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Dormitando sumergidos en el agua para aliviar el calor, los hipopótamos dan un equívoco aspecto apacible y bonachón, cuando, en realidad, causan al año más muertes humanas que los cocodrilos, los leones o las hienas, no dudando en convertirse en bravías fieras que atacan a todo aquello que se cruce en su trayectoria.
Grupo Vigilancia y Gestión | 12/06/2008
La cara apacible del caballo de río oculta a uno de los animales más agresivos del continente negro. Considerado el sexto de los cinco grandes de la caza peligrosa, el hipopótamo es un fiero animal, que no sabe lo que es temer a los humanos y que mueve rápidamente sus entre dos y cuatro toneladas de peso —los machos adultos— en el agua, con la finalidad de propinar un certero golpe a cualquier adversario que se adentre en su territorio o asestarle una fatal dentellada con sus fuertes colmillos de marfil, de casi cincuenta centímetros de largo (algunos llegan a los setenta y cinco centímetros y a los cuatro kilos de peso), que son generalmente utilizados como arma en la lucha territorial entre machos. Además, a pesar de su aspecto torpe, no hay que dejarse engañar: en tierra firme pueden alcanzar los veinticinco kilómetros por hora y cuando están asustados o enfadados arrollan con todo lo que se ponga por delante.

En cuanto se sienten amenazados los hipopótamos se meten en el agua, donde el macho dominante vigilará su territorio. © Ardeidas.
Pero, a pesar de ser extremadamente peligroso, el hipopótamo ha sido siempre cazado por los nativos africanos por ser una excelente fuente de carne y grasa. De hecho, los primeros colonizadores europeos lo denominaron vaca de mar.
En realidad, es un animal tranquilo y pacífico, siempre que no invadamos su territorio, interfiramos en su trayectoria o nos interpongamos entre una hembra y su cría. Solamente atacan a las personas cuando se acercan imprudentemente a los animales sumergidos con una canoa y éstos confunden la embarcación con un cocodrilo, o bien cuando usan las sendas de los hipopótamos para llegar hasta los ríos y lagos en busca de agua, ya que los hipos usan estos caminos para cubrir la distancia entre el agua y las zonas donde se alimentan, moviéndose por ellas a una velocidad increíblemente alta, sin pararse ante ningún obstáculo que surja, lo que ocasiona a veces atropellos con consecuencias fatales.
Distribución
Históricamente, los hipopótamos se encontraban en todo el África subsahariana, pero la mayor parte de las poblaciones se han reducido o han sido exterminadas, por lo que las concentraciones grandes de hipos se extienden del África central y meridional al África occidental, siendo su hábitat preferido los ríos de aguas profundas con pantanos adyacentes ricos en vegetación y con abundantes prados en sus orillas.

Durante años se creyó que los hipopótamos sudaban sangre. Pero lo que ocurre es que su piel exuda una sustancia grasa (que ayuda a mantener la piel húmeda) con pigmento rojo que hace que se asemeje al citado fluido orgánico. © Ardeidas.
Aunque no está en peligro de extinción, ni mucho menos, la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza ha denunciado en este año 2006 que en África uno de los animales que se está volviendo más vulnerable es el hipopótamo común, ya que su población ha descendido en un noventa y cinco por ciento en la última década especialmente en la República Democrática de Congo (donde actualmente apenas queda un cinco por ciento de los 30.000 ejemplares que había hace diez años) y Zambia, debido al aumento del uso de agua dulce de los ríos para los cultivos. También el furtivismo, que busca su jugosa carne, su dura piel y el marfil de sus dientes (que se está utilizando como sustituto del de elefante), sucede en algunos países, pero no es una amenaza realmente seria. El problema no es que haya muy pocos ejemplares —de otras especies hay muchos menos—, sino que a este ritmo de alteración y pérdida de su hábitat el hipo sólo podrá aguantar unas décadas, y además, hay que tener presente que es un animal peligroso y cualquier plan de conservación tiene que tomar en consideración la seguridad de las poblaciones humanas.
Comportamiento
El hipopótamo dormita en el agua, toma el sol en los bancos de arena durante el día y mantiene más actividad de noche, aunque, estrictamente, no puede considerarse un animal de hábitos nocturnos. Aunque su aspecto induce a pensar que les gusta poco moverse (pero son sumamente gráciles en el agua, a pesar de dar una impresión torpe sobre la tierra, ya que su gravedad específica les permite hundirse al fondo de los ríos y, literalmente, andar o correr a lo largo del lecho fluvial), los hipos pueden cubrir hasta treinta y tres kilómetros de río cada noche, en busca del alimento. Su alimentación es estrictamente vegetariana y está basada en las hierbas que encuentran a lo largo de las orillas de las aguas que habitan, pero, cuando el hambre aprieta, han sido vistos pastando hasta a tres kilómetros y medio de las riberas.

Hasta que no se caza al hipopótamo no se tendrá certeza del trofeo, pues es muy difícil poder ver los colmillos antes del disparo. © Mbogo Hunting Safaris.
En cuanto a su gregarismo, los hipopótamos pueden vivir aislados —sobre todo los machos— o bien en manadas de veinte o treinta ejemplares, conducidas por una matriarca y bajo la dominancia de un macho, estando el núcleo central del grupo constituido por hembras con sus crías aún sin independizar. Otros machos adultos compiten para hacerse con el control de estas manadas, por lo que la agresión entre éstos es intensa, empleando sus largos colmillos —que perforan fácilmente la gruesa piel, hasta de tres pulgadas de espesor, de los contrincantes— como armas que, en muchos casos, causan la muerte de más de un pretendiente, siendo habitual encontrar en la piel de los viejos machos cicatrices de estas heridas infligidas durante las peleas. Los vencidos son a menudo relegados a llevar una existencia solitaria. A pesar de su tamaño, son el alimento preferido del león y se refugian dentro del agua siempre que alguno de estos felinos anda cerca.
Situación del hipopótamo
Sometido a una intensa caza autóctona (el hipopótamo es una fuente de alimento —carne— muy valorada por muchos indígenas africanos y la gran cantidad de grasa obtenida de la matanza de un solo animal es altamente estimada) y comercial (sus dientes son de un excelente marfil y la piel también se considera valiosa) es una especie incluida en el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especie en Peligro (CITES) desde 1995.
La caza
Según los expertos, a pesar de que hay hipopótamos a lo largo y ancho de casi toda África, recomiendan, como mejores destinos, países como Zambia, Zimbabwe, Tanzania, Mozambique y Sudáfrica.
Repetimos que su caza es considerada muy peligrosa, pues es la carga de esta mole, tanto en el agua como fuera de ella, tan temible como la del más furibundo búfalo, por lo que no es apta para cazadores sin mucha experiencia o con una puntería poco fina.

Hay que dejar que el cazador profesional nos localice a un buen macho dentro de una manada, pues su dimorfismo sexual es poco evidente. © Ardeidas.
Hay dos formas de poder abatir a un buen macho en un río: una es tirándole desde dentro del agua, llegando hasta ellos con modernos vehículos anfibios y canoas (pero aquí existe el riesgo de que el disparo sea menos certero, pues la inestabilidad de una embarcación no permite una buena precisión, y además, estamos más expuestos a que el grupo se ponga nervioso o nos interpongamos en la trayectoria de alguno y nos enfrentemos a una situación complicada). Otra es dispararle desde la orilla, esperando a que se presente una buena ocasión de abatir un macho.
Una vez descubierta una manada hay que dejar que sean los cazadores profesionales los que identifiquen a un buen macho, pues, asomando sólo la nariz y los ojos, a no ser que podamos verles con la boca abierta y vislumbremos los colmillos, es harto difícil dilucidar si estamos ante un buen trofeo o una enorme hembra.
Tras escoger, tranquilamente, a un ejemplar hay que dispararle entre los ojos (o entre el ojo y el oído), buscando dejarle seco con un disparo directo a su pequeño cerebro, pues, de lo contrario, lo perderemos en el río.
En ambas, tras abatirle, el hipo se hunde, por lo que es necesario que pase entre media y una hora para que el contenido de su estómago fermente y el gas resultante haga que el cuerpo salga a la superficie. Una vez arriba otro problema es acercarse hasta él para poderle arrastrar hasta la orilla, pues la manada o parte de ella suele a veces permanecer cerca de su congénere muerto y atacan si sienten cualquier peligro, o podemos encontrarnos con que rondan por allí los cocodrilos. Así que, cuando vayamos a por estos animales, hay que ir con el mayor equipo humano posible, porque toda ayuda será bienvenida.

Aunque no es obligatorio, lo recomendable es tirar al hipo entre los ojos, pues así nos aseguramos alcanzar el cerebro. © LMR Caza.
Otra manera es esperar a tirar cuando los hipos están fuera del río y rececharlos. En este caso, se suele buscarlos entre las charcas y zonas pantanosas (si logramos soportar los mosquitos) donde permanecen, a las horas de más calor, ocultos entre hierbas y juncos, procurando que nunca nos situemos en el camino de un hipopótamo, que se haya alejado de la manada, hacia el agua, pues seguro que nos llevará por delante sin miramientos.
Lo siguiente es seleccionar a nuestro trofeo que, fuera del agua, ofrecerá una mejor oportunidad de tumbarle, pues, en esta situación, dejar herido a un macho capaz de emprender una rápida carga contra los cazadores no es nada recomendable, ya que, aunque el tiro sea mortal, como quien dice, con tres segundos tiene tiempo más que de sobra para arrancarse, arrollarnos con sus más de dos o tres toneladas y propinarnos un par de buenas dentelladas...
Grupo Vigilancia y Gestión
Comentarios (2)
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15/06/2008 11:58:55
Esto es igual que si te metes en una dehesa extremeña o andaluza y te lías a pegar tiros a los toros de lidia.
17/06/2008 20:34:09
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- Cartuchos Magnum
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Cazando al hipo
En estas imágenes podemos ver una secuencia de una cacería de un macho de hipo en el agua.

© Valentín Guisande
Lo primero es localizar una manada en la que el profesional vea que hay un ejemplar que merece la pena ser abatido.

© LMR Caza
Después, hay que acercarse con la lancha a una distancia prudencial desde la que podamos disparar, pero que no suponga una amenaza para evitar ataques.

© LMR Caza
Una vez muerto, hay que esperar a que se hinche y salga a la superficie, momento en que debe ser arrastrado a la orilla para ser desollado, descuartizado y sacar los colmillos.

© LMR Caza
Parámetros biológicos
Pesos medios: 2.000 a 4.000 kilos.
Medidas: altura, 1,5 metros de media; longitud total, 4,3 a 5,2 metros.
Piel: densa, casi sin pelo (excepto algunas cerdas en hocico, interior de las orejas y punta de la cola), de coloración marrón oscuro con reflejos púrpuras (debido a la sustancia grasa pigmentada que exuda).
Reproducción: es capaz de criar todo el año, pero existen dos picos en febrero y agosto.
Madurez sexual: machos, entre los 6 y 14 años de edad; hembras, entre los 7 y 15 años de edad.
Gestación: 227 a 240 días (1 cría por parto).
Peso recién nacidos: 27 kilos de media.
Longevidad: 50 a 60 años.
Enemigos: leones, cocodrilos y hombres.
Taxonomía
Clase: Mamalia.
Orden: Artiodactyla.
Familia: Hippopotamidae.
Género: Hippopotamus.
Especie: Hippopotamus anphibius.
Armas
Por su piel gruesa, por el peligro que supone dejar un hipopótamo herido y porque la mayoría de los tiros son a la cabeza (siempre buscando alcanzar el cerebro) bien directamente entre los ojos (lo habitual) o bien entre el ojo y el oído, se suelen usar grandes calibres con proyectiles blindados, pero capaces de mantener la precisión, porque a veces se hacen tiros a más de cien metros de distancia.
Los calibres recomendados van del .300 WM, pasando por el .375 H&H, hasta el .450.
Equipo
Ropa y calzado: típica ropa de safari (camisas y pantalones de algodón, de color verde y beige); sombrero/gorra; calzado cómodo, preferiblemente botas al tobillo o de media caña.
Complementos: crema solar, repelente contra mosquitos, gafas de sol, prismáticos, cuchillo multiusos; medicación personal; botiquín.
Visor: de aumentos variables.
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