Consejos para contratar una cacería internacional

Básicamente existen dos formas de contratar una cacería internacional y cada una de ellas tiene sus ventajas e inconvenientes. La primera es a través de una agencia que se dedique a organizar cacerías, método que hemos utilizado todos en alguna ocasión. Ellos se encargan de todo lo que necesitemos, incluso de los vuelos, seguros, etc…

Juan J. García Estévez | 13/03/2008

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Tiene una gran ventaja cuando no se domina el inglés o cualquier otro idioma que se vaya a necesitar, y también pueden ser útiles para zonas que se quieran cazar y no se conoce a ningún guía o cazador profesional de confianza, o para especies que deseamos pero que nos ocurre lo mismo.

Como suele ocurrir en el mundo de la caza, hay agencias muy serias y otras que no lo son tanto, y oyes contar —y me ha tocado vivir— verdaderas peripecias. De todas formas, con esto de las agencias de caza me pasa un poco como con los restaurantes, si me permiten este símil. Cuando voy a un restaurante y veo cartas muy largas, dudo de la calidad, ya que tener una larga lista de productos de primera calidad no es nada fácil. Prefiero aquellos con cartas más cortas, muy especializados y con productos de temporada; se suele comer mejor. Pues con las agencias ocurre lo mismo. Si tienen ofertas para todos los destinos imaginables, a veces es difícil que las puedan controlar con cierto grado de garantía. Son mejores las de menos pretensiones pero que conocen muy bien los destinos que manejan. En una ocasión, fui con una agencia y a la vuelta me estaban esperando para hacerme un montón de preguntas para ver como había salido todo y ¡si el profesional era serio! Me habían enviado de avanzadilla y de prueba ¡y había pagado por ello! Cuidado con estas situaciones.

Hay un sistema que he visto que a algunos amigos les funciona bastante bien. Cuando tiene una agencia de confianza, simplemente se ponen en sus manos y les dan libertad para que cada año les envíen a un destino diferente según las garantías que les ofrece el profesional y según los resultados que van obteniendo. Puede ser una buena idea.

Contratar con el profesional

Las referencias y recomendaciones de otros cazadores son muy importantes para saber con cierta seguridad con quién vamos a cazar y qué debemos esperar.

La segunda opción es contratar la cacería directamente con el profesional. Es el sistema que yo utilizo desde hace tiempo. Indudablemente tiene la desventaja de que lleva mucho tiempo ponerse en contacto y conocer los profesionales, muchos faxes y llamadas —el correo electrónico ha facilitado y abaratado mucho este aspecto—, pero tiene la gran ventaja de contratar directamente con la persona con la que vas a cazar, que generalmente conoce al dedillo la zona y la especie, las mejores estaciones y épocas, y te puede dar todo lujo de información sobre el terreno, para que la cacería cumpla todas las expectativas. Esta segunda fórmula, además, tiene el enorme atractivo de disfrutar de la preparación de la cacería, conocer y estudiar el país, la zona de caza, la biología de las especies que se van a cazar, etcétera. Es, ni más ni menos, que dilatar el placer de la caza.

Pero para que todo salga bien hay que trabajárselo. Y el esfuerzo que brinda mejores resultados, de cara a no tener ningún disgusto, es obtener referencias del profesional a través de otros cazadores que han estado con él. A todos los cazadores nos gusta trasmitir nuestras experiencias de caza, y no dudamos en aconsejar el cazador profesional que ha sido bueno, y desaconsejar el que ha sido malo. Las referencias y recomendaciones de otros cazadores son muy importantes para saber con cierta seguridad con quién vamos a cazar y qué debemos esperar. Esta es la única forma de tener información previa fiable de la calidad del servicio que ofrece el equipo con el que vamos a cazar.

El precio no lo es todo

Para un gran número de cazadores españoles, el precio es uno de los factores con mayor importancia a la hora de contratar una cacería internacional. En las ferias de caza van de stand en stand, solicitando ofertas para cazar un búfalo en Tanzania o un oso en Canadá. Pero personalmente creo que hay otras cosas, factores de mucha importancia que hay que valorar antes que el precioa la hora de cazar en un país extranjero. Para justificarlo siempre pongo un ejemplo. Mi primera cacería internacional fue a Sudamérica.

Para llegar a Uruguay, no tuvimos la menor duda y elegimos el vuelo más barato con una compañía del país —permítanme que omita el nombre—. Cuando me subí al avión me pude dar cuenta del craso error. Vamos a decir que el avión se caía a pedazos, ¡y con él teníamos que cruzar el Atlántico! Desde entonces sólo vuelo con compañías de calidad, eso sí, siempre buscando el mejor precio, pero siempre lo primero es que sean buenas compañías aéreas.

Muchas cacerías se llevan a cabo en zonas remotas, y con ciertos grados de peligro. Este peligro puede venir del propio país —zonas inestables o inseguras—, de la zona de caza —cacerías de alta montaña—, por las especies que se cazan —leones, búfalos, leopardos, osos—, por las especies que habitan la zona —serpientes o animales ponzoñosos— o por temas de enfermedades de todo tipo, tanto transmitidas por insectos —malaria, leishmaniosis, enfermedad del sueño…— o por los alimentos y el agua —tifus, cólera—. La caza es una afición que nos debe hacer disfrutar, y nunca se deben correr riesgos innecesarios. Por ello, nuestra seguridad es el primer asunto a tener en cuenta, y las personas que nos va a proteger y ayudar en caso de un problema, son de extrema importancia.

La logística

Si el profesional que nos acompaña y dirige la cacería es malo, puede convertirse en una pesadilla, y eso sucede muchas veces por ahorrarnos un poco de dinero

En zonas remotas, es indispensable disponer de un medio de comunicación, bien por radio o vía satélite. En caso de cualquier accidente o problema en el que haya que pedir asistencia, la comunicación es vital. Antes que preguntar el precio, hay que saber si se dispone de un teléfono vía satélite.

También es importante el tema de las infraestructuras de las que dispone la orgánica con la que vamos a cazar. En algunas zonas de África, por poner un ejemplo, tener un problema mecánico con uno de los todo-terrenos pude ser un pequeño drama. Los talleres no están a la vuelta de la esquina y si se necesita una pieza de repuesto, muchas veces tiene que llegar en avioneta. Esto son varios días, días que se pierden de caza. Si no se dispone de un segundo coche, puede ser que para el cazador haya finalizado la caza con esta avería.

Una cacería internacional es para muchos cazadores —al menos para mí lo es— convertir en realidad un sueño. Si el profesional que nos acompaña y dirige la cacería es malo, puede convertirse en una pesadilla, y eso sucede muchas veces por ahorrarnos un poco de dinero. Lo principal es con quién se caza y si puede ser a un buen precio, mejor. Hay que ahorrar donde hay que ahorrar, pero no en que el profesional sea serio, correcto y que conozca su oficio. Generalmente los buenos profesionales tienen las mejores zonas de caza, y por lo tanto los mejores resultados. Todo ello cuenta, y tiene un precio.

Los países

Es importante contemplar las normas de caza y limitaciones de cada país, ya que en gran medida ello va a condicionar el precio de la cacería. En general podemos tomar el ejemplo de la caza en África, que se puede dividir en dos grupos. La que se realiza en fincas privadas y la que se realiza en reservas de caza del gobierno.

En las primeras el propietario del suelo y la caza es un particular —a veces una tribu— y por lo tanto la caza puede estar sujeta a variación de una finca a otra. Pero siempre al final es un acuerdo entre dos partes, el que pone la pieza y el que la mata. No obstante, en mi opinión, los precios son más o menos similares entre unos y otros, y entre unos países y otros, con sus variaciones debido a diferentes causas como los desplazamientos, distancias, el tipo de atención y hospedaje, densidad de una determinada especie, etcétera.

Otras zonas pertenecen al gobierno y éste pone unas normas de cumplimiento, a veces bastante estrictas, y unos precios no siempre asequibles, pero que quieras o no hay que cumplir. Existen países en los que la mayor parte de sus territorios de caza pertenece al gobierno, o por lo menos las mejores zonas. Este es el ejemplo de Botswana o Tanzania, donde la caza es muy buena, especialmente de los grandes —búfalo, león, elefante,…—, pero cara, y puedes tener que llevar un representante del gobierno durante toda la cacería para ver que cumples con la legislación.

El caso de Canadá

Un caso muy peculiar es el de Canadá. Los cazadores profesionales compran en propiedad grandes extensiones de terreno para aprovechamiento de la caza, que mantienen durante toda su vida y heredan sus descendientes, pero… allí pueden cazar todos los canadienses. En efecto, un canadiense puede cazar por todo su país sin que nadie se lo impida. Los derechos de caza del profesional son exclusivamente para extranjeros. Por lo tanto, puedes llegar a una zona de caza, y estar viendo cazadores locales —especialmente indígenas— constantemente, lo que te hace sentir, después de recorrer miles de kilómetros para cazar, absolutamente estafado. La única solución es buscar cazadores que operen en zonas remotas, donde sólo se puede acceder por avión, y donde los locales no llegan. Esto, por supuesto, encarece la cacería, pero garantiza cazar solo y suele ser preludio de unos buenos resultados.

La especie a cazar

Hay cacerías de una sola especie, y poco más, ya que en la zona no se encuentran muchos animales. Pero hay otras en las que hay mucha diversidad de especies, y por lo tanto hay muchas posibilidades. Esto se da especialmente en África, por lo que cuando algún cazador me solicita asesoramiento en su primer safari, muchas veces no tiene muy claro el país al que quiere ir, pero generalmente me indica una lista de animales.

El problema comienza cuando en la lista de animales hay especies de diferentes ecosistemas, y por lo tanto de diferentes zonas. Por poner un ejemplo, el oryx o gemsbok (Oryx gazella) es un habitante del desierto que habita en el entorno del Kalahari —extremo sur occidental del continente—, mientras que el nyala (Tragelaphus angasii) es un morador de zonas de densa vegetación y su zona de distribución principal es la provincia de Kwa-Zulu Natal en Sudáfrica —extremo sur oriental—.

Por lo tanto si alguien quiere incluir estas dos especies en un único safari, tiene dos opciones. O viaja mucho, lo cual es perder muchos días de caza y tiempo, o va a una finca cerrada donde se han introducido los animales.

Especies repobladas

En Sudáfrica, especialmente en la zona de la Provincia Norte, esto se da mucho. Debido al tipo de ecosistema que tiene, de transición entre el bushveld —sabana arbustiva— y la cuenca del río Limpopo —zona de bosque—, las fincas admiten especies muy diferentes, y muchas fincas cercadas son repobladas cada año con numerosos ejemplares de cada especie.

Hay que recordar que en Sudáfrica, en este momento, es mejor negocio la cría de animales salvajes para repoblar fincas, que la caza de estos animales. Esta es la justificación de las ofertas de safaris de más de veinte especies diferentes en una misma zona. No digo ni que esté bien ni mal, pero habitualmente no te explican que son fincas cercadas y que la caza la traen en camiones una o dos veces al año, y repueblan. Para algunos cazadores es lo que les interesa, pero para otros… bueno, no es lo que buscan en el continente Africano.

Por ello, cuando asesoro a alguien en un safari esto siempre lo dejo muy claro y aconsejo, bien elegir por zonas o bien elegir por especies. Este último caso es muy interesante cuando alguna de las especies a cazar entraña ciertas dificultades, bien por su escasez o por el tipo de terreno donde su mueve. Entonces damos prioridad a este animal y se pueden cazar las especies asequibles en la zona, ya como animales de segunda prioridad. Esto es especialmente cierto en la caza en Norte América, sobretodo en las inmensas extensiones boscosas de Canadá. Muchas zonas de caza disponen de varias especies como alce, caribú, grizzly, oso negro, lobo, cabras, etcétera y el cazador se hace una lista de animales para abatir. Pero la caza es tan difícil, está tan dispersa y el cazador tiene tan pocas ventajas en aquellas inmensidades, que abatir un animal deseado es un muy buen resultado, abatir dos de diferentes especies un éxito total, y tres o más es realmente excepcional. Poner el listón en tres especies en una cacería es tener garantizado un retorno con una gran desilusión.

El sitio oportuno, el momento oportuno

Cuando viajo al extranjero y tengo oportunidad, siempre visito alguna armería. Recuerdo que en una de ellas el armero —a pesar de que no era cazador— me comentó que el único secreto que tenía la caza era estar en el sitio oportuno en el momento oportuno. ¡Para la caza y para otras muchas cosas en la vida!

Cuando se planea una cacería internacional, especialmente de especies difíciles de encontrar, siempre debe hacerse de acuerdo con las fechas más oportunas de su caza.

Pero bueno, aplicándolo a esta maravillosa actividad, no puede ser más cierto. Para determinadas especies es imprescindible ir en las fechas adecuadas. Para cazar el leopardo en el suroeste de África —zona en la que tengo más experiencia—, es mejor ir a principios de año, ya que es la época de lluvias, los herbívoros están muy dispersos y los leopardos pasan más hambre ya que tienen más dificultad para cazar, con lo que es más fácil que entren a los cebos.

En cambio para otras especies es imprescindible ir en la época de sequía. Recuerdo un safari a Sudáfrica cuyo objetivo principal eran los facos. La mejor forma de cazar el jabalí berrugoso es esperando en los bebederos, pero tuvimos unas lluvias inesperadas a finales de junio que llevaron al traste la cacería. No solo no entraban a los bebederos —había agua por todos los sitios— sino que por la lluvia y el frío no salían de las madrigueras. El profesional nos decía que hasta que no escampase y calentase el sol no saldrían. Y así fue, pero desgraciadamente esto sucedió cuando nos íbamos, y recuerdo que el día que partíamos, saliendo hacia el aeropuerto, a menos de 300 metros del campamento pudimos ver corriendo delante del coche uno de los facos más impresionantes que he visto… ¡y las armas bien guardadas en el maletero! Pero bueno, así es la caza.

La importancia de las fechas

Hace unos años, un amigo y yo fuimos a cazar alce a una zona remota del norte de la Columbia Británica. La primera tarde de caza vimos 5 alces machos, y mi amigo pudo abatir, eligiendo, un bonito ejemplar. A la mañana siguiente, a unos trescientos metros del campamento, encontramos un excepcional ejemplar a la orilla del río a uno 50 metros delante de nosotros cuando era mi turno de caza. Para desesperación del profesional, decidí no dispararle ya que disponía de nueve días de caza, y los alces eran abundantes en la zona, en espera de encontrar un alce mayor. No volvimos a ver ninguno, y regresé de vacío después de perder esta magnífica oportunidad. Terminó el celo, y a pesar de que había rastros por todos los lados, no pudimos dar con uno de ellos trabajando duro de sol a sol. Cuando termina la brama, los machos agotados y heridos se meten en lo más profundo del bosque y no se mueven durante muchos días, hasta que han recuperado fuerzas y curado las magulladuras. Cuando se planea una cacería internacional, especialmente de especies difíciles de encontrar, siempre debe hacerse de acuerdo con las fechas más oportunas de su caza. Si el planteamiento se hace al revés, es decir se planea la cacería cuando podemos dejar el trabajo porque tenemos menos clientes, es probable que el éxito sea escaso.

El profesional

Y llegamos a la clave de la cacería. Realmente, aunque tengamos las mejores zonas con una cantidad de animales desbordante, si el profesional no es bueno puede amargarnos la cacería… ¡y al revés!, aunque todo venga en contra, puede que nos llevemos un buen recuerdo por su abnegado trabajo y agradable compañía. Por ello pienso que la clave más importante a la hora de contratar es: quién va a ser nuestro guía durante el safari.

Habitualmente los buenos profesionales tienen buenas zonas y nos indican claramente las expectativas que debemos tener. Conocen perfectamente el tipo de terreno, la densidad de animales para cada especie y la calidad de los trofeos en las diferentes zonas. Y además, si conocen bien su oficio, inmediatamente identifican las limitaciones y posibilidades del cazador al que acompañan. Un buen profesional, desde el momento que da la mano de bienvenida a su nuevo cliente, le está analizando para saber qué puede esperar de él en cada situación.

Papeles clave del profesional

En los países que vamos a visitar, las costumbres pueden ser muy diferentes a las nuestra y el profesional —muchos de ellos nacidos en el propio país— las conoce perfectamente, y también es frecuente que conozca la lengua de las diferentes etnias de las zonas de caza. Conocen el trato con las autoridades, ya que hay países que funcionan con sobornos —por desgracia— para solucionar algún que otro problemilla y otros en los que intentar dar alguna propina a la autoridad puede dar con nosotros en la cárcel.

Pero, desde mi punto de vista, una de sus funciones más importantes es la de velar por nuestra seguridad durante la caza. Muchas de las zonas de caza están alejadas de los núcleos de población y la evacuación a un hospital puede llevar algún tiempo. Por ello, evitar cualquier tipo de accidente es de suma importancia.

Es prudente en muchas de estas cacerías llevar las armas descargadas, con la munición en la recámara, y solo montar el rifle cuando vayamos a tener oportunidad de disparar.

Hay que considerar que los riegos cazando en África son algo mayores que en Europa, y aunque siempre se piensa en un ataque de un león o leopardo, esto es francamente remoto. A los accidentes propios de ir con un coche por la sabana —a veces muy deprisa tras un antílope herido— y con armas cargadas, siempre hay que tener en mente la presencia de serpientes, algunas muy venenosas —cobras, mambas, víboras bufadoras, etc…—, escorpiones o —los peores de todos— los pequeños insectos como moscas, mosquitos y garrapatas que transmiten un número importante de enfermedades. No obstante la mayoría de los safaris se realizan de junio a septiembre, en pleno invierno austral, con lo que la mayoría de estos animales están muy poco activos, pero siempre hay que tenerlos en mente.

Otros peligros

En otras zonas el peligro viene por el terreno. La caza en alta montaña es el mejor ejemplo de ello, y una simple caída puede suponer un peligro extremo. Además hay que pensar que llevamos armas, que en una de estas caídas, o con un simple golpe, se pueden disparar y herir a alguien. Es prudente en muchas de estas cacerías llevar las armas descargadas, con la munición en la recámara, y solo montar el rifle cuando vayamos a tener oportunidad de disparar.

La seguridad se convierte en lo principal cuando cazamos caza peligrosa. Jamás contrataría un safari para estos animales sin conocer personalmente al profesional y sin que éste me ofrezca suficientes garantías y tenga suficiente experiencia. Si las cosas se ponen difíciles cazando uno de estos animales, él va a ser el que saque las castañas del fuego, y he sabido de alguno que no ha cumplido en los momentos críticos de una carga, dejando solo al cazador.

Por lo tanto, si lo que queremos es una cacería o un safari en el que todo funcione perfectamente, con unas posibilidades reales de conseguir buenos trofeos y sin riegos para nosotros, es imprescindible contratar con un buen profesional, y esto tiene un coste, que no necesariamente tiene que ser muy elevado con respecto a otros, pero que sin duda merece la pena pagar. En África hay un dicho que refleja claramente esta hecho, si pagas con cacahuetes, cazarás con un mono.
Juan J. García Estévez

 

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