El podenco en el monte de laurisilva: introducción y orígenes del fantasma del bosque canario

La actividad cinegética en la Isla de la Palma, desde los tiempos más lejanos a los que llega nuestra memoria histórica, ha sido desarrollada principalmente por la población rural de las islas, y ha tenido como protagonista principal la modalidad de la caza del conejo, este pequeño lagomorfo introducido en las Islas Canarias probablemente por los colonizadores llegados tras la conquista de la isla por parte de la corona de Castilla.

José Agustín López Pérez | 15/07/2008

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En concreto, a la isla de la Palma llegaron con los conquistadores castellanos también familias de origen flamenco, portuguesas, así como procedentes de la corona de Aragón, como eran catalanes, valencianos o procedentes de las Islas Baleares. Se da el caso peculiar de municipios como la Villa de Garafía, en la cual sus libros sacros se redactaron durante mucho tiempo en lengua portuguesa, sin duda fiel reflejo del origen e importancia de las familias colonizadoras. Así, también encontramos barrios denominados como gallegos, franceses, o zonas que se identificaban con el nombre u orígenes de las familias que los poseían o vivían en ellos.

Se puede afirmar con rotundidad que el grupo racial de los podencos canarios lo constituyen varios grupos de perros

Encontramos nombres como los Catalanes o los Camachos en casi todo el norte palmero, familias que no sólo trajeron su lengua y sus pocos bienes, sino también es lógico pensar que con ellos llegaron su pequeño tesoro, sus semillas y animales domésticos, como gallinas, palomas, el cerdo, algunas cabras o, si pensamos en el tema que nos ocupa, el conejo o sus perros de caza o de pastoreo, que fueron durante mucho tiempo parte integrante de la ganadería y la agricultura de subsistencia que se practicó durante muchos siglos en el archipiélago.

Así no es extraño que, desde siempre, los canarios hemos utilizado un perro de unas características excepcionales para la caza del conejo, que a lo largo de los siglos se ha ido adaptando de forma impecable al medio natural y a la orografía y climatología canaria, a las distintas peculiaridades y dificultades de cada isla, y por otro lado a las cualidades y especificidades del conejo de monte, que desde tiempos de la conquista abundaba en las Islas Canarias. Esos perros son los podencos canarios.

A criterio de los primeros estudiosos de esta raza, se mantenía la certeza del origen de este perro en los perros faraónicos del antiguo Egipto, perros que supuestamente fueron introducidos en toda la cuenca mediterránea por los fenicios, a los que se les atribuía su introducción en las Islas Baleares y la península Ibérica, aunque tampoco se descartaba que también fuese diseminado por griegos, cartagineses, e incluso los propios egipcios. Actualmente a estas teorías no se les da la credibilidad que en otro tiempo han tenido, pues estudios más recientes han concretado con más fidelidad y, en su gran mayoría, las han rebatido con éxito.

Donde encontramos más dudas es sobre quiénes lo introdujeron en las Islas Canarias. Es lógico pensar que fue introducido en época pre-hispánica, ya que los cronistas de la época relatan la existencias de perros en Canarias cuyo origen es anterior a la llegada de los colonizadores españoles, y hay constancias arqueológicas de la existencia de perros en época prehispánica, probablemente los antecesores de los perros bardino majorero o pastor garafiano, un perro que como un auténtico monstruo amenazaba a los conquistadores castellanos de islas como La Palma, por lo que es de suponer era utilizado en la defensa de sus tierras por los benahoaritas. Además, los habitantes prehispánicos del archipiélago ya practicaban el pastoreo e incluso en algunas zonas los utilizaban como alimento. Casi con total certeza se puede afirmar que estos perros son en antecesor del bardino majorero y del pastor garafiano, pero ¿lo será también del podenco canario?

Los estudios realizados parecen indicar que los primeros pobladores canarios tenían perros con características similares a los actuales podencos, y también eran cazadores, como también lo eran sus pueblos originarios en el África continental. Además, está contrastado que entre estos pueblos existían perros directamente descendientes del antiguo tesen, por lo que es lógico pensar que el podenco canario es digno descendiente directo del tesen introducido en Canarias con la primera colonización del archipiélago. Con los aborígenes canarios tuvieron que coexistir diferentes razas de perros.

Sin embargo también se produjo una segunda introducción de podencos posterior a la conquista de Canarias por los conquistadores del reino de Castilla, probablemente con podencos andaluces, o incluso, como ya se ha hecho referencia, podría tener aportaciones de podencos portugueses, o alguno de los perros de los que son originarios los actuales ibicencos, o perros incorporados por los mercaderes franceses, ingleses, o incluso quizás piratas berberiscos, todos ellos con evidencias de desembarco o comercio en las islas Canarias.

Particularmente la teoría más lógica sería pensar que hubo un perro que los aborígenes canarios utilizaban para la caza, que posteriormente fue utilizado por los colonizadores españoles junto con podencos introducidos durante la colonización posterior a la conquista, y por simple selección de los criadores por sus cualidades venatorias sólo fueron continuando su descendencia los que mejores cualidades tenían para la caza, y sin duda tuvo una rápida expansión la raza con la introducción del conejo y a su proliferación en libertad.

La realidad de este can es que fue forjado por la dureza de esta tierra, con plena adaptación al medio y con un desarrollo físico y venatorio claramente diferente de los podencos ibéricos y de las Islas Baleares.

Morfológicamente el podenco canario tiene unas marcadas diferencias con el resto de podencos. Este desarrollo diferente es consecuencia directa de la incidencia de diferentes causas: por un lado el contacto humano y las preferencias de determinadas cualidades venatorias de las gentes de esta tierra, y por otra las consecuencias lógicas de la adaptación a las condiciones meteorológicas, la orografía, la fauna y la vegetación de cada isla.

El podenco canario está reconocido internacionalmente como raza y se regula por Real Decreto su patrón. También ha participado con éxito en exposiciones de nivel internacional conquistando los primeros premios, siendo muy apreciado por criadores foráneos. Sin embargo este patrón sólo representa a una élite de los podencos que encontramos en Canarias que se intentan promocionar, pues no recoge las diferencias morfológicas que existen según la isla de la que proceda, y los diferentes tipos de terreno que encontramos en las distintas comarcas insulares, prueba palpable de la labor de selección realizada por los cazadores del archipiélago a lo largo de los tiempos y a la extraordinaria capacidad de adaptación de esta raza al medio, conservando y fomentándose solamente la reproducción de los ejemplares que realmente rendían para la caza en el terreno, y cuidando las bondades venatorias que les favorecían.

Así pues nos encontramos con un perro polivalente, que es especialmente bueno en la caza del conejo en zonas agrestes y/o de dificultad extrema, donde puede escasear totalmente el agua, y ser capaz de resistir a menudo altas temperaturas, un terreno hostil con un piso áspero, lleno de aristas y grietas, como las laderas de las coladas de lava que manchan de gris oscuro amplias zonas de nuestro archipiélago, tiene unas patas fuertes, con almohadillas plantares de una gran resistencia, un perro con un gran olfato, un gran oído, y una excelente vista, con una nariz y hocico adaptados para introducirla entre piedras y poder así olfatear a los conejos. Es un perro veloz capaz de coger los conejos en plena carrera, pero a la vez resistente, pues soportan la mayoría de los ejemplares toda una jornada de caza de sol a sol en terreno agreste y carente de agua. Ante esta realidad es lícito dar todo el crédito a aquellos autores que lo califican como «el mejor perro del mundo en el secano».

El patrón del podenco canario está regulado por Real Decreto 558/2001, donde sin duda alguna se describe al más bello y espectacular de los podencos canarios, el PODENCO DE MALPAIS, pero deja fuera de su estándar a aquellos otros podencos a los que desde estas líneas se quiere hacer un reconocimiento, por supuesto también canarios, y que constituyen la mayoría en numerosas zonas de las islas occidentales donde abundan las zarzas y el bosque. Un podenco que ha evolucionado a un prototipo más pequeño y con un pelo a veces no tan corto, capaz de soportar los cortes de las zarzas y de poderse mover con soltura en zonas de abundante vegetación, un perro con un carácter más nervioso que hace su forma de cazar menos pausada que el podenco de malpaís, pues sus presas normalmente no se encuentran en grietas y majanos, sino emboscadas en matorrales, emprendiendo la huida en cuanto oyen a lo lejos la labor de los podencos, o bien se encuentran protegidos en madrigueras y zarzas, o en laderas de escarpados barrancos, incluso en espectaculares acantilados, etc. Esta morfología y ese carácter es producto de la adaptación del perro al medio a lo largo de muchísimas generaciones y de la selección que los cazadores van realizando en base a cubrir sólo aquellos ejemplares a los que sacan mejor partido en este tipo de entorno.

La ausencia de la redacción de un patrón definido hasta la fecha para este tipo de podenco alienta discusiones y polémicas entre muchos criadores del archipiélago sobre si son el fruto de cruces afortunados del podenco de malpaís con otras razas o bien se trata de una raza diferente. Sin duda para nosotros, los criadores de la isla de la Palma, se trata de un perro diferente que es producto de elementos objetivos que justifican estas diferencias, como son la influencia del tipo de terreno, más escarpado, la mayor densidad de la vegetación, mucha más humedad y, en muchos lugares, la existencia de fuentes y caudales de agua, etc. Estas variables desde luego no respaldan la hipótesis de ser producto de cruces casuales, sino una evolución diferente. También tenemos que tener en cuenta que las líneas venatorias de los perros de caza sólo mantienen una prolongada continuidad en su descendencia si son poseedores de un patrón genético definido, pues es vital para el criador que la descendencia mantenga las mismas características venatorias de sus progenitores, lo que hace inviable en el tiempo la continuidad de líneas raciales cruzadas con poca compatibilidad.

Después de estas reflexiones se puede afirmar con rotundidad que el grupo racial de los podencos canarios lo constituyen varios grupos de perros, sin duda con un nexo de unión hace ya varios siglos, pero en su evolución y adaptación a un medio fragmentado por siete islas principales y varios islotes, unido a la orografía de las mismas, la mayor o menor ausencia de agua y por lo tanto a la variabilidad de la vegetación entre ellas, e incidencia de razas introducidas con la segunda gran colonización de las Islas Canarias, tras la conquista, han hecho que su desarrollo sea muy diferente entre los diferentes entornos donde cazan, tan diferentes entre sí como las distintas islas del archipiélago. Así pues, sin duda, el patrón más generalizado corresponde al de zonas áridas y rocosas y con una vegetación mucho menos espesa, con amplias zonas de malpaís y matorral, que corresponde a las zonas más amplias del archipiélago, las islas orientales en su totalidad y amplias zonas del sur de Tenerife. Justo lo contrario de la frondosidad vegetal de amplias zonas de las islas occidentales, sin duda el más antiguo de los podencos canarios, también es el más definido morfológicamente y quizás el más bello de todos por su porte y talla. Así pues podemos afirmar que en el reconocimiento del podenco canario como raza se definió al más espectacular de nuestros podencos, obviando sin duda la presencia de otros podencos desarrollados en Canarias y con un origen fundamentalmente canario, como el podenco del monte de la laurisilva en la isla de San Miguel de la Palma donde, aparentemente, mantiene un desarrollo de líneas relativamente bastante definidas, o el podenco herreño.

Negar la incidencia que tuvieron estos podencos recién llegados en el desarrollo como raza de los podencos canarios actuales es negar los hechos acaecidos en nuestra propia historia

El origen probable y reconocido por prácticamente todo el mundo de todos los podencos se encuentra en el TESEM, o perro de los faraones, procedente del este de África y que se extendió por todo el centro y norte del continente hasta llegar a toda la cuenca mediterránea y Canarias. Su introducción en las Islas Canarias probablemente vino con los primeros pueblos colonizadores del archipiélago, pueblos de origen bereber que practicaban la caza, la ganadería, agricultura y algún tipo de navegación con la que llegaron a Canarias varios miles de años atrás. Hay constancia de la existencia de perros dentro de la cultura aborigen de los guanches, probablemente dos tipos: uno que podría ser de tipo molosoide y otro con rasgos y estética muy parecida a los perros podencos; fijar como único origen del actual podenco canario al perro de los guanches sería negar la realidad histórica que ha configurado la realidad Canaria, junto con esa primera colonización de las islas Canarias realizadas por pueblos bereber procedentes de África. Hasta bien avanzado el siglo XV hay constancia de algunos contactos esporádicos de pueblos como griegos, fenicios, romanos, cartagineses, etc. que llegaron a las islas bordeando la costa africana. Así mismo culturas posteriores tuvieron algún tipo de contacto, pero fue a partir del siglo XV cuando la corona de Castilla se plantea realmente su conquista para evitar la expansión de sus rivales en la zona, especialmente Portugal, haciéndolas plataforma estratégica para la conquista y colonización de América.

Junto con esta segunda colonización por parte de los españoles se crea una agricultura y ganadería diferente a raíz de la importación de nuevas especies vegetales y animales, hasta ahora desconocidas en el archipiélago, pues los pueblos aborígenes apenas conocían la cebada, los cerdos, la cabra o algún tipo de oveja, y el perro, creando así una nueva economía de subsistencia muy diferente a la que existía hasta esa fecha, en la que también tienen cabida tras su introducción algunos otros tipos de perros, entre ellos sin duda el podenco portugués, el podenco andaluz y los perros originarios del ca eivissenc.

Negar la incidencia que tuvieron estos podencos recién llegados en el desarrollo como raza de los podencos canarios actuales es negar los hechos acaecidos en nuestra propia historia. Sin embargo, el proceso de adaptación a un medio hostil que tuvieron que sufrir a lo largo de cinco siglos ha hecho que parte de sus cualidades no sean tan valoradas en Canarias como en su tierra original, y se valoren otros aspectos más acordes con la realidad de la tierra donde cazaron a partir de ese momento. Este es el principal factor que ha permitido la recuperación de los valores genéticos distintivos de los PODENCOS CANARIOS.

Aún así, en zonas propicias como en el bosque de laurisilva o en las zonas en las que abunda el matorral, en el podenco canario se nota la huella e incidencia directa de los podencos importados por los españoles. Para constatarlo no tenemos sino que comparar los patrones reconocidos del podenco andaluz y el ca eivissenc con el podenco canario que encontramos en zonas de bosque o matorral. Nos encontraremos con un podenco a mitad de camino, con características comunes entre ambos y con determinadas especificidades venatorias exclusivas que no son propias ni del ca eivissenc ni de los podencos ibéricos, y que son fruto de la especialización propia del territorio insular de Canarias.

Con la introducción por parte de colonizadores de la corona de Castilla de los podencos ibéricos y los ascendientes del ca eivissenc, éstos estaban en clara desventaja con un perro como el podenco de los aborígenes canarios, más adaptado a cazar en la dificultad de esta tierra, pero en la hetereoneidad del archipiélago, con zonas húmedas y de matorral se llegaron a mantener en un número relativamente importante, ya que su tamaño y cualidades era apropiado para la caza en algunas zonas, en el caso del podenco andaluz de talla media propio por su porte para el bosque, y el ascendiente del ca eivissenc para el matorral. A partir de esta raíz y a lo largo del tiempo se han ido seleccionando de estos podencos del siglo XV y XVI, y de los cruces con los podencos locales canarios, aquellos que más rendimiento tenían en el terreno, además de tener prácticamente nulo contacto masivo con las poblaciones de podencos peninsulares hasta fechas relativamente recientes —hasta la segunda mitad del siglo XX—. Así pues podemos decir que el podenco canario (de malpaís) puede tener algún tipo de hibridación residual probable con los ascendientes del ca eivissenc, y el podenco de la laurisilva es probablemente fruto híbrido del podenco canario con podencos ibéricos que han seguido una selección propia muy diferente de los perros peninsulares a lo largo de cinco siglos por abandono de las líneas que no rendían para la caza del conejo en este tipo de bosque.

Sin duda alguna la falta de cita de este tipo de podenco por parte de las personas que tan buen trabajo han realizado en el reconocimiento del podenco canario, a las que felicito y envidio profundamente por su eficiencia y capacidad de trabajo, es consecuencia directa de su origen, personas fundamentalmente procedentes de las islas orientales, unos promotores de una raza que hicieron fantásticamente bien su trabajo para poder definir al podenco con el que cazaban y al que han intentado dar, y lo han conseguido, dotar del prestigio que merece, en lo más alto, pero que sin embargo confundieron a estos otros podencos, desde luego muy diferentes del podenco de malpaís, con desviaciones del patrón del podenco canario por cruces con otros perros foráneos sin justificación lógica.

Los amantes del podenco de monte de la laurisilva no debemos interpretar nunca esta declaración como lesiva para nuestro magnífico podenco, pues sólo nos debe producir la sana envidia de quien sabe dar realce a sus perros, y pone aun más en evidencia la necesidad del estudio y reconocimiento como raza o tipicidad del podenco canario de esos otros podencos que han evolucionado en entornos diferentes dentro del entorno de nuestro archipiélago, y la necesidad de imitar las conductas de protección de la raza para nuestros perros podenco que se han aplicado en otras zonas de Canarias.

Siempre nos regocijamos que nuestras islas son como un cúmulo de continentes en miniatura por nuestros microclimas y por las diferencias paisajísticas. Con tanta heterogeneidad es normal encontrar grandes diferencias en los seres vivos en un pequeño espacio de terreno. Para comprobarlo sólo tenemos que ver el catalogo de subespecies y endemismos que tenemos en cada isla. Así, sin despreciar la denominación de podenco canario a nuestro podenco reconocido internacionalmente, y del que debemos estar gratamente orgullosos, tenemos la obligación de exigir el reconocimiento del término de podencos canarios para recoger a todo el grupo racial de los podencos del archipiélago, incluyendo al podenco del monte de laurisilva y al podenco herreño, que deberían acompañar en la categoría de grupo de podencos canarios al podenco de malpaís.

La ausencia de estudiosos que desarrollen el análisis y desarrollo del patrón de las razas en las islas occidentales, estudio que muchos cazadores reclamamos como urgente y necesario para poder borrar de una vez para siempre ese sambenito «de que en algunas zonas cazamos con perros satos», que sí nos ofende a los criadores de nuestro podenco de la laurisilva, y es una realidad sangrante que mancha el honor de los amantes de esos nuestros podencos también canarios que no tienen reconocido su patrón, y que rinden mucho más desde luego en su terreno que razas que se han desarrollado para cazar en otro tipo de entornos, quizás no sea tan bello y espectacular en campo abierto, pero en la espesura del bosque no hay otro como él, y como colmo de males tiene que pagar el tributo para los que no lo conocen de la ausencia preocupante de ese añorado estudio y redacción de su patrón para poderlo valorar con orgullo como raza. Como consuelo nos queda que ya quisieran otros disfrutar de ellos como lo hacemos los cazadores que disfrutamos de su compañía en el campo.

La redacción y reconocimiento de su patrón se ve frenada por multitud de dificultades e inconvenientes, y que han sido la rémora sangrante de las iniciativas locales para que se valore esta raza, pues en islas como la Palma o el Hierro carecemos de los centros académicos necesarios para fomentar desde su seno este reconocimiento, como pueden ser las facultades universitarias, y aunque tenemos profesionales que tienen capacidad suficiente para acometerlo, carecen hasta el día de hoy del apoyo económico y las suficientes ayudas por parte de los organismos oficiales, como becas o subvenciones, imprescindibles para dedicar gran parte de su tiempo al mismo. Además, como otro inconveniente, tenemos que indicar que en nuestra isla podemos encontrar zonas de húmedos suelos y selvas de laurisilva junto a suelos de malpaís o zonas casi desérticas a pocos kilómetros. Lógicamente, el perro de cada cazador se adapta al terreno en el que caza, y los cazadores, por proximidad y por intentar crear un perro de caza universal en estos terrenos, hemos fomentado cierto mestizaje cruzando perros de zarza o monte con otro tipo de perros, sin darnos cuenta que tienen características completamente diferentes, siendo predominante estos cruces con el podenco de malpaís diluyendo la tipicidad que ha prevalecido en los espacios del monte de la laurisilva, por lo que de afrontar cualquier estudio en relación con la raza es conveniente acotar éste a las zonas donde se mantiene en su carácter más puro por carecer de elementos fomentadores del mestizaje, como son la convergencia de malpaís y la laurisilva.

Como colofón final de esta introducción a los orígenes de nuestro podenco sólo se puede hacer desde estas líneas y desde las sociedades de cazadores un llamamiento a los criadores para poder asegurar la conservación y el futuro de nuestra raza, y que tiene como único lance aquel que, huyendo de la consanguinidad de los progenitores, une cualidades venatorias coincidentes, reforzando así éstas en los futuros ejemplares, saquemos de nuestras camadas los auténticos reyes de la caza del conejo en el monte, EL FANTASMA DEL MONTE DE LA LAURISILVA, desde luego ¡EL GRAN MATADOR!

José Agustín López Pérez
1 comentarios
15 jul. 2008 15:57
El Pinar
Sólo puedo decir OLE, muchas gracias por su artículo.
Un Saludo.

 

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