Cómo situarnos frente a nuestros perros en el lance

Muchos de nosotros nos quedamos a dos velas en más de una ocasión porque nuestro perro saca la pieza demasiado pronto, demasiado larga, o por donde no nos esperábamos. Esto, que se tilda de fallo del perro, suele suceder habitualmente porque no sabemos ver ni el momento ni la salida de la pieza que nuestro perro ha mostrado o está a punto de levantar.

Miguel F. Soler | 02/06/2008

Resulta imprescindible conocer a la perfección el lenguaje corporal de nuestro perro en los momentos cruciales, tener en cuenta su dinámica habitual para culminar su trabajo en el lance antes del disparo, y ser conscientes de nuestras capacidades para sacar provecho a cada lance, no está la caza para ir desaprovechando oportunidades...

En muchos casos, sabiendo interpretar lo que los perros dicen y hacen, podemos acudir rápidamente al buen lugar para el desenlace de su acción

Cuando pensamos en una jornada de caza ideal con un excelente perro por delante casi siempre nos imaginamos en momento del disparo con el perro puesto a diez o doce metros delante de nosotros, la muestra estática y marcando claramente dónde se encuentra la pieza, y entonces arranca, encaramos y tiramos... ¡qué sencillo!

En la caza brava muchas veces hay que actuar de forma algo diferente, sabiendo reconocer los primeros signos de nuestro perro, que nos indican que posiblemente tengamos una pieza cerca. Y entonces hay que apretar el ritmo y llegar a buena distancia de tiro, a veces situándonos a derecha o a izquierda de nuestro perro, y mirando bien por delante, por si la pieza está retirada y sale casi a punta de tiro.

Tengamos siempre presente que la caza no suele salir  hacia donde queremos, sino hacia donde mejor escapatoria cree tener, de ahí que hay que tener en cuenta las matas, los desniveles, la presencia de otros cazadores, y situarnos en una posición que nos permita tirar con mayor garantía de hacerlo a buena distancia, y en una dirección que nos resulte menos complicada.

A remolque detrás del perro

En la caza brava muchas veces hay que actuar de forma algo diferente, sabiendo reconocer los primeros signos de nuestro perro

Si hay ocasiones en las que dependemos casi al 100% de nuestro perro para ir concretando por dónde se va moviendo la caza, está claro que si sabemos observar su trabajo, si somos conscientes del entorno y de las posibilidades para que tengamos caza cerca, y si intuimos que en breve puede salir una perdiz, conejo o liebre, hay que estar en la mejor disposición para tirar con bastantes garantías.

Nada peor que un cazador que va casi corriendo continuamente detrás de su perro, y que cuando de verdad llega el momento de estar cerca, ya no tiene fuerzas ni para subir a la cara su escopeta. En estos casos es cuando se evidencia que ese perro, a pesar de su potencial, no es el ideal para ese cazador, que seguramente con un perro menos impulsivo y rápido tiraría mucha más caza bien tirada.

Nuestro perro, en el caso de ser mostrador, puede cazar a punta de tiro siempre y cuando muestre bien y nos permita llegar con tiempo y posibilidades a mejor distancia con respecto a la caza que va por delante: en casos como el de la perdiz, nunca —o casi nunca— sabemos si la que apeona por delante va a arrancarse a diez metros de nuestro perro, o a treinta, y depende dónde nos encontremos en ese momento, podremos tirar o no.

Siempre hay que ir avanzando acompañando a nuestro perro, el perro no puede en la mayoría de las ocasiones estar pendiente continuamente de nuestra posición y amoldarse a ella si lleva caza por delante, en esa situación lo realmente importante es que recorte, amague y pare la caza si es posible, o que nos indique claramente al menos por dónde va huyendo, por si llega el caso de una arrancada súbita y podemos estar preparados.

Insisto, no se trata de frenar al perro ni de atosigarlo con el collar eléctrico, un perro centrado y con oficio debe contar con libertad de iniciativa y ejecución de su trabajo, nosotros somos los que debemos estar a la altura de las circunstancias, y más que reprender o frenar la dinámica de nuestro perro, aprender a estar cerca en el momento oportuno, no continuamente, que es lo que nos cansa y merma las fuerzas.

Huida de la pieza

Por la dinámica de la modalidad que practicamos, por el terreno y las condiciones del día, sabemos más o menos cómo nos puede salir la caza, tanto las piezas de pelo como las de pluma, así que debemos estar prevenidos bien para disparos a media distancia o algo largos, todo puede variar según el lugar dónde estemos en el momento culminante de la huida de la pieza, como estamos comentando.

Así, cazando conejos, siempre hay que estar pendiente de los pasillos y claros de la zona que intuimos puede ser la mejor para que el conejo se pierda, no nos obstinemos en estar solo pendiente de la zona inmediata donde se encuentra nuestro perro, pues el conejo —según las circunstancias— saldrá casi del morro del perro, o varios metros por delante, así que siempre es mucho más productivo estar dispuesto a cubrir rápidamente los claros por delante, por abajo y por arriba de donde puede salir el conejo.

Esto puede parecer complicado, pero enseguida educamos nuestra vista y aprendemos a ver los tiraderos, es el principal potencial de los cazadores veteranos, que saben dónde van a tirar el conejo; por ello, a veces hay que moverse sigilosamente a la par que los perros acosan o matean, para estar allí donde el lance nos va indicando, no esperemos que los perros nos metan siempre el conejo en la escopeta, eso no siempre es posible.

¿Recordáis algunos días de caza en los que después de estar viendo a los perros mover al conejo, finalmente éste ha salido por una esquina y fuera de tiro?, pues en muchos casos, sabiendo interpretar lo que los perros dicen y hacen, podemos acudir rápidamente al buen lugar para el desenlace de su acción. Con las perdices ocurre a menudo algo similar, nos quedamos detrás del perro a veinte o treinta metros, como si los pájaros estuviesen a dos por delante de la muestra, y de pronto se arranca la perdiz veinte metros por delante del perro. Resultado: imposibilidad de disparar, cabreo con el perro (que lo ha hecho bien, nos hemos equivocado nosotros...), y un lance que vale su precio en oro, fallido. Para llegar a ser un buen perdicero a guerra galana hay que conocer a la perfección cómo trabaja nuestro perro y qué señales nos envía, para poder acercarnos, adelantarnos incluso, situarnos en uno u otro lado, o darnos una carrera porque la perdiz no aguanta y sale ya.

Nuestro mejor lado de tiro

Si percibimos señales de que hay pieza cerca, hay que acercarse al perro y situarse a distancia de tiro.

Tomado este ejemplo de la caza de la perdiz, hemos de admitir que a menudo nos frenamos por comodidad, aunque otras sea por desconocimiento: pretender que el perro resuelva la situación cuando de pájaros bravos se trata es sumamente complicado, y casi siempre terminamos sin tirar, o haciéndolo a distancia demasiado larga.

En cuanto nuestro perro está batiendo en una zona más concreta, si lo vemos recortar su camino, bajar la cabeza, rabear (¿quién dice que un perro de muestra no debe rabear?), si tiende a la guía o hace intentos de querer mostrar (eso es que a veces el pájaro no termina por pararse y el perro quiere concretar mejor), en definitiva, si percibimos señales de que hay pieza cerca, hay que acercarse al perro y situarse a distancia de tiro.

Nada de hablarle al perro ni intentar resolver el levante como si estuviésemos en una competición de San Huberto con caza de granja, a la perdiz brava hay que dejarle libertad y estar atento a su salida, que bien la realiza en el momento en que nos cree despistados, o cuando la tensión le puede; en otro caso, el perro es el que siempre debe entrar al levante, no hay mayor aliciente para nuestro compañero que cumplir con esa misión.

No siempre hay que estar detrás del perro, nuestra posición debe ser cercana a él, sin cortar el tiradero por algún obstáculo (un árbol, un manchón, unas retamas, etc.), y situándonos donde entendamos que mejor vamos a cubrir el escape del pájaro: esto hay que hacerlo de inmediato, pues la perdiz sale cuando menos lo esperamos.

Tampoco hay que olvidar la querencia de la perdiz en esa zona para calcular hacia dónde va a volar, ni la acción del viento, que propiciará un lance más sencillo o complicado dependiendo de su fuerza. Por último recordemos que todos tenemos un lateral hacia el que tiramos mejor, así que debemos situarnos de forma que tiremos hacia derecha o izquierda, hacia donde tenemos ventaja (los diestros habitualmente hacia la izquierda), pues de esta forma tiraremos siempre con mayores garantías.

Miguel F. Soler

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Me gusta la idea de equipo.
lml
03/06/2008
Estoy de acuerdo con el planteamiento del artículo. Muchos cazadores conciben al perro como una simple herramienta, como un objeto y ese no es el camino. Cazador y perro forman parte de un equipo en el que ninguno alcanza su plenitud sin el otro. Particularmente yo, sin perro no cazaría.

 

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En el número de noviembre:

  • Así es el verdadero cazador a rabo
  • Perspectivas de caza menor
  • Cómo orillar las perdices

 

Levantador y mostrador, dinámicas diferentes


Aunque en esencia se trata de saber ver el momento oportuno para situarnos convenientemente a la hora del disparo, la dinámica de trabajo de los perros levantadores y mostradores a veces obliga a ciertas diferencias en nuestra actuación; así, cazando con perros levantadores no demasiado rápidos siempre tendremos mucho menos tiempo para prepararnos cuando la caza está amagada ya que estos perros sacan la caza casi sin que nos demos cuenta en muchas ocasiones. Con estos perros el cazador siempre debe ir preparado al encare y al disparo cuando por la zona se intuye que puede haber caza. Pero con los perros de muestra, o con los levantadores más expresivos, debemos siempre disponernos a situarnos adecuadamente para cortar la salida de la pieza o para disparar desde la mejor posición posible. Que no nos importe en algún caso adelantar al perro que muestra por uno de sus laterales y siempre algo retirado de él, pues en muchos terrenos de esta forma vamos a poder tirar mucho mejor a la caza que saque.

 

 

Una  necesaria complicidad

Sin entendimiento entre cazador y perro poco se puede hacer con garantías, siempre estaremos a merced de las circunstancias. Una compenetración estable, una buena relación entre cazador y perro siempre juega a favor de la percha, esto no debemos dudarlo nunca. Así, los perros a los que siempre gritamos, a los amenazamos, aquellos de los que nunca estamos seguros de su acción y de la concreción oportuna del lance, casi siempre actúan así por dos motivos, uno porque los tenemos como meros trabajadores a nuestro servicio y de forma incondicional, y dos, porque el perro no tiene ese equilibrio que favorece que actúe casi siempre dispuesto a trabajar de forma ordenada y productiva para el cazador, que es el que siempre debe resolver el lance. Un buen perro en manos de un buen cazador, siempre los dos, mucho campo y mucho rato de convivencia todo el año, siempre dará resultado en los momentos más críticos y fundamentales de la caza; por el contrario perros que rara vez conviven con su amo, que tienen pocos momentos de campeo, y que ven en el remolque la única opción de efímera libertad en el campo, darán tal vez espectáculo, pero están condicionados de forma tan negativa, que poco podremos hacer como equipo.

Ayudando al perro: un nuevo concepto

En efecto, es una forma de ver nuestra actuación cuando el perro concreta la pieza, ahí hay que demostrar nuestro conocimiento y acudir en la mejor disposición para ayudar a nuestro perro en el duro trabajo que realiza durante la búsqueda. Ahí resulta fundamental saber situarse adecuadamente para resolver el lance con nuestros disparos. Nunca hay que ampararse en la seguridad de la muestra de un perro para cazar tan relajadamente que no podamos asistir a su muestra o guía ante una pieza que no aguanta; la caza brava exige mucho a cazadores y perros, y si el perro trabaja de forma dura y abnegada, nosotros debemos ser consecuentes y saber estar en los momentos críticos ayudando al perro para entre los dos, abatir la pieza de caza. Un perro que ve esto en su amo aprende rápido a darle señales para que acuda o para que esté atento, y un cazador avispado y centrado en su función podrá advertir lo que su perro le transmite. No hay mejor equipo que éste.

 

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