Así es el verdadero cazador a rabo

Al cazador a rabo la nueva temporada le ilusiona, como absolutamente todas las demás. El cazadora rabo sale al campo a cazar y le duele la precariedad de cualquier especie, no va en pos de una determinada, va a lo que se tercie en absoluta y muy buscada soledad, únicamente compartida con su perro. Los resultados venatorios del cazador a rabo no se miden por la cantidad de piezas cobradas. Lo más importante, su comunión con la naturaleza.

Miguel Ángel Romero

Miguel Ángel Romero

16/12/2008

15533 lecturas

Es muy difícil de explicar y muy fácil de enunciar cuál es el verdadero cazador a rabo. Un cazador a rabo es quien va a cazar solo al campo con su escopeta en compañía de su perro cazallo y sin una especie determinada en su mente. Sale al campo con su perro en perfecta sintonía y solemne soledad añorada y buscada hasta la saciedad. No es que sea huraño, no, es que le quita la devoción cualquier cosa que no sea comulgar con la naturaleza en todas y cada una de sus formas, lo cual no quiere decir que su objetivo sea sólo cazar y llenar el morral. Eso es lo de menos en comparación con todo lo demás.

Ser cazador a rabo entraña conocer la naturaleza para explorar por dónde anda el bando de perdices o la cama de la liebre

Desde el mismo instante en que comienza a cazar va leyendo la naturaleza en todos y cada uno de sus medios. Me refiero al clima, a los rastros y a todo lo demás. Es muy importante saber por dónde están pastando las ovejas para, en función de cómo esté el pasto, saber por dónde van a avanzar. Conocer a fondo el laboreo del campo es fundamental.

Jamás dejará de mirar el cazador a rabo los cruces de caminos para ver si hay huellas recientes de liebres; y si las hay, se hará una composición de lugar a fin de dar con ellas allá donde estén, caso de que las quiera cazar con la escopeta, cosa ésta mal vista en tierras llanas. El cazador a rabo tendrá en cuenta la luz, olfateará el viento y sin dejar de sentir la humedad mirará a las nubes para que le certifiquen todo lo demás. El cazador a rabo tendrá en cuenta la altitud, las lunas y hasta los pronósticos del tiempo de los diferentes medios de comunicación. Pero a para creer en ellos, los tiene que verificar con sus propios parámetros, que son diferentes a todos los de los demás.

El cazador a rabo entiende de especies botánicas como el que más, pues ellas son el sustento de las diferentes especies e indicadores del tiempo que hizo y que hará. Y claro está: ¿quién a fuerza de observar las florecillas del campo no termina enamorándose de todas ellas como el que más? Preciosa es la flor de la efímera amapola, pero el azafrán silvestre que anuncia la berrea del ciervo no le va detrás. El cazador a rabo mira las escobas por si las mordió la liebre por casualidad y no ignora que las mielgas o el diente de león son alimentos sin par para casi todas las especies en general.

En los caminos o lugares de tierra arenosa, mirará a ver si hay foscaderos de perdices adivinando el número de ejemplares del bando en función de los hoyos o de las cagadas, qué más da. También oteará el barbecho en busca del albergadero de perdices o de la cama de la liebre.

Ser cazador a rabo es conocer la naturaleza en todas y cada una de sus formas para en función de ellas explorar por dónde anda el bando de perdices o dar con la cama de la liebre, qué más da.

Ay, las zarzamoras, delicia de estorninos, malvices, perdices y hasta del zorro cuando las puede alcanzar. Y también el cazador a rabo se parará a probar tan sabroso fruto ¿por qué no? Si a él nadie le aprieta para que siga la mano o le va a censurar la cosa del parar y mucho menos la del mear sin prisas en cualquier lugar. El cazador a rabo se para y disfruta de las moras silvestres o recoge las setas de cardo antes de que den con ellas las ovejas o algún micólogo del lugar.

Ojo con la cosecha de setas cuando se va a cazar, pues muchas veces saltará la liebre de improviso en nuestros hocicos sin darnos tiempo a reaccionar. Cuando se va a cazar, se va a cazar, se reprochará el cazador de a rabo en un lance tal, pero al poco se parará a observar la montanera pensando en las torcaces o en el jabalí. Claro, para las torcaces el manantial es fundamental y en él, el cazador a rabo testeará si hay palomas picadas en el lugar, pues a las torcaces les delatan las plumas que dejan tanto al beber como al comer. Y una buena torcaz es un delicado manjar y adorna la percha, que no es cosa de despreciar. Los cauces de agua no se pueden despreciar, pues en ellos puede haber patos y si hace mucho frío son lugares que las liebres utilizan para calentarse sin mojarse, que eso es cosa de ver para creer, pero créanselo porque es verdad.

El cazador a rabo jamás despreciará los lugares querenciosos del conejo. Primero observará si hay cagadas recientes en los acomodos propios de la colonia cunícola, y si ve cagadas o meadas recientes, se acercará a los cados para que el perro trastee por los alrededores del lugar, levante los conejos y ellos vayan a la cueva donde el cazador bien cubierto les aguardará. Un conejo silvestre jamás es de despreciar. Ser cazador a rabo es ser lo que he escrito y mucho más.

¿Qué perros son buenos?

Depende del cazador y de lo que vaya a cazar. El cazador a rabo sale con su perro al campo en pos de lo que se ingenie en buscar. Pero tan cazador a rabo es el que termino de describir como quien va él solo a cazar becadas con su can, qué más da. He escrito que el cazador a rabo va él solo con su perro a cazar, pero en muchas ocasiones va a cazar con su viejo cazallo y un cachorro para que aprenda durante dos o tres temporadas. ¡Qué poco dura la vida de un perro! Perro bueno es el que caza con un cazador a lo que vaya a cazar. Pero no es lo mismo ir a perdices a los 20 años que a los 57 pasados que tengo yo. A los 20 años cogía más pollos e igualones a la carrera que lo que ustedes se puedan imaginar. Como cazador las cazo con un perdiguero de Burgos ya que cualquier otro perro me la jugaría en una asomada con rastro fresco. De todas las maneras, para ir a perdices a rabo lo que hace falta es un perro que cobre bien y que jamás se adelante. ¿Qué perros hay en el panorama europeo que puedan cazar así? Ninguno que no sea el perdiguero de Burgos, se lo puedo asegurar. Me han hablado maravillas del pachón navarro de ahora.

El cazador a rabo entiende de especies botánicas como el que más, pues ellas son el sustento de las diferentes especies

Siempre he sostenido que para una modalidad o conjunto de modalidades similares de caza, hay un perro en especial. Para la becada tengo dos setter y aun cuando lo he intentado, no he tenido jamás un perdiguero de Burgos que las cace como el setter, eso es verdad. Tampoco el setter fue concebido para cazar codornices y se cazan con él y el cazador a rabo cuando las codornices no aguantan las muestras y te las levanta en casa Cachán. A mi edad ya no sé está para correr por los rastrojos cuando te hacen una muestra a 200 metros. Pero ellos han nacido para cazar así y si se les cohíbe, cazarán mal o no cazarán.

Imaginémonos un cazador que por lo que fuere no puede tener más que un solo perro y además lo tiene que tener en su casa para cazar a rabo codornices, perdices, conejos, becadas y hasta algún ánade real; entonces no hay duda, el cazador a rabo tiene que tener un epagneul bretón y si le sabe educar con dulzura, tendrá un perro fenomenal. El epagneul bretón no tendrá los vientos del pointer ni la parada cataléptica del setter y mucho menos la resistencia del perdiguero de Burgos, pero es un perro polivalente de verdad, un perro que antes de comprar hay que saber, informarse de quién los vende, porque en esto de los canes se han colado mercachifles que incluso con copas de alpaca y muchos premios hasta de carácter internacional dejan por bueno al gitano Antón. El epagneul bretón caza pelo, pero no es lo suyo. Sí, ya sé que canta a la liebre, pero eso son reminiscencias de antiguos cruces y salvo el setter y el pointer, casi todos los demás perros cantan al pelo, pero eso no quiere decir nada. Para el pelo, dependiendo de donde se cace, no hay perro mejor que un buen podenco. Con un podenco se pueden cazar hasta codornices a las mil maravillas. Es más, se meten en las zanjas como las orugas y no hay montón de pajas que se les resista. Cuando la codorniz está en perdidos enmarañados, allí ningún otro can sabrá manejarse como él. Resultado: un cazador a rabo con un buen podenco que cace cerca de él abatirá mucha más caza que cualquier otro cazador que cace con el mejor perro de pluma del lugar. Eso es así. Y por si fuera poco, el podenco es sumamente inteligente y si se va a la perdiz y el cazador lo domina irá detrás de él conteniéndose las ganas de seguir el rastro. El podenco con su cuerpo y su rabito indica todo. Soy consciente de que hay varias clases de podencos. Está el podenco ibicenco y corriendo la mano llegamos al maneto, una joya pendiente de publicitar debidamente.

Ustedes me perdonarán por citarme a mí mismo, pero yo tengo dos setter para la codorniz y la becada (uno viejo y otro joven), un perdiguero de Burgos para la perdiz y un teckel de pelo duro para la caza mayor en general. No me he olvidado de la liebre, pero para la liebre están los sabuesos en monte y los galgos en llano. Reconozco que además de los sabuesos, los podencos pueden seguir un rastro fresco de liebre, pero no es cosa de cazar liebres con ellos, es tan difícil de enmarcar como quien va a codornices con un teckel de pelo duro. Cazarlas las caza, pero en la caza cuenta la estética. Estoy escribiendo del cazador a rabo, o sea, de la manera que cazo yo, pero cazo de la misma forma que el galguero solitario de la meseta castellana o el de las grandes llanuras de Écija y Osuna, sacrosantos lugares de la caza con galgos a carta cabal. Decía que hay muchos galgueros solitarios que bien pueden inscribirse dentro del conjunto de cazadores a rabo, pero la caza de la liebre con galgos tiene unas connotaciones muy especiales y el galguero sólo caza con sus galgos y todavía hay muchos que ni siquiera quieren oír hablar del arma de fuego. Señores, la caza con galgos es cazar. Poco dicen esos santones que escriben de lo que ignoran que tanto perros cazallos como galgos fueron salvaguardados en los conventos de toda la Península Ibérica.

Miguel Ángel Romero
Fotos: Archivo Federcaza

 

Leer más
Top 5 artículos más leídos

10 calibres para la nueva temporada
R. González Villarroel (194048 lecturas)

Los otros calibres que no son del 12
Pedro A. Suárez (148515 lecturas)

Diez razas de perros para disfrutar de la temporada
E. B. y J. A. C. (145998 lecturas)

Antes de salir de caza: ¿su escopeta le queda bien?
Gonzalo Gómez Escudero (109498 lecturas)

Rifles para caza mayor, pero... ¿Cuánta precisión se necesita?
Pedro A. Suárez (103453 lecturas)

En el número de octubre:

  • Buenas perspectivas para conejos y liebres
  • A codornices, urracas y patos azulones
  • Las perdices han criado muy bien este año
  • Nueva campaña y buenas prácticas monteras