
En estos meses, tiempo por excelencia de descanso para la mayoría de las especies de caza (a menos que se autorice por daños), no podemos olvidarnos de hacer un balance de la finalizada temporada de caza de perdiz con reclamo.
José Antonio Berruezo Segura | 21/04/2009
Se trata esta pasión, a la que llamamos caza de perdiz con reclamo macho, de una modalidad que yo definiría de arte más que de caza a secas, y seguro que los verdaderos aficionados comparten conmigo esta opinión.
Lo innegable es que este tipo de caza difiere totalmente de cualquier otro en muchos aspectos. Yo destacaría que, por encima de todo, está la admiración y el respeto que sentimos todos los aficionados por la perdiz roja española, como especie singular y característica de nuestros campos.
Resaltaría, igualmente, su bravura y su carácter como sufridora y superviviente, ya que debe soportar los avatares de la predación, la acción negativa de las nuevas técnicas de cultivo, el progresivo deterioro de su medio, los cambios de las circunstancias meteorológicas —que tan mal pronóstico tienen con el cada vez más acentuado cambio climático—, y a nosotros mismos, los cazadores… En fin, un innumerable cúmulo de circunstancias que hacen de cada perdiz autóctona una auténtica joya que embellece y ensalza el sabor de nuestros campos mediterráneos.

El canto de un buen perdigón, consigue, con su reclamada, atraer a los machos del entorno que acuden presurosos a echar al intruso que, con descaro, demanda su atención.
Remarco lo de autóctona adrede, porque si hablamos de repoblaciones o traslocaciones de perdiz de granja es otro cantar. Son pobres productos fruto de la desnaturalización, masificación y mercantilismo que sufre parte de este sector tan diverso del que hablamos. Hay cotos intensivos en los que las sueltan la noche previa a la cacería, con el único afán de que los cazadores hagan percha y el propietario caja, y eso nos creemos que es cazar.
Lo cierto es que la perdiz de granja es un buen recurso al alcance de cualquier gestor de coto, que bien usado puede dar unos resultados más que aceptables. Yo, de hecho, tengo la suerte de gestionar varios acotados, algunos de perdiz autóctona y otros en los que, conforme a la legalidad y según el plan técnico en vigor, se realizan introducciones de perdiz de granja —pero no de cualquier granja, ya que hay que buscar el genotipo más próximo a la zona donde vayamos a realizar la suelta—.
Estas introducciones realizadas en los meses apropiados —que en mi opinión, para la zona sur peninsular, son los de agosto o primeros de septiembre— dan unos resultados para la caza con reclamo sorprendentes, pues se consigue que, para cuando comienza la veda, las perdices gocen de una adaptación óptima, suelan aparearse bastante bien y, sobre todo, su comportamiento las hace un tanto distintas a las autóctonas: son más facilotas, entran con más bravura y nobleza, y son mucho más confiadas, por lo que suponen una forma de entrenar a los reclamos con menos experiencia y, de esa manera, poder facilitarle su aprendizaje, para después, si es posible, ir alternándolo en cotos con perdiz autóctona, que es otro cantar…
Éstas últimas suelen ser de carácter más desconfiado (por los motivos antes expuestos, ya que sólo sobreviven las más avispadas).

El autor con su amigo Bonachela, con el resultado de un fructífero puesto: una gran percha de perdices que entraron sin dudar al canto del sagaz reclamo.
Además, su celo suele tener unas pautas más determinadas, desde la partición de bando, pasando por los primeros quince días de apareamiento en los que no hay verdadero celo al no haber pisa. Una vez comenzada la pisa hay unos quince o veinte días en los que entra el par a la jaula con verdadero celo y, finalmente, coincidiendo con el mes de marzo, va remitiendo el ánimo de pelea hasta que llega abril, el mes de mucho cantar, pero poco venir, donde realmente empieza todo, con la puesta y feliz retirada a su área de nidificación, donde nacerán y sobrevivirán, como diminutos diamantes de campo, los perdigones allá por los primeros días de junio, siempre que sus sufridos padres hayan superado el mes de mayo, por excelencia el mes donde la hembra —a veces con ayuda del macho— empollará sus huevos como si de pequeños tesoros se tratara, evitando el efecto de las tormentas propias de la época, el frío de la noche, las escarchas, la predación, etcétera.
Realmente es un gran espectáculo dentro nuestro ecosistema mediterráneo cuando se ven, allá por el mes de julio, los manojos de pollos tras sus padres después del trabajo que les ha costado llegar hasta ese momento.
José Antonio Berruezo Segura
Comentarios (13)
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21/04/2009
Creo que no nos hacen ningún bien este tipo de alardes, pero esto no deja de ser una opinión más de un aficionado más.
Saludos
También difiero con el autor, en que dice que los cotos de granjeras sirven para entrenar pollos, pues si tu entrenas pollos a los que acostumbras a "no trabajar", ya que antes que abra el pico tiene aquello lleno de pajaros, cuando lo lleves a un sitio donde haya que trabajar con cantes 1/2 hora para que siquiera te contesten las camperas, lo lógico que el alumno, mal acostumbrado, se calle y briegue, pues esta acostumbrado a lo fácil.
Por lo demás, el resto del articulo bien, y se nota que el autor sabe de lo que habla.
22/04/2009
Creo, que es importante hacer esta apreciaciòn al mostrar las fotos.
Campa2.
Fernando Caballero
22/04/2009
Si en el coto se van a abatir 50 perdices en la temporada de reclamo, deben ser los cazadores quienes dispongan. Esto es una de las cosas que desde Ancreper deberias debatir y presionar a las administraciones.
Otra de las cosas fundamentales es no hablar de celo, cria ni reproduccion. Ahi si que nos pueden hacer daño.
La caza se hace en temporada de caza anterior a todo esto, ¿claro?.
En la feria de la caza de Jaen estuvimos hablando de todo esto con Cristobal de Gregorio y Jimenez de Percofan. Hay que llevar la cabeza bien alta de ser cazadores de perdiz con reclamo pero saber trasmitirsolo a la gente en general. Bases solidas.
22/04/2009
Pero como creo que también se un poquito de esto, mi opinión personal es que las "Barracas de tiro" deben de estar en las ferias.
Seamos serios y dejemonos yá de mercantilismos hipócritas y carniceros, al uso y servicio de negociantes fariseos, que poco ó mejor dicho ningún favor nos hacen.
Saludos a todos.
22/04/2009
Por otra parte, hasta el momento presente (nos guste más o nos guste menos), ANCREPER no es interlocutor reconocido ante la Administración, por lo que nuestras consideraciones tendremos que hacerlas ante la Federación que sí se sienta con el Gobierno a debatir los Planes de Caza.
Por último, no tengas ninguna duda de que estamos muy orgullosos y tranquilos de estar practicando una modalidad de caza que, por su dificultad y exigencia, se convierte más en un arte que en el hecho de abatir perdices.
Yo he estado durante bastantes años cazando en La Sierra, como decimos aquí, y me he venido aburrido de matar cientos de perdices con medias cucharas que, luego en este terreno, no servían ni para estar escondidos.
La cacería del reclamo está preciosa si tiene complicación y el pájaro tiene que exhibir constancia y saber hacer, de otra manera, no tiene tanto chiste.
De todos modos, amigo Canilero, tomátelo como lo que es, un comentario más. Saludos.
23/04/2009
Jose Ant. y Bonachela llevan 6 perdices. Que de malo tienen fotografiarse con ellas.
Lo normal es que la mayoria de los dias nos vengamos bolos, pero como no pregonarlo cuando, sin salirnos de la ley, matamos alguna.
En cuanto a las macroferias de repoblaciones intensivas, pues en fin, un asco.
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