El gatillo, ese desconocido

Entre las pequeñas cosas que influyen, y contribuyen, en la práctica de nuestra afición pasando inadvertidas, el gatillo ocupa un lugar destacado. Sin embargo, el pequeño dispositivo sufre tal ninguneo que hasta su nombre se utiliza mal.

Pedro A. Suárez | 28/03/2009

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Gatillo es el sistema de disparo completo de cualquier arma que funcione por el proceso de percusión para encender la carga, pero normalmente llamamos así sólo a la pieza donde apoyamos el dedo para disparar y cuya designación correcta, y poco usada, es cola del disparador.

La solución definitiva (pero cara) a la problemática del gatillo parece ser la de doble gatillo secuencial, de los que hay muy pocos

Si nos adentrásemos en el sistema de disparo de una escopeta normal desde la cola del disparador, encontraríamos a continuación el trinquete, luego el muelle real —encargado de hacer golpear el martillo—, para continuar en los sistemas antiguos con la cadeneta y en otros más evolucionados con la barra de transferencia. Enseguida veríamos al propio martillo, que en las acciones modernas es una pequeña pieza pivotante interior que la misma apertura del arma pone en situación de hacer fuego, pero que antiguamente era exterior y se montaba con la mano —y se la llamó perrillo porque solía estar decorada semejando la cabeza de un can—. Por último, veremos al percutor que asoma su cabeza a través del orificio denominado grano de fuego.

Una técnica propia


Este tremendo cerrojo de una semiautomática, es sólo parte del gatillo. El martillo, el muelle y el trinquete se quedaron dentro del cajón del mecanismo

Contra lo que pueda parecer, el gatillo de una escopeta es diferente al de cualquier otra arma. Para empezar, está la forma de tirar: vemos la pieza, la seguimos con los cañones, corremos la mano, continuamos la trayectoria y sale el tiro en medio de toda esta secuencia. El tirador de escopeta no se centra en el disparo: éste sale por sí solo como si con el cazador no fuera la cosa. El de mayor, en cambio, centra el tiro, lo mantiene y lo busca en el dedo hasta que sale. Si el de escopeta hiciera lo mismo, ¡sería fallo seguro! Para poder hacer lo que hemos dicho, los gatillos en cuestión son de disparo seco, lo que significa que no tienen recorrido. Cuando uno pone el dedo, siente que están prietos y no se mueven en lo más mínimo, y siguen así aunque se aumente la presión. Es sólo cuando ésta supera un determinado nivel, que, de pronto, ¡pumm!

Más de lo imaginado

Los podemos dividir en dobles y sencillos, pero es una clasificación que se queda muy corta.


Gatillo simple (y burdo) de una repetidora para caza de patos que tiene un cañón de 75 cm.

Los más sencillos, clásicos y de toda la vida (es decir, los más comunes) son dos colas de disparador en tándem donde, generalmente, la primera dispara el cañón derecho y la segunda el izquierdo. Es una solución tan buena, que cuesta comprender porqué se ha seguido trabajando sobre el tema.

Lo primero que se buscó solucionar fue exactamente un problema operativo. Con las escopetas antiguas de calibres grandes, el dedo del gatillo quedaba amoratado al cabo del día debido al retroceso del arma cuando se usaba el segundo cañón —ya que el disparador del primero golpeaba por delante de la falange al dedo índice—. Para solucionarlo se inventaron los gatillos articulados, que son los que podemos empujar hacia adelante y ceden, pero sin perder la condición de secos apuntada antes.

La ventaja fundamental del doble gatillo es que permite seleccionar el choke, de modo que, según la distancia o necesidad del tiro, se puede utilizar uno u otro cañón. Pero hay una situación en la que esta disposición falla: imaginemos que levantamos dos perdices al mismo tiempo, pero separadas; una está muy cerca y la otra ya es un tiro largo. Para tener alguna posibilidad hay que disparar primero a la que está lejos, y luego a la que estará larga. Si lo hiciéramos al revés y falláramos la primera, la que ya estaba lejos se habrá puesto ¡imposible!


En esta pletina están casi todos lo componentes del gatillo de una yuxtapuesta; en el cerrojo, perteneciente a otro sistema de disparo muy diferente, sólo se aloja la aguja percutora.

Cambiar de disparador en la secuencia descrita (primero el trasero, bien pegado al guardamonte, y luego el delantero, muy retirado) es muy difícil, lento y complicado. Para solucionarlo se inventó el monogatillo selector, que es el verdadero monogatillo de caza ya que permite elegir el choke para el disparo en primer término. El otro monogatillo que hay, el de secuencia fija que primero dispara siempre el mismo cañón, está diseñado y sólo es verdaderamente útil en el club de tiro.

Pero, la verdad, es que el monogatillo tampoco resultó ser la solución definitiva que se esperaba de él. Sobre todo porque un monogatillo total —en el que se puede seleccionar libremente el primer cañón y luego repite el disparo en secuencia mecánica— es de una elaboración tan precisa y complicada que resulta excesivamente caro para escopetas que no sean de alto precio. Por ello la mayoría los montan de inercia; esto es, que el retroceso del primer disparo es el encargado de enganchar al segundo. En otras palabras: si falla el primer tiro, nos quedamos sin escopeta. Hay que reponer los cartuchos. Gatillos de este tipo se venden tanto selectores como de secuencia fija. Pero el problema es el mismo.


Lo que antiguamente fue un perrillo que se montaba con la mano, se ha convertido en un diminuto martillo de acción automática.

La solución definitiva (pero cara) a la problemática del gatillo parece ser la de doble gatillo secuencial, de los que hay muy pocos y son menos conocidos aún. Se trata de un sistema de doble cola (o doble gatillo) aparentemente igual a los tradicionales. Cada uno dispara su propio cañón asignado como siempre, pero también es capaz de disparar el otro cañón inmediatamente, y en cualquier orden.

El resultado es que podemos disparar cualquier cañón en primer lugar a elección; si falla el cartucho podemos tirar el otro, y lo podemos hacer con el mismo disparador o cambiando el dedo, y esto en cualquier orden. Podemos usar la escopeta a la manera de siempre o como si fuera realmente monogatillo. Y, por si fuera poco, en caso de romperse uno de los sistemas de percusión, podemos usar los dos cañones con el otro como si el arma tuviera montado un solo disparador. En fin, que este sistema tiene todas (¡todas!) las opciones y posibilidades —el único problema que no resuelve es pagar la escopeta que lo monta…—.

Semiautomáticas y repetidoras

Los gatillos de las escopetas superpuestas y yuxtapuestas son delicados y se rompen con relativa frecuencia y facilidad

Con este tipo de escopetas el gatillo se encuentra con la primera limitación: estas armas no son de campo, no están hechas para ir al conejo o la becada al ser grandes, largas, gruesas, pesadas y ruidosas.

Imaginemos un cazador europeo o americano de patos, metido hasta la cintura en el agua, sembrado a su alrededor de señuelos y escondido entre los juncos. A él no le entra el pato. Le entran los patos. Vienen todos juntos en bandada. Sus tiros son generalmente largos y muy similares. Además, quiere repetirlos todas las veces que pueda porque las presas son muchas. El choke que necesita siempre es el mismo y el gatillo tiene que ser de fiar: este cazador sí necesita una semiautomática o una repetidora.


Los gatillos articulados fueron la primera evolución de estos mecanismos. Nótese como la cola del disparador delantero es capaz de desplazarse alrededor de un centímetro. No obstante, cuando esté montada, el disparo no tendrá recorrido muerto.

Estas escopetas no tienen un gatillo como las yuxtapuestas o las superpuestas, sino que tiene un sistema de percusión como los rifles: lento, pesado, ruidoso (que golpea como un martillo de carpintero) y, sobre todo, ¡irrompible! Si nuestro lector quisiera hacer una comprobación sencilla, pero concluyente, se convencerá por sí mismo: pídale a ese amigo cazador que tiene una de éstas que se la preste un momento; dispare en seco y notará un claro, sonoro y contundente ¡clacknn! Pruebe ahora con la suya: sentirá un delicado y discreto ¡tic!

La semiautomática tiene un enorme percutor movido generalmente por un brutal muelle espiral que la hacen infalible e irrompible, y cuya masa, difícil de mover, necesita, en general, 1,5 décimas de segundo para iniciar el disparo. Las de siempre se mueven mediante un muelle de lámina, más delicado y sensible incluso a los cambios de temperatura, que reaccionan en sólo tres centésimas de segundo. Tirando al vuelo a una becada, esto se constituye en algo determinante, pero con los patos da igual.

Por último, los gatillos de las escopetas superpuestas y yuxtapuestas son delicados y se rompen con relativa frecuencia y facilidad, pero nadie tiene conciencia de ello hasta que sucede.

El lector debe sacar sus propias conclusiones; pero está claro que no cualquier gatillo es para cualquier escopeta y, mucho menos, para cualquier modalidad. Por si sirve de indicación, repetiremos la mejor definición que hemos escuchado de este dispositivo (dicha por un gran aficionado sudamericano cazador de patos perdices y liebres, que tenía un par de escopetas para cada una de estas actividades): «El gatillo no es importante. ¡Es imprescindible! Tiene sus propias especificaciones y requerimientos. Pero debe funcionar bien sin prestarle atención. Es igual que la gasolina del coche».

Pedro A. Suárez

3 comentarios
08 abr. 2009 14:33
+3
Manuelr
Decirle que se vuelve a repetir y ha ser tendencioso con el tema de "las repetidoras"...decir que no es un arma de campo y añadir que no se puede ir al conejo o a la becada por ser grandes, largas, gruesas, pesadas y ruidosas es una "perogrullada" por:
1º Es cierto que la bascula es unos 10 cm más larga pero eso se puede compensar con un cañón más corto (los hay disponibles desde 45cm cosa dificilmente encontrable en otros modelos)
2º Es falso que sean más pesadas que paralelas o superpuestas...., mire catalogos son muy similares
3º Cualquier escopeta al disparar hacen mucho ruido, también al expulsar y cerrar
4º Perdone que le corrija, pero básicamente el sistema de disparo tanto en paralelas, superpuestas incluso en repetidoras es el mismo es decir "martillo trabado sobre fiador". En rifles hay algunos modelos que utilizan aguja lanzada.
5º No reseña nada del importante tema de los pesos mas adecuados ó arrastres de los gatillos
6ºTanto repetidoras como la mayoría de superpuestas (alguna paralela)utilizan muelles helicoidales más lentos pero también más fiables que los reales en V.
Es cierto que la respuesta de unos es más rápida en unos que en otros (no creo que sea tanta como expone) pero también es cierto que una vez nos acostumbramos o asimilamos a "esos tiempos muertos" puede cazar cualquier especie de menor sin mayor dificultad que la del lance.
Comprende que si cualquier tirador en su arma cambiara de muelle helicoidal a real, viceversa, o utilizara una cola de disparador con más-menos peso o tuviera otro tacto sería suficiente para sacarlo de tiro y destrozarle quizá la temporada o incluso su carrera como tirador.
07 jul. 2009 00:30
bala2
bala2
Al hilo de este artículo, querría saber si el hecho de que no pique una escopeta yuxtapuesta, en concreto el cañón derecho, puede deberse a algún problema del gatillo. La he desmontado y la aguja no está partida, los martillos van bien (aunque la primera vez que la desmonté me encontré el martillo a medio camino), y los muelles (incluidos los del guardamanos) no están rotos. Tan sólo me quedó por desmontar la báscula de la culata, para ver los gatillos, pero al no tener un destornillador en condiciones preferí no forzar para no estropear el tronillo ni el grabado.
Espero no haber sido pesado, un saludo.
17 sep. 2009 08:27
+3
mossberg
Menuda parrafada para no decir nada!!!!Y lo de que las repetidoras no valen para el conejo o la becada es para mear y no hechar gota,tantas temporadas cazando el conejo con mi repetidora y sin saber que no valia para esto.

 

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