La caza, fuente de enfermedades para nuestros perros

Los perros de caza, por su propia actividad, el ambiente en el que se desenvuelven y sobre todo por su estrecho contacto con determinadas especies cinegéticas, se exponen a una serie de enfermedades, algunas mortales, que es importante conocer y prevenir. En este completo artículo se describen estas enfermedades, su prevención o cura, si la tiene. Los perros de rehala son sin duda los más expuestos.

Javier Millán y Jaime Viscasillas | 10/06/2008

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La jornada de caza es el día culminante no sólo para el cazador, sino también para sus perros. Tras largos días en la ciudad o en perreras, pueden por fin perseguir a las piezas. Sin embargo, al salir al campo, nuestros perros de caza —y por extensión otros perros que pasan parte o toda su vida en el medio natural— afrontan numerosas situaciones en las que se exponen a diversas enfermedades. Muerden a las presas o las cobran una vez abatidas, comen carroña, olfatean rastros, beben agua estancada o se exponen a las picaduras de garrapatas, pulgas y mosquitos. En el presente artículo pretendemos resumir las más importantes enfermedades que pueden afectar a los perros de caza y que se contraen típicamente en el medio natural, haciendo especial hincapié en las medidas para su prevención.

Debemos resaltar que, aunque en este artículo también se hace referencia a la sintomatología y al tratamiento de estos procesos, recomendamos a todos los lectores que acudan a su veterinario en caso de creer que su perro pueda sufrir alguna de las enfermedades expuestas.

1) ENFERMEDADES QUE PUEDEN CONTRAERSE POR CONTACTO (DIRECTO O INDIRECTO) CON LAS PRESAS

Enfermedad de Aujeszky


La enfermedad de Aujeszky es rápida, letal y no tiene cura. Los perros la pueden contraer si consumen carne de jabalí cruda.

Agente etiológico: Virus de la enfermedad de Aujeszky.

Reservorio silvestre principal: Jabalí, con una prevalencia en torno al 45 por ciento en el centro-sur peninsular. Muy poco frecuente en el norte. El jabalí presenta una infección sin síntomas aparentes.

Forma de transmisión: Consumo de jabalí crudo. En raras ocasiones, por mordedura de jabalí infectado. Por lo tanto, los perros de rehala y, en general, los utilizados en la caza de esta especie se hallan especialmente expuestos.

Desarrollo de la enfermedad: Desde el momento de la infección, pasan 3-6 días hasta que aparecen síntomas. El cuadro clínico es una encefalitis sobreaguda, con muerte en un máximo de 48 horas a partir de entonces. Primero se observa un cambio en la actitud del perro, desde excitabilidad a letargo: luego pueden aparecer diarrea, vómitos o disnea. Un signo común —aunque no específico de esta enfermedad— es un picor muy intenso, llegando el perro a automutilarse. Debido a estos síntomas, en los países anglo-sajones se conoce a esta enfermedad como falsa rabia.

Tratamiento: No tiene cura. Se puede tratar al perro para aliviar los síntomas, pero la muerte es segura.

Profilaxis: Evitar que los perros consuman jabalí crudo o tengan contacto próximo con jabalíes o cerdos. Existe vacuna para el cerdo, pero no se ha evaluado su uso en perros.

Parvovirosis

Agente etiológico: Parvovirus canino (CPV).

Reservorio silvestre principal: Zorro. Estudios recientes han encontrado anticuerpos en el 11 por ciento de zorros de Andalucía y en el 4.5 por ciento en el centro-norte peninsular. También ha sido detectado en lobos en el norte de España con prevalencias altas (62 por ciento), pero debe tenerse en cuenta que el lobo es menos abundante que el zorro o el perro, y por tanto es poco importante como reservorio.

Forma de transmisión: Fecal-oral. Un animal se infecta al olfatear o lamer los excrementos de otro.

Desarrollo de la enfermedad: Esta enfermedad es especialmente dañina en perras preñadas —por provocar abortos—. También cachorros de menos de 8 semanas cuando las madres no están vacunadas. Aunque antiguamente los principales signos de los cachorros eran cardíacos, actualmente se suele detectar con más frecuencia una gastroenteritis hemorrágica. Los signos comienzan con vómitos que no suelen controlarse con tratamientos convencionales, anorexia, fiebre, deshidratación y finalmente diarrea líquida con sangre —incluso llegan aparecer algo parecido a trozos de intestino—, que es lo que le da el olor característico a esta enfermedad. En perros adultos el virus produce una enteritis, con diarrea, anorexia y deshidratación. Aunque no es frecuente, puede producirse la muerte a los dos días del comienzo de la enfermedad.

Tratamiento: El tratamiento en cachorros requiere la hospitalización y cuidado exhaustivo del animal. Hay que proporcionar una fuente importante de hidratación, nutrición endovenosa para que no vomite y una buena cobertura antibiótica para prevenir infecciones concurrentes. El periodo crítico de tratamiento se sitúa aproximadamente en la primera semana, superada la cual normalmente el paciente no tiene recaídas. Como regla general, cuantas más semanas tiene el cachorro más probabilidad hay de que sobreviva a la enfermedad. En adultos, en los que la enfermedad es menos grave, se tratan los síntomas, especialmente los debidos a la deshidratación por la diarrea.

Profilaxis: Existen vacunas comerciales. Se recomienda vacunar a todos los perros adultos anualmente. El plan de vacunación debe empezar en los cachorros amamantados a partir de la sexta semana de vida, periodo en los que las defensas que proporciona la madre por la leche empiezan a desaparecer. La primera vez que se vacuna un cachorro —primovacunación—, se deben inyectar tres dosis con un intervalo de tres semanas e impedir que el cachorro entre en contacto con otros perros potencialmente peligrosos hasta que tenga la última vacuna. Si es una zona propensa a tener este tipo de problemas se puede llegar a vacunar cuatro o hasta cinco veces al cachorro.

Infecciones por mordeduras

Agente etiológico:  Diversas especies de bacterias. Las más frecuentes son Pasteurella, Streptococcus, Staphylococcus y Corynebacterium.

Reservorio silvestre: Los perros pueden sufrir mordeduras por zorros u otros carnívoros como tejones. Las mordeduras de felinos son más profundas que las de los cánidos y es más probable que provoquen abscesos. Los perros de madriguera se hallan especialmente expuestos. También pueden recibir mordiscos por otros perros (por ejemplo debido al hacinamiento en los remolques).

Forma de transmisión: Mordedura.

Desarrollo de la enfermedad: El tiempo que transcurre desde la mordedura hasta el inicio de la infección se sitúa entre 12 y 24 horas dependiendo de la especie de bacteria implicada. Se observa eritema, tumefacción y dolor, acompañados de exudado sero-sanguinolento o purulento, que tiene mal olor y color amarillo oscuro. Si no se trata, se puede producir una septicemia potencialmente mortal.


Los perros de madriguera están muy expuestos a contraer enfermedades transmitidas por mordedura.

Tratamiento: Se debe lavar meticulosamente la herida e irrigarla abundantemente con solución fisiológica. Si la herida es en una extremidad, ésta se debe elevar. La necesidad de intervención quirúrgica la debe evaluar un veterinario. Conviene realizar un cultivo de la herida para conocer la especie o especies de bacterias implicadas y su resistencia a antibióticos, lo que permite el correcto tratamiento antibiótico.

Profilaxis: Los perros de madriguera y otros perros de caza tienen un riesgo intrínseco a mordeduras —podríamos llamarlo gajes del oficio—, por lo que no existe una profilaxis específica. Durante el transporte de perros de caza debemos evitar una densidad de perros excesiva para evitar ataques entre ellos. Se debe revisar al animal exhaustivamente después de cada jornada de caza para descubrir lo antes posible los posibles focos de infección, ya que, a menudo, el perro no se queja de este tipo de heridas.

Hepatitis infecciosa canina

Agente etiológico: Adenovirus canino (CAV-1).

Reservorio silvestre principal: Zorro. Estudios recientes han observado una prevalencia de anticuerpos en torno al 17 por ciento en zorros en Andalucía. Un 10 por ciento de los animales presentaba infección activa en el momento del estudio.

Forma de transmisión: Vía oronasal. Tiene aproximadamente la misma supervivencia en el medio que el virus del moquillo.

Desarrollo de la enfermedad: Esta enfermedad es más frecuente en perros menores de 1 año. Los perros con afección grave mueren pocas horas tras el comienzo de los síntomas, por lo que los dueños creen frecuentemente que han sido envenenados. Estos síntomas son fiebre alta, amigdalitis, aumento del tamaño de los ganglios, tos y ruidos respiratorios, edema, hipersensibilidad en el abdomen, petequias o sangrado por la nariz. Si sobreviven a esta primera fase, se observan vómitos, dolor abdominal, diarrea —hemorrágica o no— y/o ictericia.

Tratamiento: Al igual que el moquillo, no tiene tratamiento específico. Se pueden tratar los síntomas y las infecciones concurrentes, aunque si los síntomas son graves el pronóstico de la enfermedad es reservado.

Profilaxis: Las pautas de vacunación son análogas a las descritas anteriormente en el Parvovirus y al moquillo.

Moquillo canino

Agente etiológico: Virus del moquillo canino (CDV).

Reservorio silvestre principal:  Zorro. Estudios recientes han observado presencia de anticuerpos entorno al 25 por ciento en zorros en diversas partes de España. Ha sido detectado en un 17 por ciento de lobos analizados en el norte de España, pero, como se dijo arriba, el lobo es poco importante como reservorio. También se ha detectado, de manera aislada, en otros carnívoros ibéricos como la gineta.

Forma de transmisión: Por contacto directo, vía oronasal. El virus tiene poca resistencia en el medio a temperaturas altas, pero sobrevive semanas a entre 0-4°C.


El zorro constituye un gran reservorio de enfermedades para nuestros perros.

Desarrollo de la enfermedad: Se cree que más de la mitad de los casos de moquillo son subclínicos —sin síntomas aparentes—. La forma más grave suele presentarse en perros jóvenes sin vacunar. Los síntomas son diversos, poco específicos y no siempre se presentan todos ellos. Los más comunes son, por orden de aparición, conjuntivitis, tos —que pasa de seca a productiva—, depresión y anorexia, vómito y diarrea —que puede presentar sangre—. Si no se trata, el perro puede morir rápidamente. En otros casos, pueden aparecer signos neurológicos —desde convulsiones a rigidez—, dermatitis, hiperqueratosis en la trufa y las almohadillas o alteraciones oculares —uveítis—. En cachorros pueden producirse alteraciones del desarrollo del cerebro, el corazón, los dientes o los huesos.

Tratamiento: Si la sintomatología es grave, el pronóstico es malo, ya que no hay medicamentos que eliminen al virus. Se pueden tratar los síntomas y las infecciones concurrentes cuando no hay signos neurológicos graves.

Profilaxis: Las pautas de vacunación son similares a las descritas anteriormente para el Parvovirus.

Leptospirosis

Agente etiológico: La bacteria Leptospira interrogans, especialmente los serovares Icterohemorragiae y Canicola.

Reservorios: Los roedores, sobre todo las ratas —serovar lcterohemorragiae y otros— y los perros y quizá el zorro —serovar Canicola—. Un estudio reciente en Andalucía comprobó que más del 20 por ciento de perros rurales, zorros, meloncillos y ginetas estudiados habían tenido contacto con alguna Leptospira o se hallaban de hecho infectados.


© Pablo Capote.

Forma de transmisión: El serovar lcterohemorragiae, por contacto con roedores; el serovar Canicola, fundamentalmente por beber agua infectada por orina o también por transmisión venérea.

Desarrollo de la enfermedad: Esta bacteria afecta principalmente al riñón y, a veces, al hígado. Dependiendo de la condición física del perro, éste puede desde no presentar síntomas a morir. Cuando ocurre esto último, antes se observa fiebre alta, vómitos, deshidratación, ictericia, hemorragias y depresión. Las infecciones subagudas se caracterizan, en un principio, por fiebre, anorexia, deshidratación y sed; luego se observan signos relacionados con la lesión renal. Pero la mayor parte de los casos son crónicos o sub-clínicos, por lo que en caso de encontrarnos con un perro con fiebre o afección renal o hepática, especialmente con polidipsia-poliuria —es decir, que el perro bebe y orina más de lo normal—, sin causa aparente, debemos considerar, entre otras posibilidades, una posible leptospirosis.

Tratamiento: Es importante llegar lo antes posible a un diagnóstico concreto de esta enfermedad ya que sólo algunos antibióticos son eficaces, las pautas de dosificación son específicas para cada paciente y sobre todo no hay que olvidar que es una zoonosis, es decir, una enfermedad que puede trasmitirse de nuestro perro a nosotros. Pese a tratarse, existe la posibilidad de que la bacteria quede en riñón o hígado de manera crónica.

Profilaxis: Existen vacunas para los dos citados serovares, pero que protegen de los casos agudos pero no de la infección por otros serovares. La pauta de vacunación de esta enfermedad difiere algo a las anteriores ya que la duración de la protección de esta vacuna no es anual, sino que sólo es efectiva durante 6 meses para la serovariedad lcterohaemorragiae. En zonas de poco riesgo se inyecta anualmente, aunque en zonas con más riesgo la vacunación se debe realizar cada 6 meses.

Las leptospiras encuentran su hábitat más favorable en aguas calientes estancadas, como las albercas y charcas que quedan con agua en verano —donde pueden sobrevivir más de 6 meses—, donde los animales se concentran, por lo que debemos evitar que nuestros perros beban de ellas. También debemos luchar contra la presencia de roedores en las perreras.

Vermes gastrointestinales

Agente etiológico: Diversas especies de cestodos (gusanos planos) y nematodos (redondos). Destacamos al equinococo (Echinococcus granulosus), pues los perros parasitados por él representan un riesgo para las personas, que pueden desarrollar el quiste hidatídico.

Reservorio silvestre principal: Los cestodos presentan un ciclo indirecto, por lo que en su mantenimiento en el medio natural intervienen diversas especies, unas como hospedadores intermediarios  —liebre, conejo, roedores, cérvidos, jabalí, perdices— y otras como hospedadores definitivos —perro, zorro, lobo...—. Por su parte, los nematodos son generalmente de ciclo directo.

Forma de transmisión: Vía oral. Los perros pueden contraer cestodos al consumir vísceras parasitadas de las presas. Estas formas parásitas son visibles a simple vista, como por ejemplo los cisticercos en el abdomen de la liebre o los quistes hidatídicos en el hígado de los cérvidos y el jabalí. Se debe tener en cuenta que, sin embargo, el quiste hidatídico es más frecuente en ganado ovino que en especies silvestres. Los nematodos se suelen transmitir de modo directo: los huevos de los parásitos se excretan por heces e infestan directamente a un perro. Otros se transmiten mediante picadura de parásitos externos (ver más abajo).

Desarrollo de la enfermedad: Los períodos varían entre las especies. El desarrollo del parásito adulto puede tomar de una a varias semanas. Las parasitaciones leves no suelen detectarse; en caso de presentarse una infestación grave, se puede observar pérdida de peso, diarrea y otros signos poco específicos. Un análisis de heces realizado por el veterinario es muchas veces suficiente para detectarlos.

Tratamiento: Existen diversos antiparasitarios. El tratamiento depende del tipo de parásito que encontremos en las heces y lo debe determinar un veterinario.

Profilaxis: Existen en la actualidad antiparasitarios en pastillas, pastas, jarabes o pipetas que previene la infestación por los parásitos más frecuentes. Es aconsejable administrar estos productos una vez al mes, lo que evita casi al cien por cien que el perro adquiera parásitos. Así también evitaremos el riesgo de transmisión a las personas. El veterinario diseñará el plan antiparasitario más adecuado para cada perro según las características del animal y de la zona en la que se encuentre.

Es muy importante evitar alimentar a los perros con vísceras de animales —incluyendo ovejas— sin cocinar.

Tularemia

Agente etiológico: La bacteria Francisella tularensis.

Reservorio silvestre principal: Los roedores y garrapatas que se alimentan en ellos.

Forma de transmisión: Picadura por diferentes especies de garrapata, o por ingestión o contacto con roedores o liebres infectadas. Hasta el momento, esta enfermedad sólo se ha detectado en el norte peninsular.


© Pablo Capote.

Desarrollo de la enfermedad: El cuadro depende del lugar inicial de infección. Normalmente se produce una infección en dicho lugar y un aumento prominente de los ganglios de la zona. Posteriormente se pueden infectar diversos órganos. Los signos son poco específicos, e incluyen fiebre, abscesos o dolor muscular. Se cree que los perros puedan tener cierta resistencia innata a esta enfermedad.

Tratamiento: Diversos antibióticos pueden ser eficaces, debiendo prescribirlos su veterinario.

Profilaxis: Evitar que los perros consuman roedores o las liebres cazadas y especialmente las encontradas muertas. Como en todas las enfermedades transmitidas por garrapatas, desparasitar a los perros siempre que volvamos de caza.

Sarna y tiña

Agente etiológico: La sarna la producen ácaros —sobre todo, Sarcoptes scabiei—; la tiña es producida por hongos —principalmente Microsporum canis—.

Reservorio silvestre: El zorro es el principal reservorio de sarna. Se han encontrado también lobos afectados. No hay ninguna especie identificada como reservorio principal de tiña.


Tanto la sarna como la tiña son contagiosas para el ser humano por lo que se deben de tomar medidas higiénico-sanitarias supervisadas por un veterinario. © Xosé Lugris.

Forma de transmisión: Por contacto directo.

Desarrollo de la enfermedad: Ambas provocan alopecia, es decir, ausencia de pelo en determinadas zonas. La sarna, de todas formas, suele producir un picor muy intenso en el animal desde el primer momento. Es decir, primero observaremos el picor y después las lesiones; mientras que en la tiña el proceso es el inverso.

Tratamiento: La base del tratamiento depende de un correcto diagnóstico por parte del veterinario. Ambas enfermedades son contagiosas para el ser humano, por lo que debemos conocer a qué enfermedad nos enfrentamos para tomar las medidas higiénico-sanitarias correspondientes. La sarna suele curarse rápidamente con un tratamiento antiparasitario específico. En el caso de la tiña, aunque también suele responder eficazmente al tratamiento, éste puede durar hasta meses, siendo capaz de contagiar a otros animales o personas incluso aunque ya no se aprecien síntomas en el animal. El seguimiento veterinario es importante en ambos casos.

Profilaxis: El mercado ofrece pipetas profilácticas de dosificación mensual, pero su efectividad es discutible.

Otras enfermedades

Brucelosis: Los perros pueden contraer brucelosis por bacterias de las especies Brucella abortus o B. suis si eventualmente consumen vísceras de un ungulado silvestre infectado. Esta enfermedad puede provocar abortos en perras preñadas.

Tuberculosis bovina: Los perros son poco susceptibles a la tuberculosis bovina. Sin embargo, esta enfermedad es muy frecuente entre ciervos, gamos y jabalíes de la España mediterránea, por lo que existe mucho riesgo de infecciones reiteradas, lo que podría llegar a provocar enfermedad en un perro. Esto se ha observado recientemente en un zorro. Por ello, se debe evitar que los perros consuman vísceras de ungulados silvestres.

Toxoplasmosis y neosporosis: A través del consumo de canales infectadas de ungulados silvestres o de roedores, los perros pueden infectarse de Toxoplasmosis y Neosporosis. Ambos agentes son más peligrosos en cachorros y en perros viejos, que pueden llegar a morir, aunque la mayoría de los perros pasan la enfermedad sin sintomatología aparente. Se debe evitar que los perros consuman carne cruda.

Pulgas y garrapatas: Los perros pueden contraer pulgas y garrapatas de zorros y otros carnívoros o de herbívoros, especialmente de conejos. Las pulgas son muy frecuentes en perros de madriguera. Se ha observado que los zorros suelen hallarse más infestados por pulgas en invierno, coincidiendo con la temporada de caza. El principal cuadro que producen es un picor en el perro, llegando a ser tan intenso que se producen lesiones graves por el propio rascado. Las garrapatas son más frecuentes en épocas húmedas o tras días lluviosos. Transmiten enfermedades graves, como veremos en el siguiente apartado. Ambas se pueden prevenir y tratar con diversos productos acaricidas.

2) ENFERMEDADES QUE PUEDEN CONTRAERSE POR PICADURA DE PARÁSITOS EXTERNOS

La leishmaniosis

Agente etiológico: El protozoo Leishmania infantum.

Reservorio silvestre: Mosquitos del género Phlebotomus. España es zona endémica de la enfermedad.

Desarrollo de la enfermedad: Los síntomas pueden comenzar desde meses hasta años después de la infección. Se presenta con gran variedad de síntomas, de los cuales los más comunes son la somnolencia, la disminución de la resistencia al ejercicio, la pérdida de peso —tenga apetito el perro o no— o el aumento de la ingestión de agua. Durante el examen físico se suele observar un aumento del tamaño de los ganglios y afecciones cutáneas. Éstas rara vez producen picor y pueden tratarse de alopecias —que normalmente comienzan en la cabeza— o úlceras en nariz, orejas, hocico y pulpejos. Además, se puede producir inmunodepresión que dé lugar a otras enfermedades que presentan sus propios síntomas.


El contacto directo que los perros tienen con determinadas especies cinegéticas eleva el riesgo a contraer enfermedades. © Pablo Capote.

Tratamiento: Antiguamente, la leishmaniosis era considerada grave y mortal. Actualmente, debido al diagnóstico precoz que se realiza gracias a los controles anuales, la enfermedad tiene un mejor pronóstico. Hay una gran variedad de protocolos para el tratamiento —por lo que se deduce que no hay ninguno ideal—, aunque todos ellos se basan más o menos en combinaciones de fármacos como alopurinol, antimoniales y otros compuestos. Normalmente, si la enfermedad no está muy avanzada se controla eficazmente, aunque habitualmente el perro requerirá medicación crónica y seguimiento por parte del veterinario.

Profilaxis: No existen vacunas. Resulta difícil prevenir la enfermedad en áreas endémicas. Se debe controlar los mosquitos con collares y productos específicos para repelerlos. Como hemos comentado antes, se recomienda realizar un análisis de sangre anual para evaluar la presencia o no de leishmania.

Rickettsiosis, ehrlichiosis y anaplasmosis

Agentes etiológicos: Rickettsia coronii —fiebre botonosa—, Ehrlichia canis —ehrlichiosis monocítica canina—, Anaplasma phagocytophilum —anaplasmosis granulocítica canina—, A. platys —anaplasmosis trombocitopénica canina—.

Reservorio silvestre: Diversas especies de garrapatas que se alimentan en ciervo, jabalí, roedores, carnívoros silvestres y domésticos y algunas especies de aves.

Desarrollo de la enfermedad: Estas bacterias provocan trastornos multisistémicos. Se observa letargo, anorexia o el aumento del tamaño de los ganglios linfáticos y del bazo, hemorragias —cutáneas o nasales—, artritis, ceguera o alteraciones neuromusculares. En el caso de la fiebre botonosa, aunque la prevalencia en perros es alta en la Península, parece que en pocos casos se presentan síntomas.


Las garrapatas transmiten un gran número de enfermedades por lo que hay que desparasitar a los perros de manera periódica. A su derecha, el sarcoptes, que produce la sarna.

Tratamiento: Se aplica terapéutica antimicrobiana y contra la deshidratación y la anemia. Es muy importante un diagnóstico adecuado.

Profilaxis: No existen vacunas contra estos agentes. Se debe desparasitar al perro siempre al volver de una jornada de caza, aunque no observemos garrapatas. Si las observamos, empaparemos alcohol en una gasa o algodón y lo pondremos sobre la garrapata entre uno y dos minutos. Esto hace que la garrapata quede algo sedada por lo que la extirpación es más sencilla y existe menos riesgo de que la cabeza de la garrapata se quede enganchada a la piel del perro. Una vez relajada la garrapata, se extrae sujetando la garrapata con unas pinzas por su cuello y tirando con decisión. No se deben quemar las garrapatas.

También se puede luchar contra las fases inmaduras si las perreras están en zonas endémicas. En tal caso, se deben aplicar insecticidas y raticidas —pues la fase inmadura de la garrapata puede hallarse en los ratones—.

Filariosis canina

Agente etiológico: El verme Dirofilaria immitis o gusano del corazón.

Reservorio silvestre: Mosquitos de los géneros Aedes y Culex. España es zona endémica de la enfermedad. Un trabajo en Italia observó que los perros de caza tenían este parásito con mayor frecuencia que los de otros grupos.

Desarrollo de la enfermedad: Cuando la carga parasitaria es baja, no se suelen presentar síntomas. Las primeras manifestaciones clínicas se presentan de meses a años tras la infección. Se produce intolerancia al ejercicio, pérdida de peso, disnea y tos. Cuando la enfermedad se cronifica se observa tos y aumento del ritmo respiratorio y cardíaco, pudiendo provocar la mayoría de las veces la muerte del animal.


© Pablo Capote.

Tratamiento: El tratamiento es complicado, ya que, aunque los medicamentos son eficaces matando a estos parásitos, se presenta el problema de que los gusanos muertos pueden actuar de tapón en los principales vasos del pulmón y producir la muerte del animal por tromboembolismos y fallos cardíacos. En algunos casos se puede realizar la extracción directa del parásito adulto por técnicas vasculares avanzadas.

Profilaxis: Actualmente se dispone de una prevención muy eficaz contra este parásito. Las opciones básicamente son dos: por vía oral —pastillas antiparasitarias de administración mensual que impiden que el parásito se desarrolle, aun siendo inoculado por un mosquito—; o vía inyectada —de administración anual—. Si el animal no está siendo sometido a ningún programa profiláctico, se recomienda realizar un análisis de sangre para comprobar que el perro no está parasitado y, en tal caso, comenzar con la pauta de desparasitación durante todo el año —aunque durante los meses más fríos, la posibilidad de que haya mosquitos es muy baja—. Asimismo, se debe controlar los mosquitos con collares y productos específicos para repelerlos.

Otras enfermedades

Tularemia: Como se ha dicho más arriba, la tularemia también se transmite por picadura de diversas especies de garrapatas.

Enfermedad de Lyme: La bacteria Borrelia burgdorferi produce la enfermedad de Lyme, transmitida por la garrapata Ixodes ricinus. Se trata con antibióticos, pero la infección es persistente.


© Pablo Capote.

Fiebre Q: Las garrapatas de la especie Riphicephalus sanguineus pueden transmitir la Fiebre Q, causada por la bacteria Coxiella burnetti. También se puede contraer por inhalación. No suele provocar síntomas de importancia y la recuperación suele ser espontánea, aunque puede producir la muerte de cachorros.

Gusano plano intestinal: Algunas especies de pulga transmiten el gusano plano intestinal Dipylidium caninum.

Filarias: otro parásito del grupo de las filarias, Dipetalonema dracunculoides, es transmitido por garrapatas y también por la mosca del perro, la cual es muy frecuente en carnívoros del sur de España

Otros gusanos: Los perros contraen otra especie de gusano que parasita el sistema circulatorio, Angyostrongilum vasorum, al ingerir caracoles en el campo.

Conclusiones

Como conclusión, hemos visto que los perros de caza se encuentran expuestos a numerosas enfermedades propias de la actividad en el campo. Sin embargo, podremos evitar que contraigan la mayoría de éstas si seguimos una correcta pauta de vacunaciones y desparasitaciones internas y externas y si evitamos que nuestros perros coman vísceras y carne sin cocinar de las capturas.

Javier Millán. Doctor en Veterinaria (syngamustrachea@hotmail.com)
Jaime Viscasillas. Veterinario (www.avveterinarios.com)

 

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En el número de julio:

  • Caza del conejo en verano y situacián de la especie
  • Estudio sobre la reproducción de la tórtola en España
  • Galgos: descontrol canino nacional
  • Rececho de macho montés en La Alpujarra
  • ¿Cuánta caza menor tengo?
  • Corzuelas: el corzo de Sudamérica
  • Los rehaleros, en pie de guerra
  • Cacería de íbice de Sind en Pakistán

 

Bibliografía

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