De patos en la Patagonia

En términos biogeográficos se entiende como neotrópico o región neotropical a una región que se extiende entre el Río Grande de Méjico y la Tierra de Fuego, pasando por Centroamérica y el Caribe, y penetrando por las selvas y montañas sudamericanas. Tal región está dividida, desde un punto de vista amplio, en cuatro subregiones: de Chile o América del Sur Templada, de Brasil, de Méjico o América del Norte Tropical y de las Antillas.

Antonio Notario Gómez | 16/09/2008

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En el inicio del otoño austral visité la que, desde un punto de vista estricto, algunos autores denominan subregión de la Patagonia, que incluye las Malvinas y se extiende desde el río Negro de Argentina al sur de Tierra de Fuego, y al oeste hasta las estribaciones de los Andes.

El coscoroba es inconfundible por el color blanco de su cuerpo y el negro del extremo de sus alas

Mi propósito, en esta ocasión, era el de llevar a cabo una experiencia cinegética con los vistosos cauquenes comunes (Chloephaga picta), anseriformes de la tribu Tadornini, es decir, parientes próximos a nuestros tarros. Y fue durante estas jornadas cuando contemplé cuatro especies de este orden de anseriformes que llamaron mi atención: dos incluidas en el grupo de los cisnes y otras dos en el de los patos de superficie.

Coscoroba


Debido a la presión cinegética a la que son sometidos en Argentina, los coscorobas son muy desconfiados en estas tierras con el hombre.© Antonio Notario.

Coscoroba coscoroba, que toma el nombre de coscoroba en Chile —por el sonido que emite (coscor- oo)— y el de ganso, a secas, en gran parte de Argentina. Inconfundible por el color de su cuerpo, blanco por completo excepto el negro del extremo de sus alas, y por su pico rojo brillante, desplaza sus casi cuatro kilos y medio de peso valiéndose de un vuelo poderoso y elegante. A esta espléndida ave la observé por vez primera el 22 de junio de 1997 en el embalse de Los Figueroa, en la provincia argentina de Santiago del Estero. En años posteriores —1998 a 2001, y 2004 y 2005—, continué encontrándome con ella, siempre en junio o julio, en distintas zonas de la provincia citada y en Mar Chiquita de la provincia de Córdoba. Estas fechas coinciden con las de la migración invernal que lleva a cabo desde sus áreas de cría, localizadas, en su mayor parte, en la Patagonia argentina y chilena. Por tanto, los ejemplares detectados en los días de abril de 2006, probablemente estuvieran a punto de realizar el gran viaje, sin descartar que estuvieran plácidamente esperando sin temor, al crudo invierno que se avecinaba.

Su carne es muy apreciada en el medio rural argentino, pero su caza ahora está prohibida, aunque la forma que presenta, más parecida a la del ganso que a la del cisne, hace que su vulnerabilidad se acreciente entre los cazadores no letrados en acuáticas. Creo que, por una parte, debería estar penalizada su persecución y muerte, y, por otra, que no estaría de más diseñar una estrategia para evitar la minorización o destrucción de sus cuarteles de invernada, circunstancia que acarrearía el descenso de sus poblaciones. Esta segunda cuestión tuve la ocasión de apreciarla en el citado embalse de Los Figueroa, zona muy aceptada por el coscoroba para invernar. En especial, durante el invierno de 1997, 1998 y 2004, se contaba un elevado número de ejemplares, pero en el invierno de 2005 al desaparecer por completo el agua, por roturas de las contenciones de obra de tierra, desapareció toda presencia de vida acuática; y esto, si se repite con cierta periodicidad, hace que la especie busque otros lugares, probablemente menos deseables para su tranquilidad y supervivencia.

Cisne de cuello negro

Endémico de estas zonas sudamericanas, al cisne de cuello negro (Cygnus melanocoryphus —de melanos, negro; koruphe, cabeza—) nunca lo localicé en las zonas santiagueñas y cordobesas argentinas, aunque sé de un ejemplar avistado en el embalse de Los Figueroa en agosto de 2004, quizá llegado allí de forma accidental. Vi los primeros ejemplares en junio de 1999 en unos humedales de las proximidades de la ciudad chilena de Valdivia, y los últimos en este viaje a Punta Arenas.


Al contrario que el coscoroba, la apariencia del cuellinegro es la de un verdadero cisne, tanto en vuelo como posado, y su silueta es fácilmente distinguible por su cabeza, largo cuello de color negro, y por el blanco puro del resto del cuerpo. © Antonio Notario.

 

Parece que sus cuarteles de invierno se encuentran a más bajas latitudes que los del coscoroba, prefiriendo asentamientos situados en el sur de la provincia de Buenos Aires, si bien hay que puntualizar que en esta provincia se comporta, junto con el coscoroba, como nidificante aunque en cantidades escasas.

La prohibición de su caza lo hace relativamente confiado ante la presencia humana. Siempre lo he observado nadando tranquilamente en la zona costera, desplazando graciosamente su cuerpo, que puede llegar a los nueve kilos de peso, alimentándose o descansando. Y lo he observado en solitario, en grupos o con otras especies de patos.

Juarjal

Con un peso medio de 1.200 gramos, el pato de anteojos cría desde aproximadamente los 37º sur en el oeste de Argentina y Chile, moviéndose en el invierno hacia el norte.

En cuanto a los dos patos de superficie, el primero de ellos es el juarjual o crestón (Lophonetta specularioides —de lophos, cresta; netta, pato; y specularis en atención al colorido del espejo alar). En principio, el detalle morfológico más conspicuo y llamativo es el color del espejo de su ala, verde bronceado metálico, el cual se distingue muy bien cuando vuela de esa manera tan característicamente suya, con el cuello inclinado hacia abajo como si estuviera jorobado.

En la mano, que soportaría un peso medio de un kilogramo, es posible apreciar con claridad la disposición de las plumas occipitales formando una cresta —de aquí su apelativo de crestón—, la cola —larga y puntiaguda— y el iris de color rojo, si es que se tratara de la subespecie specularioides, y de color amarillo, si fuera la subespecie alticola, residente de las zonas montañosas de Perú, Bolivia y norte de Argentina y Chile. Pude detectar la subespecie specularioides en numerosas ocasiones a lo largo de mi recorrido, por lo general en aguas marinas o salobres alimentándose de moluscos y crustáceos. Únicamente la localicé en agua dulce en un humedal situado a unos diez kilómetros de la costa de la ciudad de Punta Delgada.

Al parecer se comporta fundamentalmente como sedentaria, aún cuando en invierno se desplace hacia el norte. Me fue posible constatar que no es extremadamente arisca ante las personas y muy agresiva con otras especies de patos —en una pequeña laguna lindando con la costa, varios crestones perseguían con saña inusitada a barcinos (Anas flavirostris)—.

Su población no parece amenazada, y las leyes la consideran pieza cinegética. Y desde este punto de vista no tengo experiencia digna de mencionar, ya que sólo conseguí abatir un ejemplar de los dos que me entraron en una pequeña bahía afectada por la bajamar en la costa de la Primera Angostura del Estrecho de Magallanes. Se desplazaban por la orilla del mar con vuelo rápido, a media altura y confiados, por lo que la dificultad del volteo, al menos de uno de ellos, fue mínima.

Pato de anteojos


Grupo de jergones chicos, una especie cinegética muy apreciada por estas latitudes.

Por último, el pato anteojillo o de anteojos, toma el nombre en la moderna taxonomía de Speculanas specularis, haciendo referencia al color de su espejo alar, brillantemente bronceado. Pero lo que principalmente le caracteriza es la mancha blanca casi elíptica situada debajo de cada ojo —de aquí el término anteojillo—, y la gran mancha blanca de la garganta. Tales manchas lo hacen inconfundible, ya que, a considerable distancia, no tuve dificultad en identificar a un par de ejemplares que nadaban en un estanque próximo a la laguna de El Parrillar, a unos 60 kilómetros al sur de la ciudad de Punta Arenas. Los observé desde el interior del coche todo el tiempo que quise, demostrando así su confianza ante mi presencia. Después, sólo pude avistar a otros tres ejemplares que se encontraban en un prado en las cercanías de la población de Río Verde, a 90 kilómetros al noroeste de Punta Arenas.

Conocemos poco de su biología: emparejado la mayoría de las veces o en pequeños grupos, no más de dieciocho individuos, frecuenta lagos, arroyos y ríos, y se alimenta de semillas, raíces, hojas e invertebrados acuáticos. Con un peso medio de 1.200 gramos, cría desde los 37º sur en el oeste de Argentina y Chile, moviéndose durante el invierno hacia el norte. Sus poblaciones son escasas, de 3.000 a 3.500 ejemplares en Argentina y de 6.000 a 7.000 en Chile. También parece que no tiene gran interés cinegético, lo que le permite subsistir sin grandes problemas. Tuve la ocasión de tener entre mis manos a un espécimen abatido por el guía que me acompañaba (uno de los tres que observé en el prado), teniendo de esta manera la ocasión de fotografiar con detalle sus peculiaridades anatómicas.

Antonio Notario Gómez
Dr. Ingeniero de Montes
1 comentarios
29 oct. 2008 03:55
amadayava
amadayava
Es un buen reportaje que noa hase conocer màs de esas latitudes en cuanto a caceria se refiere pero aca en Mexico o por lo menos es mi opinion personal somos un poco mas dados a comentar los detalles propios de la caceria,con que arma cazamos,que cartucho o calibre etc;pero es un reporte bastante tecnico e ilustratibo.
Felicidades.

 

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  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros

 

 

Apuntes cinegéticos

En estas latitudes, fundamentalmente, las especies preferidas por el cazador de acuáticas son los caiquenes (o cauquenes comunes), los jergones grandes o maiceros (Anas georgica), los jergones chicos o barcinos (Anas flavirostris), los patos cuchara (Anas platalea), los capuchinos (Anas versicolor) y los patos reales o silbones overos (Anas sibilatrix). .

Los jergones, cucharas, capuchinos y reales se comportan con extrema benevolencia ante los reclamos y cimbeles, pudiendo ser abatidos con munición de sexta o séptima, en éste último caso los de menor tamaño, capuchinos y jergones chicos, incluidos en el grupo de las cercetas. Su vuelo no se diferencia en demasía del que ejecutan la generalidad de los patos, de manera que la velocidad con que se desplazan representa para el aficionado una aceptable dificultad.

El caiquén representa el reverso de la medalla en lo que se refiere a la resistencia ante los perdigones. En este caso, la munición a utilizar no puede superar a la de tercera, ya que sería bastante improbable voltearlo. Su confianza ante la presencia del hombre es alta, y, además, acude con facilidad a los engaños, hasta tal punto que no es descabellado utilizar como cimbeles simples bolsas de plástico blancas ancladas en el suelo con unas ramitas. Considerado como plaga en el sur de la provincia de Buenos Aires, se le caza de forma masiva e indiscriminada en los campos sembrados de trigo, disponiéndose las escopetas muy cerca unas de otras, ocultas en hoyos fabricados ex profeso en el terreno. En la Patagonia chilena se le aguarda como a cualquier otra anátida, con lo que la probabilidad de supervivencia es bastante mayor que en la de los predios argentinos.

Pato Crestón


Ejemplar abatido de pato crestón o juarjual. © Antonio Notario.

Primer plano de esta especie cinegética. © Antonio Notario.

Detalle del colorido de espejo alar de un crestón. © Antonio Notario.