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Vemos que la mayoría de las veces elegimos el cartucho por la oferta o la tendencia imperante (léase: el que está de moda) pero no estaría de más detenernos un momento antes de comprar, y realizar la elección con criterio propio.
Pedro A. Suárez
Desde hace tiempo asistimos a una magnumanía que lo invade todo y que además, parece no tener intenciones de remitir. Esta tendencia se debe en gran parte a que los rifles se han popularizado desde hace solo unos pocos años y todo el mundo está todavía a la caza del mejor calibre. Pero desde aquí repetiremos una vez más lo de siempre: el mejor calibre es el tiro bien colocado.
A tener en cuenta
En primer lugar, están las condiciones y entorno en las que vamos a usar el arma, y la forma en que ambas cosas se van a conjugar. Luego está lo también tratado antes (la última vez en el artículo anterior) sobre cesión de energía cinética en el impacto. El otro aspecto a tener en cuenta es el porte y tipo de animal al que dispararemos.
En lo que respecta al ámbito de caza conviene recordar aquello tan expuesto en todas las publicaciones como repetidos por los cazadores acerca de la desviación por el viento y las ramas interpuestas en la trayectoria del proyectil.

Si nuestra caza es de montaña, digamos que al rebeco, necesariamente deberemos considerar la posibilidad de realizar algún que otro tiro muy largo y con incidencia del viento. En estas condiciones las puntas que mejor se comportan son las más largas que nuestro calibre permita, ya que junto con la longitud aumenta su peso manteniendo constante el diámetro lo que la convierte en algo cada vez más parecido a un torpedo y su aerodinámica aumenta cortando mejor el aire.
En lo referente a la velocidad, sucede al revés: aumentando la misma, la precesión (la fuerza de incidencia lateral del viento) también aumenta; pero como las puntas más rápidas son las más livianas porque con las pesadas hay que bajar la velocidad para mantener a raya las presiones en la recámara, recuperamos nuevamente la recomendación anterior: las puntas más largas, son las más pesadas, las más lentas, y las de menor deriva. Todo coincide.

Desde el omnipotente 458 Winchester Magnum hasta el diminuto 22 Hornet.
Pasando a la siguiente consideración que hemos propuesto más arriba, está la energía. Sabemos que hay diferencias entre un cartucho magnum y uno convencional, pero también las hay —y muchas— entre dos cartuchos que aún siendo del mismo calibre, estén dotadas de diferente punta y velocidad.
La energía de una bala es lo que muchos cazadores llaman potencia o fuerza sin que por ello dejemos de entender a qué se refieren. Esta energía aumenta con el peso y con la velocidad pero lo hace de manera diferente con cada una.
Si duplicamos su peso, su fuerza también se duplica. Pero si duplicamos la velocidad la potencia se multiplica por cuatro. Es decir: la energía aumenta en igual medida que el peso, pero lo hace con el cuadrado de la velocidad. Sólo estas dos circunstancias inciden para aumentar esa energía pero en cambio, son tres las que inciden para la disminución de ella, ya que ahora se agrega la distancia.

El 30- 30, con tres puntas diferentes: 125 grains, de punta hueca,150 grains silvertype y 165 grains con punta aguda.
A medida que recorre su trayectoria, la bala pierde su velocidad, pero al contrario que con las otras variables, lo hace de manera que no se puede formular. Ello se debe a que son muchos los factores que intervienen. Por ejemplo: si disparamos hacia arriba se frena más rápido que si lo hacemos hacia abajo. En otras palabras: hacia abajo llega más lejos. También a nivel del mar se frena más que en la cima de una montaña donde el aire tiene otra densidad. Con el aire frío también se frena más y con la humedad mucho más aún.
Reclamamos la atención del lector sobre esta cuestión: el cartucho magnum no mata más; en realidad... mata más lejos.

El potentísimo 378 Weatherby Magnum con dos de sus puntas, 200 grains (izq.) y 300 grains.
Volviendo al principio —donde dijimos que hay que tener presente la desviación por efecto de las ramas interpuestas— podemos concluir que cuanto mayor es la velocidad de un proyectil, mayor es la incidencia que sobre el mismo tiene todo aquello que lo afecte, ramas incluidas; así que aquí va otra sentencia para la polémica los calibres magnum son más sensibles al monte. Por supuesto que la conclusión que a estas alturas asoma a la mente del lector es correcta: para tirar entre la flora es mejor bajar la velocidad y aumentar el peso aumentando el calibre.
Todo esto que exponemos deviene de una sola y misma cuestión: cuando una punta impacta o se ve afectada por algo, cede energía. Dicho de manera más coloquial: la bala pierde fuerza porque realiza un trabajo. Y esto vale también para el trofeo.
Dando en el blanco
Cuando la diferencia entre nuestro objetivo es tan obvia como entre una liebre y un elefante, la duda desaparece por sí sola. A nadie se le ocurriría tirarle a la primera con un .458 Win. Mag. y menos aún disparar sobre el segundo con un .22 Hornet.

375 Holland&Holla nd Magnum y 378 Weatherby.
Es evidente que de la liebre no quedaría nada, pero al paquidermo no le pasaría nada. Por tanto si un cartucho es grande pero otro es pequeño para cada situación, de ello se desprende que debe haber un tercero que resulte adecuado. Y por extensión, que debe de haberlo también en promedio para nuestro uso habitual.
El tipo de punta, el peso de la misma, su capacidad de deformación (libre o controlada), la energía, la distancia a la que dispararemos, y el peso del animal; son todas variables a tener en cuenta —y precisamente es entre este laberinto donde por lo general nos perdemos—. Así que lo primero será: encontrar un método para comparar y contrastar (de contraste no por ¡¡comprobado!!) las diferentes posibilidades.
La mejor forma de hacer esto es considerando su energía.

El 458 Winchester Magnum con punta de 400 grains y 270 g.
El investigador de la balística que se llamó Towsend Whelen, responsable del diseño de varios cartuchos, determinó empíricamente que una energía de 138 kilográmetros era adecuada para animales de hasta unos 80/100 kilogramos, mientras que generalmente para piezas de hasta 350 kilogramos se pueden utilizar hasta 275 kilográmetros sin deterioros mayores de lo recomendable en carne y trofeo.
Ahora bien, como dijimos más arriba que la fórmula de la energía indica que ésta es igual al peso de la punta multiplicado por el cuadrado de su velocidad, tenemos que varias puntas diferentes pueden coincidir con esa energía solo con que tengan la velocidad correspondiente. Así es que se nos plantea otra incógnita:
¿Cualquier punta es válida si da la energía? Pues no. Porque las puntas se fabrican para que tengan un compromiso de resistencia, que toma en cuenta la abrasión de las estrías, la deformación a la que se ve sometida por la fuerza centrífuga en vuelo, y además la capacidad de deformarse al impactar. Siendo que el mejor compromiso que se ha logrado, es que deformen convenientemente entre 580 metros por segundo, y 850 m/s. Por debajo la expansión puede ser incompleta y por encima se desintegran con facilidad al impactar en hueso.

Dos cartuchos muy diferentes pero con el mismo calibre.
Así que ya nos vamos aclarando: Una punta que tenga una velocidad entre 600 y 850 metros por segundo al momento del impacto, y que tenga una energía de entre 140 y 280 kilográmetros respectivamente, serán las adecuadas para un animal que pesa hasta 100 kilos, la más chica, y para otro de hasta 400 kilos, la mayor. Así que, si suponemos una pieza de peso medio -digamos 250 kilos- y una distancia también intermedia de 200 metros, vemos que tanto un 30-06 con punta 9 gramos, como un 280 con punta de 8,5 gramos, son capaces de realizar el trabajo perfectamente con sus 210 y 215 kilos de impacto. También nos aclaramos en otra cosa: a corta distancia, la mayoría de las veces los cartuchos magnum están pasados de energía con respecto a la que puede asimilar un animal. Esta es la mayor causa de los pinchazos que se producen.
Para no abundar innecesariamente en formulismos técnicos, podríamos resumir las siguientes pautas para nuestra elección:
Con el aire conviene alargar las puntas recurriendo preferentemente a las que son del tipo cola de bote. Con la distancia, aumentar la velocidad de salida. En el monte, subir el calibre y el peso. Para los animales más blandos, bajar la velocidad y aumentar el diámetro. Como se ve, si Ud. no lleva un magnum, lo más probable es que pierda... sólo retroceso.
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