Cuando el cazador hace de maestro

No todo radica en poner a nuestro lado, en la mano que bate el llano o el monte, al nuevo cazador, a ese chaval, o chavala, que quiere probar si esto de la caza le gusta de verdad, o a ese amigo, de afición tardía, que tiene sus primeros contactos con la caza. La caza es mucho más, bastante más complejo, y ciertamente arduo de aprender, una cosa es cazar, y otra muy diferente, salir de caza…

Miguel F. Soler | 11/02/2008

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«El nuevo que se ponga en la punta de la mano, y bien retirado, no vayamos a tener un percance con la escopeta...». ¿Os suena este tipo de comentarios?, seguro que la mayoría lo habéis escuchado, y sufrido en vuestros comienzos, cuando la ilusión desbordada de ser un cazador más en la cuadrilla nos cegaba tanto que impedía que nos bajase la moral tal tipo de comentarios poco acertados...

Y es que antes, hasta no hace demasiados años, al nuevo se le consideraba casi un estorbo en muchas cuadrillas, porque no sabía, había que irle enseñando y ubicando de forma correcta en cada lance, suponía cierto riesgo por llevar una escopeta en las manos, y encima había que repartir caza al final de la jornada con alguien que había contribuido poco —generalmente— a la percha final de la cuadrilla.

Este panorama se vivía cuando el recién llegado a la caza entraba en una cuadrilla de gente mayor, con costumbres muy arraigadas, donde el novato era eso, no un cazador, sino casi un lastre; por el contrario, las cuadrillas menos numerosas daban otra acogida al nuevo cazador, más acorde con la realidad, procurando que aprendiera pronto para que así, su trabajo en la mano fuese más efectivo, y su autonomía en el devenir de cada jornada, cada vez mayor.

La educación de un nuevo cazador dura mucho, tanto, que nunca se termina de aprender

Y por encima de estos casos, el del padre que llevaba al hijo que le había salido cazador, a la mano, siempre pendiente, situándolo en el mejor lugar según el terreno, instruyéndolo continuamente, dejando lances fáciles para él de forma que los resolviese —con mayor o menor acierto— el nuevo cazador.

Luego quedan, o quedaban porque cada vez hay menos incorporaciones a la caza... los que se aventuraban a ir conociendo esta afición como buenamente podían, sin vínculos familiares con otros cazadores que pudiesen instruirlos, y han salido, y salen, adelante como buenamente pueden... con tesón, con afición y enormes ganas de aprender, que es lo que todo buen alumno debe tener siempre.

La educación de un nuevo cazador, y de quien lleva poco tiempo aún en esta afición, dura mucho, tanto, que nunca se termina de aprender, el maestro es a su vez un discípulo aventajado, así es la cinegética, y más cuando practicamos varias modalidades en diferentes terrenos.

Por ello, aprovechando estos meses de cierta relajación en la práctica de la caza —que no en la preparación y entrenamiento—, no está de más tratar algunos aspectos que pueden ayudarnos a transmitir mejor lo que queremos contar o enseñar al nuevo cazador, comenzando siempre por una buena dosis de empatía, es decir, de saber ponernos en el lugar de quien nos escucha e intentará imitarnos en el campo.

Enseñando a cazar, lo más complicado

Lo peor que un nuevo aficionado a la caza puede encontrarse es un maestro que tenga reparos o envidia, ese ocultismo sin sentido alguno que hace que se guarde como oro en paño lo mejor de lo que sabe, como si se lo fuesen a arrebatar, sin darse cuenta que quien de verdad se merece los galones de cazador es aquel que transmite lo que sabe, sin más que esperando ayudar con ello a otros aficionados.

Es mucho lo que hay que transmitir y encauzar, así que calma, cacemos con sosiego, sin presionar demasiado

No nos pongamos metas a corto plazo cuando vamos a instruir durante unas cuantas temporadas a un nuevo cazador, esto no es un curso de nueve meses ni hay exámenes ni notas, hay intención de enseñar, ánimo de aprender, y una evolución, una progresión como cazador que en pocas jornadas se comienza a ver.

Luchemos contra el ansia desmedida por comerse el campo, por tirar a toda costa, por colgar caza sea como sea, por entender que una jornada sólo tiene sentido si somos los que más cazamos, los que mejor tiramos, o los que tenemos el mejor perro, eso por no entrar en detalles del equipo.

No pensemos que se trata sencillamente de ver cómo reacciona el nuevo cazador ante cada situación y dedicarnos a corregir lo que no hace bien o lo que no realiza de la forma que mejor entendemos nosotros; hay que ser mucho más proactivo, tener cierta visión de conjunto a medio plazo, e instruir en cada ocasión oportuna para que nos adelantemos al fallo o al error, así se progresa antes, mejor, y con más ganas de seguir evolucionando.

Algo que antes se hacía para ver si el nuevo compañero tenía verdadera madera de cazador era ponérselo complicado cada vez que había ocasiones, dándole la punta de la mano más trabajosa porque había que subir y bajar mucho, o correr bastante, dándole poca munición, e incluso limitando los disparos a uno. Este tipo de educación no cumple con lo que un nuevo cazador requiere, tal vez se trate simplemente de ver este aprendizaje desde un punto de vista algo diferente a hoy en día.

Interesa que esté lo más en contacto con la caza, que tenga el máximo de oportunidades, pero que aprenda desde el primer momento que el campo no regala nada salvo su grandeza, que hay que trabajar según pida el terreno, para poder provocar lances, la caza facilona y a mansalva perjudica más que ayuda a quien no tiene claro que hay que sudar la camisa en cada salida al campo.

Es mucho lo que hay que transmitir y encauzar, así que calma, cacemos con sosiego, sin presionar demasiado al nuevo compañero, pero haciéndole partícipe desde el amanecer de la estrategia, nada de llevarlo, que comience a decidir estrategias y por donde entrar, para que así podamos ir viendo cómo evoluciona, y explicándole los motivos por los que no estamos de acuerdo con sus decisiones.

Aprender a ver el cazadero

Lo primero es recordar con qué ansia devorábamos nosotros el campo cuando comenzábamos en nuestras primeras jornadas, la mayoría no teníamos ni freno ni medida, es decir, nos daba igual ocho que ochenta, salíamos a cazar en cuanto despuntaba la mañana, y nos recogíamos cuando ya las perdices se confundían con los mochuelos...

Por ello, y porque el empuje de la juventud así lo requiere, nada de refrenar las ganas de cazar y cazar, eso sí, hay que ir advirtiendo que no por mucho recorrer terreno se caza más, ni se tira más, ni se ve más caza, como mucho, se ve más campo, lo cual no es nada perjudicial.

Lo primero es transmitir la necesidad de, cada día, analizar el cazadero en cuanto llegamos, es poco acertado traer los planes ya establecidos —por donde entraremos, hacia dónde vamos a ir, dónde nos volvemos, etc.— y no ser conscientes de que hay que adaptarse a las circunstancias del día, por ejemplo del viento, algo fundamental para cualquier modalidad de caza.

No por ser nosotros veteranos hay que decidir así porque sí, si vamos explicando —un poco, que estamos de caza...— cómo hemos decidido entrar en una u otra dirección, o porqué la mano la llevamos más abierta o cerrada, más adelantada una punta u otra, etc., no sólo haremos que el nuevo cazador se implique más en el trabajo de la cuadrilla, sino que va a ir comprendiendo rápidamente muchas cosas.

Un buen comienzo es, pasadas tres o cuatro jornadas, y una vez llegados al cazadero, preguntar al nuevo cazador qué vamos a hacer, que él decide hoy; lo más habitual es que se quede parado, por no esperar esta responsabilidad, y si le damos con fianza terminará diciendo qué haría él.

Bien, vamos por el buen camino. Si ha acertado, según nuestro criterio, con la decisión, hay que hacérselo saber, decirle que coincidimos con él. Si no es lo que creemos más oportuno, debemos preguntarle si no ha pensado que haciendo esto otro, podría ver y mover más caza. Lo normal es que el recién llegado a la cuadrilla acepte siempre la decisión que propongamos los más aventajados, pero es importante que se vea, cada vez, con mayor dominio de la situación.

Por último, y esto es fundamental, hay que explicar que cazar no es recorrer campo para ver qué salta a tiro, la cinegética está basada siempre en una estrategia y una intención, y por ello hay que mirar y remirar el cazadero, valorar las posibilidades, y comenzar a cazar teniendo claro qué debemos hacer para conducir, levantar, o sorprender a la caza.

Pensar como una pieza de caza

En efecto, hay que llegar a pensar casi como una pieza de caza para poder valorar siempre dónde se encuentran las piezas en ese terreno y con las condiciones climáticas con que contamos en ese momento. De nada sirve simplemente ir con intención de colgar caza, si no sabemos dónde y cómo buscarla.

Lo que importa no es cobrarla sea como sea, sino abatirla bien y en su distancia

Una perdiz, un conejo, una becada, un jabalí, nos lo podemos tropezar en el momento más insospechado, pero eso es coincidencia, no caza. Podremos disparar a la pieza que sale sin esperarla, pero eso será un lance resuelto pero no trabajado, es decir, que cuando vamos hablando con el compañero cerca de un arroyo y sale una perdiz, y logramos abatirla, no la hemos cazado, la hemos abatido y contará en la percha, pero nos la ha regalado el campo.

Hay que saber explicar que en esta afición hay que progresar, crecer, madurar continuamente para poder llegar a un punto donde a pesar de no tener todo el conocimiento, sí contamos con datos suficientes que nos permitan poner en valor la experiencia de forma que ya manejemos bien casi todas las situaciones. Las variables de poca o mucha caza, de facilidad o dificultad, de terreno más o menos abrupto o favorable siempre rondan en la realidad del cazador, pero poniéndonos en el lugar de la caza, podremos llegar mucho mejor a ella; también el conocimiento de un mismo cazadero nos llevará en pocas temporadas a saber dónde sí y dónde no hay que buscar la caza con lluvia o calor, con viento de norte o de levante, éste es el conocimiento, justo lo que el novato no tiene en su primera etapa.

Contemos las referencias que tenemos, por ejemplo que la perdiz con barro no siempre pisa tierra pegajosa, pero hay ocasiones en las que sí, depende del terreno y la presión que tenga, o que el conejo con el monte mojado se encierra si tiene el encerradero seco, pero si ha estado lloviendo varios días, a veces se amaga para airearse fuera.

Elegir el lance bueno

El apremio por tirar a la caza en las primeras temporadas hay que irlo encaminando a un plano mucho más selectivo donde prime el disparo basado en una ocasión real de abatir una pieza, desechando —instruyendo para que el nuevo cazador decida desechar— el tirar por probar, o el tirar la caza larga o excesivamente cercana.

Sí es cierto que en las primeras jornadas lo más interesante es ubicar al nuevo cazador en la parte de la mano que más caza pueda tirar, en esto hay que ser generoso con él, pues si tira mucho y cobra algo, progresa mucho más rápido que si tira poco y pasan las jornadas sin cortar pelo o pluma.

Pero ojo, hay que partir de la base de que sabe hasta qué distancia se puede abatir la caza con una escopeta, y cuando hay que dejar distanciarse a la pieza antes de tirar, pues lo que importa no es cobrarla sea como sea, sino abatirla bien y en su distancia, que es lo que va a irle enseñando a valorar mejor la caza en huida o paso.

Es importante, cuando hacemos tertulia con el nuevo cazador —fuera o dentro del campo—enseñarle que a la caza hay que respetarla para abatirla con soltura y la mayor facilidad posible de forma que evitemos herir o destrozar una pieza, no vale todo en esta afición, el criterio, el estilo, y la lógica dan medallas al verdadero cazador con el paso del tiempo.

Hay horas en las que la caza sale larga o se amaga lo indecible, esto hay que contarlo para que sepa cuándo es el mejor momento para tirar un conejo o una perdiz, y evitar el traqueo inútil para la percha pero hiriente para su autoestima cazadora. Igualmente hay que hacerle ver que no siempre se debe tirar una pieza cuando hay normas o compromisos con el coto y el campo, caso de perdices ya emparejadas, que es mejor respetar de cara a temporadas venideras, liebres en celo, gazapos en el monte, codornices, tórtolas o palomas sin buen emplume aún, becadas reveladas, etc.

Miguel F. Soler
Fotos Archivo

 

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  • Dos novedades: Remington 783, Mauser M-12
  • Land Rover Freelander 2
  • Steiner Cobra Todo al detalle
  • Tracer Sport Light SL 210: Máxima potencia

El secreto de la caza: el equilibrio

Sí, ya sabemos todos que instruir en la cinegética menor o mayor, sobre perros y armas, sobre equipos y estrategias, sobre especies y entornos, conservación, gestión, respeto y otras tantas cuestiones que debe llevar consigo, en el morral de su vida, cada cazador (y luego creen los profanos que esto es salir a pegar tiros con una escopeta y poco más...), es lento y complejo. Pero es así. Nos movemos en una afición que está basada, En buena parte, en la transmisión oral del conocimiento, y esto requiere que quien sabe debe ser considerado y recordar sus comienzos, para esforzarse en contribuir que la siguiente tanda de cazadores, sean buenos aficionados, sabiendo manejarse en el campo, y capaces de tomar el testigo, a su vez, de comprometerse cuando les llegue el turno, a instruir a otro nuevo aficionado. Por ello, busquemos el equilibrio en el nuevo cazador, esforzándonos en conducirle por el mejor camino, el de la coherencia con el campo.

Sobre armas y cartuchos

De ser posible, hay que ayudar en la elección de la escopeta y los cartuchos para comenzar a cazar, de forma que mientras aprende a buscar su equipo ideal, pueda contar sobradamente con buenas herramientas. Antes de comprar una escopeta, lo ideal es recomendar ver muchas, probar todas las que se puedan encarando en la armería, y buscar la que por precio y prestaciones nos convenga, dentro de las que parezcan hechas a medida para el nuevo cazador, evitando los ajustes de culata, etc. Mejor, de poder, acertar con la escopeta sin tener que tocarla. Con respecto a los cartuchos, debemos asesorar basándonos en nuestra experiencia, pero siempre teniendo en cuenta que lo más normal es que el nuevo aficionado tire mal y lento, por lo que debemos recomendarle siempre cartuchos que abran un poco más de lo habitual, y tirar solo a las piezas más cercanas y en buena distancia. Por ello, chokes medios, cartuchos de gramaje suficiente sin pasarnos, y a ser posible, cartuchos con taco de fieltro para todo, y poco a poco, que vaya probando otros cartuchos, hasta que dentro de un tiempo prudencial, encuentre los suyos.

Un aprendizaje espartano

Hay quien por sistema pone las cosas complicadas en exceso, queriendo con ello ver si realmente el nuevo cazador es capaz y tiene valía, si lleva verdadera madera de cazador, y esto debe evitarse siempre, sencillamente porque no somos nadie para juzgar ni para aprobar, somos profesores pero no jueces, no lo olvidemos. Por ello, actuemos al contrario, busquemos en la didáctica que buenamente podamos ejercer lo mejor, lo más conveniente para el alumno, recomendándole la lectura de libros, revistas, la consulta de foros de Internet, pues debe tener información suficiente a su alcance para que progrese rápido. Luego nos tocará a nosotros resolver las dudas o matizar ciertos conceptos.