La tecnología y la becada

Llueve a cántaros. Ernesto hace una pausa para recuperar el resuello durante su ascensión entre los helechos del rehilar, hacia el punto en el que el GPS de su recién estrenado beeper indica que su setter ha parado hace ya cinco minutos. Una monótona señal acústica, como la persistente llamada de atención de nuestro cinturón de seguridad cuando olvidamos abrocharlo, le ayuda en la localización del anhelado lugar donde quizás el can ha puesto la sorda.

Ricardo V. Corredera | 06/03/2009

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El alto en el camino obedece a una advertencia del pulsómetro que ciñe su tórax y que le indica, con un incremento de sus pitidos, que ha sobrepasado las 155 pulsaciones por minuto que le prescribió como máximo su cardiólogo. El becadero anda un poco preocu pado porque hace dos horas que no ve al perro, el mismo tiempo que no ha dejado de jarrear agua. Los sistemas electrónicos que ciñen el cuello del animal podrían humedecerse y perder el contacto vía satélite y auditivo.

Sirvámonos de la tecnología en su justa medida; en caso contrario, antes de matar la pieza estaremos matando la esencia de la caza

El saber que lleva un microchip identificativo subcutáneo le tranquiliza en cierta medida en caso de extravío del can. Durante el respiro aprovecha para echar el bio-taco express: una barrita energética proteínica, un gel de glucosa y una lata de sales minerales isotónica. Es difícil que su perro sufra una pájara, ya que le alimenta con pienso de alta energía enriquecido con Omega 3.

El cazador, una vez recuperado el aliento, reanuda la marcha tras confirmar que los tres cartuchos de su semiautomática ultraplana están en su sitio, la rosca del choke becadero bien apretada y que ningún resquicio de barro u hojarasca obstruye el cañón. Él, enfundado en un tres cuartos de tejido watertex, guantes cortavientos, botas drytex y sombrero encerado, permanece seco y tibio bajo el chaparrón. La suela adherente antidress da seguridad a sus pasos cuando pisa el musgo de alguna lancha de pizarra, y la entresuela boing-espumm amortigua el impacto del pie al andar.


El sentimiento hondo del campo y la caza del becadero de antaño contrasta con la visión apresurada y artificiosa del aficionado de hoy.

Cuando Ernesto, tras un cuarto de hora de búsqueda y aproximación, encuentra al can, descubre una escena muy diferente a la esperada: el animal yace jadeante y extenuado apresado del corvejón por el lacerante lazo destinado al raposo. Liberado ya su escudero de la trampa y confirmada su evidente cojera, el becadero comienza el retorno a su vehículo 4x4. Inmerso en el robledal se encuentra algo desorientado, por Io que se sirve del altímetro de su reloj para, al menos, buscar en la altura adecuada. De pronto el perro cruza alocadamente un claro tras un corzo; menos mal que echa mano del collar electrónico y izas!, un pequeño calambre y el perro, mansamente, regresa.

Si todo va bien, hoy estará de regreso a casa antes de comer. Pero una llamada a su teléfono móvil interrumpe de nuevo su andadura. Es un SMS de Aurelio: «Baja hacia la Fuenfría, dos sordas movidas, mi perro perdido». Mientras redirecciona la marcha hacia el pago esperanzador escampa y el solecillo hace acto de presencia. Es el momento de sacar las gafas polarizadas, antivaho y prevent-plomo. En la encrucijada de los caminos del puente angosto y de las Filenturnas escucha el tintineo de un cencerrillo. Segundos después aparece la Luna con su campano, y a escasos metros tras ella el señor Crispín bajo la boina y sobre las botas de goma. De su hombro derecho cuelga una herrumbrosa paralela y del izquierdo la redecilla de la morrala llena de níscalos. Un raído paraguas negro le sirve ahora para rebuscar en las cunetas.

—Buenos días —saluda Ernesto.

—Buenos son.

—¿Qué tal se dio?

—Ya ve —contesta el señor Crispín levantando las setas.

—Me refiero a la caza —insiste el becadero.

—¡Bah! He gastado un misto —responde el viejo eludiendo el tema.

—¡Adiós! —concluye el cazador tras cruzarse, y al volver la cabeza le pareció ver un largo pico sobresaliendo entre el manojo de hongos. «Viejo zorro», pensó.

Beepers y collares


Antes el becadero se limitaba al uso del funcional campano, pues en entomos amplios y de vegetación con densidad media o baja bastiaba con prestar atención al tintineo para mantener al perro localizado y además conocer el momento en que caía en muestra, ya que el soniquete paraba.

El sentimiento hondo del campo y la caza del cazador de antaño contrasta con la visión apresurada y artificiosa del aficionado de hoy.  La tecnología y la electrónica entran en el mundo cinegético como en todos los sitios: apabullando. Actualmente la práctica de la caza de la becada se está viendo altamente influida por las nuevas tecnologías. La evolución de los utensilios utilizados ha sido espectacular. Antes el becadero se limitaba al uso del funcional campano. En entornos amplios y de vegetación con densidad media o baja bastaba con prestar atención al tintineo para mantener al perro localizado y además conocer el momento en que caía en muestra, ya que el soniquete paraba.

Pero la ambición y la asunción de retos deportivos más altos nos ha llevado a la utilización de perros más independientes y de búsqueda más amplia, a la vez que el descenso de la densidad de sordas y su mayor esquivez nos empujan a zonas más sucias, jarales, hojerales y maleza intrincada donde es complicado abrirse paso.

Existen beepers con mando a distancia, el cual nos permite conectar o desconectar los pitidos a nuestro antojo según la densidad de matorral o la distancia de trabajo del perro

En este contexto apareció el beeper, que cada vez presenta mayor surtido de funciones y sonidos. Según los modelos, este collar emite una señal acústica cada cinco, diez o veinte segundos que nos indica la situación de nuestro compañero, y en el momento en que éste muestra a la sorda comienza a pitar ininterrumpidamente, volviendo al ritmo anterior cuando guía o rompe la parada. El abanico de marcas y modelos es muy amplio. Los hay sencillos, con distintos tonos y volumen graduable; algunos permiten el sonido tanto en movimiento (rítmico) como en parada (continuado) o solamente en parada. Existen beepers con mando a distancia, el cual nos permite conectar o desconectar los pitidos a nuestro antojo según la densidad de matorral o la distancia de trabajo del perro. El alcance de los beepers es un poco limitado y, por otro lado, la becada suele encontrarse en terrenos quebrados donde es fácil perder la señal.

El mando de desconexión del pitido viene bien cuando cazamos con algún listillo envidioso que pronto relaciona el sonido con la muestra del compañero y se lanza a estorbar cuando es joven y no patronea correctamente. Aprende esto a una velocidad increíble. Desconectar el beeper nos da mayores opciones de llegar a la muestra antes que los demás perros aprendices y oportunistas.

Han sacado modelos que imitan el chillido del halcón y el reclamo de la becada; según comentan, el primero consigue que la becada se aplaste y no se mueva y el segundo logra que se acerque totalmente hacia el perro, o que al menos se confíe. Al menos es lo que la publicidad de sus fabricantes asegura. El año pasado apareció en el mercado un modelo con GPS vía satélite. Éste nos indica la ubicación, distancia y movimiento del perro en cada momento.

La tecnología en su justa medida

Mi gran amigo Diego, becadero navarro, deportivo y tradicional donde los haya, me decía hace poco, cambiando con él impresiones sobre el inicio de la temporada becadera: «Tanto avance le quita un poco de sentido y encanto a esta modalidad. Así se busca hacer prácticos y controlables a unos perros de mucha andadura que cazan para ellos, olvidándose del dueño, que corren hacia la becada conscientes de que el de la escopeta aparecerá tarde o temprano una vez que paran la pieza. En muchas ocasiones la becada habrá levantado o llevará mucha distancia sobre el perro. Para mí un beeper con mando que suene sólo en parada y un cencerro de sonido suave que marque las guías entre los bojes es suficiente para disfrutar en equilibrio con la pieza, sin artimañas ni ventajas excesivas para la escopeta».


El beeper, según los modelos, emite una señal acústica cada cinco, diez o veinte segundos que nos indica la situación de nuestro compañero, y en el momento en que éste muestra a la sorda comienza a pitar ininterrumpidamente, volviendo al ritmo anterior cuando guía o rompe la parada.

Mucho cuidado con la interacción de varios de estos artilugios cuando se utilizan simultáneamente, como es el caso del collar electrónico de impulsos de castigo o refuerzo negativo y del beeper, ya que el primero también suele ofrecer un modo de sonido de advertencia, pitido que a veces puede ser asociado con el del beeper. De no haber sido introducidos correctamente ambos aparatos, pueden causar confusión e inhibiciones en ciertos perros. En el equilibrio, como en tantas otras cosas, está la clave. Sirvámonos de la tecnología en su justa medida; en caso contrario, antes de matar la pieza estaremos matando la esencia de la caza, que es el primitivismo más natural y el equilibrio de fuerzas y estrategias entre el ave y el cazador.

Ricardo Vicente Corredera
Fotos: Archivo. Maite Moreno y W. Nagel
3 comentarios
06 mar. 2009 20:19
charrin
Buenisimo articulo, totalmente de acuerdo, mi perro siempre con campano. Un saludo paisano.
07 mar. 2009 01:41
toby_18
toby_18  
"Sirvámonos de la tecnología en su justa medida; en caso contrario, antes de matar la pieza estaremos matando la esencia de la caza, que es el primitivismo más natural y el equilibrio de fuerzas y estrategias entre el ave y el cazador."

Gran frase que resume la esencia del becadero.

Un saludo
08 mar. 2009 21:45
LUIS DE TENERIFE
he entrado en el foro como LA CAZA DE VERDAD.......este articulo aparte de genial es lo que yo defiendo en mis intervenciones...la tecnologia quita pureza u esencia a la caza
enhorabuena

 

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