
Introducidos en España entre los años 1953 y 1955, el éxito de la mayoría de las inserciones de muflones realizadas en biotipos muy variados y de características totalmente diferentes a las de su lugar de origen, se debe a la aptitud de esta especie para colonizar los medios más diversos y, sobre todo, al eclecticismo de su régimen alimenticio.
Fernando Benito | 12/08/2008
Sin embargo, el desarrollo óptimo de sus poblaciones, requiere, como cualquier especie, la concurrencia de un mínimo de factores y aunque es de una plasticidad realmente sorprendente, sus individuos demuestran unas muy diferentes reacciones según a qué condiciones se les someta.
El muflón es un animal adaptado a regiones esencialmente mediterráneas y en su origen se encuentra muy ligado a los ambientes parcialmente rocosos, en áreas de media montaña o de pie de monte.
En lo que respecta a España, los espacios termoclimáticos más favorables para la introducción de la especie son todos los existentes en la región mediterránea y el colino de tipo supramediterráneo de la región euroasiática; las áreas con clima montano seco o subalpino seco pueden, no obstante, soportar poblaciones si es que éstas se encuentran en continuidad con las anteriores. Esto en principio permitiría una correcta aclimatación en prácticamente toda la península Ibérica si exceptuamos gran parte de Galicia, Asturias, Cantabria, el País Vasco y los Pirineos. En Córcega y Cerdeña ocupan un rango altitudinal muy amplio, desde el nivel del mar hasta los 1.300 a 1.600 metros. Y en la Italia continental desde los 300 a los 2.500 metros de altitud.
Hábitat y clima

Los machos parecen mostrar mayores necesidades en cuanto a la extensión de los territorios y suelen preceder en los movimientos a las hembras. © C. Torres.
Sus adaptaciones al medio rupícola no le convierten, ni mucho menos, en un animal montañés. Ha sido el hombre el que ha hecho del muflón un habitante de la alta montaña. Su aclimatación en ciertos macizos montañosos no debe hacernos olvidar que el muflón se acomoda mal a los grandes bosques húmedos orientados al norte y son precisamente la cantidad de precipitaciones en forma de nieve y su persistencia en el suelo los factores a tener en cuenta a la hora de su introducción.
Cuando la capa de nieve en polvo alcanza los treinta centímetros —cinco en caso de tratarse de nieve dura— los muflones tienen series dificultades para desplazarse y para acceder al alimento herbáceo. Así mismo, en zonas excesivamente llanas y húmedas, de suelos blandos y embarrados, que sufren deformaciones, muestran altas tasas de mortandad y se reproducen con mucha dificultad.
En su nueva área, la especie necesitará un territorio amplio en el que pueda satisfacer todas sus necesidades. En el verano buscarán la frescura de las zonas más elevadas y las pendientes orientadas al norte, pudiendo refugiarse durante las horas más calurosas en los abrigos rocosos, las umbrías y en los bosques y bosquetes; sólo al atardecer y amanecer frecuentarán los prados y matorrales con el fin de alimentarse.
En otoño descenderán a las zonas intermedias atraídos por los microclimas algo más cálidos y con abundancia de los frutos que más les apetecen consumir (bellotas y castañas). En invierno necesita las orientaciones sur y los fondos de los valles, en esencia zonas abrigadas y carentes de nieve. En la primavera vuelven a ascender altitudinalmente, siempre en función de la vegetación.

Como la mayor parte de los ungulados, el muflón necesita sales minerales, mostrando las hembras durante la lactación unas necesidades máximas de calcio y fósforo.
El área de introducción y, particularmente, el área de invernada por lo tanto, deben ser de relieve accidentado, con exposiciones cálidas al sur, sudeste o sudoeste. En estas zonas, la presencia de zonas boscosas es indispensable, ya que en ellas encontrarán refugio ante las inclemencias del tiempo y alimento; además, deben disponer de zonas abiertas en una proporción lo suficientemente importante para que les proporcionen los pastos necesarios, especialmente en primavera.
Por tanto, y a pesar de que esta especie está aclimatada a muy diferentes hábitats, debe ser considerado como un ungulado esencialmente mediterráneo con marcadas preferencias por las regiones con pocas lluvias y escasas o nulas precipitaciones en forma de nieve, propia de altitudes medias, con unas necesidades en cuanto al espacio, elevadas en el que se debe combinar un relieve relativamente quebrado, suelos rocosos o al menos bien drenados, paisajes de vocación forestal no excesivamente marcada y con dominancia de pastos y matorrales.
Es un animal mucho menos rupestre que la montés o las gamuzas, aunque bastante más montaraz que el ciervo, el gamo o el corzo.
Necesidades de alimentación
El comportamiento alimentario de los herbívoros depende, en parte, de su tamaño corporal, de su morfología y de su fisiología. Los animales de gran tamaño suelen basar su dieta en alimentos ricos en fibra (por ejemplo, gramíneas), mientras que los de pequeño tamaño consumen básicamente herbáceas de gran digestibilidad.
El muflón está clasificado, en base a las características de su aparato digestivo, como un pacedor selectivo; no obstante, también se caracteriza por su extrema facultad de adaptación, posiblemente forzada por la gran variedad de biotopos que el hombre le ha obligado a colonizar. El abanico de plantas sobre las que se puede alimentar es impresionantemente amplio, utilizando la totalidad de los componentes del Reino Vegetal: fanerógamas, hongos, musgos y líquenes. El número de especies susceptibles de ser consumidas es muy alto, pero las que realmente constituyen el pilar de su alimentación es reducido. Las plantas herbáceas y las hojas de arbustos y matorrales parecen ser la base de su dieta en la mayor parte de las regiones. Los análisis directos del contenido estomacal de animales en Cerdeña revelan que los tres componentes principales de su dieta lo constituyen monocotiledóneas (25%), dicotiledóneas herbáceas (30%) y árboles y arbustos (45%).

© Nature & Travel.
En Cazorla el análisis de excrementos reveló que como media anual estos animales consumían un 40% de especies leñosas, un 19% de herbáceas y un 41% de gramíneas. De las leñosas las más representativas fueron la encina, pino negral y jaras y jarillas. Estadísticamente se demostró que tanto las leñosas como las herbáceas eran consumidas con frecuencia inferior a su disposición, mientras que con las gramíneas ocurría lo contrario.
En Tenerife, donde ocupa zonas pinariegas de arbustos, durante el otoño su dieta se basa en un 80% en las platas leñosas. La importancia del ramoneo parece ser evidente a la vista de la proporción de elementos leñosos consumidos y, en parte, parece estar en contradicción con sus características anatómicas. La proporción de los diferentes tipos de plantas consumidas varía considerablemente según las estaciones, el hábitat y la accesibilidad de los mismos, y es la necesidad de alimento fresco la que determina, en el fondo, las preferencias alimentarias.
En Cazorla muestra variaciones estacionales en la dieta significativas estadísticamente: durante la primavera aumenta el consumo de gramíneas y herbáceas y disminuye el de leñosas. En Córcega, aunque siempre son las herbáceas las mayoritariamente presentes en su dieta, es durante el invierno cuando el consumo de árboles y arbustos alcanza una mayor proporción, y los frutos y bayas en otoño.
El medio local
Las condiciones bioclimáticas locales también influyen en el régimen alimentario; así, los brotes de los árboles, las acículas de las coníferas (en el norte de Italia continental parecen mostrar un cierto interés por los ápices vegetativos del pino laricio durante la primavera), los frutos de diferente naturaleza (bellotas y castañas resultan muy consumidas en ciertos lugares) e incluso los musgos y los líquenes llegan a resultar fundamentales en ciertas épocas, aunque con toda probabilidad son alimentos sólo consumidos (especialmente estos últimos) en aquellos períodos en que las bases de su alimentación (hierba y hojas de árboles y arbustos) faltan, especialmente en invierno y durante la primavera en aquellos biotopos en que la nieve es, además de abundante, perdurable. Es en estos últimos lugares, junto con las situaciones de superpoblación, donde los muflones producen los mayores daños a la riqueza forestal y es que esta especie muestra unas preferencias por los productos forestales mucho menores que las de otros ungulados (ciervos, por ejemplo).
Requerimientos hídricos
Los muflones satisfacen sus necesidades de agua, en gran parte, consumiendo materia vegetal fresca y, dependiendo de las disponibilidades de ésta, acuden en mayor o menor frecuencia a los abrevaderos, y por lo general, y siempre en comparación con otros ungulados, beben poco.
A modo de ejemplo podemos apuntar que la tasa de renovación del agua (medida en mililitros por kilogramos de peso del animal vivo) es en la oveja doméstica muy baja (inferior incluso a la del dromedario), lo que supone una clara adaptación a la vida en ambientes secos, y no podemos olvidar que muflones y ovejas han tenido un antepasado común.
Competencia con otras especies
Es un animal bastante prolífico y no manifiesta intolerancia hacia otros ungulados. En Francia al parecer no desarrollan competencia alguna con el jabalí y la cabra montés, ya que muestran, allá donde coinciden, requerimientos ecológicos muy diferentes. Por el contrario, sí que parece registrarse una competencia espacial, y sobre todo alimentaria, entre el muflón y otros ungulados salvajes como el ciervo, el corzo o el rebeco.

Para que la introducción de muflones tenga éxito hay que evitar competencias espaciales y alimentarias con otros ungulados, como gamos, ciervos o corzos. © C. Torres.
En los Alpes franceses, el muflón y la montés ocupan nichos ecológicos diferentes, considerándo que no se produce una concurrencia vital entre ambas especies. Sin embargo, sarrios y muflones coinciden en la misma área altitudinal, especialmente en invierno; entonces, el muflón ocupa el estrato forestal de las partes más protegidas, desplazando a las gamuzas hacia estratos superiores donde la supervivencia es más comprometida.
En lugares con climas más cálidos, entre muflones y monteses se puede producir una superior competencia. En las sierras de Cazorla y Segura, durante la primavera-verano, muflones y cabras muestran una distribución altitudinal semejante, si bien tienden a ocupar diferentes hábitats; por el contrario, durante el otoño-invierno se establecen en hábitats superiores, pero con diferente distribución altitudinal. En esta última zona y todas las épocas del año, el muflón muestra su mínimo solapamiento con el ciervo y el gamo, especialmente en lo que se refiere a sus respectivas distribuciones altitudinales, experimentándose entre ellos una marcada competencia.
Gamos y muflones se sitúan en un margen altitudinal intermedio, el ciervo se sitúa en los valles y laderas inferiores, y las cabras monteses ocupan las zonas más altas y rocosas.
Podemos concluir así que el hábitat ideal para proceder a la introducción del muflón sería una zona de altitud media y clima claramente mediterráneo, accidentada, con orientaciones sur, sudeste o sudoeste, rocosa y, fundamentalmente, ocupada por un mosaico de monte bajo y pastos herbáceos, preferentemente libre de otros ungulados y con una baja o nula carga ganadera, especialmente de ovejas.
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En lo relativo a la dieta, gamos y muflones son especies con una alimentación intermedia, entre pastadores y ramoneadotes, y muestran en Cazorla una media del 62% de dieta común, mientras que con la montés tiene en común un 57% de la dieta, siendo con la oveja con la que muestra una mayor similitud en cuanto a alimentación ya que coinciden en un 73% de media.
Oveja y muflón pertenecen al mismo género (Ovis) y ambos tienen unos hábitos alimenticios semejantes: muestran un nivel de consumo de herbáceas similar, aunque la oveja ingiere más gramíneas. La oveja posee un volumen ruminal superior al del muflón lo que permite una mayor ingesta de alimentos fibrosos.
Por último, el ciervo presenta una dieta basada en las especies leñosas (que selecciona positivamente) y complementada con las herbáceas (especialmente en primavera) y gramíneas (que al parecer selecciona negativamente). Así pues, el ciervo parece ser una especie fundamentalmente ramoneadota, por lo que el solapamiento entre su dieta y la del muflón no debe ser elevado si existe una variedad suficiente de recursos.
Este último aspecto es fundamental: la competencia entre muflón y resto de ungulados será mayor cuanto menor sea la diversidad del hábitat que ocupan.
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