La salvación de la bellota

Pasado septiembre, pasadas las penurias. Las lluvias caídas hasta ahora y a lo largo de este mes, aún sin ser abundantes, darán a los campos un cambio que resultará ser vital para muchos extenuados jabalíes después del largo transcurrir por el estío.

Patricio Mateos-Quesada | 28/10/2008

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Las primeras hierbas, los frutos de los majuelos, endrinos, madroños o escaramujos podrán estar a disposición de quienes accedan a ellos, sean aves o mamíferos. Cómo no, serán buscadas las primeras lombrices que se desencriptan desde sus núcleos de resistencia para subir a la húmeda superficie, preciada proteína que suponen inyecciones de vigor para los famélicos cuerpos de los jabalíes, proteína que es perseguida en la nueva avalancha de grandes coleópteros que finalizan su ciclo en la otoñada o en ratas, ratones o topillos que se mostrarán renovados y activos ante esta avalancha de frutos con los que llenar barrigas y despensas.

El otoño supone un nuevo comienzo

La bajada de las temperaturas se unirá al alivio que supone la localización de un alimento en mayor abundancia que la propia capacidad de ingerir del jabalí. El otoño supone el nuevo comienzo del curso anual para muchas especies tras el sacudir del verano y el comienzo de un nuevo celo. Pero hay un elemento determinante para las condiciones del jabalí a lo largo de este mes: la bellota. La más buscada, no por su sabor, sino por su adelanto respecto a las demás, es la de roble. Será abandonada si la producción de bellota de alcornoque es abundante, si bien deben saber los individuos más experimentados que la cantidad de bellota de alcornoque caída puede contarse un año por toneladas y otro no caer ni una sola; así de caprichoso se muestra el alcornoque. Pero, sobre todo, estarán entre los alcornoques por dos razones fundamentales: la primera es que fuera de los robledales se alejan de los primeros fríos. La segunda, y más poderosa, es que estarán cercanos a las bellotas de las encinas que se entremezclan y dominan por debajo de los robledales.

Cada lugar, en cada sierra, predominará una u otra arboleda; serán únicos los robles o las encinas o coexistirán los tres quercus. Pero, según la combinación, se establecerán los movimientos en las poblaciones de jabalí. La caída de frutos de estas características hay que tenerlas muy en cuentas para analizar desplazamientos e incluso pautas comportamentales en la especie. Los recorridos del jabalí dependerán de la caída de los primeros frutos y de la caída de los más dulces y nutritivos, así como de la alternancia de esta oferta en el transcurso del tiempo; la unión de grupos, las luchas y el propio celo estarán subordinados a esta sucesión.

Su majestad, la bellota de encina

Los grupos convergerán en torno a las encinas y podrán alimentarse incluso conjuntamente; machos solitarios y grupos familiares coinciden en el interés común de recuperar fuerzas

Es indudable que el fruto estrella, aquel más dulce y sabroso, el más gordo y el más constante en la oferta de cada año, es la bellota de encina. Es a partir de su ingesta en aquellos lugares donde domina la encina, cuando los individuos comienzan no sólo a recuperarse, sino a engordar y a coger unas grasas que pueden condicionar el estado del individuo durante todo el invierno. La fortaleza y el vigor vuelven a los cuerpos que antes estuvieron famélicos, cuerpos que se reúnen en los encinares y sestean en las manchas más próximas a éstos, e incluso cerca de aquellas encinas preferidas por los jabalíes por ofrecer un fruto de mayor tamaño o dulzor. Los grupos convergerán en torno a las encinas y podrán alimentarse incluso conjuntamente; machos solitarios y grupos familiares coinciden en el interés común de recuperar fuerzas.

Pero este aspecto hay que considerarlo como parte indisoluble del propio ciclo del jabalí. Existirán momentos de tregua mientras existe el acopio restablecedor, pero una vez que los individuos se van recuperando, las estrategias y los intereses cambian: el olor de las hembras irá cambiando y los grandes machos ya no se tolerarán entre ellos, y menos aún a los jóvenes. Los grupos familiares comienzan a convertirse en grupos de hembras... con unos machos que antes les eran ajenos y que podrán establecer luchas entre ellos.


En la España mediterránea es la bellota la que marca el momento del celo de las jabalinas. © Antonio Mata.

¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué después de una aparente armonía ésta se rompe y se arma un nuevo concierto social? La respuesta es evidente y de nuevo procede de la bellota. Si las hembras durante el verano no habían entrado en celo, no es porque su fisiología se lo impidiera, sino porque dicha fisiología, que parece medir las necesidades y el estado del cuerpo de cada hembra, no podía permitir el desarrollo de todo un ciclo de gestación en un cuerpo que no podría soportar ese proceso. Las cosas han cambiado y ahora este calibre interno permite y da luz verde a todo el proceso para llevar a cabo una nueva crianza. Comienza el celo en el jabalí.

En la España mediterránea es la bellota la que dicta el momento del celo y la que sincroniza este momento con el más indicado para la paridera, una vez sumados los días de gestación. En otros lugares será la castaña y en otros podrá ser una suma de factores alimenticios quienes dicten el momento más indicado para fijar el celo y por tanto la paridera. Como comentamos para el mes de septiembre es importante que este momento lo dicte la naturaleza y no tanto el hombre con el aporte extra de alimento, ya que esto nos asegura la mejor tasa de reclutamiento para nuestra población.

Las hembras dictan los cambios

Este nuevo estado de las hembras cambia por completo la dinámica poblacional que hasta este momento había imperado. Los machos solitarios rondan ahora los grupos familiares... para convertirlos en grupos de hembras. Los jóvenes nacidos en la primavera anterior son expulsados de malas maneras de estos grupos. Su vida en solitario comienza en estos instantes. Su suerte dependerá del aprendizaje adquirido durante los meses al lado de su madre, de su vigor y, en un mundo que en parte desconoce, de la fortuna en el deambular hacia uno u otro lugar de la sierra.

Los grupos de hembras vagarán a su libre albedrío y serán acosadas por diferentes machos que optan a sus encantos

Sólo los machos con mayor fortaleza quedarán entonces en la arena en torno a las hembras. Los grupos de hembras vagarán a su libre albedrío y serán acosadas en su pastoreo diario o nocturno por los diferentes machos que optan a sus encantos. ¡Cuántos aspectos son aún desconocidos sobre la estrategia en el celo de los machos! No forman grandes grupos como ciervos o gamos ni desarrollan sus actividades en áreas despejadas: sus asuntos se solucionan en el interior de las manchas y, la mayor parte de las veces, en lo más profundo de la noche. Sabemos de las peleas entre machos y conocemos que los más fuertes pueden acceder a un mayor número de hembras. Pero pueden darse otras estrategias que permitan un cierto éxito de machos de menor poderío, una predilección por parte de las hembras... ¿Cuántos grupos puede controlar un macho? ¿O el control se hace sobre hembras grávidas? ¿Existe un control de cierta parte de terreno o el control se lleva a cabo sobre individuos?

Sí sabemos que debe haber un cierto descontrol de un macho sobre una hembra a la que haya cubierto, o que la hembra, en este sentido, no guarda ausencia al macho que la ha cubierto. Una prueba de ello es el enorme volumen que con respecto al cuerpo tienen los genitales de los machos. Esto nos hace pensar en la lucha espermática, una lucha agónica posterior a las contiendas que permiten a un macho el acoplamiento con una hembra.

Gestión metidos en monterías

Pero el momento de sacar partido a las inversiones en término de manejo e inversión ya está aquí. Ha llegado sobre todo el arranque de las ilusiones de tantos cazadores que cierran puertos y valles, se emboscan en traviesas o aguzan sentidos en los puestos. Si las manchas son de jabalíes y son éstos el fruto principal de nuestra unidad de gestión, habrá que tener en cuenta cuáles son los objetivos que pretendemos consumar, y que podrán variar a lo largo de la temporada. Siempre, por encima de todo, estará la búsqueda de ese navajero que a tantos se les escapa y que, abatidos, constituyen el alborozo y la convergencia de todos los integrantes una vez expuestos los resultados tras la cacería.


Cuando los jóvenes se independizan, sus posibilidades de supervivencia vendrán marcadas por el aprendizaje adquirido de su madre. © Guy Fleury.

Es lógico pensar que los jabalíes estarán donde se encuentre la bellota o en los encames más próximos a las mejores bellotas. En estos lugares se encontrará la mayoría de la población, machos, hembras y jóvenes y el éxito parece asegurado si sabemos localizar estos encames. La victoria dependerá del conocimiento que tengamos de nuestra finca, de saber cerrar la mancha con acierto y de colocar cuadrillas y cierres con el oportuno sigilo; el resto depende del empuje de los perros y del acierto de los tiradores.

Existe además un factor que debemos tener en cuenta de manera importante, sobre todo en lo que a la búsqueda de navajeros respecta: cuantos más individuos en una mancha, más posibilidades de que estos navajeros escapen, ya que los que mejor son localizados por los perros, los que más nerviosismo demuestran y los que antes salen a los tiraderos, son los jóvenes, mientras que los machos viejos quedan ocultos ante tanta confusión. Nuestra experiencia y buen hacer debe facultarnos para saber si estos machos están en las manchas que damos para medir las fuerzas necesarias que les hagan salir.

Determinar los movimientos

Cada finca tendrá sus propias características y cada año las condiciones variarán

Pero, ¿y si la bellota, o en su defecto la castaña o el alimento en general, se encuentra distribuido por toda la superficie de manera uniforme? Entonces es cuando tendremos que valernos de nuestro manejo en las manchas o de nuestro recurso de última hora.

Un diseño en este caso de eliminación o inclusión de matorral en determinados puntos de nuestra finca, o unidad de gestión, podrá prever el movimiento o el encame de los jabalíes en determinados momentos del año, algo de lo que hablaremos cuando lleguemos al manejo efectivo de este recurso. A la hora de diseñar las manchas para llevar a término las monterías, si antes hemos podido atender a estos preceptos, será más fácil cumplir los objetivos.


Octubre marca el despegue de las ilusiones de aficionados a ganchos y monterías de jabalíes, y de comprobar si el manejo realizado por el gestor ha dado los frutos deseados. © Antonio Mata.

Un recurso de última hora es ofrecer una golosina adicional a la bellota. En este caso no es necesario el aporte de grandes cantidades de alimento ni de manera muy repartida, sino localizarlo en puntos muy determinados. A ellos llegarán los jabalíes ansiosos de variar su dieta buscando ese nuevo sabor y será suficiente para conducirlos a determinados puntos de la sierra, a pesar de que la comida sea abundante. El cómo se va aportando este recurso añadido, desde cuándo, e incluso qué tipo de alimento, dependerá del diseño de la propia finca y no existen reglas generales, como tantas veces en el mundo de la gestión. Cada finca tendrá sus propias características y cada año las condiciones variarán conforme cambia la climatología o la cantidad de recursos, tanto de frutos como de herbáceas e incluso de bulbos.

La pericia del gestor estará en saber modificar los patrones de cada montería en función de las condiciones. Deberá saber leer los retrasos o adelantos en la caída del fruto y deberá interpretar los movimientos que las poblaciones de jabalí observan con estas variaciones. El aporte extra de alimento será el colofón a toda esta interpretación.

De esta manera podemos afirmar que la gestión del jabalí es posible y el diseño de nuestra gestión para conseguir un mayor número de individuos o un mayor aporte de trofeos, también. A lo largo de esta serie, podremos ir analizando, o al menos tocando, los puntos básicos en esta gestión.

Pedro Fernández-Llario (Veterinario)
Patricio Mateos-Quesada (Biólogo)

 

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En el número de enero:

  • Sin «foro» unánime en asturias para declararlo especie cinegética
  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros

 

Los espermatoguerreros

Puede resultar divertido pensar en una guerra espermática (como ya hemos dicho, una lucha agónica posterior a las contiendas de los acoplamientos) de este tipo, pero en la naturaleza las luchas entre espermatozoides pueden suponer que un macho, después de haber apareado a muchas hembras, muera sin descendencia.

Es evidente que un macho, tras cubrir a una hembra, no puede controlar los pasos de ésta y, posteriormente, podrá ser cubierta por un nuevo galán. Eso quiere decir que la carrera hacia los óvulos sin fecundar no está asegurada por el primer macho: si los espermatozoides del segundo macho son más rápidos, no habrá tenido sentido el haber llegado desde una larga y dura lucha para acceder a la hembra, pues sus genes no se trasmitirán a la siguiente generación.

En la naturaleza existen varias estrategias para que un macho pueda saber que son sus genes los que dan lugar a un nuevo ser. Todos hemos visto alguna vez cómo los perros quedan unidos a las hembras durante varios minutos inmediatamente después de la cópula: eso daría ventaja a sus espermatozoides caso de que esa hembra fuera cubierta por otro macho. La extracción del paquete espermático, su eliminación mediante sustancias o la misma monogamia, son estrategias que ofrecen esa tranquilidad al padre en otras muchas especies de nuestro entorno.

Otra estrategia, la empleada por el jabalí, es producir una gran cantidad de espermatozoides que aumenten las posibilidades de éxito ante una eventual carrera hacia los óvulos en contra de los espermatozoides de un rival. Dicho de otra forma y sin mirar más allá de la propia cantidad de los rivales, cuantos más participantes tenga un país en unas olimpiadas, más posibilidades de obtener medallas frente a los demás.

Expresado en términos biológicos, si quiero ganar una carrera contra otros iguales, cuantos más participantes tenga mi equipo, más posibilidades de éxito; si esta carrera se trata de espermatozoides, habrá que producir una gran cantidad de ellos, por lo que aquel órgano diseñado para la producción espermática, deberá ser mayor para alcanzar este objetivo. Es por eso por lo que los testículos de los jabalíes son voluminosos respecto a su volumen total.


La estratagema empleada por el jabalí para asegurar su descendencia es producir una gran cantidad de espermatozoides, aumentando así sus posibilidades de éxito en el momento de fecundar al óvulo frente a las células espermáticas de otro macho. © Guy Fleury.