La deriva de los sexos

Diciembre marca un nuevo punto de inflexión en el comportamiento entre los individuos de diferentes sexos en el jabalí. El celo está pasando y los machos comienzan a tomar rumbos diferentes al de las hembras. Gestación, ahora, y paridera y cuidado de la cría, después, no es cosa de ellos y cada hembra debe afrontar por sí misma toda la crianza.

Patricio Mateos-Quesada | 22/12/2008

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Esto es algo habitual dentro del mundo animal y tampoco es extraño en los mamíferos, a pesar de que se establezca el éxito de este grupo precisamente en el cuidado de la cría por parte de ambos progenitores. Pero hay algo que está por encima del cuidado de la prole, y es el cuidado de uno mismo. Si a un individuo, por lo general macho, le supone un esfuerzo extra el proteger a las crías, mostrarles los mejores lugares para descansar o comer e incluso compartir el alimento con ellas, lo mejor que puede hacer es dejarlas al cuidado de la madre.

Hay algo que está por encima del cuidado de la prole, y es el cuidado de uno mismo

Podíamos pensar que si el macho permaneciera formando parte activa de una familia, quizá las posibilidades de que la prole llegara a la edad adulta serían muy superiores. Pero, para que lo anterior suceda así, el jabalí debería estar seguro de que, efectivamente, los rayones son suyos. Para ello el macho debería tener algún mecanismo que le permitiera tener la certeza de que esas crías son suyas, pues si no, emplearía su esfuerzo en criar a los hijos del vecino. Para tener esa seguridad —si seguimos conjeturando al respecto como medio para conocer el comportamiento del jabalí— el macho debería pasar con la hembra el tiempo que abarca el celo para cerciorarse de que ningún otro hace manitas con ella. Si esto fuera así, el macho lograría su objetivo, pero perdería la oportunidad de ir a ligar con otra hembra. Suponemos que, puestas las ventajas y desventajas de una u otra postura en la balanza de las conveniencias, el macho del jabalí ha optado por la poligamia, lo que supone que no tiene pareja fija e intenta copular con todas aquéllas que atienden a sus flirteos.


Si el macho participara de forma activa en el cuidado de sus crías, la supervivencia de éstas sería mayor, pero éste no es el caso de los jabalíes.
© Eduardo R. Baltanás.

Sin embargo, ni los jabalíes se plantean tantas cosas ni saben lo que es una balanza. Quien establece realmente que la monogamia o poligamia puede establecerse es la propia selección, favoreciendo la estrategia que sea mejor para el individuo e, indirectamente, para la especie. La poligamia se puede sostener en la estrategia sexual de la especie, porque las hembras, en este caso, son capaces de defender y alimentar a las crías por ellas mismas, y no necesitan la presencia de ningún macho para ello, aunque esa presencia las pudiera favorecer, sin duda.

La poligamia para los machos, sin embargo, no es una situación idílica en la que pueden disfrutar del favor de tantas hembras como encuentren; muy al contrario: en cada población hay varios navajeros, con una actitud bastante macarra, que acaparan el favor de las hembras mientras el resto se queda con el deseo de un mejor próximo año. Esto, el que unos machos accedan a muchas hembras y el resto a ninguna, establece prioridades a la hora de que éstas quieran tener crías machos o hembras, buscando siempre tener el máximo número de descendientes.

Los coletazos del celo

Pero no podemos afirmar con rotundidad que el celo ha concluido. Si el pico máximo de actividad lo tenemos durante noviembre, lógico es que el comienzo de esta actividad pueda arrancar desde octubre, y los últimos estertores encontrarlos en diciembre. Pero sí es cierto que existe una posición a la hora de entrar en el celo, en lo que atañe a las hembras de la especie. Primero entraron las hembras viejas y experimentadas, líderes de los grupos y siempre en condiciones físicas mejores que las restantes. A continuación son las hembras de segundo nivel jerárquico las que podrán entrar en celo, si las condiciones reunidas por ellas lo permiten.


Los jabalíes más viejos suelen encamarse y logran burlar a los perros de la batida, no moviéndose hasta que todo vuelve a estar tranquilo. © Guy Fleury.

Esto quiere decir que aún algunos machos pueden estar entre los grupos de hembras, buscando y esperando aquella última oportunidad, lo que no evita que la tendencia sea que los grupos de hembras vayan poco a poco quedando solas. Y nunca mejor dicho, pues las crías de este año fueron expulsadas del seno familiar y complicado será que éstas vuelvan con sus madres... después de los malos ratos que les hicieran pasar los grandes machos. En el grupo permanecerán, por tanto, la hembra líder, aquéllas de segundo rango que pudieran permanecer en el grupo, y las crías de la primera, paridas durante la primavera anterior. Cuando las hembras de segundo rango vayan a parir, es muy probable que haya una segregación y formen una nueva unidad familiar separada de la anterior.

Esta diferencia en el celo se refleja posteriormente en una diferencia en los nacimientos. Podemos encontrar crías nacidas con dos meses de diferencia entre ellas, lo que supone una enorme diferencia a la hora de optar por determinadas ventajas que ofrezca el clima, la comida o las diferentes oportunidades que la naturaleza presente en su vital infancia. Esto será motivo de discusión en el momento en que la paridera se lleve a término. En todo caso, un sentido que aún está más allá de nuestra explicación y que todavía no encuentra respuesta en el mundo de la ciencia, hace que sean las hembras líderes las que parezcan escoger el mejor momento para quedar preñadas, parece que antecediendo el momento adecuado en la primavera o final del invierno, para este alumbramiento.

Los primeros partos

No podemos afirmar con rotundidad que el celo ha concluido: si el pico máximo de actividad lo tenemos durante noviembre, lógico es que su comienzo pueda arrancar desde octubre, y los últimos estertores encontrarlos en diciembre

A pesar de ello, lo dicho anteriormente parece estar enfrentado con la exposición que vamos a hacer ahora. ¿Cómo es posible que estemos hablando de los últimos momentos del celo… y vayamos a continuación a hablar de los primeros partos en el mismo mes de diciembre? Efectivamente, así es. Cuando los dictados de la naturaleza no son desvirtuados, las cosas para el jabalí parecen marchar por los derroteros habituales para la especie y la inteligencia de especie parece imponerse ante las eventualidades. Pero hay ocasiones en las que este comportamiento es truncado por las intervenciones humanas.

Comentamos en el capítulo de septiembre que, aunque duro para muchos individuos, el verano es un calvario necesario para la especie, donde hay una limpieza poblacional y donde son eliminados aquellos ejemplares no suficientemente adaptados a su propio medio. Resaltamos el error que suponía en la gestión el aporte de alimento en los meses estivales, ya que las hembras podían engordar, alcanzar un peso determinado y, automáticamente, entrar en celo y ser cubiertas por los machos. Esto supone que los partos podrían establecerse en diciembre o enero, los meses más fríos del año y, por tanto, los más peligrosos para la paridera del jabalí. Debemos tener en cuenta que en las primeras horas de vida del rayón no existe autorregulación corporal y en buena medida dependen del calor de las madres para su supervivencia. A pesar del celo de la jabalina, que no abandonará el nido de parto durante varios días casi de manera continuada, los fríos extremos de estas fechas pueden acabar con la vida de estos rayones por camadas enteras, dando al traste, como ha sucedido en determinadas poblaciones, con el reclutamiento de todo un año.


En diciembre las hembras preferirán las solanas, más calientes, mientras que los machos buscarán descanso en los lugares menos agraciados y con menos horas de luz del día. © Guy Fleury.

En todas aquellas dehesas o bosques mediterráneos es mejor, por tanto, que el verano actúe como lo que es: la época limitante que marca el antes o después en la vida de los individuos de esta especie. Esto, entonces, no es lo deseable, ni es lo habitual pues —una vez que las investigaciones sobre las poblaciones de jabalíes en Extremadura llegaron a esas conclusiones— cada vez son menos los lugares en los que se suplementa al jabalí en los calores estivales y, por tanto, cada vez menos los rayones muertos en estas circunstancias.

Este tipo de actuaciones tenía, además, otro serio inconveniente. Las hembras nacidas de esta manera y que sobrevivieran en estas condiciones, podían entrar en celo con menos de un año de vida, al alcanzar un peso mínimo establecido por la especie para alcanzar la fecundidad. Eso quiere decir que hembras con muy poca experiencia deben hacerse cargo de un grupo familiar, muchas veces en solitario, al no tener cumplido siquiera un ciclo junto a la madre, y difícilmente podían ofrecer a sus crías las posibilidades de un correcto aprendizaje que pudiera reflejarse en el cuidado de su prole, lo que podía llevar de nuevo a una bajada de la población, un mayor aumento de crías nacidas del sexo femenino y, en todo caso, una disminución del valor de la población, desde el punto de vista cinegético.

El maíz ante los imprevistos

Las hembras líderes parecen escoger el mejor momento para quedar preñadas

El comportamiento del jabalí en el bosque mediterráneo es el contado hasta ahora y la manera de abatirle podría ser la expuesta en el cuadro de la página 81, una vez atendidas las peculiaridades de cada finca. Y, atendiendo a éstas, el gestor puede establecer manchas y momentos de cacería en determinados períodos del año, según la estrategia que venimos proponiendo a lo largo de esta serie sobre el jabalí. Pero si los ciclos del jabalí y los intereses del gestor son los que venimos contando, no podemos establecer los momentos de desarrollo de la bellota, la cantidad, ni siquiera el momento adecuado de inicio o finalización en su aporte por parte de encinas u otras especies en su defecto.

Y, para ello, para la jugada que el medio forestal puede hacer a nuestra gestión, el maíz puede resolver a nuestro favor sustituyendo una bellota que ha finalizado antes de lo previsto o aportando nutrientes en aquellos lugares donde el fruto aún no ha caído por las circunstancias que fueran. Estos retrasos o adelantos en la presencia o ausencia de este alimento, y que el propio jabalí es el primero en notar, puede ser, por tanto, subsanado mediante el aporte artificial, siendo seguido muy de cerca por las poblaciones de jabalí por la razón que antes comentamos y, por ello, ser un método muy efectivo a nuestras pretensiones a un plazo inminente incluso a la batida de las manchas.

De nuevo queremos hacer alusión directa al éxito de las monterías en lo que a jabalíes abatidos se refiere. Buena parte del triunfo de estas acciones cinegéticas dependen del momento y lugar en el que se lleven a término estas actividades. Cada finca tendrá su propio tiempo idóneo y el esfuerzo o contribución que en ella haya que efectuar.

Es el gestor el que, en el conocimiento de las posibilidades y de las características de la finca que maneja, puede aportar una mayor perspectiva y, por tanto, ilusión y a la postre resultados del área a cuya responsabilidad recae su acertado o erróneo criterio.

Pedro Fernández-Llario (Veterinario)
Patricio Mateos-Quesada (Biólogo)
1 comentarios
29 dic. 2008 19:30
ValleElorz
ValleElorz
Quien me puede explicar porque en Navarra, no se habla de las escabechinas de jabalinas preñadas y recien paridas que estamos haciendo en los meses de septiembre y octubre,cada año mas!!!
por que cada año mas se esta matando rayones pequeños en noviemre y diciembre?
Un saludo

 

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En el número de enero:

  • Sin «foro» unánime en asturias para declararlo especie cinegética
  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros

 

La gestión

Nos encontramos con la gestión en la plenitud del período montero y, como es natural, esta gestión debe derivarse a la obtención de buenos resultados. Así, debemos conocer la situación de la comida. La bellota debe de seguir siendo abundante, también la castaña y quizá algunos de los frutos como madroños o espinos. Esto quiere decir que los individuos permanecerán encamados cerca del lugar en el que se siga produciendo comida.

Si la bellota ha cambiado por zonas respecto a su abundancia por diferentes lugares del espacio gestionado, los jabalíes tendrán un similar comportamiento. Sería hora de dar en montería los lugares que recojan los frutos más tardíos, despreciando a los que la bellota vino a caer en primer lugar.

Un nuevo aspecto hay que considerar a partir de diciembre. Hemos hablado de que el celo llega a sus postrimerías y los machos se separan de las hembras, por lo que, por primera vez en el período de caza, podemos seleccionar los lugares en los que las posibilidades de encontrar un macho sean mayores, y no son otros que las partes más frías y umbrías.

Considerando este factor junto con la alimentación, que en cada finca será diferente, podremos establecer una preferencia en la entresaca de sexos. Esto no sólo es válido para, llegado el caso, establecer cupos diferentes en la captura de uno u otro sexo. A la hora de planificar la montería, se podrá cargar más en los lugares donde previsiblemente habrá más machos, tanto en lo que a escopetas respecta, como al número de monteros que se aposten en cada lugar. Sabiendo, además, las tendencias de los jabalíes viejos, se puede establecer un comportamiento de caza pocas veces practicado en nuestros campos, pero recogido está el valor que tiene en ciertos momentos.

Los jabalíes de mayor edad suelen burlar la persecución de los perros en el monte, y muchos quedan en la mancha sin siquiera haberse acercado a las armadas. Una buena manera de alcanzar a estos jabalíes viejos es permanecer en el puesto, una vez los perros han desaparecido y el campo de nuevo queda en silencio. Estos machos saldrán de la mancha cuando los rumores de los perros se desvanezcan y se aseguren de que el peligro ha pasado.

Saber dónde está la comida ayuda a situar puestos. © A. Mata.