andanzas del jabalí, sabe que en ningún momento del año desdeñará la carne que se le ponga en su camino, además de invertebrados, y con más motivos ahora. El jabalí es carroñero y aprovechará cualquier animal muerto en sus recorridos para llenar el estómago, e incluso, puestas de aves o cualquier animal de pequeño tamaño que pueda atrapar moviendo piedras o levantando galerías.

Marranos en movimiento

Pero debemos considerar que el jabalí no tiene una dentición especializada para el acopio de hierba y, por tanto, debe seleccionar, no sólo el tipo de vegetación, sino la abundancia de ésta en cada lugar.


Los rayones no sólo comen hierba, pues para compensar el gasto energético invertido en su desarrollo recurren a carroña, invertebrados, huevos e incluso animales de pequeño tamaño. © Guy Fleury.

Existe, además, algo que deteriora los prados y les hace perder superficie y calidad a la hora de buscar en ellos el alimento: al hozar los jabalíes en busca de invertebrados, levantan el terreno y arruinan en buena parte la calidad y superficie de los pastos sobre los que ellos mismos inciden.

Los dos argumentos previos someterán a los grupos a desplazamientos obligados de manera continua. Los rayones van perdiendo su librea infantil y como bermejos son capaces de seguir a la madre a cualquier lugar y llevar a cabo largos desplazamientos. Y éstos se dan: la gran necesidad de aporte nutricional y la carencia energética de la vegetación herbácea, obligan a un campeo continuado en busca de proteína animal y al cambio de pastos. Los grupos de jabalíes se prodigan en el trasteo diario y las buenas temperaturas no requieren un refugio obligado en determinados lugares.


Como el peso no influye en el tamaño de las defensas del jabalí, muchas veces nos encontramos con la agradable sorpresa de abatir un guarro no muy grande, pero con un trofeo descomunal. © Guy Fleury.

Podemos incluso hablar de una filopatria escasa o inexistente. No existe querencia por un descansadero concreto ni por una ladera concreta: los grupos avanzan en un campeo libre donde buscar el sustento, y donde les surge la necesidad de pasar la noche o hacer un alto circunstancial, allí lo hacen, siempre que cumpla unos requerimientos mínimos. Es el periodo del año, junto al momento del ciclo de la especie, en el que podemos ver jabalíes en cualquier parte del campo y en el que más alejados están de las manchas habituales en las que habitualmente tienen sus encames. Por supuesto, y atendiendo al análisis de la situación que hasta ahora hemos descrito y tal y como sucedía desde enero, machos y hembras siguen caminos por separado, lo que no es impedimento para que tengan encuentros ocasionales.

El macho podrá coincidir en los mismos lugares que las hembras y, si es de tamaño voluminoso, impedirá la alimentación de otros individuos caso de que la comida esté concentrada en un lugar muy concreto. Así, por ejemplo, si se diera el caso de que localizan el cadáver de una res un macho y un grupo familiar, el primero comerá mientras que el grupo de hembras y crías espera a una prudencial distancia. Sólo cuando aquél se haya cansado de comer y de husmear ocioso por su festín, se retirará y dará paso a otros comensales...

Patricio Mateos-Quesada (Biólogo)

 

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En el número de enero:

  • Sin «foro» unánime en asturias para declararlo especie cinegética
  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros

 

 

El jabalí y la caza menor

A este respecto hay más leyenda campestre que datos científicos, como el hecho de que todos los nidos de perdices son comidos por los jabalíes, que los corcinos son devorados por las hordas de jabalíes e incluso que levantan vivares para atrapar a todos los conejos de sus madrigueras. Posiblemente todo sea cierto, pero no hasta el extremo de que el jabalí sea perjudicial para estas especies y las empuje a su extinción en según qué zonas. Estas especies que mencionamos, siempre han vivido en el mismo lugar y hasta el día de hoy; si escasean perdices, corzos o conejos, posiblemente el jabalí sea el menos culpable de ello. El jabalí es una especie oportunista y no desdeña cualquier oportunidad para abrir boca, pero está muy lejos de tener la capacidad de diezmar una especie o una población en cualquier espacio.

Otra cosa sería que tuviéramos un cercón de marranos con densidades muy altas en un terreno reducido; entonces, ahí careceremos de perdices, conejos, corzos y buena parte de la flora y fauna de nuestros montes, pero es el hombre quien ha propiciado esa anormalidad, y no el jabalí.


Cierto es que los jabalíes devoran algunos nidos de perdiz, pero, a no ser que hablemos de cercones, no son ellos la única causa de la falta de patirrojas en un coto.

 

 

La gestión, aún en abril

Una gestión integral del jabalí, acorde a su propia naturaleza, requiere un manejo efectivo para cada momento del año. La biología del jabalí nos permite intervenciones que podrán ser aprovechadas conforme avanzan los ciclos.

Conociendo que el estado de los nuevos integrantes familiares se encuentra en pleno rendimiento en su crecimiento, es adecuado que podamos favorecer ese crecimiento. Y lo podremos hacer de manera natural, no mediante aportes suplementarios que pueden trastocar las rutas y comportamientos de las poblaciones, como ya hemos visto que sucedía en capítulos anteriores. Sería, por tanto, favorable para nuestra población que dispusieran de prados para su alimentación; sería muy acertado que en estos prados se dispusieran de manera abundante especies de leguminososas como la veza, e incluso cereales intercalados en campos donde la vegetación silvestre debe predominar. Un cultivo muy adecuado para ellos consistiría en una mezcla de avena y veza, guisantes e incluso patatas.

Con estos manjares es natural que el jabalí no distinga entre lo que es sembrado para él y lo que no, por lo que en estas fechas siempre existe el conflicto tremendo entre jabalíes y hombres al entrar éstos en los cultivos y arruinar la producción en grandes superficies. Bien saben esto los aficionados a los jabalíes, quienes establecen las esperas en entradas y salidas de estos cultivos durante las noches de primavera.

Por otra parte, sabemos que los jabalíes se encuentran en buena parte fuera de las manchas y que pueden aprovechar el mínimo escondrijo para tumbarse y sestear entre comilona y comilona, si la tranquilidad es adecuada. Las esperas y recechos podrán ser entonces más provechosos en estos lugares y, atendiendo a las rutas que puedan seguir los jabalíes y que estarán mediadas por los herbazales y prados, podremos disponer mejor los lugares de caza.

Abril es un momento de recuperación de nuestras poblaciones y de afianzamiento corporal para el verano que esté por venir; a pesar de ser un mes de transición, no podemos olvidar la importancia que éste tiene en la próxima temporada ni en el desarrollo que rayones y bermejos puedan tener para la formación de futuros trofeos.


Abril es buen momento de esperas, pues los jabalíes entran a la jugosa producción de cultivos y huertos. © A. Mata.