El cañón de las escopetas

No sólo es muy liso por dentro y lleva choke: el cañón es complejo, refinado y tecnológicamente avanzado.

Pedro A. Suárez | 30/01/2008

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Los cañones más cilíndricos y ligeros son los que se pueden encontrar en las escopetas semiautomáticas o repetidoras

Lamentablemente hemos desvirtuado el término tecnología al asociarlo a todo lo que es informática y electrónica avanzada; cuando en realidad, desde siempre, en nuestro idioma tecnología es el conjunto de conocimientos y medios disponibles para realizar una labor o producto. Podríamos decir que es —en el plano industrial— el equivalente a la logística en lo militar. Mientras que por su lado, la metodología sería lo estratégico. Hacemos la reflexión anterior, porque puede parecer que toda la tecnología de un cañón radica en los métodos de fabricación y su moderna maquinaria; cuando la realidad es que encierra en sí mismo una cantidad de conocimientos, especificaciones y características que a veces resulta sorprendente.

Para empezar

Las calles tienen un principio y un final. Comienzan por el extremo del número uno y terminan por el último; y esto debe ser así por muchas razones: nos indica cual es el lado izquierdo y cual el derecho, en qué sentido ascienden los números, de qué lado van los pares y los impares. Y muchas cosas más. Igualmente los cañones, de cualquier arma, comienzan por la recámara y terminan en la punta. Nunca en sentido inverso.


Ligeramente descentrado, para insinuar el gris de la pared de su recámara, el cañón derecho nos muestra su cono de forzamiento que a la vista parece un abrupto escalón.

La recámara es el lado de mayor diámetro del cañón porque es donde se generan los picos de presión elevadísimos que son necesarios para vencer la inercia del proyectil (o la carga de perdigones) obligándolo a que se desplace. Pero ese grosor es el primero a definir y no al revés. Veamos un ejemplo ilustrativo: supongamos que queremos hacer un arma (rifle o escopeta) muy ligera apropiada para prolongadas jornadas de caza y para conseguirlo comenzamos por la punta que rebajamos hasta el máximo que nos permite la resistencia del acero empleado; como sabemos que las presiones irán en aumento a medida que remontamos el cañón hacia atrás, vamos aumentando su diámetro también en lo mínimo imprescindible. Pero entonces, nos encontramos que al llegar a la zona de la recámara el diámetro que corresponde para seguir la línea, no aporta la cantidad de metal necesaria para soportar con seguridad las enormes presiones del momento del disparo. La única solución sería agregar material aumentado el diámetro en esa zona. Pero inmediatamente enfrentaríamos algunos problemas: por una parte, las bocas de los cañones quedarían muy separadas a pesar de que las recámaras se estarían tocando. Por otro lado esto también hará que el centro de equilibrio se desplace más atrás, con lo cual la escopeta pegaría más en el hombro. Y por último, la banda entre cañones por encima y debajo (lista y solista) debería ser muy... muy... ancha, para cubrir el hueco. La estética sería muy similar a la de un rifle express, pero que al ser cañones en calibre de escopeta, el antiestético conjunto, nos recordaría la cola de un castor. Si en cambio se dimensionan primero las recámaras con referencia a los cascorros de la báscula y las necesidades de material, el resultado será una esbelta y robusta escopeta bien equilibrada.

Por dentro


Se pueden apreciar los cambios de tonalidad en el cañón derecho: la recámara es gris satinado, el cono de forzamiento aparece como un anillo oscuro, y el cañón refleja su brillo.

Las recámaras también tienen exigencias por dentro que las sitúan muy lejos de ser un agujero hecho con una broca y nada más.

Primero debe ser tallada con un escareador que asegure su perfecta alineación concéntrica y axial con el ánima del cañón. Luego su terminación más adecuada es al bruñido y no pulido.

Si tenemos una superficie de metal cualquiera, sin importar que sea plana o redonda, la primera operación que podemos hacer sobre ella es el cepillado que consiste en dejarla lisa quitando sus imperfecciones. La operación siguiente es el bruñido que además de las imperfecciones, elimina cualquier diferencia de cotas generalmente hasta las milésimas de milímetro. Para avanzar un paso más en el proceso de mecanización, se puede recurrir al pulido a espejo, que además de las medidas, empareja la superficie dejándola perfecta al tacto y la vista. Pero todavía hay otro paso que lleva la terminación hasta la propia dimensión molecular del material. Es tan profundo, que hasta consigue que se haga más resistente a la corrosión al no dejar intersticios donde pueda guarecerse la humedad. Es el rectificado. Que marca el límite de la maquinaria actual.

Ningún cañón necesita rectificado y dado que es innecesario, nadie encarece (y mucho) la fabricación, agregando este procedimiento superfluo. Pero en cambio vienen pulidos para asegurar una superficie brillante y deslizante por donde avanzar la carga. Sin embargo, el caso de la recámara es diferente.

Si el lector observa un revólver pistola o rifle, en suma: una recámara para cartuchería metálica; verá que está pulida y brillante; pero si se fija en la de su escopeta apreciará que es mate, satinada, que no tiene el mismo brillo que el resto del cañón. Eso es porque está bruñida.

Los cartuchos de escopeta no son tan rígidos como una vaina metálica. Son elásticos. De cartón o plástico. Y esto, que a algún profano puede inducirle a pensar que carecen de la resistencia adecuada, es, en realidad, parte de su forma de funcionar.


Los cañones vienen pulidos para asegurar una superficie brillante y deslizante por donde avanzar la carga.

Las presiones de una escopeta son, por regla general, de más o menos la mitad que las de un rifle. Por ello sus vainas no necesitan de ser de resistente latón. Al contrario. Si lo fueran, el sellado sería imperfecto porque con los niveles de presión aludidos, no se dilataría hasta afirmarse contra las paredes de la recámara. De esta forma quedarían espacios que aunque muy pequeños, serían suficientes para que se produjeran escapes hacia atrás. Hacia la parte de la báscula. Lo cual sí que es una situación peligrosa porque el escape de gas encendido puede quemar al tirador en la cara pero además y sobre todo, porque el volumen de gas hace flotar al cartucho actuando como un cojinete. Toda la presión en esas condiciones debería ser contenida por el frontal de la báscula haciendo de apoyo al culote. En cambio con los cartuchos blandos normales, se consigue que con muy pequeñas presiones estos se hinchan y por un instante (el suficiente) quedan gripados contra la pared haciéndose completamente estancos. Pues bien, para mejorar esta adherencia, se deja la recámara bruñida ya que si estuviera pulida sería muy lisa y deslizante dificultando el agarre de la vaina a la misma. Por esta misma cuestión es ¡importantísimo! que esté ¡totalmente seca! cuando se dispara.

Más adelante


La recámara siempre es el lado más grueso de un cañón y define su línea final.

Al salir de la recámara los perdigones se encuentran en otra zona que se las trae: el cono de forzamiento.

Cuando el lector miraba antes a través del cañón para ver el pulido del ánima, pudo también distinguir una zona o anillo oscuro entre el bruñido de la recámara y el pulido del cañón. A simple vista parece un escalón pero es un efecto óptico, en realidad es la zona donde el calibre se achica paulatinamente para pasar del diámetro exterior del cartucho, hasta el del taco. Este agolletamiento nunca es abrupto. Es un cono largo y progresivo que puede adoptar tres inclinaciones; recto, parabólico, o convexo. El recto es el más antiguo y normal de encontrar, está por lo general en las escopetas de campo y su función es casi neutra si descontamos la de eliminar el choque que significaría para los perdigones el encontrarse de golpe, con un cambio de diámetro. Los parabólicos son los que integran las escopetas con cañones del tipo back-bore que a pesar de ser presentadas en los últimos tiempos como una revolución moderna, lo único que tienen en este sentido es el método de construcción y la integración de estos conos de forzamiento; ya que las primeras experiencias se realizaron en Inglaterra y en Shull alrededor de 1920. Su función principal, al margen de la progresividad, es evitar que el taco tenga que dilatarse y contraerse bruscamente para adaptarse a los distintos diámetros del back-bore, y eliminar la perturbación que esto significaría para la estabilidad de la carga de perdigones.

Los convexos son los más adecuados para escopetas magnum con muchos gramos de perdigón ya que actúan a la manera de un tobogán haciendo muy suave el paso a través de ellos. El cono de forzamiento es una de las partes que más sufre con el uso de una escopeta, es un detalle muy importante de su construcción y comienza a sentir la fatiga y la corrosión a los pocos tiros de estrenar la escopeta. Pero ninguno de estos tipos de cono de forzamiento elimina por completo el enorme batacazo que se produce cuando disparamos cartuchos más cortos que el nominal de la recámara. Por ej.: 12/65 en 12/70 o 12/70 en 12/76 o 12/76 en 12/88 (las súper-magnum de 3"1/2). Por supuesto que lo mismo vale para 20/70 y 20/76 etc.

A continuación nos encontramos con el ánima del cañón. Casi cilíndrica. Que con ese brillo intenso y deslumbrante, producto del pulido a espejo, es la parte que más nos impresiona a la vista, y que parece ser la más importante. Pero es todo lo contrario: sus aspectos técnicos más importantes son su mínima conicidad, su pulido a espejo y... que esté derecho. ¡Así de simple!


El cañón de la escopeta puede ser muy diferente según el uso al que se destine el arma.

Antiguamente el ánima cumplía una función bastante importante cuando los cartuchos eran de pólvora negra. Resulta que como este tipo de propelente proporciona una velocidad de quemado y una presión que son permanentes durante todo el proceso; cuando un cartucho era muy grande —y antiguamente los había enormes, no sólo del calibre 10 más grande que el 12, sino también del 8, del 4 y del 2— o llevaba una carga muy abundante, necesitaba un cañón más largo para conseguir los resultados que se buscaban; pero con las nuevas pólvoras progresivas, en un cañón muy corto (como son los de los drillings, p. ej.) se consiguen las mismas prestaciones sólo con cambiar las mismas.

La única razón para que sigan existiendo cañones de 70 centímetros o más, es que permiten disparar con mayor precisión por su mayor distancia al punto de mira. Además de que curiosamente, son más rápidos de tirar que con los más cortos.

Por fin, antes de abandonar el arma por el extremo delantero, nos encontramos con el choke que es otro dispositivo con muchas exigencias. En primer lugar tiene su propio cono de forzamiento, ya que no soportaría el choke directo de los perdigones contra un abrupto escalón. Cuando la escopeta es apta para perdigones de acero, este aspecto se vuelve más determinante aún.

Cuanta más gruesa es la munición, más corto puede ser. Cuanto más fina y abundante es la carga, tiene que ser más progresivo. No obstante dentro de estos lineamentos generales, tiene un ajuste fino dependiendo del uso de la escopeta. Por ejemplo:

Una buena escopeta para caza de campo, que venga marcada como de una y tres estrellas; debe indicar también con qué munición está calibrada. Ya que con el mismo tobogán que la zambulle hacia un diámetro inferior, no sufre la misma aceleración transversal una bola con circunferencia del 2ª que otra de 7ª o menos aún, de 10ª. Hemos visto una escopeta de gama muy alta y precio en consecuencia, para la caza de patos con cuatro y dos estrellas, que era imbatible con munición de 4ª pero que era una regadera con 7ª o 9ª —a cada choke le gusta comer un grano de perdigón específico—.

Por fuera


La banda ventilada permite hacer cañones muy cónicos sin perder la gracia y estética de la escopeta.

El cañón por fuera también se ve limitado en su forma. Primero porque debe ser cónico hacia adelante para asegurar un balance adecuado al tiro. Este balance debe verificarse casi siempre, cerca del perno de basculación. Pero sufre alteraciones con la complexión del tirador. En las escopetas yuxtapuestas, además de lo anterior, es necesario que sus bocas de fuego se acerquen. De esta manera, las trayectorias tienden a cruzarse y se consigue acertar en el lugar al que apuntamos cuando lo hacemos por encima de la banda central a través de su punto de mira. Por convención internacional, el cruce debe hacerse a los 36 metros de la boca del cañón y esto se consigue dotándole de la conicidad justa para ello. De otra forma, cada cañón tiraría hacia su lado. El derecho estaría a la derecha de nuestro punto de mira y el izquierdo haría lo propio.

En las superpuestas, las conicidades son asimétricas. Si la escopeta tiene banda ventilada, que siempre es muy alta, el cañón superior baja a buscar el inferior para hacer lugar a la misma. En caso contrario el inferior sube para que no parezca que estamos tirando con una escopeta que se ha quebrado hacia abajo.

Los cañones más cilíndricos y ligeros son los que se pueden encontrar en las escopetas semiautomáticas o repetidoras y los mejores, para desgracia de los buenos aficionados a las dobles, son los de escopetas de un sólo cañón siempre que se trate de una buena escopeta. El descrédito de estas últimas viene de la mano de las vulgaridades baratas que abundan por doquier.

Pedro A. Suárez
3 comentarios
30 ene 2008 21:53
+1
carlorome
carlorome
"La única razón para que sigan existiendo cañones de 70 centímetros o más, es que permiten disparar con mayor precisión por su mayor distancia al punto de mira. Además de que curiosamente, son más rápidos de tirar que con los más cortos."
¿Porqué son mas rápidos de tirar los largos? Yo tenía entendido todo lo contrario. Alguien me lo puede aclarar; precisamente estoy pensando en cambiar a un cañón mas corto para ganar velocidad en los disparos. Saludos

31 ene 2008 18:54
JC  
Claro, sencillo, facil de entender y capaz de enseñar lo que muchos ni imaginan.

Enhorabuena, JC
04 sep 2011 07:12
Javier Azanon  
Un artículo claro, didáctico y lleno de autentico conocimiento, como pocos.
Además, perfectamente escrito. Muchas gracias
Javier Azañon

 

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  • Becadas; en las entrañas del bosque
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