El inicio del ciclo vital

Mayo es el mes en el que podemos establecer el inicio del ciclo del corzo desde el punto de vista de la biología de la especie. El fin último de cada individuo, tanto en machos como en hembras, será perpetuar sus genes en la siguiente generación, y las crías son las depositarias de esa última voluntad biológica propia de la especie, la capacidad de sobrevivir de sus progenitores y la destreza del macho a la hora de conseguir un vehículo para sus propósitos, se materializa en forma de un nuevo ser para la siguiente generación.

Patricio Mateos-Quesada | 29/05/2008

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La fortaleza de cada individuo, la capacidad de acaparar un territorio, de burlar a los predadores e incluso de someter a sus congéneres para que sean tus propósitos los que primen frente al grupo, todo eso sería desperdiciado si la cría, que nace principalmente a lo largo de este mes, no llega a la edad adulta.

El propósito a partir de los partos para machos y hembras será bien distinto

Es ésa una razón por la que podemos hablar del comienzo de un ciclo, pues el nacimiento de ese interés inherente a la especie, llega al mundo en estos momentos. El propósito a partir de estos partos para machos y hembras será bien diferente. A grandes rasgos, los machos establecerán las maneras para que sus genes vuelvan a estar en el punto de partida en la generación próxima, por lo que tendrá que competir con los de su mismo sexo y convencer a los del sexo contrario. La única finalidad de la hembra, además de no servir de comida a sus predadores habituales, será la de sacar adelante a su cría y buscar pareja en el momento del celo.


En mayo la paridera de las corzas es generalizada en toda la Península.© Guy Fleury.

Ya vimos en el anterior capítulo, que la paridera había comenzado en las poblaciones extremeñas a principios de abril; comentamos a este respecto que era la población que más pronto comenzaba los partos en toda el área de distribución de la especie. En mayo la paridera es generalizada en toda la Península, aún en Extremadura, y es, por tanto, el mes que podremos considerar, por generalización, como de partos en nuestro corzo peninsular.

Como ha sido habitual a lo largo de esta serie sobre el corzo ibérico, veremos los intereses y las circunstancias que separan a machos y a hembras; apuntaremos el momento en el que se encuentra cada sexo y, como también ha sido habitual hasta hoy, repasaremos el estado en que deben estar las relaciones del hombre para con la especie.

Marcajes, pero con diferentes propósitos

Hablamos de los pelaos en el artículo anterior como aquel conjunto de marcas que tenían la particularidad de disminuir la vegetación en una pequeña zona central de los territorios de los machos; este pelao venía a corresponderse con una enorme marca, un faro, que los machos construían para dirigirse a las hembras. Pero, si el comienzo del trabajo en los pelaos se da en abril, es en mayo donde todos los pelaos reciben una gran dedicación por parte de sus dueños. Podemos asegurar que en ningún mes del año le dedicarán mayor atención... a pesar de que para el centro del celo queden aún dos meses.


A diferencia de los ciervos, parece ser que los machos de corzo podrían ayudar a la defensa de los corcinos en sus primeros días de vida. © José David Gómez.

¿Por qué entonces no dedicar un mayor esfuerzo luego, y no tanto ahora? A este respecto podríamos decir que los corzos se aplican el refranero y no dejan para mañana lo que pueden hacer hoy. Veamos: los jóvenes han sido definitivamente expulsados y, salvo algún despistado, el asunto está concluido. Por supuesto, los límites territoriales entre machos vecinos están muy claros. Con las hembras no hay nada que hacer, ya que están retiradas dando a luz y amamantando a sus corcinos. Los machos, de comer a estas alturas del año, están sobrados y se muestran pletóricos de fuerza. Sólo cabe hacerse una pregunta: ¿qué mejor que hacer que ir preparando el pelao para impresionar a la hembra cuando esté dispuesta en el celo? Durante el celo los machos, además, deberán recorrerse todos los puertos para coquetear con diferentes hembras y ofrecer una nueva, pero escasa, batalla a aquellos jovenzuelos que, por los picores del celo, quieran coquetear con sus pretendidas. Cuando lleguen esos momentos, los machos no dejarán de trabajar en sus pelaos, pero esta vez el tiempo deberán emplearlo también en otras tareas. También los machos septentrionales andan liados en tareas de marcaje.

El marcaje es intenso en este mes y más bien parece anárquico en cuanto a su disposición espacial

Sin embargo, ya sabemos que ellos acaban de sacudirse el invierno de encima y, al no tener una territorialidad continuada, la estrategia del pelao parecen no asumirla. A pesar de ello, sí es cierto que las acumulaciones de marcas se encuentran en estas poblaciones y cabría llevar a cabo un estudio más pormenorizado, quizá también, con una diferente concepción a lo que cabe interpretar para el corzo central. En todo caso, y vistos los estudios publicados hasta la fecha, el marcaje es intenso en este mes y más bien parece anárquico en cuanto a su disposición espacial. Los machos andan liados entre sí, las fronteras territoriales, aunque se recuerdan de la temporada pasada, aún son elásticas y la tarea de expulsión a los jóvenes, es aún determinante. Cabe interpretar el marcaje de forma diferente respecto a lo que sucede más al sur. Es obligado pensar que debe ir dirigido a los machos, pero no sabemos el grado de solapamiento con un posible marcaje dirigido a sus pretendidas.


Es mayo el mes donde todos los pelaos reciben una gran dedicación por parte de sus dueños. © Guy Fleury.

De todas formas, y en otro orden de cosas, coincidiendo en este caso con las hembras, no es el mejor momento para observar a los machos. El estado de alerta territorial al que están sometidos, sirve también para alertarse de los posibles predadores, aún del hombre cuando sólo su interés sea curiosear... aunque este estado sirve también para que se nos suba encima algún macho territorial, cuando no nos detecta bien y su curiosidad anula su cautela.

Parir, que no es poco

El mejor recurso que tiene la cría para la supervivencia será la ocultación

Y las hembras, ajenas a todo, sólo tienen sentidos para sus crías. Como comentamos con anterioridad, ya hay crías en las sierras y encinares extremeños, pero tanto en los primeros días de vida como en el preámbulo del parto, el protocolo parece ser el mismo. La hembra se mueve como un fantasma por el bosque y la estrategia de la inmovilización y la ocultación parecen primar ahora frente a la huida ante la presencia de un predador. Los corcinos no tienen porqué ser paridos en lo más oculto del bosque. Las crías de escasas horas localizadas en los montes extremeños, se disponen en lugares apartados de los cauces de tránsito habituales por las diferentes especies, aunque estos lugares no muestren demasiado refugio. Pero el mejor recurso que tiene la cría para la supervivencia será la ocultación y un rápido desarrollo que la permitan ganar en carrera a su predador más reconocido: el raposo.


El estado de alerta al que están sometidos los machos hace que esta época no sea la mejor para observarlos. © Valentín Guisande.

Es en estos momentos donde culmina el ciclo de la hembra, que, en definitiva, marca el ciclo de la propia especie. Las crías nacidas en el año anterior han sido expulsadas de su área de campeo y, si la hembra ha podido llegar hasta ese momento, su éxito ha sido completo en la estación anterior. Ya no puede hacer más por la cría, y sus cuidados, atenciones y experiencia le han sido transmitidas hasta este instante. La ruptura definitiva es sellada por el nacimiento de la nueva cría, y en los primeros momentos de su desarrollo, la atención de la madre será completa. Ya habrá tiempo para que, una vez que las crías tengan una cierta autonomía, puedan ocuparse las hembras de las labores del celo y pensar en el fruto de la próxima estación. Pero este mes, en mayo, cada hembra estará vigía cerca de su progenie y su única ocupación será ésa.

Todas las hembras serán susceptibles de parir, salvo las que nacieron el año anterior. Ese grupo de población podrá entrar en celo por primera vez a lo largo de este año y parir en la temporada siguiente, coincidiendo con su segundo año de vida.

La mejor gestión para mayo: no manejar

Las principales tareas que de gestión hemos propuesto, las hemos llevado a cabo en los meses otoñales e invernales. El manejo del entorno del corzo, las mejoras, e incluso la eliminación de los individuos, no caben en mayo. Propusimos en el artículo anterior —sobre todo atendiendo a lo que sucedía con los corzos centrales— que la tranquilidad en las poblaciones era el mejor elemento que podríamos introducir, y estas condiciones las trasladamos a mayo y para el conjunto de las poblaciones peninsulares.


La estrategia de la inmovilización y la ocultación priman frente a la huida ante la presencia de predadores. © Valentín Guisande.

Incluir la caza de machos en estos momentos, supone que esta tranquilidad no existe en nuestros montes. Si somos gestores de corzo debemos procurar, salvo el momento de la muerte de los individuos seleccionados, lo mejor para los corzos sometidos a nuestro manejo. Y el momento del parto es, sin duda, el instante más crítico en la vida de nuestros individuos. Ya hemos comentado, a lo largo de estas líneas, la importancia del macho en el cuidado del grupo familiar y el especial cuidado que las hembras deben considerar con su nueva situación.

Pero, sobre todo, se debe evitar la caza en estos momentos por una cuestión que debe cerrar las puertas a posibles argumentos en contra de los puramente biológicos: existen momentos mucho más oportunos que éste para llevar a cabo la caza del corzo, y donde la posibilidad de abatir mejores trofeos, es mayor.

Al margen de estas consideraciones respecto a la caza del corzo, otra idea se extiende por la mente de algunos gestores: si el reclutamiento de nuevos individuos en estos momentos cruciales para la especie, puede verse menguado por la presencia de predadores como el zorro, incidamos ahora sobre estos zorros mediante su caza selectiva. En principio, el argumento puede parecer lógico, ya que, si los raposos comen corcinos y ahora están naciendo los corzos, eliminar zorros impedirá estas predaciones. Y, además de lógico, sería acertado..., si no conociéramos el efecto sumidero. Veamos en qué consiste.


La hembra, en este mes, sólo está pendiente de sus crías, y la estrategia de la inmovilización y la ocultación. © Valentín Guisande.

El zorro, como otros predadores, es territorial. Tal y como sucede con otros animales territoriales, los individuos se distribuyen uniformemente por el terreno, cada uno en su territorio, a la vez que un grupo de individuos erráticos y sin territorio, vagabundean en busca de su oportunidad. Si el dueño o los dueños de un territorio quedan eliminados y el territorio vacío, se establecerá un efecto llamada donde los jóvenes erráticos aspirarán a la posesión de ese espacio desocupado. La nueva posesión de ese territorio no se resuelve en pocas horas, sino que las luchas y los desplazamientos pueden ser constantes a lo largo incluso de meses. Todos esos individuos quieren decir que están metidos donde antes había uno capaz de tenerlos a todos a raya, fuera de sus dominios. Todos esos ejemplares, que llegan allí como el agua llega a un sumidero, deben alimentarse, y si es la época de la paridera del corzo, flaco favor hacemos a nuestra población. La mejor manera, entonces, para que no haya muchos predadores, siempre será que haya los predadores justos. Si decidimos hacer una presión selectiva sobre los predadores, tampoco ahora es el momento.

Patricio Mateos-Quesada
Biólogo. Grupo Corzo de la RFEC

 

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El corzo, ¿un buen padre?

¿Qué hay de la inversión que el corzo hace de su hipotética pareja y cría? Siempre se ha comentado que el corzo es monógamo, es decir, que mantiene un contacto con una única hembra, con la que comparte territorio. La verdad es que podemos afirmar que el corzo muestra una monogamia, pero ésta es obligada.

¿Que qué es eso? A pesar de que mantiene un contacto frecuente con la misma hembra a lo largo del año, el interés del corzo será el de cubrir a cuantas más corzas mejor. No es cierto que el territorio del macho y de la hembra sean compartidos; la verdad es que el territorio del macho solapa con el de la hembra y, al ser mayor que el de ésta, con el de otras hembras también. En el celo, presumiblemente el corzo cubre a su hembra; pero, tras la cópula, va en busca de otras corzas. Al acabar el celo, el macho de nuevo vuelve a la querencia de su pareja y la cría que, presuntamente, puede ser la suya. Y sea suya o no, lo cierto es que el macho pasa buena parte del año en el entorno familiar formado por la hembra y sus crías. En ese entorno ha sido comprobado que el macho invierte en la defensa del grupo y asume comportamiento de riesgo frente a sus predadores. Al contrario que su primo el ciervo, los machos de corzo no parecen parasitar la presencia de la hembra en su beneficio cuando el peligro parece asomar. Estos datos, unidos a la dificultad de ver al macho durante la paridera y otros comportamientos, nos inducen a pensar en la posibilidad de que el macho podría ayudar en la defensa de la cría en los primeros momentos, hostigando predadores del tamaño del zorro, por ejemplo.

Además de una buena presencia del pelao de cada macho territorial a la hora de cortejar a las hembras, esta conducta, a la que nos hemos referido en el párrafo anterior, podría consistir en otra estrategia con la que ganarse a las hembras. Ha sido demostrado en otras muchas especies que la ayuda en la época de cría a las hembras o a la propia cría en el transcurso de su desarrollo, hace que ese macho sea preferido por la hembra que es ayudada e incluso por otras que puedan observar su conducta. ¿Podía ser éste el motivo por el que el macho de corzo invierte en el cuidado parental? No lo sabemos de cierto, pero sí es muy evidente la diferencia en esta conducta con respecto a otros cérvidos peninsulares.