Iluminación nocturna

Usar un foco en un aguardo nocturno puede ser beneficioso porque nos permite hacer más efectivo el disparo. Pero la legislación de nuestras comunidades autónomas no parece que esté de acuerdo con ello.

Antonio de Palma Villalón | 19/05/2008

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«Ha de antiguo la costumbre mi padre, el Barón de Mies de descender de su cumbre y cazar aves con lumbre: ya sabéis vos cómo es. En la noche más cerrada se toma un farol de hierro que tenga la luz tapada, se coge una vieja espada y una esquila o un cencerro a fin de que al avanzar el cazador importuno las aves oigan sonar la esquila y puedan pensar que es un animal vacuno; y en medio de la penumbra cuando al cabo se columbra que está cerca el verderol, se alumbra, se le deslumbra con la lumbre del farol, queda el ave temblorosa, cautelosa, recelosa, y entonces, sin embarazo, se le atiza un estacazo, se le mata, y a otra cosa».

Pero, seguidamente, se afeaba por don Mendo tal conducta al ser poco honrosa la confusión de un barón por un buey no definitoria de cazador de ley.

No es torpe, no, la invención: más un cazador de ley no debe hacer tal acción, pues oyendo el esquilón toman las aves por buey a vuestro padre el Barón.


Los amantes de las ayudas para mejorar la visión de noche no les importa invertir en óptica de calidad (y cara). En la imagen, monocular de visión nocturna.

Me preguntaba un amigo si podía, legalmente, llevar un linterna o foco a una espera de jabalí, y mi contestación fue una pregunta: «¿En qué región?». Y, fijada la ubicación del acotado, la respuesta: «Me lo tendría que mirar».

Dada la dispersión normativa cinegética actual, en la Península Ibérica existen, a menudo, numerosas dudas sobre actos o instrumentos para la actividad que, en función del territorio en el que nos encontremos, están o no prohibidos, permitidos o incluso recomendados, y ya no sabes muy bien si deyectar a gusto, tras un repentino apretón intestinal montuno, contraviene alguna norma por la que pudiésemos ser sancionados.

Para cazar con poca luz debemos conformarnos con un visor lo más luminoso posible. ¡Demos una oportunidad a la pieza!

Partiendo de la base de que se ha de aplicar el principio de la autonomía de la libertad, y que toda actividad es legal mientras no esté expresamente prohibida (sin perjuicio, por supuesto, de la responsabilidad de cada uno por sus actos), la primera mención legislativa que he encontrado ha sido en la Ley de Caza de 1879, en la que expresamente se prohibía en su artículo 22 «cazar de noche con luz artificial», que fue seguida por la Ley de 1902, que daba al traste con la afición del Barón de Mies, a pesar, incluso, de la escasa calidad de los artefactos luminosos de la época.

Sin embargo, nuestra avanzada, para su tiempo, Ley de Caza de 1970 vino a prohibir de forma generalizada la caza «sirviéndose de caballerías o vehículos como medios de ocultación» y la caza nocturna, salvo específicas modalidades como aguardos y rondas especialmente autorizadas, si bien claramente estipulaba la calificación como delito de caza que fue, en cierto modo ratificado, por el Reglamento de 1971 que desarrollaba la Ley: «Los que cazaren de noche, con armas de fuego o accionadas por gas o aire comprimido auxiliándose con los focos de un vehículo o motor o cualquier otro dispositivo que emita luz artificial».


El uso de faros, linternas, espejos, y otras fuentes luminosas artificiales o deslumbrantes, aunque prohibidos en la mayoría de las leyes de caza de las CC.AA., están bajo el epígrafe de «prohibido el empleo, sin autorización».

Tal circunstancia se mantuvo durante aproximadamente veinte años. Entrada en vigor la Constitución, tras el traspaso posterior de las competencias de caza a las comunidades —por sus estatutos de autonomía—, se fue disgregando su regulación, y desde el instante que, por olvido o falta de interés, se eludía su específica prohibición, se habría de entender sensu contrario por aplicación del principio general, que no contravendría norma legal alguna el uso de emisiones artificiales de luz, por existir como mientan los no leguleyos una «laguna jurídica».

Aplicación de la normativa

Téngase en cuenta que en las comunidades donde específicamente no exista Ley de Caza (señaladas con un asterisco en el recuadro de la izquierda) se ha de aplicar, por defecto, la Ley estatal de 1970, vigente todavía, y, las prohibiciones son genéricas, sin perjuicio de las específicas autorizaciones que se permitan por la Dirección de Medio Ambiente de turno para cada acotado y previa expresa petición. Si bien en tales años no existían tantos adelantos técnicos, ya se han promulgado normativas específicas en diferentes comunidades autónomas, adaptándose a los tiempos, haciendo prohibición expresa del uso de artilugios de visión nocturna que transgreden, y sobrepasan siete pueblos las líneas éticas de la caza de ley de don Mendo.

Antonio de Palma Villalón
Asesor jurídico

 

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