Causas y soluciones para las enfermedades emergentes

En los últimos años estamos asistiendo a la reaparición y/o recrudecimiento de ciertas enfermedades que se están cebando con nuestros ungulados. ¿A qué se debe este fenómeno? Entre las causas principales se encuentran la intensificación cinegética o el traslado de animales. Pero, ¿está dispuesto el sector cinegético a poner remedio?

C. Gortázar, M. Boadella y J. Vicente | 11/04/2008

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Las enfermedades emergentes tienen un enorme impacto en la salud pública, la producción de alimentos, las economías y el medio ambiente. La mortalidad humana directa como consecuencia de enfermedades emergentes recientes varía fuertemente, desde los menos de 100 casos atribuidos por ahora a la influenza aviar H5N1, a los cerca de 20 millones debidos al SIDA.

Hay factores de riesgo comunes que pueden ser identificados en muchas enfermedades de la fauna silvestre. Uno de los más frecuentes es la introducción de enfermedades mediante el movimiento o intercambio de animales silvestres o domésticos

La producción ganadera se ha visto afectada negativamente por la mortalidad directa de animales, por las repercusiones en el consumo y por las destrucciones llevadas a cabo para garantizar la sanidad y seguridad del comercio internacional y para limitar la expansión de las enfermedades.

El impacto ambiental de las enfermedades emergentes es especialmente grave en el caso de especies amenazadas, que pueden ser empujadas a la extinción por eventos estocásticos.

Los animales, y muy particularmente la fauna silvestre, se consideran la fuente de más del 70 por ciento de todas las enfermedades emergentes. En la última década, la fauna silvestre ha protagonizado distintas emergencias sanitarias veterinarias en la Unión Europea. Basta recordar la re-emergencia de la rabia y la tuberculosis, la problemática en torno a la peste porcina clásica en jabalíes, el cambio climático global y la redistribución de vectores o la actual crisis debida a la influenza aviar altamente patógena.

Las enfermedades de los animales silvestres están de actualidad, y ello contribuye a que gestores de fauna, cazadores, conservacionistas y administraciones presten atención a la vigilancia y control de las mismas. Se trata de una situación compleja que requiere un gran debate social y científico, al que queremos contribuir desde estas páginas.

Enfermedades emergentes en España

Unos pocos ejemplos bastan para ilustrar las enfermedades emergentes en especies de caza mayor en España. Sin mucho esfuerzo vendrán a nuestra memoria nombres como sarna, tuberculosis, lengua azul, el pestivirus de los rebecos...

La sarna, por ejemplo, es una vieja conocida de los cazadores españoles, que saben de la capacidad de este ácaro para diezmar poblaciones de bóvidos silvestres —cabra montés y arrui en el sureste y rebeco en el norte—. Sin embargo, en los últimos años vienen observándose casos de sarna en corzos y sobre todo en ciervos, que aconsejan vigilar la situación con renovada atención. Numerosas administraciones y grupos de investigación tratan de conocer mejor esta enfermedad a fin de contribuir a su control.


Figura 1.
Los cambios en el manejo de la fauna silvestre —hacia modelos más intensivos— y en la producción ganadera —hacia modelos más extensivos— complican la epidemiología de las enfermedades compartidas y propician la emergencia de nuevos problemas. © J. Ardaiz, C Gortázar, O. Rodríguez y J. Segalés.

La tuberculosis, otra vieja conocida, puede definirse como enfermedad re-emergente en España. Ello es así porque algunos seguimientos indican que la presencia de esta enfermedad, lejos de disminuir como ocurre en el ganado bovino objeto de campañas anuales, aumenta en algunas regiones, probablemente como consecuencia de los cambios en la gestión de los ungulados silvestres, como discutiremos más adelante.

El caso es que en grandes zonas del centro y del sur, las elevadas proporciones de tuberculosis en ciervos y jabalíes contribuyen a dificultar la erradicación completa de esta enfermedad. Además la tuberculosis, igual que la sarna, se ceba más con los machos adultos, causando por ello pérdidas cinegéticas importantes. En consecuencia, tanto el sector cinegético como las administraciones de agricultura y de medio ambiente apoyan las investigaciones que se desarrollan para el control de esta enfermedad, en las que participan numerosos grupos dentro y fuera de nuestro país.

Muchas enfermedades emergentes son causadas por virus. Ello se debe a que éstos presentan una enorme diversidad y una gran capacidad para adaptarse a nuevos hospedadores. Entre las enfermedades víricas que más preocupan al sector de la caza está la pestivirosis del rebeco pirenaico, que ha reducido substancialmente las densidades de rebeco en el Pirineo Oriental, hasta el punto de impedir su caza en varias reservas.


Sarna sarcóptica en un venado. Esta enfermedad, que podría encontrarse en expansión, afecta más a los machos adultos, precisamente el objetivo de los cazadores. © A. Oleaga.

También la lengua azul, una enfermedad vírica transmitida por vectores —dípteros del género Culicoides—, está de triste actualidad en nuestro país a consecuencia de su impacto sobre el ganado ovino y de las limitaciones al transporte de rumiantes. En este caso, se sabe que no hay un impacto directo sobre las poblaciones de ciervo aunque se ignora si podría haberlo, por ejemplo, sobre muflones. Además, será importante averiguar hasta qué punto los cérvidos u otros rumiantes silvestres pueden intervenir en la epidemiología de la lengua azul.

Causas de la emergencia de enfermedades

Las conexiones entre patógenos de animales silvestres, su medio ambiente y las actividades humanas, son cada vez más patentes. Esta red de factores crea una situación dinámica, donde emergen —o son detectados— nuevos patógenos; donde cambios en la densidad de población o en el comportamiento del hospedador afectan a la presencia de la enfermedad; y donde los patógenos pueden aumentar repentinamente su virulencia y su rango de hospedadores.

Una intensa suplementación artificial de alimento suele concurrir con una elevada difusión de algunas enfermedades, como la tuberculosis en el ciervo y la enfermedad de Aujeszky en el jabalí

Otro factor de riesgo es clave: el aumento del contacto entre los animales silvestres, el ganado y los seres humanos. Esto se debe a que, por un lado, las poblaciones de animales silvestres están cada vez más manejadas, lo que las convierte en una ganadería con cuidados sanitarios muy limitados. Por otro lacio, algunas prácticas ganaderas también incrementan las posibilidades de intercambio de patógenos (figura 1). Por otra parte, la pérdida de hábitat para ciertas especies las ha forzado a un contacto más íntimo con el hombre. Por ejemplo, y en otro ámbito diferente a los ungulados, se sospecha que los murciélagos frugívoros están detrás de virus emergentes zoonóticos tan graves como el Ebola, Nipah, Hendra y SARS.

En el ámbito de la caza mayor que nos ocupa, los factores que más contribuyen a la emergencia de enfermedades son seguramente las elevadas densidades, consecuencia de una gestión incorrecta y una disponibilidad apenas limitada de comida y agua.

Hay factores de riesgo comunes que pueden ser identificados en muchas enfermedades de la fauna silvestre. Uno de los más frecuentes es la introducción de enfermedades mediante el movimiento o intercambio de animales silvestres o domésticos.


Tuberculosis: corte de pulmón con numerosas lesiones en un jabalí. Las altas densidades de venados favorecen también a esta enfermedad. © Christian Gortázar.

La sobreabundancia de animales silvestres es un segundo riesgo importante para las enfermedades. En España, las situaciones de exceso de abundancia y agregación se producen en demasiadas ocasiones, incluyendo tanto los terrenos de caza mal gestionados, como también algunos espacios naturales. Las consecuencias son fatales: terrenos sobrepastoreados y erosionados, con animales en pobre condición física reunidos en torno a charcas y lugares de alimentación. Es terreno abonado para la propagación de enfermedades como la tuberculosis o las enfermedades víricas. En algunos casos, los manejos intensivos de ungulados cinegéticos artificiales enmascaran situaciones reales de sobreabundancia. Por ejemplo, una intensa suplementación artificial de alimento suele concurrir con una elevada difusión de algunas enfermedades, como la tuberculosis en el ciervo y la enfermedad de Aujeszky en el jabalí.

Pero no todas las enfermedades emergentes son debidas a la gestión inmediata. Por ejemplo, el calentamiento global puede estar contribuyendo a la expansión o introducción de vectores. Así, algunas especies de garrapata se están expandiendo hacia zonas más norteñas, y los vectores de la lengua azul —o el propio agente, como el West Nile virus— son encontrados en nuevas localizaciones y resultan cada vez más abundantes, favoreciendo la expansión de esta enfermedad.

Posibles soluciones

El control de las enfermedades de los animales silvestres comienza por la vigilancia, el conocimiento de las enfermedades que están presentes, su distribución pasada y presente y la evolución de sus prevalencias. Los países con buenos esquemas de vigilancia sanitaria de sus poblaciones de animales silvestres detectan mejor la presencia de enfermedades infecciosas y zoonósicas, y pueden adoptar medidas más rápidamente. España cuenta con un Plan de Vigilancia Sanitaria en el que colaboran los ministerios de Agricultura y de Medio Ambiente, y varias comunidades autónomas tienen programas propios.


El manejo intensivo del jabalí conlleva su concentración en torno a bebederos y comederos, facilitando los contagios.

Un aspecto fundamental es la prevención y dentro de ella destaca el control de los traslados. Los traslados de fauna cinegética, tan frecuentes en España en el marco de repoblaciones y «mejoras de sangre», deben restringirse para prevenir el movimiento de enfermedades, realizándolos sólo cuando resulten realmente aconsejables. Aún entonces, los animales objeto de traslado deben someterse a pruebas igual de rigurosas que aquellas a las que se somete el ganado doméstico. Ni más, ni menos. Esto incluye el movimiento y liberación de animales silvestres criados en cautividad y el traslado entre poblaciones naturales.

Cuando una enfermedad entra en una población animal, las posibilidades para su control se reducen drásticamente. La eliminación selectiva de animales silvestres casi nunca es efectiva como medida de control de sus enfermedades. Sólo constituye una opción en el caso de poblaciones localizadas en islas donde las barreras geográficas limitan la dispersión de los animales, en el caso de especies introducidas donde las restricciones legales y objeciones sociales son mínimas, o para actuar de urgencia sobre el punto de inicio de un brote de enfermedad.

No obstante, la reducción de densidades es un objetivo frecuente en el control de muchas enfermedades. Esto constituye una medida temporal, excepto cuando se emplea la modificación del hábitat —o la restricción del aporte de alimento y el control de la fertilidad— para reducir la densidad de hospedadores o para reducir su nivel de exposición.

Una dificultad añadida estriba en la escasa capacidad de las autoridades de medio ambiente para cuantificar de forma efectiva la densidad de ciervos o jabalíes de un acotado. Otra opción es la de algunos estados americanos, que prohíben la alimentación suplementada de ciervos para prevenir la transmisión de enfermedades.

Las medidas de reducción poblacional o limitación de la alimentación serían polémicas en nuestro país. Por ejemplo, es probable que en entornos mediterráneos los puntos de agua causen mayor agregación que los comederos. No obstante, lo anterior merece un intenso debate en relación con la actual gestión de la caza mayor en el centro y sur de España.

En otro ámbito, una correcta gestión de los residuos generados por la caza, al objeto de evitar que sirvan de alimento a carnívoros y jabalíes, sin duda contribuiría a mejorar la situación sanitaria actual. No obstante, medidas extremas relacionadas con el destino de los cadáveres de animales podrían comprometer a la conservación de carroñeros amenazados. Son necesarias más investigaciones con el objetivo de conocer los verdaderos riesgos de tales manejos en situaciones muy particulares, y así favorecer la conservación de algunas especies silvestres que normalmente sobreviven muy fragmentadas y al límite de sus posibilidades en Europa.

Christian Gortázar, Mariana Boadella y Joaquín Vicente
Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos IREC (CSIC - UCLM - JCCM)

 

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Agradecimientos

Los trabajos del IREC sobre enfermedades compartidas son posibles gracias a la ayuda de muchos compañeros del IREC y colaboraciones con laboratorios como NEIKER, CReSA, UCM, SERIDA y CITA/Universidad de Zaragoza, entre otros. Agradecemos el apoyo de numerosas asociaciones, explotaciones y particulares, así como de distintas administraciones públicas. La financiación proviene de convenios con varias CCAA  —particularmente el Principado de Asturias y Castilla-La Mancha—, el MAPA, el MMA, así como de fondos competitivos obtenidos de JCCM (GCO5-006), INIA-MEC (FAU2006-00017), Plan Nacional-MEC (AGL2005-07401) y Grupo Santander-Fundación Marcelino Botín, entre otros.

El lector interesado en el tema enfermedades compartidas encontrará información ampliada en la página web de la red RIEC —red de investigación sobre enfermedades compartidas—, auspiciada por el INIA:

http://www.uclm.es

 

 

Bibliografía

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