Claves para tener éxito en las esperas al jabalí

Las esperas nocturnas al jabalí vuelven sobre el tapete cíclicamente y no es casual ya que se trata de una modalidad que, además de ser una de las preferidas de muchos cazadores, es tan apasionante y tan variada que se podría hablar o escribir sobre ella sin nunca agotar el tema.

Francisco Carrillo | 07/07/2008

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Durante la espera, disfrute de la soledad, de la tranquilidad, de la noche, de sus múltiples olores y de sus sonidos

Aunque se hagan en un mismo lugar no hay dos esperas iguales, cada una es diferente de la anterior con infinidad de variables como son la luz de la luna según sus fases y la nubosidad, la dirección del viento, la temperatura, sin contar con nuestro enigmático protagonista el cochino, ese animal tan listo, paciente y tremendamente intuitivo.

Aquí no nos vale para nada la experiencia previamente adquirida, ni podremos sacar conclusiones de otras vivencias. Podremos estar horas y horas e incluso días y días esperando, sin ni siquiera darnos cuenta de su presencia ni que quién controla la situación no es uno mismo sino él, que entrará cuando buenamente quiera, es decir, cuando se sienta totalmente a salvo. Si es viejo y tiene dudas, mandará por delante a su escudero y no dudará en sacrificarle, pero no se la jugará. Por astuto y desconfiado llegó a viejo, pero el caso es que es tan tozudo que siempre terminará por entrar, aunque tenga que esperar a que nos hayamos aburrido y abandonado. A nosotros nos toca saber cómo engañarle y para ello he aquí unos consejos que espero sean de utilidad.

El puesto

Necesita tranquilidad y debe estar lo más alejado posible de lugares normalmente transitados. Aunque nuestro puesto parezca estar en medio de un desierto, no lo está y esto lo hemos podido comprobar con cámaras de vigilancia, viendo cómo en tan sólo unas pocas horas pasaban por él un rebaño de ovejas con sus perros y su pastor, varias alimañas (un par de zorros y un tejón), una persona recogiendo leña y otra buscando setas que, además, mostró mucho interés por el puesto. Claro está que todo este vaivén deja un montón de olores y señales de peligro que unas horas después, ya anochecido, pondrán en alerta a nuestro tan deseado macareno.

Mi consejo es que el puesto se parezca lo menos posible a un puesto, es decir, que esté totalmente integrado en la naturaleza y hecho con los mismos elementos naturales que allí nos encontremos, como ramas. Nada de telas, redes, escaleras metálicas, ni cosas extrañas. Puede ser de suelo o de árbol. En el puesto alto o de árbol se eluden más fácilmente los olores, ya que el cochino no suele entrar recto (más aun si es viejo) sino dando vueltas y rodeos, por lo que al estar a nivel de suelo en un momento u otro nos olfateará.

El puesto, una vez hecho, hay que dejarlo reposar para que el animal, en caso de descubrirlo, se habitúe y lo termine por ver como una parte del entorno.

Cómo cebar el puesto

Hay varios métodos como el de poner grano debajo de unas lascas o piedras planas para que el cochino al levantarlas delate su presencia. Al mover las piedras notará menos nuestros posibles movimientos ya que indudablemente, por mucho cuidado que tengamos, algo de ruido meteremos al encarar el arma, intentar descubrirlo en la oscuridad y esperar el momento propicio para encender la linterna y disparar. Desde el momento en que entra y el del disparo pueden pasar varios largos minutos durante los cuales nos resultará muy difícil estar totalmente quietos y prácticamente sin respirar, con nuestro corazón latiendo a tope bajo la emoción del lance. El problema de las piedras es que cabe poco grano y habrá que alimentar el puesto casi a diario y no conviene para nada patearlo. Otro sistema consiste en un bidón colgado que el cochino golpeará con la jeta para que caiga el grano. Aguanta normalmente varias noches antes de vaciarse, pero es más cantoso y delatará la presencia del puesto al primero que pase cerca. Es conveniente que el cebadero esté cercano a una baña, a poder ser natural, a la cual acostumbra a entrar el cochino. Bastará con buscar huellas y rascaderos cerca de la baña para saber quién (por tamaño de huella y altura de las rascaduras y de las dentelladas) y con qué asiduidad la frecuenta.

Como todos sabrán, el uso de gasoil, al ser contaminante para el suelo, está prohibido aunque a los cochinos les atrae su olor y les encanta para revolcarse y quitarse de encima sus molestos parásitos (garrapatas, larvas, etc.).

Observación y control del puesto

Hay varios sistemas de control, como son las cámaras de vigilancia por célula infrarroja que sacarán una foto de todo lo que pase por el puesto indicándonos la hora y el día. También hay relojes que se dejan en el lugar y se paran al tocarlos el animal, indicando la hora de su entrada al comedero.

Los hay también más complejos que registran varias lecturas, es decir, días e incluso semanas. El problema de estos aparatos es que son caros y que, debido a la gran cantidad de amantes de lo ajeno, desaparecen con mucha facilidad. Lo mejor, si el lugar lo permite, es ejercer un control o una observación a distancia con unos buenos prismáticos, invirtiendo unas cuantas horas tanto de día como de noche.

Para la observación de noche hay disponibilidad en el mercado de unos prismáticos o monoculares de visión nocturna bastante económicos que nos permitirán hacernos una idea bastante clara de los movimientos de nuestro inquilino. En caso de luna o de las últimas horas de luz unos buenos y luminosos prismáticos serán de gran ayuda (recomiendo unos 8x56 o similar).

Arma y calibre

Al disparar normalmente a corta distancia (hablando siempre de esperas normales y no de las comerciales que se realizan desde torretas) y tener que abatir el animal de un solo tiro, cualquier tipo de rifle desde el simple monotiro hasta el semiautomático o escopeta (con bala por supuesto) tanto si es paralela como si es semiautomática, es válido siempre y cuando el calibre sea lo bastante contundente como para no dejar el animal herido. En el supuesto caso de que el animal esté herido, en ningún caso hay abandonar el puesto y acudir al remate, puede ser muy peligroso y mucho más de noche que de día. Aunque de apariencia apacible, el jabalí es un animal temible cuando lucha por su vida y no duda en defenderse o atacar si está mal herido. Encontrarse solo y a oscuras con un macareno cabreado no es buen negocio.

Tengo varios amigos que acuden a las esperas con un ligero .243 W disparando siempre a la cabeza. Desde luego con un .243 W se han cobrado montones de cochinos pero no soy amante de hacer filigranas innecesarias, prefiero para este menester usar un calibre grueso con una bala de punta chata o muy expansiva.

Es aconsejable que el arma sea muy manejable, de rápido encare y que estemos acostumbrados a ella para no dudar al apuntar y hacer fuego.

La ropa

No le solemos dar la importancia que se merece a nuestro vestuario, pero a menudo él será el responsable de nuestro fracaso o de nuestro éxito. Nuestra ropa no debe sonar, hay que evitar toda clase de ropa que al moverse uno meta ruido, siendo ideales las prendas de lana, pana o los forros polares. Tampoco debe oler, sobre todo a suavizante u otro detergente con los que nuestras mujeres se empeñan en lavar nuestra ropa de caza. No quiero decir con esto que seamos unos guarros y que no se deba lavar la ropa de caza, pero sí lo tienen que hacer que sea con un jabón neutro que no deje rastro. Las prendas que huelen a tabaco o a fuego de leña pueden o no ser positivas. En algunos casos tapan nuestro olor corporal y nos delatan menos.

Recientemente ha aparecido en el mercado, desarrollada por y para los cazadores con arco, una ropa técnica que evita que traspase nuestro olor corporal. Para los que no se quieran gastar tanto hay también unos spray cubreolores a base de humus u olor a plantas que son económicos y resultan bastante efectivos. ¡Ojo! A las esperas hay que acudir siempre abrigado, ya que las noches son frías, incluso en verano y el frío nos puede calar hasta dentro de los huesos y hacer que nos movamos más de lo estrictamente necesario. También hay que ir pensando en los molestos mosquitos que pueden hacer que nuestra espera se transforme en un infierno. Una fina red, un ramillete de romero en la solapa o unas gotas de gasoil en la cara los apartará mucho más que algún producto comercial específico que pondrá el guarro en alerta. Como suele hacer la gente de campo, cubrirse por encima con una vieja manta de lana, de estas marrones que usaba el ejército hace unos años, sigue siendo lo ideal ya que abriga, no mete nada de ruido, disimula y rompe la silueta humana, además permite cobijar el arma por debajo, evitando así reflejos delatores sobre las partes metálicas (parece mentira lo que todo brilla bajo la luz de la luna).

La luz

Hay quien a estas alturas todavía prefiere no usar linterna o foco. Sinceramente creo que es una temeridad, ya que las posibilidades de confundir un guarro con cualquier ser nocturno o noctámbulo son elevadas y es increíble lo poblado que está el campo por la noche. Las linternas han mejorado mucho últimamente gracias a las nuevas generaciones de pilas superpotentes, al uso de leds o de bombillas rellenas de gas xenón o similar. El foco de muchas de estas linternas actuales llega hasta los 200 e incluso 300 metros de alcance. Para una espera durante la cual el disparo se va a realizar a un máximo de 50 metros evidentemente sobra potencia, pero lo que realmente cuenta es que el foco sea lo bastante concentrado para que el blanco quede perfectamente nítido y visible y nunca difuminado. Se puede usar un filtro de color rojo colocado sobre el reflector, lo que nos hará beneficiarnos de unos segundos más hasta que el animal salga disparado. Al encender la luz pueden pasar cosas muy curiosas con los cochinos: algunos no se inmutan, otros salen corriendo e incluso algunos corren hacia la luz. Con ellos, nunca se sabe.

Los visores nocturnos montados sobre rifle están prohibidos y además no soy partidario ya que dejan, a mi juicio, muy poca oportunidad al animal.

Visores

Si se va a emplear visor con el rifle que sea muy luminoso para definir bien el blanco, aunque si se combina su uso con el de una linterna esto carece de importancia y vale cualquiera, aunque sea un 1,5-4x24 para batidas. Lo que sí es importante es que el visor quede bien colocado y alineado con el ojo de manera que no se tenga que buscar alinearlo subiendo y bajando la cara. ¡Ojo! Con la colocación de la linterna, conviene probarla a oscuras montada antes de la espera para comprobar si su luz no produce reflejos dentro de la óptica. Es frecuente que si está montada sobre el visor haga que se refleje y moleste el punto de mira en el visor.

El montaje directo sobre el cañón del arma es otra opción, aunque la fuerte vibración del cañón al disparar acaba con muchas linternas. Los visores con retícula iluminada son una buena opción siempre y cuando estén regulados de manera que no nos deslumbren por la noche.

Últimos comentarios

No dispare nunca si no está totalmente seguro de lo que hace.

No trate nunca de cobrar un animal herido.

No se precipite, siempre hay tiempo de sobra.

No se desaliente, las esperas son así y algunas incluso muy largas.

Durante la espera, disfrute de la soledad, de la tranquilidad, de la noche, de sus múltiples olores y de sus sonidos. Trate de escudriñar la oscuridad, adivine e intente descubrir las formas de las cosas, de ver dónde no se ve. Con un poco de práctica volverá a sentir casi como los cazadores primitivos y cómo la oscuridad de la noche se transformará en todo un espectáculo.

Pero, sobre todo, tenga mucho cuidado.

Francisco Carrillo
Fotos: A. Aníbal Álvarez y archivo

 

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