Muchos amigos me han animado a que escriba mi experiencia con los galgos a lo largo de mi vida. A partir de ahora, en sucesivos artículos, voy a tratar de contar lo que durante años he ido acumulando, después de ver y vivir muchas carreras, competiciones, anécdotas… y tener la suerte de contar con unos maestros excepcionales, como Leopoldo Torres, Polito, y Segismundo García, Uve, aunque el mejor maestro es la propia experiencia.

José Enrique Martínez Manzanares

Del primero, Polito, aprendí los cuidados que se deben hacer a los perros en las distintas etapas de su desarrollo, cuando están en veda, cuando corren y, sobre todo, a su higiene y alimentación. El segundo, Uve, me enseñó algo fundamental en el mundo de la competición: cómo recuperar a los galgos después de las carreras y detectar, mediante la auscultación manual, las agujetas y las posibles lesiones musculares.

A la hora de elegir todos tenemos nuestras manías

También he tenido otros muchos maestros, como mi tío José Martínez, Pepe, quien me inculcó que hay que ser un caballero en este deporte, aunque sea difícil, porque ¿quién le dice a un galguero que está años depositando cariño e ilusiones que ha perdido? Pero, en fin, ése, es otro tema diferente.

Todo ello lo iré contando párrafo a párrafo. Prometo que contaré toda la verdad sobre lo que sé, a pesar de que algunas personas puedan pensar que lo mejor me lo quedo para mí, o que miento. Sólo soy una piedra más  del corredero, y lo que realmente importa es el conjunto de piedras que hacemos campo.

En primer lugar, hablaré de la importancia que tiene para mí la genética de un galgo, algo fundamental, pues si conocemos sus raíces, este hecho nos ayudara a conocer al galgo actual. Como se suele decir, «de casta le viene al galgo...».

A la hora de elegir qué galgo quedarnos de la camada, todos tenemos nuestras manías. Yo, por ejemplo, elijo el primero que nace o el de color más fuerte y tonalidad uniforme. El primer galgo bueno que verdaderamente tuve fue un hijo del subcampeón de España 1965/1966, Corzo, y de una perra muy buena llamada Linda, propiedad de un amigo. Aquel perro era el más oscuro de la camada, barcino en castaño con pocas rayas. Fue hermano del campeón de España 1969/70 Cosius, hasta el día de hoy, el fundador de la dinastía de todos mis perros. Con el, tomé contacto con el mundo de la competición en 1968, corriendo la fase clasificatoria para el Campeonato de España en la Sociedad Granja el Henar, de la cual tengo buenos recuerdos y mucho cariño.

Los galgos de más edad tardan más en coger la forma física

Considero muy importante conocer bien a todos tus perros. Ellos nos hablan con sus acciones. Si los conoces bien, podrás resolver posibles problemas, conocerás sus carencias y sus virtudes. Simplemente viéndoles retozar, deberíamos saber cómo es nuestro galgo. Cuando observo sus movimientos, pienso: «Éste se parece a tal, ésta a la otra…». Todos los buenos perros suelen tener similitudes, incluso cuando son muy diferentes. Considero que hay que pasar con ellos todo el tiempo posible, para conocerlos a fondo, que ellos nos reconozcan, y confíen en nosotros, al igual que nosotros en ellos.


El primer paso para obtener un campeón es elegir un cachorro que apunte maneras, pues no por criar más galgos vamos a tener mejores perros. Lo primordial es que tenga buena sangre, esto es, una buena genética, y que hayamos acertado con el cruce de sus parentales.

Cuando los galgos están en pleno desarrollo, al igual que cuando están en veda, muchos piensan que no es necesario sacarlos al campo, pero hay que tener en cuenta algunas cuestiones. La inactividad hace que engorden y pierdan   masa muscular, lo cual, a la hora de volver a entrenar, les va a traer importantes problemas como fuertes dolores musculares, agujetas, rozaduras en las extremidades, etc. Por lo tanto, recomiendo no dejar de sacar ni de pasear al galgo durante todo el año, dependiendo la intensidad del entrenamiento de la época del año. Por ejemplo, en veda, la intensidad será mas baja. Debemos tener en cuenta que el galgo es un atleta. De todas formas, aunque lo saquemos todo el año, hay que tener cuidado con machacarlos o quemarlos muscularmente. En muchas ocasiones he visto perros prometedores que no corren y al cambiar de manos convertirse en muy buenos corredores.

Si los conoces bien podrás resolver sus problemas

Como he dicho antes, se trata de atletas, por eso el entrenamiento tiene que ser siempre en su justa medida, estimulándoles con zonas de entrenamiento nuevas, compañeros distintos, siempre usando un poco de imaginación. Hay que tener en cuenta que los galgos también se aburren, y cuando les obligas a dar vueltas a la misma hora, en el mismo sitio y la misma distancia, se acostumbran a la monotonía y no entrenan, no se superan ni motivan. No sólo importa el recorrido, también la forma de realizarlo. Es decir, hay que llevarlos unas veces atados y, siempre que sea posible, sueltos. Si los entrenas atados ellos se alivian apoyándose en las correas, lo que les provoca graves problemas puesto que ejercitan más unas zonas que otras.


Cuanto más joven es un galgo antes alcanza la forma física, por lo que hay que apartar la idea de que cuando están desarrollándose no deben entrenar. Por el contrario deben poder ejercitarse, si es posible sueltos y en libertad, para que cojan masa muscular y no engorden.

Os estaréis preguntando… ¿y cuantos kilómetros le hago? No tengo ningún barómetro o regla, puedo hacerlos 10, 20 o incluso alguno más, dependiendo de la época, edad del perro y condición física. No es lo mismo entrenar a galgos de 10 meses, como de 16 o 30 y, además, hay que tener en cuenta si son machos o hembras.


Otro punto a tener presente es que los galgos también necesitan estímulos para no “aburrirse” en los entrenamientos.

Los galgos, cuanto más jóvenes son, antes alcanzan la forma física, puesto que siempre están en movimiento. Por el contrario, cuando se paran, antes se pasan de forma física. Los galgos más cuajados, es decir, de mayor edad, tardan más en alcanzar la forma física, pero la mantienen durante un mayor periodo de tiempo.

He diferenciado entre machos y hembras, porque los machos alcanzan la forma mucho antes que las hembras, puesto que son más nerviosos y, por naturaleza, necesitan mantenerse mas esbeltos y fuertes para gustar más a las hembras. De ahí que engorden menos. Por otro lado, a las hembras la naturaleza las ha dotado de un mecanismo que las prepara para la crianza y la lactancia, se ubran, engordan y luego les cuesta mucho perder los kilos que han cogido. Así, necesitan más entrenamiento, vigilar su alimentación y algún que otro cuidado más, a diferencia del macho.

José Enrique Martínez Manzanares

Comentarios (1)

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galgos
pau lluis
08/05/2008 21:29:34
espero con muchas ganas tus articulos.cada cuanto vas a sacarlos o no tienes fechas ya iras poco a poco? da igual como buen galgero no tendras prisa o eres como tus galgos de impaciiente por correr tras la liebre? jaja
saludos

 

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